Mujeres y diversidades en Movimiento y Derecho al Futuro

¿Cómo se está pensando, desde el espacio de mujeres y diversidades del Movimiento Derecho al Futuro, la construcción de una alternativa política a nivel nacional? ¿Qué rol ocupan las agendas de género en ese proyecto?

El pasado 15 de mayo realizamos el lanzamiento del Movimiento Derecho al Futuro Mujeres y Diversidades en Ensenada junto al gobernador Axel Kicillof, la vicegobernadora Verónica Magario, la jefa de Asesores/as Cristina Álvarez Rodríguez, la vicegobernadora de La Rioja Teresita Madera, intendentas, legisladoras, referentas y más de 5000 compañeras de todas las provincias y de los 135 municipios de la provincia de Buenos Aires. 

Fue un evento multitudinario con una fuerte impronta federal, un acto fundacional que respondió a la convocatoria impulsada por Axel dentro del MDF como espacio amplio, diverso, plural y transformador para la construcción de una alternativa política nacional desde abajo hacia arriba, con anclaje territorial y profundamente colectiva.

En este proyecto resulta imprescindible destacar el papel protagónico de las mujeres en la resistencia y confrontación con los postulados del gobierno nacional de Milei. Como dijo Axel en el acto del lanzamiento, no sólo porque somos las que menos votamos a la LL, sino porque somos las que mayormente sufrimos los ataques de estas propuestas políticas. 

Hay un correlato con este posicionamiento y con la feminización de los espacios de participación social, de solidaridad, comunitarios, estudiantiles, culturales, barriales, políticos. Por eso es central la convocatoria al espacio de Mujeres y Diversidad del MDF en dos dimensiones: la del movimiento político y la programática. Necesitamos ampliar los canales de participación, debate colectivo y generación de propuestas, que pongan en las iniciativas de futuro saldar las deudas históricas de desigualdad estructural de género aún presentes en nuestra sociedad, y profundizada en tiempos de extremas derechas.  

Partimos de una convicción: no hay salida individual frente a este modelo de ajuste. La salida es colectiva y confrontando de plano en la construcción política de otro tipo. Por eso, impulsamos una red federal de mujeres y diversidades que se organice en cada provincia, municipio y comunidad, generando espacios de escucha, formación, articulación y acción política. No se trata de uniformar, sino de potenciar la diversidad de identidades políticas, sociales, sindicales, feministas y culturales que forman parte del campo nacional y popular.

Esta construcción tiene un horizonte claro: reconstruir un proyecto de país con soberanía, igualdad y justicia social, tomando también los aprendizajes de la experiencia de gestión en la provincia de Buenos Aires, donde se viene sosteniendo un modelo de Estado presente que protege y amplía derechos incluso en un contexto adverso.

En ese proyecto, las agendas de género no son accesorias: son estructurales. Porque entendemos que los grandes problemas de la Argentina —el trabajo, los ingresos, los cuidados, el endeudamiento del país y de las familias, el acceso a la tierra y la vivienda, las violencias de género— tienen un impacto diferencial y requieren respuestas que incorporen estas dimensiones a la hora de pensar un proyecto de transformación social profunda, que comience a saldar deudas históricas.

Por eso organizamos nuestras propuestas en torno a pilares concretos: la autonomía económica y el trabajo, incluyendo tanto el empleo formal como el reconocimiento y la redistribución de los cuidados; la vida libre de violencias de género, también frente a los discursos de odio y la violencia política; y la participación con democracia paritaria, para que mujeres y diversidades sean protagonistas reales de las decisiones. Planteamos estos tres ejes como base, para que en cada provincia, región, localidad vayan incorporando temáticas y desarrollando documentos que amplíen la mirada y traigan temáticas que expresan la diversidad regional y local.

Estamos construyendo una alternativa donde las mujeres y diversidades no sólo acompañen, sino que organicen, conduzcan y proyecten el futuro. Y lo hacemos con la convicción de confrontar el odio con la práctica de la justicia social, la igualdad y la recuperación de la soberanía nacional.  Como señaló nuestra querida vicegobernadora, Verónica Magario, las mujeres y diversidades comenzamos una cruzada para que ese futuro cercano encuentre a Axel como el próximo presidente de todas y todos los argentinos.

 ¿Cuál es hoy el enfoque que sostiene la provincia de Buenos Aires en materia de género y diversidad, y en qué se diferencia del rol que asume el gobierno nacional de Javier Milei en estas políticas?

Desde el comienzo de la gestión del gobernador Axel Kicillof en la Provincia existe una decisión política clara: jerarquizar las políticas de género y diversidad como parte central del proyecto de gobierno, a partir de reconocer las desigualdades estructurales y, por lo tanto, la necesidad de intervenir desde las políticas públicas para abordarlas. Pensar una propuesta de desarrollo con igualdad y justicia social requiere reconocer los diferentes puntos de partida, las desigualdades y asimetrías, para promover transformaciones. Esta perspectiva política fue ratificada en el año 2023: cuando en Nación todo se destruía y abandonaba, en la Provincia seguimos profundizando el camino iniciado en el primer período de gestión.

Por eso, durante estos más de 6 años creamos y fortalecimos el Ministerio, ampliamos equipos en el territorio y trabajamos con una mirada integral y de derechos. En concreto, esto implica abordar las desigualdades de género en todas sus dimensiones: prevenir y atender las violencias de género con presencia en cada municipio; promover más igualdad, una mejor distribución de los cuidados y la autonomía económica —porque el acceso al trabajo es clave para acompañar los procesos de salida de las situaciones de violencia—; defender los derechos de LGTBI+ con programas específicos; incorporar la perspectiva de género en todo el Estado provincial; y fortalecer la formación y las políticas culturales para construir vínculos más igualitarios. 

Pero además, hay otra definición política de fondo: creemos en un Estado presente, que articula con organizaciones sociales, sindicales, feministas y de la diversidad, y que reconoce que las mujeres y LGBTI+ sostienen gran parte del entramado comunitario y productivo de la Provincia. Desde la Provincia invertimos, construimos institucionalidad y ampliamos derechos; la Nación ajusta, desfinancia y desprotege. Y eso no es abstracto: tiene consecuencias concretas en la vida de las mujeres y diversidades, especialmente en un contexto de crisis y precarización.

En este grave contexto, desde la provincia de Buenos Aires reafirmamos una convicción: no hay libertad posible sin justicia social, y no hay justicia social sin igualdad de género. Pero la libertad que defendemos es con derechos, con trabajo digno, con redes comunitarias y con un Estado que garantice condiciones de vida digna para todas las personas.

¿Cómo están impactando las decisiones del gobierno nacional en mujeres y diversidades? ¿Cuáles son los principales riesgos para la autonomía económica, la prevención de violencias y el acceso a derechos?

La actual gestión del Gobierno nacional, al tiempo que impulsa un profundo ajuste económico con efectos sociales inmediatos, ha adoptado una posición abiertamente antifeminista que niega las desigualdades estructurales que atraviesan a mujeres y diversidades. Milei convirtió sus políticas de gobierno en uno de los principales exponentes internacionales de los discursos de odio y de la avanzada antifeminista.

Por primera vez en 30 años, nuestro país no cuenta con un organismo nacional específico para abordar las violencias de género. Eso es gravísimo, porque además implica incumplir leyes y tratados internacionales que forman parte de nuestro marco constitucional.

A esto se suman señales políticas y simbólicas que refuerzan ese posicionamiento: desde cuestionamientos a derechos conquistados —como el matrimonio igualitario, la identidad de género o la Educación Sexual Integral— hasta decisiones institucionales y diplomáticas que alejan a la Argentina de los compromisos internacionales en materia de igualdad.

Para graficarlo con claridad: en el presupuesto 2026 el gobierno nacional consolidó el desmantelamiento de las políticas públicas con perspectiva de género iniciado en 2024. Casi 8 de cada 10 programas destinados a reducir brechas de género sufrieron ajustes presupuestarios o fueron directamente eliminados.

El Programa Acompañar sufrió recortes drásticos y pérdida de visibilidad presupuestaria. En 2024, su presupuesto se redujo un 90% respecto de 2023. Como resultado, la cobertura del programa cayó de más de 100.000 personas a solo 434. Desde 2025 dejó de figurar como partida presupuestaria identificable.

En 2024, la Línea 144 perdió dos tercios de su presupuesto y redujo un 45% su planta de trabajadoras. En 2025 también perdió su línea presupuestaria específica, lo que impide conocer cuántos recursos se le asignan y ejecutan. Además, se eliminó su especificidad para la atención y orientación ante situaciones de violencia de género.

En el caso del Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA) —una de las políticas más exitosas en materia de reducción del embarazo adolescente— se proyecta una reducción presupuestaria del 85% respecto del nivel de 2025. Es decir: en 2026 se ejecutaría menos del 3% de lo invertido en 2023.

Lo mismo sucede con el Programa de Educación Sexual Integral —cuyo presupuesto para 2026 representa apenas el 2% de lo ejecutado en 2023— y con la implementación de la Ley IVE, para la que desapareció la distribución de medicamentos destinados a garantizar la práctica. Además, en el último tiempo se descontinuó el envío de misoprostol y mifepristona a las provincias, se redujo drásticamente la cantidad de anticonceptivos distribuidos y dejaron de enviarse tests de embarazo.

En materia de cuidados, a septiembre de 2025 el gobierno nacional había reducido drásticamente las políticas destinadas a este ámbito: de 50 políticas existentes, solo 3 permanecen activas y más de 4 millones de personas dejaron de recibir al menos una prestación.

Las asignaciones familiares redujeron su cobertura del 76% al 71% y la Pensión Universal para Adultos/as Mayores cayó de 272.000 a 187.000 destinatarios/as. Las trabajadoras de casas particulares perdieron un 15% de su salario real y creció el pluriempleo, especialmente entre mujeres.

Las cooperativas de cuidado se desintegraron ante la caída de la demanda y el ajuste del PAMI, mientras que 1,4 millones de personas mayores quedaron sin cobertura de medicamentos. También se eliminaron programas de vivienda y se cerraron 50 Casas de Atención Comunitaria.

Todo esto configuró un retroceso estructural en la política de cuidados, trasladando la responsabilidad del Estado a los hogares. Y esa carga recae mayoritariamente sobre las mujeres, profundizando las desigualdades sociales y de género, así como la feminización e infantilización de la pobreza.

Por más fantasioso que quiera contarlo el presidente Milei, la única verdad es la realidad: el ajuste llega a todos los hogares. La pobreza, la precarización y la informalidad avanzan, y la crisis vuelve a recaer sobre quienes sostienen las tareas de cuidado.

En materia laboral y jubilatoria, el profundo ajuste y el ataque a los derechos laborales que supone la reforma laboral —que de modernizadora solo tiene el nombre— tienen un impacto concreto sobre las mujeres. Milei decidió no renovar la moratoria previsional, lo que implica que 9 de cada 10 mujeres no podrán acceder a una jubilación y quedarán relegadas a la PUAM, que paga solo el 80% de la jubilación mínima y exige tener 65 años, cinco más que la edad jubilatoria ordinaria femenina.

Por otro lado, la reforma laboral constituye un retroceso histórico sobre derechos conquistados durante décadas de lucha del movimiento obrero. Para las mujeres, la extensión de la jornada laboral hasta 12 horas puede significar directamente la expulsión del mercado laboral cuando no exista manera de conciliar las tareas de cuidado —que realizamos mayoritariamente nosotras— con jornadas que se extienden casi sin límites. La flexibilización de despidos y la reducción de indemnizaciones profundizan la informalidad laboral, donde las mujeres ya ocupamos los índices más altos por estar sobrerrepresentadas en sectores con elevados niveles de precarización, como el trabajo de cuidados y las casas particulares.

Lo venimos diciendo desde el principio: en el modelo de sociedad y de política de Milei no hay lugar para nuestros proyectos de vida. Pero también tenemos una certeza: no partimos de cero. Sabemos que hay otro camino y que las mujeres y diversidades de Argentina hemos luchado y seguiremos luchando, reivindicando nuestro derecho al futuro y siendo protagonistas de su construcción.

¿Frente a un contexto de ajuste y retroceso a nivel nacional, cuáles son las principales políticas públicas que está llevando adelante la Provincia para sostener y ampliar derechos?

En este contexto de fuerte ajuste a nivel nacional, desde la provincia de Buenos Aires definimos una orientación política muy clara: no retroceder, sino sostener y ampliar las políticas públicas que garantizan derechos y cuidan a nuestra gente. Es una decisión que tomamos junto al gobernador Axel Kicillof: que la Provincia sea un escudo frente al ajuste, pero también una plataforma para seguir ampliando derechos incluso en un escenario adverso.

Avanzamos en algo que consideramos estratégico: que la perspectiva de género atraviese el conjunto de las políticas públicas. Por eso implementamos el Plan de Gobierno para la Igualdad 2022-2027, con el objetivo de fortalecer la institucionalidad de género e incorporar esta perspectiva en todas las áreas de gobierno.

Actualmente, el Plan está integrado por más de 300 acciones impulsadas por 38 organismos provinciales. Las políticas se organizan en cinco grandes ejes: violencias por razones de género; salud integral; educación y cultura; igualdad en el Estado; y vivienda y hábitat.

Una herramienta central de esta transversalización es el Presupuesto con Perspectiva de Género (PPG), desarrollado entre el Ministerio de Mujeres y Diversidad y el Ministerio de Economía de la Provincia. Se trata de una herramienta destinada a medir los esfuerzos estatales orientados a reducir brechas de desigualdad.

El PPG analiza la inversión pública y su impacto directo e indirecto en áreas vinculadas a los cuidados, la violencia de género, la salud, la inclusión y la igualdad en el trabajo y la educación, entre otras.

Desde su implementación en 2022, la cantidad de organismos que participan del etiquetado PPG aumentó un 136%. Asimismo, entre su creación y la formulación presupuestaria 2026, las iniciativas etiquetadas crecieron un 177% y el crédito destinado al PPG tuvo un crecimiento real acumulado del 55% respecto de 2022.

En materia de violencias por razones de género, consolidamos y ampliamos el sistema de respuesta estatal. Fortalecimos el Sistema Integral de Políticas Públicas, extendimos la Red de Dispositivos Territoriales para garantizar acompañamiento efectivo en toda la Provincia y reforzamos la Línea 144 PBA.

Entre otras medidas, ampliamos y mejoramos técnicamente las líneas receptivas que atienden llamadas provenientes del conurbano, que antes eran derivadas a la línea nacional. Esto permitió que, en pocos meses, aumentara un 140% la cantidad de comunicaciones atendidas.

Otro eje central de trabajo articulado es el Formulario Único de Denuncias, impulsado conjuntamente por el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Mujeres y Diversidad, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, la Suprema Corte de Justicia y el Ministerio Público Fiscal de la provincia de Buenos Aires.

Solo durante 2025 se registraron más de 240.000 denuncias por violencia de género y doméstica, un dato que refleja la magnitud de la problemática y la necesidad de sostener respuestas estatales permanentes.

Además, nuestros programas Comunidades sin Violencias y Municipios por la Igualdad llegan a casi todos los municipios bonaerenses, brindando financiamiento a proyectos locales y comunitarios destinados tanto a fortalecer respuestas frente a las violencias como a promover políticas de igualdad y reorganización de los cuidados.

En simultáneo, impulsamos iniciativas orientadas a fortalecer la autonomía económica de mujeres y diversidades. A través de programas como “Organizadas y en Red” brindamos asistencia técnica y financiamiento a proyectos productivos liderados por mujeres y diversidades.

También generamos espacios de comercialización y ampliación de redes productivas, como la Expo Igualdad Bonaerense —que cada año reúne a cientos de emprendedoras y productoras— y promovemos acciones que articulan igualdad, salud y cuidado, como la carrera Amo mis Mamas para la prevención del cáncer de mama.

Además, seguimos apostando a la construcción colectiva del conocimiento. Por eso en 2024 creamos la Escuela de Género, Gobierno y Comunidad (EGGYC), desde donde fortalecemos espacios de capacitación, articulación con universidades y organizaciones, y políticas culturales.

A través de la EGGYC, como organismo rector, llevamos adelante las capacitaciones en Ley Micaela y desarrollamos junto a la UNAJ las primeras cohortes de las Diplomaturas en Abordaje Estatal Integral en Violencias por Razones de Género y Prevención Comunitaria de Violencias por Razones de Género.

Estas diplomaturas contaron con estudiantes de todas las regiones bonaerenses y de otras provincias, y ya egresaron más de 1100 personas.

Por su parte, realizamos cuatro ediciones del Congreso “Políticas para la Igualdad: Estado Presente” y en junio tendrá lugar la quinta. Es una muestra de nuestra vocación por debatir, intercambiar experiencias y construir respuestas federales y colectivas en un momento en el que otros niveles del Estado se están retirando.

En materia de cuidados, impulsamos la sanción de dos leyes provinciales destinadas a garantizar el cumplimiento de la obligación alimentaria, una problemática con un fuerte sesgo de género.

Una encuesta promovida por nuestro ministerio en 2022 mostró que más del 66% de las mujeres encuestadas no recibe cuota alimentaria o solo la percibe eventualmente luego de separarse del padre de sus hijas e hijos.

Frente a esta situación, en diciembre de 2024 se sancionó la Ley Nº 15.513, que simplifica el proceso judicial para reclamar la obligación alimentaria. Luego, en marzo de 2025, la Legislatura bonaerense aprobó la Ley Nº 15.520, que actualiza el Registro de Deudores Alimentarios Morosos (RDAM).

Cuando el Estado nacional se corre, las desigualdades se profundizan, tal como un dominó. En la Provincia elegimos el camino contrario: más presencia, más inversión y más políticas públicas para garantizar derechos y sostener la vida en comunidad.

 

 

La IA y el Estado: hay otro camino

Atravesamos como humanidad una profunda mutación de la realidad: un cambio de piel de la civilización entera. Sin distinción de hemisferios, ni de paralelos y menos que menos de culturas o religiones. No vivimos una crisis social y económica más, de esas que cada tanto nos sacuden y nos obligan a barajar y dar de nuevo. No. Expansión de la Inteligencia Artificial mediante, somos testigos de una revolución inédita en la historia del mundo. Y en este mar revuelto, la Argentina zigzaguea como una cáscara de nuez enfrascada en discursos de odio que plantean debates estériles y -lo más preocupante- totalmente analógicos. 

Los talibanes de la motosierra cultivan la idea peligrosa de que el Estado significa un estorbo en el desarrollo de cualquier nación y el verdadero enemigo que solo sirve para asfixiar al individuo. Nos quieren vender un anarcocapitalismo de pizarrón que, en el barro de la historia, no resulta más que la vieja receta de retirar al Estado de la mesa de la innovación tecnológica para que ese espacio sea monopolizado por señores feudales de Silicon Valley, dueños de los algoritmos y, por extensión, de nuestras decisiones. En ese mapa, más que ciudadanos con derechos, somos simples usuarios proveedores de datos, mano de obra barata para entrenar modelos ajenos o consumidores pasivos de una realidad diseñada a miles de kilómetros de nuestras necesidades. 

Frente a esa distopía de la concentración extrema y el sálvese quien pueda, tenemos la obligación política y moral de proponer un camino alternativo mediante la implementación de un Estado Dinámico, Ágil, Sencillo y Eficiente (DASE), lejos de ser un actor pasivo mientras el mercado decide quién sobrevive y quién no, sino que se asume en arquitecto del desarrollo nacional con progreso e inclusión. En el modelo agro exportador y extractivista al que nos quieren devolver la riqueza se medía por hectáreas o toneladas de exportaciones, pero en el siglo XXI la riqueza de cualquier nación radica en la capacidad de procesar conocimiento por parte de su población. Por eso, invertir en ciencia, tecnología e innovación no representa un gasto suntuario de un país rico: es la única vía alternativa para construir la Argentina grande, justa, libre y soberana con la que insertarnos en el nuevo paradigma mundial. 

En el corazón de nuestra propuesta anida el alcanzar la soberanía digital, ya que nuestros datos representan un activo nacional y no podemos regalarlos a corporaciones tecnológicas sin recibir a cambio un beneficio para nuestras mayorías populares. Y ahí nace garantizar el derecho a la soberanía cognitiva: la necesidad como Estado de formar una ciudadanía inteligente capaz de convivir, interactuar y producir en tiempos de IA. Queremos alfabetos digitales para comprender los datos, interpretar cómo funcionan los algoritmos y así construir soluciones a nuestras propias problemáticas sin depender de terceros. En definitiva, entender que, sin una mirada humanista, la tecnología es solo una herramienta que agrava la exclusión y la fragmentación social. 

Esconde un cinismo total hablar de libertad cuando la conectividad de cualquier ciudadano depende de las ganancias de una empresa privada. El Estado tiene que garantizar los fierros. Sin una red de fibra óptica federal y capacidad de cómputo propia -una suerte de “nube nacional”-, nuestra soberanía vive de prestado. Democratizar ese acceso es la base de cualquier justicia social moderna. Pero los cables no piensan.

Al mismo tiempo, necesitamos una alfabetización algorítmica de verdad. Ya no alcanza con repartir dispositivos. Hay que dar vuelta la educación para que las generaciones presentes y futuras entiendan la lógica detrás de la pantalla, que aprendan que un algoritmo puede arrastrar sesgos y  que ellos ostentan el poder de programar uno distinto. La soberanía cognitiva nace en el aula, transformando a los usuarios pasivos en verdaderos creadores de tecnología. 

El Estado, además, debe ser el primero en modernizarse. Dejar atrás el laberinto de ventanillas y expedientes: desburocratizar. Porque un Estado eficiente que respeta el tiempo de su gente, se vuelve transparente al digitalizar sus procedimientos y predictivo al aplicar la IA para anticipar demandas y urgencias antes de que existan. En este camino, el sector privado surge como un socio indispensable, pero bajo un modelo que fomente la industria nacional a través del apoyo a nuestras startups y PyMEs tecnológicas. De manera recurrente, Argentina exporta talento, pero hoy más que nunca necesitamos que ese conocimiento eche raíces con un sistema público y privado que ofrezca crédito, y protección al innovador local en entornos regulados donde el Estado y las empresas puedan experimentar con IA en áreas sensibles como la salud o la energía, asegurando que el beneficio sea colectivo y la competencia sea justa. 

Todo esto, por supuesto, se desarrolla bajo un límite ético infranqueable. No podemos permitir que la tecnología se emplee para la vigilancia o la manipulación. Necesitamos un escudo nacional de protección de datos que resguarde la privacidad del ciudadano y evitar que sea tratado como una mercancía que se subasta al mejor postor. Un Estado DASE garantiza que la IA potencie la libertad en lugar de crear perfiles psicométricos para definir consumos o, más peligroso aún, elecciones.

Incluso en la seguridad nacional, las reglas cambiaron. En un mundo de guerras híbridas, la ciberdefensa es soberanía. Desarrollar protocolos propios no desnuda paranoia, muestra lucidez. No podemos comprar “llave en mano” la defensa de nuestro espacio digital a potencias que, si los intereses cambian, pueden simplemente desconectarnos con un clic. 

Ahora bien, existe una idea falsa de que en los centros de investigación -Conicet, INVAP, INTI, INTA y las universidades nacionales- se despilfarra el dinero público. Nada más lejos de la realidad. El gran salto lo daremos cuando integremos el dato y el algoritmo a los sectores productivos en los que tenemos ventajas comparativas. Acá no corre lo de “campo e industria contra la ciencia y tecnología”. Al contrario, se basa en potenciar el campo y la industria con más ciencia y más tecnología. Sensores que optimicen el uso de agua, inteligencia aplicada a la logística industrial, predicción climática para salvar cosechas. No hablamos de logros utópicos, sino de puentes. Laboratorios de innovación abierta donde el científico del sistema público, el desarrollador de una empresa y el funcionario gubernamental resuelvan de manera asociativa y colaborativa problemas de la gente común. Esa sinergia es la que crea una economía del conocimiento robusta y, en definitiva, genera riqueza real y verdadero valor agregado. 

En todo proceso revolucionario se desatan angustias y un ánimo luddista -similar al de hombres y mujeres que rompían telares en los inicios del primer industrialismo- sobrevive nuestra época. El miedo a ser reemplazado por una máquina es real y no se soluciona ignorándolo. La respuesta está en consolidar un Estado líder en propiciar la reconversión laboral más grande de nuestra historia, garantizando que las y los trabajadores adquieran las herramientas para ocupar los nuevos roles que la IA crea mediante la automatización de procedimientos. Existe una salida en aplicar una tasa de robotización que permita capacitar a nuestra gente y evitar así ampliar la brecha entre ricos y grupos trabajadores. Lejos de resistirnos a ella, la tecnología debe ser una aliada en la búsqueda del aumento de nuestras capacidades y no un motivo más de descarte social. 

En conclusión, la IA ya transforma todo lo que encuentra a su paso. Debatir si vamos a usarla o no carece de sentido. La pregunta es si nos asumimos sujetos de esa transformación o nos conformamos con ser su objeto. Nuestra respuesta es clara: ese porvenir soñado lo construimos con voluntad política y la decisión de dejar atrás las viejas dicotomías que hasta acá nos trajeron. Pensar qué queremos, planificar el presente y proyectar el progreso que nos incluya a todos es el verdadero camino para garantizar nuestro derecho al futuro.

Los pibes quieren soñar en grande

1- ¿Cómo te llamas? ¿Nos contas algo de vos? ¿Qué estudias, qué te gusta hacer cuando tenés tiempo libre? 

TIZI: Soy Tizi, curso cuarto año en la secundaria, en la media nueve de Martínez. Tengo 16 años y milito en el centro de estudiantes de mi escuela y también en la juventud peronista de San Martín. Soy hincha de Boca, me gusta mucho leer, me gusta la música, me gusta el fútbol también. Y en mis tiempos libres me gusta estar con mis amigos y con mi familia.

Comencé a militar hace 2 años cuando ganó milei, a los 13 años. Sentía que tenía la oportunidad desde mi lugar de participar en algo más grande, con gente que como yo tenía la voluntad de cambiar las cosas. Eso fue lo que me motivó.

EMMA: Yo soy Emma Drut. Tengo 16 años. Curso en el Lenguas Vivas. Soy secretaria general del Centro de Estudiantes y milito en Patria y Futuro en CABA. Las materias que más me gustan del colegio son las que tienen que ver con lo social.

NACHO: Me llamo Nacho Pérez, tengo 24 años, soy de La Plata, nacido y criado. Estudio actualmente la Licenciatura en Sociología en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de la Plata. También soy hincha de Estudiantes de la Plata. Me gusta ir a recitales, escuchar música y toco la guitarra de vez en cuando. 

2- ¿Cuáles son las preocupaciones más agudas de tu generación en términos sociales y económicos? 

TIZI: Yo creo que en términos económicos la principal preocupación que tenemos los pibes hoy es lo que vemos y vivimos todos los días en nuestras familias, con nuestros compañeros. Uno cuando llega a la casa, ve que cada vez alcanza menos la plata, hablás con los compañeros y ves que muchos tienen que dejar la secundaria para salir a laburar. 

Además, hay algo común que atravesamos todos que es una incertidumbre respecto al futuro. Más allá de la clase social, hoy no podemos ni pensar en tener un laburo en blanco con derechos. No hay un pibe que pueda pensar en tener una casa propia.

En términos sociales, creo que todos tenemos la preocupación por la salud mental. Mis compañeros desde muy chicos padecen problemas. Las redes sociales juegan un papel importante ahí. Estamos todo el tiempo exponiéndonos, buscando una aceptación social. Publicando, publicando y publicando cosas. Uno termina estando todo el día pendiente de lo que opinan los demás, de lo que comentan los demás. Lo que más me preocupa es que el Estado no se hace cargo cuando el problema ya existe.

EMMA: Nuestra generación no se permite pensar en grande y soñar en grande, porque no nos dejan. Porque cuando te empiezan a faltar cosas tan básicas, es un poco difícil. Tenemos el techo bajito.

Tenemos preocupaciones que son bastante básicas. Poder terminar el secundario y empezar a estudiar en una universidad que exista, que tenga luz, que los docentes cobren. Poder irte a vivir solo, porque vemos que los que tienen hermanos mayores no se están yendo de la casa antes de los 30 años, cosa que antes nos parecía normal, poder independizarte, poder estudiar sin problemas. Poder tener una vida digna.

NACHO: Yo creo que hay dos grandes problemas en mi generación. Uno tiene que ver sobre todo con las oportunidades que nos da nuestro país, nuestra comunidad. O más bien, la ausencia de oportunidades. Cada vez es más difícil conseguir un trabajo que nos guste, que nos sirva, con el cual podamos desarrollar nuestra vida. También está esta cuestión de no saber bien qué queremos ser el día de mañana. Al no haber tantas oportunidades, no hay una perspectiva de futuro. 

Por otro lado, hay cada vez en los jóvenes más padecimientos de salud mental, todos tenemos un amigo, una amiga que tiene o tuvo depresión, ansiedad, ataques de pánico. En el día a día son conversaciones que cada vez están más presentes. Creo que esto se vincula a las redes sociales, que aumentan las expectativas o exigencias sobre quienes somos, quienes tenemos que ser. Es una ecuación compleja: cada vez tenemos menos oportunidades pero nos ponemos más exigencias sobre nosotros mismos. 

3- ¿Por qué pensás que hay pibes de tu generación que se sintieron seducidos con la figura de Milei? ¿Y qué les dirías?

TIZI: Me parece que es entendible que hayan votado a Milei después de dos gobiernos que no supieron responder a las exigencias de la sociedad, sobre todo viendo la respuesta que tuvimos nosotros. Nos quedamos con los mismos discursos que no conmovían a nadie y un lenguaje que no les llegaba a los pibes. Milei, en cambio, supo tener un lenguaje llano. Era un momento donde veníamos de la pandemia, de estar cada uno metido en su casa y había un chabón que era revolucionario y que les venía a hablar con un proyecto concreto. Eso les llamó la atención.

Y me parece que en base a esto nos tenemos que plantear una gran pregunta: ¿cómo hacemos para que ser rebelde no sea destruir toda con una motosierra a las puteadas? Que vuelva a ser luchar por una educación pública, luchar por la justicia social y ser solidario. Por eso,  a los pibes que votaron a Milei no hay que adjudicarles ninguna culpa. Es entender por qué. Charlar y dialogar y en base a eso intentar entender.

EMMA: Yo creo que se que se sintieron seducidos por la figura de Milei porque era el único que les hablaba básicamente. Usaron las herramientas que usa mi generación para hablar de un proyecto de país, que aunque no es el que el que quiero yo ni el que quieren otro montón de gente, era, al fin, un proyecto de país. Siento que nosotros no pudimos dar esa batalla.

A los pibes que votaron a Milei les diría que los entiendo. Entiendo la bronca que tienen. Pero también que sepan que hay un movimiento y otro montón de de pibes que queremos cambiar las cosas y que estamos dispuestos a luchar en conjunto. Los queremos escuchar, qué queremos saber cuáles son sus realidades, qué piensan, qué es lo que quieren soñar, a qué aspiran, y tenerlos en cuenta. Están dentro del proyecto para poder cambiar la realidad de Argentina.

NACHO:  Creo que veníamos de una desilusión atrás de la otra, y la figura de Milei apareció como algo disruptivo. Y todas esas frustraciones desembocaron en querer elegir una opción distinta. Algo nuevo. Quizás eso es irónico, no? Que en realidad lo que vino a proponer Milei no tiene nada de moderno porque representa proyectos que ya se llevaron a cabo en la historia de nuestro país, y generaron más angustia y menos futuro para los jóvenes.

A los pibes que votaron a Milei les diría que hay otra alternativa que esto que estamos viviendo. No es lo que nos merecemos como jóvenes, no es el país que nos merecemos, nos merecemos un país mucho mejor. Un país que nos incluya, que piense en nosotros, que nos tenga en cuenta. Un país donde podamos desarrollarnos con mayor dignidad. 

4- ¿Cómo soñás tu futuro y el futuro de la Argentina? ¿Qué debería priorizar un gobierno que se ocupa de las preocupaciones de pibes como vos y tus amigos?

TIZI: A mí me gustaría poder terminar lo que me queda de secundaria en un secundario que sea de calidad, que me enseñe cosas, que me forme, y después ir a la universidad. Quiero estudiar economía. Y para el futuro del país, espero que sea una Argentina más solidaria, en un país donde todos nos preocupemos por los otros, un país donde el dolor ajeno no nos sea indiferente.  Donde haya una comunidad de gente que se respete y donde todos podamos vivir sin violencia y sin odio. 

Sueño con un gobierno que se haga a cargo de la ciudadanía digital, de la salud mental, sueño con universidades públicas gratuitas y de calidad que sean accesibles para todos, sueño con un país donde ningún pibe tenga que dejar la secundaria para salir a laburar y por todo esto y me parece que un montón de motivos más, sueño con un gobierno distinto que nos escuche a los más jóvenes y que nos deje de tomar como un problema para realmente interesarse en lo que nos pasa.

EMA: Me gustaría poder estudiar de lo que me gusta, que todavía no sé qué es. Poder trabajar en lo que me gusta. Quedarme en el país, porque me parece un país hermoso. Poder viajar, recorrer no solamente otros países, sino también la Argentina. 

Creo que lo que tiene que priorizar un gobierno que piense en el pueblo y en esta generación por sobre todo, es resolvernos la vida de forma concreta. Me imagino un futuro con un gobierno que venga a plantearnos algo diferente. Un futuro donde mi generación tenga todas, o al menos un par de las cuestiones básicas cubiertas; el estudio, la salida al mundo laboral, y tener un lugar donde vivir. Recién ahí vamos a poder pensar en algo muchísimo más grande para nosotros, y para la Argentina. 

NACHO: A mí me gustaría poder recibirme de la carrera que estoy estudiando, que es Sociología, y poder desarrollarme profesionalmente en mi país, que eso sea una posibilidad. Poder conseguir pronto un mejor trabajo que me permita irme a vivir solo, que es algo que a muchos nos cuesta. Y en general, yo sueño con un futuro de mi país que nos incluya más, y nos tenga en cuenta también en las discusiones políticas. Un país con más trabajo, con más desarrollo, con más inversión en la universidad pública, en la ciencia y en la tecnología. Los jóvenes apostamos por la Argentina como lugar para poder desarrollarnos, crecer y formar nuestra vida. Estaría bueno que el país también apueste por nosotros. Que el proyecto de país nos contemple y nos incluya.

La guerra de Milei contra el bolsillo de los argentinos

Como se sabe, la guerra en Medio Oriente puso presión sobre el precio del petróleo y, por lo tanto, sobre los combustibles y la nafta en particular. Antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran la operación “Furia Épica” contra Irán, el barril de Brent oscilaba entre 65 y 70 dólares. Luego del inicio del conflicto, el precio casi se duplicó y hoy supera los 100 dólares.

Frente a estas circunstancias, muchos países tomaron medidas para impedir que el aumento del crudo impactara en los precios de los combustibles y de la energía, y se trasladara al bolsillo de las familias y a los costos de las empresas. En esos países, el Estado —ese que Milei desprecia— intervino para evitar, o al menos atenuar, que las consecuencias de la guerra deterioren aún más la calidad de vida de sus sociedades. Lamentablemente, este complejo contexto mundial encuentra a nuestro país con un gobierno aferrado a una ideología anacrónica, incompatible con el interés nacional y, sobre todo, totalmente inoportuna para gobernar en estas circunstancias. Para Milei —a diferencia incluso de aliados como Trump, Meloni o el derrotado Orbán— el mercado lo resuelve todo y el Estado, al que considera responsable de todos los males, debe simplemente desaparecer.

En los artículos teóricos del Presidente estas falsedades no hacen daño; en la realidad, son un problema gravísimo. Hay guerra, el precio del petróleo se dispara y el Estado decide no hacer absolutamente nada. Un Estado desertor que renuncia a actuar como Estado nacional. En este marco, nos enteramos de que “descongelan” el precio de las naftas y aplican un nuevo aumento: al 25% previo se suma ahora otro 9%. Tal vez, en medio de sus fantasías bélicas, el Presidente decidió librar su propia guerra: una guerra contra el bolsillo de los argentinos. Que la nafta siga aumentando en Argentina tiene, además, un agravante, también producto de una ideología contraria al interés nacional. Gracias a la recuperación de YPF en 2012 y al desarrollo de Vaca Muerta, el país viene recuperando el autoabastecimiento e incluso cuenta con excedentes exportables. Sin embargo, Milei sostiene que el petróleo extraído del subsuelo argentino debe pagarse al precio internacional, incluso en un contexto de guerra. Es decir: en Argentina terminamos pagando lo mismo que un país que no produce petróleo y debe importar.

Mientras tanto, en muchísimos países, además de medidas para contener el precio de los combustibles, se evalúan contribuciones extraordinarias a las empresas petroleras, que multiplican sus ganancias en medio del sufrimiento de pueblos afectados —directa o indirectamente— por guerras absurdas, al menos mientras dure el conflicto. Son gobiernos que priorizan el bienestar de sus sociedades. Hoy Argentina no cuenta con eso, pero falta menos para que termine este capítulo de infamia, esta cascada de irresponsabilidad que cae sobre los argentinos.

Hay otro camino y lo vamos a seguir construyendo.

 

 

 

Vengo de la Argentina de Milei, vengo del (posible) futuro

En diciembre de 2019 asumí el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, responsabilidad para la que fui reelecto cuatro años después. Se trata de un territorio del tamaño de Italia, que concentra casi el 40% de la población argentina, produce más de un tercio del PIB nacional y constituye el corazón industrial y productivo del país. En otras palabras, me toca gobernar la provincia que más sufre el experimento distópico que Milei está aplicando en Argentina.

Viajé a Barcelona, a la Movilización Global Progresista, para contar cómo se vive en ese “futuro” que la extrema derecha europea presenta como un ejemplo a seguir. ¿Y cuáles son sus resultados? En dos años de Milei cerraron más de 24.000 empresas —unas 30 por día—, se destruyeron cerca de 300.000 empleos formales y la industria acumula una caída cercana al 10%, el segundo peor retroceso industrial del mundo en ese período, solo superado por Hungría.

El salario mínimo perdió 40% de su poder de compra y está en niveles de 2001. La inversión en ciencia y tecnología bajó al 0,17% del PIB, mínimo histórico desde que hay registros. A las familias el ingreso no les alcanza, muchas se endeudaron y hoy las tasas de incumplimiento en los créditos bancarios y no bancarios son las más altas de la serie. No hubo milagro argentino, lo que hubo fue una formidable estafa: el ajuste más grande de la historia, el que iba a pagar “la casta”, lo terminaron pagando los jubilados, la obra pública, los empleados estatales, los programas sociales, las universidades y las provincias. Entre todos explican más del 75% del recorte de la motosierra.

En síntesis: Milei puso en marcha un experimento de desintegración del Estado y de su capacidad de regular, proteger y corregir desigualdades. El presidente Milei sostuvo en su campaña electoral que era un topo que iba a “destruir el Estado desde adentro”. Es lo único que está cumpliendo: lidera un Estado que deserta de sus funciones esenciales, que abandona la salud, la educación y la seguridad social. Pero también hay una desintegración del federalismo, del tejido productivo, de la cultura democrática y, sobre todo, de la sociedad y de las comunidades que la componen, generando una sociedad cada vez más desigual y fracturada. Nada de desarrollo: solo más incertidumbre, más precariedad, más injusticia y más desprotección.

Asimismo, este modelo económico va acompañado por una constante agresión simbólica a una sociedad ya lastimada, intoxicando con mentiras destinadas a incubar odios y responsabilizando a las víctimas de esta estafa económica por sus presuntos “fracasos”. Exacerba un individualismo competitivo, una pelea de todos contra todos, completamente ajena a la solidaridad que distingue históricamente a la sociedad argentina.

En este marco, los gobiernos provinciales y locales nos hemos tenido que convertir en un escudo y en una red para atenuar el daño social y proteger los derechos que están en peligro. Con un esfuerzo gigantesco de los y las bonaerenses, estamos sosteniendo los comedores escolares y la entrega de medicamentos esenciales, terminando con recursos propios las obras de escuelas, hospitales y universidades que Milei abandonó a medio construir. También hemos puesto al Banco de la Provincia de Buenos Aires, hasta donde se puede, a sostener el consumo y el crédito productivo que el Gobierno nacional retiró a las pequeñas y medianas empresas. Pero todo esfuerzo resulta insuficiente: ninguna región crece en un país que se hunde.

Hay que ser claros: el experimento que lidera Javier Milei —con su modelo económico, sus negocios personales, su ataque a la justicia social y el maltrato a las minorías— no se sostiene sin una muy articulada red de apoyos externos y complicidades ideológicas y económicas que operan a escala transnacional. Me refiero a una internacional de la ultraderecha que actúa de forma coordinada y de la que Milei es una de sus expresiones más extremas: el capítulo argentino, posiblemente el más caricaturesco, pero no por eso menos peligroso.

Déjenme dar un ejemplo concreto y muy reciente: cuando en 2025 el programa económico de Milei estaba a punto de derrumbarse, Donald Trump, por primera vez en la historia, instruyó al Tesoro para que comprara pesos argentinos con dólares y le prometió un salvataje de 20.000 millones de dólares, justo dos semanas antes de las elecciones y atado explícitamente a su resultado. En otras palabras, el presidente de los Estados Unidos les “prometió” a los argentinos evitar el abismo —al que nos había llevado el gobierno de su protegido— si votaban por Javier Milei.

Dados estos desafíos, la respuesta no puede ser puramente nacional, ni mucho menos local. No podemos aspirar a construir islas progresistas en un mundo que se desintegra en guerras y promueve la desigualdad económica y la precariedad como normas de vida. Es necesario construir alianzas frente a esta tragedia común, con el objetivo de promover una visión más humana, justa y sostenible del desarrollo económico. Y también reunirse para romper el aislamiento, ya que, como repetía nuestro querido Papa Francisco: “Nadie se salva solo”.

Pero la tarea no es solo simbólica o retórica. En este Día Internacional de los Trabajadores, adquiere un sentido muy concreto: mejorar las condiciones de empleo, el poder adquisitivo y los derechos de millones de trabajadores, trabajadoras y familias. Eso nos exige actuar de manera coordinada en los organismos internacionales, en los Estados nacionales, en los gobiernos subnacionales y en cada territorio, porque los desafíos que enfrentamos ya no respetan fronteras administrativas ni escalas de gobierno.

Ningún Estado, por poderoso que sea, puede actuar por sí solo frente a corporaciones que producen en un país, facturan en otro y llevan sus ganancias donde menos tributan. Ninguna ciudad puede defender por sí sola el derecho a la vivienda frente a plataformas globales y fondos de inversión que operan simultáneamente sobre barrios y alquileres a escala internacional. Ningún sindicato ni trabajador de plataforma negocia en igualdad de condiciones con empresas que fijan desde lejos las reglas, los algoritmos y hasta los márgenes de su precariedad. Y ninguna democracia puede sostener la cohesión social cuando la desigualdad se globaliza, la riqueza se concentra sin freno y la deuda ahoga a países enteros, obligándolos a elegir entre pagar o desarrollarse.

Hace falta sumar fuerzas. Frente a ese escenario, la respuesta no puede limitarse a resistencias aisladas ni a la defensa de un mundo que no supo asegurar bienestar para las mayorías. Nuestra propuesta, nuestra aspiración, no puede limitarse a construir cordones sanitarios. Tenemos que disputar el presente y, sobre todo, el futuro. Cambiar la distopía por un proyecto colectivo, que movilice, que entusiasme. Para eso, resulta necesario dejar atrás la nostalgia, la intención de restaurar un mundo que ya no existe o que las mayorías ya no quieren defender. Y también dejar atrás la pura queja, la pura denuncia, la pura protesta.

Hace solo unas semanas, al recibir en Barcelona el Goya por Belén, la directora y actriz argentina Dolores Fonzi dijo: “Ustedes que tienen tiempo, que tienen tiempo aún, no caigan en la trampa. La ultraderecha vino a destruirlo todo. Eso es así. Yo vengo del futuro”. Barcelona, en estos días, nos dio un impulso para empezar a trabajar sobre otros futuros posibles: un futuro donde Milei sea pasado, donde la Argentina le ofrezca a su sociedad un horizonte de progreso colectivo y justo y que, en la arena internacional, se comprometa con un mundo en paz, donde se protejan los intereses de los pueblos y su derecho a una vida digna. Frente al futuro distópico que propone la ultraderecha, afirmamos: ¡Hay otro camino! Para construirlo son enormemente valiosos encuentros como el realizado en Barcelona y el compromiso que vienen desplegando líderes como Lula, Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro, Yamandú Orsi y Pedro Sánchez.

Por mi parte, he querido contarles sobre Milei porque, como venimos repitiendo desde hace años, los pueblos deben elegir entre dos opciones: la derecha o los derechos. Nosotros estamos con los derechos, principalmente con el derecho al futuro.

 

 

 

Sumar Fuerzas contra la extrema derecha

“La respuesta a los problemas de nuestros pueblos no es local, bonaerense, ni puede ser argentina. La solución ante las políticas de ultraderecha debe ser internacional”

El viernes 17 y sábado 18 de abril, los principales líderes progresistas del mundo se reunieron en Barcelona para articular una respuesta común frente al avance de la ultraderecha. 

En un contexto atravesado por las protestas contra el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría y el rechazo a la reforma judicial de Giorgia Meloni en Italia, la Movilización Progresista Mundial le dio un plataforma a los progresismos para unir fuerzas. 

Allí estuvo Axel, junto a Luiz Ignacio “Lula” Da Silva, Gustavo Petro, Pedro Sánchez, Claudia Sheinbaum y los principales dirigentes progresistas a nivel global. La respuesta que se empezó a construir es clara: la solución ante las políticas de ultraderecha debe ser internacional.

¿Cómo se enfrenta a sectores reaccionarios que actúan de manera coordinada y que cuentan con el respaldo de las principales empresas tecnológicas? ¿Cómo se enfrenta a quienes fomentan el odio social y el conflicto en función de sus propios intereses?

Para encontrar una respuesta, los dirigentes trazaron las bases y condiciones de un mundo que vuelva a poner a la democracia como centro igualador y organizador de la vida.

Frente al genocidio, los conflictos armados y la violencia en aumento; más y mejor democracia. Un modelo económico sustentable, exitoso y expansivo no es sinónimo de quitarle derechos a los pueblos. No se trata de menos política, sino de una política eficiente que llegue a los últimos, que distribuya, que amplíe derechos, que reconozca la identidad de sus pueblos, que garantice la dignidad a través de la salud, la educación y el trabajo, y que construya instituciones sólidas capaces de acompañar las decisiones de vida de cada persona.

Pero más y mejor democracia no puede ser una consigna vacía. Sobre eso, cada dirigente dejó un aporte:

Axel sostuvo: “A nuestro pueblo no le alcanza con que le demos soluciones materiales, tenemos que decirle también que hay otro camino que no es el de la guerra, no es el de la crueldad y no es el del abandono”. Además, el Gobernador planteó una salida democrática, popular e internacional: “Si es un mundo multipolar el que nos espera, tiene que ser un mundo en el que el protagonista no sea ni un país ni una región, sino los pueblos que representamos.” 

Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Ignacio “Lula” Da Silva, convocó a los líderes progresistas a seguir alzando la voz contra las injusticias: 

“La democracia de las Naciones Unidas depende de nosotros. Fortalecer el multilateralismo depende de nosotros. No depende de nadie más. Individualmente no tenemos salida”.

Asimismo, el mandatario brasilero advirtió que “los 5 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU deben reunirse para cambiar su comportamiento”. Y añadió: “Ningún presidente de ningún país del mundo, por mayor que sea, tiene el derecho de poner reglas a otros países”. 

En relación al encuentro de líderes progresistas en Barcelona, Lula expresó: “Lo que estamos haciendo aquí es el comienzo de un movimiento que tiene que actuar todos los días del año para restablecer la cosa más sagrada del mundo: la democracia y el multilateralismo.” Y sentenció: “El mundo no soporta más la guerra: el pueblo pobre no quiere mucho, sólo vivir con dignidad.” 

A su vez, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, realizó una ferviente defensa de la democracia entendida como el gobierno del y para el pueblo:

“Los principios democráticos también significan libertad, pero vale la pena preguntarnos cuál libertad ¿la libertad que defiende el conservadurismo? ¿la libertad de someterse a intereses externos? ¿la libertad de convertir a las naciones en colonias modernas? ¿o la libertad de mercado sin Estado que convierte a muchos en nada y a pocos en mucho? No, creemos que la democracia implica libertad. Pero la libertad es palabra vacía si no la acompaña la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos. Cuando hablamos de democracia no es la de las élites, sino la del pueblo. No es la de la concentración de la riqueza, sino la de la distribución. No es la de la imposición, sino la de la participación. No de la guerra, sino de la paz. No de la indiferencia y de la exclusión, sino de la cooperación y la inclusión”. 

A su turno, el presidente de España, Pedro Sánchez, señaló la importancia de la distribución de la riqueza y alertó: 

Cuando el progreso no se distribuye, cuando las oportunidades no llegan a todos, cuando amplias capas de la población sienten que el sistema no responde, la democracia pierde legitimidad. Ahí es donde crece el extremismo, que no abre la grieta: ocupa el espacio”. En el mismo sentido, subrayó que no basta con resistir, tenemos que proponer, tenemos que liderar, tenemos que demostrar que la democracia no solo se defiende, sino que se fortalece y se perfecciona día a día”. 

En referencia a la injusta arquitectura financiera internacional, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, indicó: 

Tenemos que reformar la arquitectura financiera del mundo y acabar con esa brecha financiera para el desarrollo. Es verdad que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hay que reformarlos también. No pueden ser instituciones que solo sigan representando los intereses occidentales. Así que las reformas de estas instituciones deben ser completa”

Este primer encuentro marcó una hoja de ruta para articular una estrategia colectiva internacional con producción, trabajo, paz y dignidad para los pueblos. Una alternativa donde el derecho al futuro no sea solo para los dueños del mundo.

Lanzamiento del MDF Educación

Hacia la construcción de una propuesta educativa federal. Defender el sistema educativo es transformarlo.

Desde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) presentamos este documento borrador con el objetivo de someterlo a discusión con compañeros y compañeras de distintos puntos del país. Nuestro espacio político entiende que, “ante este modelo de especulación financiera, concentración de la riqueza y entrega a intereses extranjeros”, se debe construir una fuerza social y política “que defienda y represente al trabajo, la producción agropecuaria e industrial, a comerciantes, profesionales, docentes y estudiantes, artistas, científicos, jubilados, asegurando el desarrollo económico con justicia social”.

Los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad, entre ellos quienes nos gobiernan, sostienen que Argentina es un país fallido y fracasado que debe reconstruirse casi en su totalidad. Esa lógica se utiliza respecto del régimen laboral, del jubilatorio, de la ciencia y la tecnología, de las capacidades de su industria y, por supuesto, del sistema educativo, al que califican de colapsado e ineficiente. Se trata de una estrategia conocida: sobreestimar la crisis para aplicar soluciones drásticas, siempre adversas y sancionatorias para las y los trabajadores.

En ese marco y en este contexto, queremos construir colectivamente una propuesta para mejorar la educación de nuestro pueblo. Es necesario transformar nuestro sistema educativo por la insatisfacción social que generan sus deudas, entre las que se destacan los logros de aprendizaje, el estado de la infraestructura, los salarios docentes y otros aspectos relevantes.

No obstante, defendemos la historia, organización y posibilidades de nuestro sistema educativo, mayoritariamente público (70/30%), con una extendida distribución territorial, igualitario, de sólida tradición política y pedagógica y años de pensamiento original, convicciones e ideas y, sobre todo, con educadores y educadoras comprometidos con su tarea.

Los desafíos que tiene la educación argentina son múltiples, y creemos que los gobiernos populares, más allá de sus deficiencias, han producido avances importantes en materia de legislación, inversión, expansión del sistema, construcción de edificios, creación de nuevas escuelas y universidades públicas, distribución de libros y tecnología y mejora sustantiva de los salarios y de las condiciones laborales, por citar algunos.

Axel Kicillof sostiene que lo que fortalece a la escuela pública es reconocer sus debilidades, no para destruirla y proponer un diagnóstico sombrío y falso, sino para solucionar errores y deudas: “Esa es la transformación, abordar el sistema con la profunda convicción de que hay que defender a la escuela pública para transformarla, mejorarla, encontrar lo que falta y trabajar incansablemente en esa dirección.”.

La educación en el gobierno libertario

Ante las agresivas decisiones que ha tomado el Gobierno contra la educación argentina, ratificamos, a veinte años de su sanción, la vigencia y pertinencia de la Ley de Educación Nacional N.º 26.206/06, por su concepción de educación y conocimiento,a los que define como bienes públicos y derechos personales y sociales que deben ser protegidos y garantizados por el Estado.

Hoy peligran las nociones de comunidad, de ciudadanía democrática, de sociedad solidaria con plenos derechos y conciencia de sus obligaciones. Los derechos no son mercancías, sino atributos inherentes a la condición humana y tienen un único destino: su ampliación. La ética libertaria desprecia la identidad colectiva, es incapaz de construir y apreciar el nosotros, y exalta los valores del individualismo extremo y del éxito a cualquier precio, lo que produce un debilitamiento del lazo social y de las instituciones destinadas a la socialización y transmisión cultural; entre ellas, la escuela.

En estos pocos años, la política educativa de La Libertad Avanza desfinanció la educación y abandonó a las provincias a su suerte, sin adoptar medida alguna destinada a resolver sus problemas reales y generando un clima de época hostil a la tarea esencial de la escuela.

Se ha eliminado la paritaria docente, se han reducido los salarios y se introduce un falso concepto de libertad, renunciando a años de lucha social para lograr la obligatoriedad educativa masiva: “La libertad también es que, si no querés mandar a tu hijo al colegio porque lo necesitás en el taller, puedas hacerlo”; el Presidente y sus socios solo tienen expresiones insultantes respecto de la educación y de las y los educadores.

Con relación a la inversión, apuntamos dos consideraciones hoy presentes en la discusión sobre política educativa: la disminución de la tasa de natalidad y el nuevo concepto de “inversión inteligente”, ya que quienes gobiernan sostienen que ambos conceptos son suficiente justificativo para concretar el ajuste. La disminución de lanatalidad los impulsa a pensar que, a partir de la simple relación alumnos-docente, se debe reducir el personal; por su parte, la inversión inteligente representa la posibilidad de invertir “menos y mejor”, idea con la cual, por supuesto, no acordamos.

Algunas cifras para graficar lo que decimos

El presupuesto vigente para el año 2026 consagra el abandono del 6 % del PBI dedicado a educación y del 1 % destinado a ciencia y tecnología; tampoco incluye recursos para la construcción de escuelas, la distribución de libros, la tecnología, la formación docente, etc.

El Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional (FoNE-TP) sufrirá un recorte acumulado, respecto de 2023, del 93 %. Por su parte, la función Educación y Cultura tiene una caída real del 47,3 % respecto de lo ejecutado en el año 2023.

Los programas de transferencias dirigidas a los estudiantes, por ejemplo, las becas estudiantiles, acumulan un descenso del 76,6 % respecto de 2023.

El ataque al sistema universitario trasciende el ahogo presupuestario y el incumplimiento de las leyes vigentes; representa un intento de desmantelar el pensamiento y las capacidades estratégicas de la Nación. Esto se advierte con los recortes al salario docente, a la investigación y a la extensión, rompiendo la relación entre el conocimiento soberano y los desafíos del desarrollo y debilitando la capacidad de nuestra sociedad para construir un horizonte colectivo propio.

Respecto de lo que podríamos llamar la educación obligatoria, el proyecto de Ley de Libertad Educativa, aún no presentado formalmente para su tratamiento, representa un serio retroceso. Algunas razones: repone el concepto de equidad, que remite a los años noventa, e introduce el engañoso concepto de libertad educativa, que se parece mucho al de abandono.

Asimismo, sostiene que el objetivo de la educación es la libertad individual y el proyecto de vida de cada persona, obviando su dimensión social y comunitaria y, en el mismo sentido, prioriza a la familia y la sociedad, desplazando al Estado a un rol subsidiario: “la era del Estado presente ha terminado”, sostiene el presidente Javier Milei, profundizando la destrucción de una herramienta imprescindible para los sectores más carecientes.

El artículo 96 del proyecto otorga una injerencia desmedida a las familias, a través de un Consejo Escolar de Padres al que le asigna facultades de gobierno escolar; para la concepción libertaria, las familias representan el nuevo rostro del individualismo, profundizando la fragmentación social y debilitando lo comunitario.

Además, introduce el concepto de autonomía escolar, que traerá mayor desigualdad al sistema educativo, por la facultad que tendrán las instituciones de decidir sus contenidos, dictar reglamentos internos y de convivencia, generar concursos y remover y elegir autoridades.

Especialmente discutible es la introducción de estrategias educativas alternativas desde los primeros años de edad. Nos referimos a la enseñanza en el hogar y la educación híbrida y a distancia, que no solo impiden la natural tarea socializadora de la escuela, sino que posibilitan los negocios de las plataformas educativas transnacionales.

Finalmente, le quita responsabilidad al Estado nacional en el financiamiento del sistema, generando serias complicaciones en los presupuestos de las provincias.

Los desafíos

Es necesario volver al gobierno para reconstruir lo que quedará del sistema y saldar las deudas de la educación argentina. Se hizo un gran esfuerzo en el lapso 2003- 2015, que fueron tiempos de inversión y crecimiento, pero es necesario decir, de resultados de aprendizaje insuficientes.

La educación argentina es una herramienta fundamental para cimentar una ciudadanía democrática que recupere el interés por la participación en la vida pública y que valore vínculos de respeto, diálogo y dignidad.

Se debe construir una nueva agenda educativa que sepa escuchar y atender los problemas que familias, docentes y estudiantes manifiestan a diario. Este conjunto de acciones no puede constituir una nómina nostálgica de derechos perdidos, sino que deberá mostrar equilibrio entre los derechos que faltan y las obligaciones que debemos. Provisoriamente, proponemos algunos temas:

Mejorar los resultados de los aprendizajes en todo el sistema educativo;

Sostener la continuidad pedagógica de la educación obligatoria (que haya clases todos los días), sobre todo en las escuelas de gestión estatal. En este punto, se debe discutir el concepto de corresponsabilidad de las familias y la sociedad respecto de la educación;

El actual escenario de descenso demográfico, con cobertura próxima a la universalización, representa una oportunidad para generar políticas respecto de las condiciones en que se enseña y se aprende en las escuelas;

Analizar los modos de incorporar tecnología en la escuela como una capacidad estratégica para desarrollar procesos de innovación y producción de conocimiento;

Discutir cómo incorporar las herramientas de la inteligencia artificial en todo el sistema educativo;

Construir un nuevo federalismo educativo y, en ese marco, una nueva distribución de los recursos económicos;

Como parte de la política de recuperar el sistema universitario, se debe priorizar su articulación con el sistema educativo, en especial con los institutos formadores y con el sistema productivo.

La educación es un tema muy importante, altamente valorado por nuestra sociedad, sobre todo por los sectores de menores recursos, a los cuales debemos responder en sus reclamos y necesidades educativas. No lo haremos tratando de hacer lo que ya hicimos, sino sosteniendo convicciones, inversión, dedicación e ideas originales y profundas.

Una vez más lo decimos: conocemos las deudas que la escuela tiene con la sociedad, pero también destacamos su sostenida y comprometida disposición para atender numerosas demandas que, con frecuencia, la alejan de su objetivo central, que es la transmisión de conocimientos. En toda circunstancia, la escuela está y responde; por eso realiza funciones sociales, alimentarias y, últimamente, emocionales y psicológicas que no son asumidas por otras instituciones de la sociedad.

Reconocemos especialmente a los y las directivos, docentes, auxiliares y cooperadores que trabajan con gran compromiso, a pesar de que en este último tiempo han sido maltratados, ofendidos en su profesionalismo y observan cómo se deteriora su salario por las nocivas políticas que lleva adelante el Gobierno nacional.

La provincia de Buenos Aires, con su gobernador a la cabeza, muestra otro camino.

Arduo, difícil, con recursos limitados por la asfixia a la que es sometida, pero con sostenida presencia territorial, escuchando a sus habitantes, expandiendo el sistema educativo, construyendo escuelas, distribuyendo libros y, sobre todo, ubicando a la educación en un lugar destacado de sus políticas de gobierno.

Por esas razones, desde el Movimiento Derecho al Futuro convocamos a “la construcción de una gran fuerza social y política para el desarrollo y la justicia social, que represente a trabajadores, sectores productivos, la ciencia, la educación y la cultura; que defienda los intereses nacionales, promueva el desarrollo y se abra a la participación de todos. Solo con un peronismo fuerte, amplio, unido y con sus raíces en el pueblo podremos forjar un país más justo, solidario y con oportunidades para todos.

Los y las argentinas merecemos un futuro donde quepamos todos y todas; merecemos una sociedad ética, solidaria e igualitaria que deje atrás el individualismo, el maltrato y la pérdida de derechos.

Axel representa las convicciones intactas, la honestidad y una probada gestión de gobierno; representa un futuro más justo y la esperanza que tanto necesita recuperar la sociedad argentina.

 

Lanzamiento del espacio Universidad y Ciencia del MDF

Nuestro país tiene una larga tradición de universidades públicas de calidad y de un sistema de ciencia y tecnología reconocido mundialmente. En conjunto cumplen un rol central: forman los recursos humanos que la Argentina necesita y a la vez forman una sociedad más integrada, con expectativas de progresos y aspiraciones de movilidad social. No hay desarrollo ni inclusión posibles sin políticas que fortalezcan de manera sostenida a nuestro sistema de ciencia y tecnología y a nuestras universidades públicas. 

Hoy atravesamos una etapa crítica. El gobierno de Javier Milei ha castigado a lo largo de estos dos años a la ciencia y a la Universidad con políticas de ajuste y desinversión, con una fuerte caída de los salarios reales y presupuestos llevados a sus niveles más bajos desde la recuperación democrática. Esta situación empuja a científicos/as y universitarios/as al pluriempleo, al deterioro de sus actividades de investigación, docencia y transferencia, y acelera la emigración, con consecuencias gravísimas para el futuro del país.

En contraposición a este escenario, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires viene actuando como un escudo de protección para sus habitantes, intentando sostener a sus Universidades y a su sistema científico, aún en un contexto de millonarias deudas del Estado Nacional con las provincias. Pero como sostiene Axel “no alcanza con ser escudo y resistir, hay que construir otro camino”. 

Resulta imperioso que quienes tenemos la convicción de que otro país es posible trabajemos para que en 2027 podamos ofrecer un proyecto para una Argentina diferente: sostenida en la educación, la cultura, la ciencia en todas sus disciplinas, la Universidad, la salud pública, la producción, la industria nacional, el desarrollo sustentable, la inclusión y el trabajo. Un proyecto con alcance federal, con perspectiva de género y con más participación de las y los jóvenes. Tenemos la convicción que ese proyecto debe ser encabezado por Axel Kicillof, quien con su honestidad, formación, capacidad de trabajo, experiencia de gestión, y diálogo con sectores muy diversos de la sociedad, ha demostrado reunir las condiciones para conducirnos hacia un futuro mejor.

Argentina tiene Derecho al Futuro y queremos ser parte activa de este armado colectivo: produciendo más y mejor ciencia, desarrollando tecnología e innovación desde nuestros Organismos y Universidades, y transmitiendo ese conocimiento a las nuevas generaciones desde nuestras aulas. Para lograrlo necesitamos recuperar y fortalecer el sistema nacional de ciencia y tecnología, garantizar salarios dignos para investigadores/as y trabajadores/as universitarios/as, y contar con presupuestos acordes a los desafíos de un mundo donde el conocimiento es la llave de la soberanía y del bienestar colectivo.

El futuro es con Axel. Hagamos desde nuestra comunidad el aporte para construirlo.

Quienes aquí firmamos expresamos nuestra decisión de integrar el espacio Universidad y Ciencia del Movimiento Derecho al Futuro.


ADHESIONES

  • Juliana Cassataro
  • Celeste Ratto
  • Mirta Iriondo
  • Melina Devercelli
  • Valeria Levi
  • Elisa Colombo
  • Flavia Terigi
  • Ana Franchi
  • Graciela Morgade
  • Lucia Fank
  • Dora Barrancos
  • Marisa Censabella
  • Susana Mirassou
  • Maria Santini
  • Carolina Carrillo
  • Andrea Gamarnik
  • Darío Kusinsky
  • Mariano Hermida
  • Liliana del Carmen Bergesio
  • Georgina Hernandez
  • Ana María Llois
  • Roberto Salvarezza
  • Guillermo Durán
  • Ricardo Manetti
  • Diego De Charras
  • Hector Flores
  • Pablo Molina
  • Jorge Anró
  • Mario Lozano
  • Alejandro Villar
  • Federico Aguero
  • Leonardo Zayat
  • Mario Pecheny
  • Alberto Baruj
  • Diego Golombek
  • Jorge Geffner
  • Gabriel Rabinovich
  • Alberto Kornblihtt
  • Juan Pablo Paz
  • Daniela Hozbor
  • Cecilia Nicolini
  • Fernando Peirano
  • Carolina Mera
  • Sandra Carli
  • Daniel De Florián
  • Daniel Gollán
  • Roberto Etchenique
  • Adrián Paenza
  • Claudio Martínez
  • Juan Manuel Abal Medina
  • Carlos Raimundi
  • Marcelo Cassaretto
  • Martín Barrionuevo
  • Jaime Sorín
  • Aldo Caballero
  • Diana Caviedes
  • Pamela Bianco
  • Federico Ariel
  • Eduardo Barrio
  • Soledad Quereilhac
  • Jorge Gugliotta
  • Diego Weinberg
  • Rodrigo Quiroga
  • Larisa Kejval
  • Javier Bráncoli
  • Ianina Lois
  • Soraya Giraldez
  • Mercedes Calzado
  • Luis Lozano
  • Alejandro Grimson
  • Elizabeth Gómez Alcorta
  • Luisa Kuliok
  • Ana María Huergo
  • Maximiliano Juri Ayub
  • Sabrina Frederic
  • Silvia Kochen
  • Andrés Kreiner
  • Pablo Pineau
  • Rodolfo Kempf
  • Ariel Langer
  • Julián Fernández Bonder
  • Agustín Aduriz Bravo
  • Flavia Bonomo
  • Hugo Lewin
  • Gustavo Lugones
  • Marcelo Martí
  • Fortunato Mallimaci
  • Juan Carlos Reboreda
  • Luis Bruno
  • Omar Coso
  • Alejandro Nadra
  • José Olabe
  • José Paruelo
  • Silvina Ponce Dawson
  • Gabriela Pasquini
  • Jorge Muschietti
  • Fernando Porta
  • Félix Requejo
  • Eduardo Rinesi
  • Victor Romanowski
  • Ruth Rosenstein
  • Osvaldo Uchitel
  • Sebastián Uchitel
  • Ernesto Villanueva
  • Eduardo Dvorkin
  • Nicolás Dvoskin
  • Daniel Antenucci
  • Alicia Stolkiner
  • Silvia Ledesma
  • Oscar Galante
  • Analía Rearte
  • Ana Castellani
  • Mario Rapoport
  • Rodrigo Castro
  • Romina Gamberale
  • Diego Garbervetsky
  • Patricia Funes
  • Martín Aguiar
  • Daniela Albizzatti
  • Pedro Aramendía
  • Silvina Batakis
  • Gabriel Bilmes
  • Rosa Bologna
  • Mario Bunge Molina
  • Luis Cappozzo
  • Raúl Courel
  • Ernesto Cristallini
  • Fena Della Maggiora
  • Guadalupe Díaz Constanzo
  • Fernando Schapachnik
  • Diego Fernández Slézak
  • Esteban Feuerstein
  • Fernando Lombardo
  • Tomás Orduna
  • Víctor Penchaszadeh
  • Diego Quesada-Allue
  • Jorge Rachid
  • Julián Rebón
  • Mario Rovere
  • Gabriela Trupia
  • Susana Underwood
  • Arturo Somoza
  • Juan Castelucci
  • Jorge Manuel Gil
  • Carlos Perez Rasetti
  • Roberto Tassara
  • Javier Gortari
  • Hernan Vigier
  • Oscar Madoery
  • Juan Martín Etcheverry
  • Maria Alejandra Wagner
  • Roberto Bocchetto
  • Aritz Recalde
  • Gisela Spasiuk
  • Claudia D’Amico
  • Patricio Santagapita
  • Pablo Allo
  • Marcos Mele
  • Juan Lo Bianco
  • Graciela Ferrás
  • Francisco Martin Gonzalez
  • Andrés Ruderman
  • Rodolfo Macera
  • Cecilia Todesca
  • Nicolás Pregi
  • Francisco Romero

Una agenda común de desarrollo productivo para Sudamérica 

La pandemia, la guerra en Europa, la aceleración de la transición energética y la digitalización reconfiguraron el consenso global. Las grandes potencias abandonaron la ingenuidad liberal y volvieron a políticas industriales activas, combinando subsidios, regulación tecnológica, compras públicas y estrategias de seguridad de suministros. A partir de lo aprendido con China, en la nueva configuración geopolítica internacional los países del norte global avanzan hacia cadenas de valor más cortas, confiables y con control soberano sobre eslabones críticos.

La noción de una política industrial activa, tradicionalmente ausente o incluso rechazada en el discurso de las grandes potencias internacionales, vuelve a cobrar relevancia en el debate contemporáneo sobre desarrollo. Instituciones como el Fondo Monetario Internacional, que históricamente se oponían a la intervención estatal en la estructura productiva, han comenzado a elaborar análisis y documentos sobre instrumentos de política industrial, evidenciando una revisión de sus posturas anteriores. Por su parte, la UNCTAD, en su esfuerzo por legitimar estrategias de industrialización en los países en desarrollo, avanza en la formulación del concepto de policy space como fundamento para ampliar la autonomía estatal en la adopción de medidas orientadas al desarrollo.

En este contexto, el trípode macroeconómico que sustentó la globalización neoliberal muestra señales de flexibilización, abriendo espacios en diversas partes del mundo para la implementación de políticas macroeconómicas y sectoriales más alineadas con los objetivos de transformación productiva y crecimiento inclusivo.

Para los países sudamericanos, avanzar en una política industrial orientada al desarrollo implica no solamente aumentar el valor agregado de su producción, sino también expandir de manera sostenida la inversión en ciencia, tecnología e innovación, elementos indispensables para impulsar transformaciones productivas de largo plazo. Este esfuerzo requiere, además, fortalecer capacidades estatales, consolidar sistemas nacionales de innovación, promover la formación de recursos humanos altamente calificados y desarrollar cadenas regionales de valor que reduzcan la dependencia externa en sectores estratégicos.

En este sentido, el objetivo último de una política industrial renovada debe ser mejorar de forma significativa la calidad de vida de las poblaciones, garantizando empleos de mejor calidad, ampliando el acceso a servicios esenciales y promoviendo un desarrollo económico más inclusivo y sostenible. El momento histórico actual, marcado por una inflexión en el paradigma neoliberal y por una creciente aceptación internacional de políticas industriales activas, constituye para los pueblos sudamericanos una auténtica ventana de oportunidad.

Aprovechar este escenario implica reconocer que el retraso tecnológico y la especialización en productos primarios son el resultado de decisiones políticas y de la ausencia de coordinación regional en momentos clave. No obstante, si la región no avanza con una agenda compartida, articulada y ambiciosa, corre un riesgo considerable: permanecer atrapada en un patrón primario-exportador que la obliga a vender barato sus recursos naturales mientras compra a precios elevados bienes manufacturados y tecnologías que podría producir de manera conjunta.

La superación de este modelo depende, por tanto, de la capacidad de los Estados sudamericanos para actuar colectivamente, diseñar estrategias de desarrollo de largo plazo y aprovechar al máximo las nuevas condiciones del sistema internacional.

En la década de los noventa, el denominado regionalismo abierto se consolidó como el paradigma dominante de integración en América del Sur. Este modelo, concebido como una combinación entre la reducción de tarifas entre países vecinos —a partir de preferencias regionales— y la apertura unilateral hacia el resto del mundo, buscaba disminuir barreras comerciales sin generar discriminaciones significativas contra terceros. Sin embargo, pese a haber ampliado el comercio exterior en términos agregados, dicho enfoque no logró densificar las cadenas intrabloque ni generar procesos duraderos de aprendizaje colectivo, elementos fundamentales para la construcción de capacidades tecnológicas y productivas propias.

Por el contrario, la región experimentó un proceso de profundización de su inserción primario-exportadora, acompañado de un debilitamiento relativo de su capacidad de negociar como bloque en los foros multilaterales. Desde el punto de vista de la acción estatal, el avance en las negociaciones del Arancel Exterior Común, orientado prioritariamente a facilitar la inserción de los países sudamericanos en las cadenas globales de valor, terminó por reforzar la lógica de apertura exógena, debilitando aún más el comercio intrarregional y limitando la construcción de un mercado ampliado capaz de sustentar políticas industriales conjuntas.

El resultado de estas dinámicas históricas es evidente: hoy, América del Sur constituye la región del mundo con menor participación relativa de su propio espacio geográfico en sus importaciones totales, representando apenas el 2,6%. Esta cifra cae al 1,5% si se excluye a Brasil, mientras otras regiones muestran niveles significativamente más altos —como Europa (34,7%), Asia (38,4%, o 27,7% sin China) y América del Norte (18,8%, o 4,9% sin Estados Unidos).

A comienzos del siglo XXI emergió en América del Sur un renovado impulso político en favor de la integración regional, sustentado en la convergencia de gobiernos progresistas que promovieron iniciativas como la UNASUR, el ALBA y otros mecanismos orientados a fortalecer la concertación política y ampliar la capacidad de acción conjunta de la región. Aunque estos esfuerzos contribuyeron a reforzar una percepción de identidad común y a la construcción de una gobernanza compartida, no lograron consolidar procesos profundos y sostenidos de integración productiva capaces de modificar la inserción internacional primario-exportadora de la región.

La ausencia de políticas industriales coordinadas, la limitada articulación entre sistemas nacionales de innovación y la falta de instrumentos financieros robustos para proyectos conjuntos dificultaron la transición hacia un modelo de desarrollo basado en cadenas regionales de valor. Además, el avance de gobiernos de derecha en varios países sudamericanos —especialmente a partir de mediados de la década de 2010— y la decisión deliberada de Brasil de abandonar la prioridad estratégica de la región resultaron en un marcado retroceso institucional. Muchas de las iniciativas creadas perdieron vigor, fueron vaciadas o directamente desmontadas, interrumpiendo la construcción gradual de mecanismos de gobernanza regional.

Así, el ciclo de integración de principios del siglo XXI logró avances significativos en términos simbólicos y políticos, pero resultó insuficiente para generar transformaciones estructurales duraderas en el tejido productivo sudamericano.

Las promesas de la globalización —basadas en la suposición de que la liberalización comercial conduciría automáticamente al desarrollo, al upgrading tecnológico, a la diversificación productiva y a la mejora de la calidad de vida de las personas— no se han cumplido. Además, en el actual contexto geopolítico marcado por la ascensión de China como potencia tecnológica, comercial y militar, y por la creciente disputa internacional por cadenas de valor más cortas, seguras y geolocalizadas, la idea de región adquiere una centralidad estratégica inédita.

Ganan fuerza un conjunto de estrategias económicas con mirada regional: el reshoring, orientado a traer de vuelta al país de origen segmentos industriales considerados críticos; el nearshoring, que busca relocalizar procesos productivos en países geográficamente próximos para aumentar la seguridad y resiliencia de la cadena de suministros; y el friendshoring, que redefine la geografía industrial con base en afinidades políticas, estabilidad institucional y alianzas geoestratégicas.

Estas transformaciones, intensificadas por la rivalidad sino-estadounidense, apuntan a una reorganización global en la que los bloques regionales, más que los mercados globales difusos, se convierten en la escala decisiva para la integración industrial, la seguridad económica y la innovación tecnológica.

En paralelo, la literatura sobre desarrollo productivo revisita marcos teóricos históricos, como el paradigma de los flying geese propuesto por Kaname Akamatsu en la década de 1930. Este modelo interpretaba la industrialización asiática como un proceso secuencial en forma de “V”, en el cual los países menos avanzados seguían los pasos del líder regional —originalmente Japón—, adoptando aquellas industrias que este ya había superado.

En la era de la desglobalización y del ascenso chino, diversos autores hablan de un flying geese 2.0, en el que China ocupa la posición de liderazgo, externalizando sectores maduros y empujando a otras economías asiáticas hacia nuevos saltos de industrialización. Este movimiento demuestra que, en un mundo de cadenas de suministro fragmentadas y de disputas tecnológicas intensificadas, el desarrollo ocurre crecientemente por medio de estrategias regionales coordinadas, y no por vía de una apertura comercial indiscriminada.

Para América del Sur, esto implica reconocer que, sin una integración productiva profunda —basada en estándares comunes, proyectos conjuntos, plataformas compartidas de I+D y planificación industrial regional—, la región corre el riesgo de quedar marginada de las nuevas geoeconomías que se están configurando.

Así, el momento actual no solo revaloriza la escala regional, sino que resalta que la integración productiva es una condición necesaria para que América del Sur participe de manera soberana y estratégica en el nuevo orden económico internacional.

Desindustrialización precoz y fragmentación política generan vulnerabilidad

Sudamérica exhibe síntomas persistentes de desindustrialización precoz: caída del peso manufacturero sin haber alcanzado altos ingresos ni una economía de servicios basada en conocimiento, pérdida de complejidad, productividad estancada y reprimarización. La consecuencia es directa sobre la vida cotidiana: empleo formal insuficiente, salarios presionados a la baja, precios de bienes esenciales dependientes de importaciones y ciclos externos volátiles.

Esta trayectoria se agravó por la desintegración regional de los últimos años, que redujo la escala y el poder de negociación, dejando a cada país lidiando de manera aislada con potencias y conglomerados globales. Es un juego profundamente asimétrico.

La buena noticia es que la región no parte de cero. Existen capacidades tecnológicas y productivas dispersas —en salud, metalmecánica, química fina, energías renovables y electrónica de potencia—, bancos de desarrollo con capacidad de financiamiento y una masa crítica de centros de investigación. Lo que falta es una arquitectura política y operativa que conecte todo ese potencial en proyectos concretos.

Las políticas explícitas de desarrollo productivo no corrigen solamente fallas de mercado; también crean mercados con propósito público cuando el interés social —salud, energía limpia, movilidad, digitalización inclusiva— exige inversiones de alto riesgo y horizontes largos.

La experiencia metodológica de la Nova Indústria Brasil (NIB) resulta ilustrativa: misiones que vinculan industria con bienestar (salud, movilidad urbana sostenible, transformación digital, bioeconomía y descarbonización, agrosustentabilidad y soberanía tecnológica), acompañadas por mecanismos de gobernanza participativa y métricas de resultado. Se trata de un diseño replicable regionalmente, porque organiza carteras transversales —regulación, financiamiento, compras públicas, investigación y formación— alrededor de metas sociales concretas.

Un enfoque de misiones regionales exige:
(i) objetivos públicos claros;
(ii) instrumentos coordinados —crédito, garantías, estándares, compras conjuntas y clústeres transfronterizos de I+D—;
(iii) contratos con el sector privado con cláusulas de desempeño (empleo calificado, proveedores locales, reducción de emisiones) y revisión anual;
(iv) tableros públicos de indicadores (contenido regional, sustitución de importaciones, plazos de entrega y reducción de costos para los usuarios).

Se trata, en definitiva, de una política industrial democrática, orientada al bienestar y con control social.

El “cómo”: los instrumentos de la integración productiva

En este escenario de transformación geoeconómica, pensar estratégicamente los instrumentos de integración regional y desplegar creatividad institucional para revisarlos a la luz de la nueva realidad política resulta fundamental.

Muchos de los instrumentos concebidos en décadas anteriores necesitan ser actualizados, tanto en sus marcos normativos como en su lógica de funcionamiento, de modo que puedan responder adecuadamente a los desafíos contemporáneos de industrialización, autonomía tecnológica y seguridad económica.

Esto implica, entre otros aspectos, una revisión profunda del papel de los bancos nacionales y regionales de desarrollo, que deben evolucionar hacia modelos de financiamiento orientados por misiones, con capacidad de estructurar fondos conjuntos para temas estratégicos y articular crédito, garantías e instrumentos de innovación con objetivos explícitos de desarrollo productivo regional.

Paralelamente, agendas largamente postergadas —como la promoción de mecanismos de comercio intrarregional sin recurrir al dólar— deben ser reintroducidas con urgencia en la agenda política sudamericana. En este sentido, la modernización del Convenio de Crédito Recíproco de la ALADI, creado en los años setenta, emerge como un instrumento concreto para facilitar compensaciones multilaterales, reducir costos de transacción y disminuir la vulnerabilidad estructural derivada de la dependencia de divisas.

Estos avances son especialmente relevantes en un contexto internacional en el que los países que logran estabilizar sus sistemas de pagos internos fortalecen su capacidad de planificación industrial y reducen la exposición a shocks externos.

Asimismo, la nueva coyuntura internacional exige incorporar instrumentos ampliamente difundidos en las principales economías del mundo, entre ellos los mecanismos de screening de inversiones, orientados a proteger sectores estratégicos sin caer en proteccionismos ineficientes.

La necesidad de tales instrumentos es particularmente evidente en América del Sur, donde los flujos recientes de inversión extranjera directa presentan una composición crecientemente desvinculada de la transformación productiva. En 2023, por ejemplo, el 67,1% de la IED que ingresó a Brasil se destinó al sector de servicios financieros, generando escasos encadenamientos productivos y mínimo impacto tecnológico.

En contraste, Estados Unidos aplica sistemas de revisión de inversiones desde al menos la década de 1950, a través del CFIUS (Committee on Foreign Investment in the United States). Desde la pandemia de COVID-19, el número de países que adoptaron mecanismos de screening o TIDE aumentó en un 85%. Para 2023, un total de 37 países contaban con algún tipo de sistema de TIDE, de los cuales 22 pertenecían al grupo de economías desarrolladas —y ninguno era latinoamericano.

En este contexto, la ausencia de mecanismos similares en América del Sur coloca a la región en una situación de vulnerabilidad regulatoria frente a las nuevas dinámicas globales de competencia estratégica.

Resistencias y superaciones

La puesta en marcha de una agenda de integración productiva e innovación regional requiere reconocer y gestionar de manera explícita los principales riesgos que podrían comprometer su viabilidad.

El primero es la volatilidad macroeconómica, un problema histórico de la región. Avanzar hacia una macroeconomía consistente con los objetivos de desarrollo productivo resulta fundamental para estabilizar ciclos, fortalecer la inversión pública y otorgar previsibilidad a los proyectos estratégicos compartidos. Otro riesgo relevante es la captura regulatoria y la presión de lobbies desalineados con los objetivos públicos. Mitigar este problema exige fortalecer mecanismos de gobernanza colegiada, aumentar la transparencia, mejorar la capacidad de planificación estatal y publicar indicadores de desempeño de forma sistemática.

Además, es indispensable prestar atención a la “primarización verde” y al riesgo de reproducir nuevos patrones de colonialismo tecnológico en torno a los minerales críticos. La transición energética global, lejos de ser automáticamente una oportunidad, puede reforzar la especialización extractiva si no se condicionan las inversiones a procesos de industrialización local, actividades de investigación y desarrollo, transferencia tecnológica y verificación independiente del cumplimiento de compromisos. La región no se beneficiará plenamente de sus recursos si estos continúan saliendo como commodities en lugar de transformarse en productos con contenido tecnológico regional.

Litio en Argentina.

En consecuencia, el debate central no es “integrarse o cerrarse”, sino cómo integrarse para construir poder de negociación y capturar valor. La integración productiva permite anclar a Sudamérica en cadenas con mayor densidad tecnológica, generar empleos de calidad, reducir asimetrías internas y ampliar los márgenes de autonomía frente a Estados Unidos, China o la Unión Europea. Sin integración, la región permanecerá confinada a los extremos: exportar recursos naturales y comprar conocimiento. Con integración, en cambio, Sudamérica puede codiseñar estándares, cogobernar cadenas de valor y cofinanciar innovación orientada al bienestar colectivo.

La región ya cuenta con un método aplicable —misiones, gobernanza participativa, portafolios con indicadores— demostrado en la experiencia de diseño de la NIB. El desafío es llevar ese método a escala regional, aceptando que el camino no requiere unanimidad: basta con coaliciones de países comprometidos con proyectos creíbles, transparentes y capaces de entregar resultados. Cuando la ciudadanía vea medicamentos más accesibles, buses eléctricos silenciosos o energía más barata y limpia, la integración dejará de ser una consigna para convertirse en sentido común.

Sudamérica posee lo que el mundo demanda —minerales críticos, energía limpia, biodiversidad, talento y capacidades industriales—. Lo que falta es un proyecto común que convierta esos activos en industria, la industria en empleo y el empleo en bienestar. Las políticas explícitas de desarrollo productivo, ejecutadas mediante un regionalismo funcional, constituyen el vehículo para lograrlo. No hay misterio: coordinar estándares y compras, financiar con propósito, construir plataformas de I+D compartidas, formar talento y medir resultados.

La pregunta, entonces, no es si a los países “les conviene” integrarse. La pregunta verdaderamente relevante es si pueden permitirse no hacerlo mientras el resto del mundo rearma sus cadenas de valor sobre nuevas bases geopolíticas, tecnológicas y productivas. Integración o irrelevancia: la decisión es política. Y el tiempo, esta vez, sí está corriendo.

——————————————————————————————————————————————————————

Verena Hitner Barros es una destacada investigadora, politóloga y funcionaria pública brasileña, reconocida por ser la primera mujer en desempeñarse como Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de Desenvolvimento Industrial (CNDI) en Brasil (abril 2023 – agosto 2024), donde fue clave en la construcción de la “Nova Indústria Brasil”. Actualmente es Directora del departamento de gobernanza y indicadores de ciencia y tecnología del MCTI

 

 

 

Hay otro camino con producción

1. ¿Cuál es el modelo productivo que defiende hoy la provincia de Buenos Aires y en qué se diferencia del modelo económico que impulsa el gobierno de Javier Milei?

La discusión que estamos dando hoy en la Argentina no es una discusión técnica ni contable, es una discusión profundamente política. No se trata de ver cómo acomodar una planilla de Excel ni de qué gráfico mostrar en una presentación internacional, sino de decidir qué modelo de país queremos construir. Y para entender el impacto real del modelo que impulsa el Gobierno Nacional, hay que empezar por un dato fundamental: la Provincia de Buenos Aires tiene características que la transforman en una de las jurisdicciones más perjudicadas por la política económica de Milei: concentra el 38% de la población argentina, explica el 36% del PBI, el 37% de las exportaciones y el 32% del empleo formal del país. En su territorio se genera el 49% de la producción industrial nacional, se ubica el 44% del empleo industrial y el 40% de los establecimientos industriales. Y entre la industria, el comercio y la construcción se genera más de la mitad de la riqueza bonaerense. Cuando se destruye la actividad productiva y el trabajo, que son el motor de la economía bonaerense, no se está afectando a un distrito: se está golpeando el corazón productivo de la Argentina.

El Gobierno Nacional insiste en mostrar un conjunto de variables que, según su relato, demostrarían el éxito del programa económico (superávit fiscal, baja de la inflación, disminución del riesgo país, etc.). Sin embargo, cada vez queda más claro que Milei busca centrar el debate público en la evolución de variables que, desde el punto de vista técnico, están sujetas a todo tipo de cuestionamientos por parte de especialistas de distintas posiciones teóricas e ideológicas. Pero, además, los indicadores seleccionados dejan de lado los efectos más dramáticos en las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad argentina del modelo económico actual (precarización laboral, pérdida de poder adquisitivo, caída de la producción, deserción del Estado nacional de responsabilidades básicas en materia de salud, educación y otras áreas clave). 

Contrariamente a lo que quiere instalar el Gobierno, el viejo-nuevo modelo neoliberal-libertario de ajuste, desregulación, endeudamiento y apertura indiscriminada, lo único que está logrando es afectar fuertemente la producción local. En 2025, se alcanzó un récord histórico de importación de bienes de consumo por un valor de 11.400 millones de dólares, superando en un 27,4% (+2.455 millones de USD) los máximos anteriores (2017), lo que profundiza el desplazamiento de la industria nacional.

¿Favorece esto al consumo? El dato mata al relato, dicen por ahí: entre 2023 y 2025, las ventas en supermercado están 10% abajo, en shoppings son 5% inferiores, y en mayoristas un 22% menores. El consumo de leche y de carne bovina está por debajo de mínimos históricos, y así podríamos seguir. No sorprende la caída del consumo interno si vemos que en la última medición de la inflación para alimentos en el Gran Buenos Aires el INDEC nos dice que los alimentos aumentaron 5,5% solo durante enero.

Y todo esto agigantando la deuda de las familias en términos nunca vistos: 11% la morosidad en préstamos personales, 9,2% en tarjetas -se multiplicó por 3,5 respecto al año pasado y son los peores datos en 15 años- y se duplicó la cantidad de personas endeudadas con crédito no bancario -llegando a 11 millones de personas-.

Todo esto, como siempre ocurrió en nuestro país con los gobiernos neoliberales, se hace en nombre de la llegada de inversiones externas. ¿Pero qué es lo que ocurrió durante el gobierno de Milei? Hasta noviembre de 2025 el saldo de Inversión Extranjera Directa (IED) es negativo. Esto quiere decir que hay más empresas argentinas invirtiendo en el exterior que empresas extranjeras invirtiendo en Argentina. El ingreso de IED está 40% por debajo del promedio histórico 2003-2025 y el egreso en 2025 fue récord, 6 veces más que el promedio histórico. Un nuevo capítulo de “la lluvia de inversiones está por llegar”.

En contraste, desde la provincia de Buenos Aires buscamos sostener y promover un modelo productivo en el que la producción, la industria y el empleo son ejes centrales del desarrollo económico y social. Para ello es fundamental la interacción coordinada entre el Estado, los empresarios y los trabajadores. 

Como hace poco dijo nuestro gobernador, no podemos seguir discutiendo con fantasmas en base a ideas anacrónicas, fuera de época. ¿Cuál sería la idea? ¿Volver a un modelo agroexportador que existió en nuestro país hace más de 120 años? Claro que tenemos que ampliar nuestras exportaciones para poder crecer, pero hay que agregarle trabajo bonaerense, argentino. Hay que producir, agregar valor, desarrollar nuestra industria.

Y no es un capricho el tema de la industria. Hoy el ataque directo a la producción nacional generó casi 80.000 puestos de trabajo menos en la provincia desde noviembre de 2023 (más de 34.000 concentrados en el sector manufacturero). Necesitamos de la industria nacional para generar empleo de calidad y que nuestra gente viva mejor

 

¿Lo vamos a lograr con apertura indiscriminada, bajando salarios y recortando derechos de los trabajadores? ¿Cuántas veces más necesitamos pasar por planes de ese tipo para entender que eso solo nos empobrece? Hoy los principales países del mundo vuelven a discutir políticas públicas para lograr que su producción nacional se desarrolle. No solo Estados Unidos, China y los europeos, sino que nuestros vecinos de Brasil también lo están haciendo, y con éxito.

El modelo económico que impulsamos en la Provincia de Buenos Aires implica la existencia de un Estado activo y presente que promueva la integración entre producción primaria e industria, el valor agregado local. Un modelo que tiene a la educación, la universidad y la ciencia y la tecnología como motores del crecimiento. Así es como se protege el empleo, a nuestras pymes y se puede lograr un desarrollo económico sustentable y con justicia social.

2. ¿Cómo está afectando el modelo económico de Milei al entramado industrial y productivo bonaerense? ¿Qué sectores están siendo más castigados y cuáles son los riesgos de este proceso para el desarrollo de la provincia y del país?

Cuando salimos del relato y miramos la economía real, la que se vive todos los días en la Provincia de Buenos Aires, la situación es completamente distinta. Entre enero y noviembre de 2023 y el mismo período de 2025, la actividad económica provincial cayó 2,1%. Después de un 2024 muy malo, 2025 no trajo recuperación: trajo inestabilidad permanente y una tendencia clara a la baja. En noviembre de 2025, la actividad económica provincial se ubicó 3,5% por debajo de enero del mismo año, confirmando que no hay rebote ni recuperación en marcha.

Este deterioro tiene responsables claros. No es casualidad ni un error. Son decisiones que destruyen la producción nacional a partir de una política anti productiva y anti industrial deliberada:

-Tipo de cambio atrasado, que liquida la competitividad exportadora y abarata artificialmente los bienes y servicios importados.

-Encarecimiento del crédito, que hace imposible invertir o financiar capital de trabajo.

-Apertura indiscriminada de importaciones, que reemplaza la producción local por bienes importados.

A esto se suma un mercado interno destruido por la pérdida del poder adquisitivo y el aumento del desempleo.

La industria y la construcción son los sectores más golpeados por el modelo económico nacional. En la Provincia de Buenos Aires, las ramas industriales con peor desempeño registran caídas que alcanzan el 33% en el período 2023-2025. Incluso las ramas con mejor desempeño relativo muestran estancamiento o retrocesos leves, lo que confirma que no hay sectores que compensen la caída general. 

La contracción industrial no es un fenómeno aislado ni coyuntural: es el resultado directo de una apertura indiscriminada de importaciones, de un tipo de cambio que castiga la producción local, del encarecimiento de los costos por los tarifazos en los servicios y de la ausencia total de una política industrial por parte del Estado Nacional. Minerales no metálicos (-33%), caucho y plástico (-22%), textiles (-20,6%) y metales comunes (-17%) son algunos de los ejemplos de los sectores que tienen fuerte presencia en el entramado productivo bonaerense y están destruidos respecto a 2023 

Las consecuencias de este proceso se reflejan con crudeza en el entramado productivo y laboral. Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, la Provincia de Buenos Aires perdió 5.498 empresas y 79.090 puestos de trabajo formales registrados. A nivel nacional, la magnitud del ajuste es todavía mayor: en ese mismo período desaparecieron 21.046 empleadores y se perdieron 290.600 empleos formales. Estos números no hablan de eficiencia ni de modernización; hablan de empresas que cierran, de trabajadores expulsados del sistema y de un tejido productivo que se desarma.

El impacto del modelo también se siente con fuerza en el turismo, una actividad clave para muchas economías locales de la Provincia. A lo largo del año pasado, el turismo receptivo cayó 14% mientras que el emisivo creció 43%, generando un saldo negativo de más de 6,5 millones de personas, récord histórico negativo. En tanto, en la última temporada de verano lo que se vio fue menos turistas, menos días de vacaciones de cada familia que nos visitó y menos consumo. Hemos perdido más de un millón de turistas respecto a la temporada de verano previa a que asumió Milei. Y los turistas que vinieron gastaron un 35% menos. Y lo único que explica esta crisis del sector turístico es la política económica del gobierno nacional.

Mientras la producción, el empleo y el turismo se deterioran, las importaciones crecen con fuerza. Este proceso desplaza producción nacional y golpea de lleno a la industria instalada en la Provincia de Buenos Aires. Al mismo tiempo, el Índice de Producción Industrial del INDEC mostró en diciembre una caída interanual del 3,9%, acumulando seis meses consecutivos de contracción y confirmando el agotamiento del débil proceso de recuperación que había insinuado el sector desde fines de 2024.

Todo esto ocurre en un contexto en el que el Gobierno Nacional recibió ingresos extraordinarios por 92.670 millones de dólares a través de blanqueos, endeudamiento, instrumentos financieros, liquidaciones anticipadas y desembolsos de organismos internacionales. Sin embargo, ni siquiera ese volumen excepcional de dólares alcanzó para sostener el modelo. Los vencimientos de deuda en moneda extranjera se concentran de manera muy exigente en los próximos años, con más de 11.000 millones de dólares en 2026, más de 12.000 millones en 2027 y un perfil que se vuelve todavía más crítico a partir de 2028, configurando una verdadera bomba de tiempo.

3. Frente a un contexto de ajuste y caída de la actividad, ¿cuáles son las principales políticas productivas que está llevando adelante la provincia y qué resultados concretos pueden mostrar en términos de industria, PyMEs y empleo?

Frente al ajuste que propone Nación, las Provincias no tienen muchas alternativas de política. Principalmente debido a que es Nación quien tiene la posibilidad de definir variables como niveles de gasto, apertura de la economía o política monetaria y cambiaria. A su vez, los niveles de recursos de la Provincia cada vez son menos (en el primer trimestre de 2025 es la que menos recursos de origen nacional por habitante recibió) y las demandas mucho mayores en tanto nos proponemos atender a todos los bonaerenses a quienes Milei deja sin derechos en términos de salud, educación, vivienda, infraestructura, etc.

La deuda de Milei con la Provincia de Buenos Aires asciende a $15 billones. Ese monto incluye $3,5 billones de deudas directas, $8,4 billones correspondientes a obras públicas abandonadas y $2,7 billones por la discontinuidad o retrasos de programas nacionales. En total se abandonaron mil obras en territorio bonaerense y ya no existen proyectos financiados y ejecutados por el gobierno nacional, aunque la Provincia continúa impulsando obra pública con recursos propios.

Ante la deserción del Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires decidió asumir un rol activo como escudo y red de contención. Con poquísimos recursos el MPCeIT mantiene programas que tienen como objetivo promover la industria y la producción.

Solo a modo de ejemplo, a nivel nacional, desde que asumió Milei, el área de CyT se encuentra semiparalizada, con una caída de la inversión que para 2026 se espera sea del 48,6% en tres años. En contrapartida, la Provincia, desde 2022, financió 284 proyectos de innovación tecnológica (FITBA) por un valor de $8.700 millones. 

Son proyectos que involucraron a más de 3.000 investigadores radicados en la provincia que trabajaron en solucionar problemáticas de más de 180  pymes y cooperativas industriales y distintas áreas del gobierno provincial o los gobiernos municipales. Y, a pesar de que para 2026 el gobierno planea continuar con su política de destrato y desfinanciamiento del sistema de CyT, nosotros pensamos redoblar los esfuerzos e incrementar un 17% el financiamiento para la edición de FITBA de este año. 

También con el Programa Provincia en Marcha de la Subsecretaría de Industria logramos que el acompañamiento del estado provincial otorgando financiamiento con subsidio de tasas sea útil para el crecimiento de nuestras empresas.

El ejemplo de Patagonia CNC Machines – Es una empresa de Pacheco, Tigre, que provee servicios de mecanizado y además fabrica maquinaria de CNC (control numérico computarizado), es decir, vende equipamiento industrial. A principios de 2022 le dimos un crédito Provincia en Marcha de $33 millones para adquirir maquinaria -un centro de mecanizado de gran porte, para piezas de hasta 8 x 3 metros- que les permitió empezar a proveer un servicio específico a Ford, Volkswagen y Peugeot, el cual antes solo lograban realizar en el exterior.

Además, el caso de esta empresa es muy interesante porque fue una proveedora de muchas otras pymes de la Provincia que accedieron a la línea, ya que la bonificación adicional de tasa para inversiones con proveedores bonaerenses hizo que se convirtieran en proveedores de equipamiento para muchas de ellas. Y la misma empresa nos dijo que gracias a esta inversión pudieron pasar de exportar del 1% al 30% del total de su producción.

O con Fogaba, empresa con participación mayoritaria de la Provincia que da garantías crediticias a pymes bonaerenses, con la cual en los últimos 4 años asistimos a más de 22.000 empresas para que puedan acceder con ventajas a mercados financieros, tanto para inversión como para capital de trabajo.

También con cosas muy simples, pero que implican mucho esfuerzo por parte del Estado se puede beneficiar a nuestras empresas. Un ejemplo, dentro de tantos, en el Programa de Producción Bonaerense es el de Un Rincón Vegano, que es una pyme del municipio de Berazategui, fundada en 2015, que creó el primer alfajor vegano de Argentina. Con una producción que supera los 100.000 alfajores mensuales y más de 20 sabores diferentes, se consolidó como referente de alimentos veganos en todo el país. A partir de su participación en una Ronda de Negocios que organizamos, pudo concretar un acuerdo comercial con el supermercado Josimar, ampliando sus canales de venta y fortaleciendo su presencia en el mercado. 

Estas rondas forman parte de una política sostenida desde 2022, que al día de hoy suman 9 encuentros comerciales con participación de más de 1000 pymes bonaerenses de toda la provincia y encuentros que reúnen tanto supermercados tradicionales como grupos de compras, autoservicios, mayoristas y cámaras del sector. En cada edición, las empresas logran concretar ventas con nuevos clientes, fortaleciendo su red comercial y su inserción en las cadenas de comercialización. 

A su vez, desde 2024, aportamos al impulso de las exportaciones de la Provincia mediante 8 rondas de negocios internacionales, conectando sectores estratégicos como el alimenticio, autopartista, médico, textil y de maquinaria agrícola, además del rubro clave de energía y minería con Latinoamérica.

El impacto territorial es notable: 700 PyMEs de 65 municipios bonaerenses concretaron más de 3.600 reuniones con 150 compradores de 11 países de Latinoamérica como Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. El éxito comercial se refleja en las proyecciones, con un volumen de negocios estimado en 370.000 dólares por cada contraparte extranjera, sumando un total de más de 55.000.000 dólares. 

Dentro de este esquema, destaco la ronda dedicada a Petróleo, Gas, Minería y Energía. Este encuentro no sólo convocó a compradores internacionales, sino que sentó a la mesa a las principales operadoras del país, tales como YPF, Tecpetrol, Shell, Pan American Energy y Pampa Energía. La iniciativa cobra relevancia estratégica actual, ya que las grandes compañías del sector buscan activamente desarrollar nuevos proveedores locales para fortalecer su cadena de valor.

Pero no es solo nuestro Ministerio el que apoya la producción y el consumo. A través del Banco Provincia, también se sostienen políticas de impulso al consumo y al financiamiento productivo, con herramientas como Cuenta DNI, tarjetas de crédito, Provincia Compras y líneas específicas para pymes, microemprendedores y sectores productivos. 

También algunos ejemplos del Ministerio de Desarrollo Agrario que organiza los Mercados Bonaerenses donde participan más 2400 productores que así pueden ubicar sus productos y la gente recibirlos a muy buen precio. Y ni que hablar de la respuesta a las demandas de muchos productores rurales a quienes se les respondió interviniendo en la mejora de los caminos rurales.

En paralelo, desde ARBA se implementaron medidas fiscales para aliviar la carga sobre quienes producen y trabajan, calibrando regímenes de recaudación, reduciendo alícuotas para sectores industriales, simplificando trámites y regularizando parques industriales. No es una estrategia ideológica: es una respuesta concreta a un modelo nacional que se retira y deja la producción librada a su suerte.

En definitiva, no estamos frente a un proceso de ordenamiento virtuoso, sino ante un modelo que sacrifica producción, trabajo e industria en nombre de un equilibrio macro frágil y transitorio. Y es la Provincia de Buenos Aires, por su peso productivo, industrial y social, la que está pagando el costo más alto. Defender a la Provincia es defender la producción nacional, el empleo y la posibilidad misma de un desarrollo sostenible para la Argentina.

4. ¿Cómo se gobierna y se sostiene la producción con un Estado nacional que se retira, desmantela políticas industriales y abandona a las provincias? En ese escenario, ¿cuáles son los objetivos estratégicos hacia adelante y cómo se articula la provincia con los sectores productivos para defender y reconstruir el desarrollo?

¿Frente a este contexto qué pueden hacer las empresas para evitar el cierre? Recurrir al carry trade y a cualquier tipo de inversión financiera como herramientas para poder sostener su negocio, reducir pérdidas y poder mantener su personal o reducirlo lo menos posible. Es el caso de una fábrica que fuimos a visitar, también de calzado deportivo, donde el dueño, ante la pregunta sobre cómo lograba sostener los puestos de trabajo frente a la apertura importadora y la caída del mercado, nos contó algo increíble pero razonable. Para no echar a la gente, dedica entre 3 y 4 horas de su día a hacer carry trade para compensar la brutal caída de sus ventas. 

Cada vez que cierra una empresa, nuestro Presidente y sus Ministros festejan en público, a la par que esconden la situación general manipulando las estadísticas públicas. Como si se pudiera tapar el sol con las manos.

Es por eso que el Gobernador nos pidió que tengamos nuestro propio relevamiento de cierres y despidos en la Provincia. Al revés que Milei, nosotros no nos ponemos felices, así que decidimos llamarlo “el contador de tristeza”. Desde diciembre de 2023 contabilizamos 117 casos que acumulan un total de 10.715 despidos sólo en PBA. Se detectaron en el relevamiento al menos 39 cierres de empresas o plantas. Son las que se llegaron a conocer por los medios de comunicación.

La mayoría están relacionados a la caída de la actividad, por lo tanto, de las ventas, y por la apertura de importaciones. Para el sector de la construcción el golpe fuerte vino con la parálisis de la obra pública.

Es bueno ponerle nombre, apellido y localidad a cada uno de los casos, para que veamos que detrás de cada uno hay muchas personas que están sufriendo y no saben qué van a hacer para poder sostener a sus familias.

Empresas como Newsan redujeron personal en sus plantas bonaerenses; firmas textiles y de calzado como Bicontinentar enfrentan fuertes recortes; compañías como TSU Cosméticos o Avon cerraron dejando cientos de trabajadores sin empleo. También se registraron despidos y cierres en empresas de consumo masivo, comercio y manufactura como Chango Más, Kimberly-Clark, DASS o Frávega, entre otras.

En algunos casos el impacto resulta especialmente paradójico: empresas que habían invertido recientemente, como Whirlpool en Pilar, terminaron cerrando sus plantas y dejando a cientos de trabajadores sin empleo.

El impacto también se siente con fuerza en ciudades productivas del interior bonaerense. Olavarría, históricamente un pilar de la industria ligada a la construcción, atraviesa una situación crítica: cerca del 70% de su producción minera estaba destinada a la obra pública, hoy paralizada. Esto provocó despidos en empresas como LCE Águila Azul y el cierre de la fábrica Ladrillos Olavarría S.A. (LOSA). A su vez, Canteras Cerro Negro despidió a 96 trabajadores de su planta local, lo que generó cortes de ruta y protestas.

El caso de relevancia más reciente es el de Newsan, la compañía no renovó los contratos de 45 empleados y suspendió a otros 70 en sus plantas bonaerenses de Monte Chingolo y Avellaneda. La decisión se da en un contexto de fluctuación de la demanda y de apertura que impulsa a la empresa a aprovechar importaciones más baratas, y después que el mismo Presidente – casi cínicamente- haya ido hace unos meses a sacarse fotos con los trabajadores en una planta que la misma empresa tiene en el sur de nuestro país.

Estas situaciones no solo afectan a los trabajadores directamente involucrados, sino que también tienen un impacto profundo en la economía local y en la comunidad en general. La paralización de la obra pública ha provocado una caída significativa en la demanda de materiales de construcción, afectando a empresas proveedoras y generando un efecto dominó en toda la cadena productiva.

En la PBA nos negamos a resignarnos ante esta situación. Y todos los Ministerios aguzamos nuestra imaginación y maximizamos recursos. En este marco el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica en coordinación con otros Ministerios de la Provincia, siempre busca estar presente frente a las crisis que se van produciendo en empresas. 

La lógica liberal del gobierno propone que, frente a la crisis generada, las provincias compitan por los pocos recursos que quedan, supuestamente “generando mejores condiciones para la inversión privada”. 

El ajuste fiscal y la no intervención del Estado en la economía supuestamente traen “confianza”. Medidas como el RIGI, además de confianza, garantizan “estabilidad” y “generan un mejor ambiente de negocios”. Al día de hoy no se observan consecuencias de estas políticas. Cuando se observa el listado de inversiones presentadas al RIGI – más allá de que las más grandes son presentadas por YPF – casi todas tienen el factor común que son propuestas para el sector minero o petrolífero. Vaca Muerta y el Litio existían antes del RIGI. El RIGI no fomenta inversiones, sino que a través de bajas de impuestos y concesiones para extraer recursos monetarios y naturales procura aumentar el negocio privado y desfinanciar al Estado, nada más. 

A diferencia del RIGI, que impulsa la extracción de recursos naturales sin ningún tipo de incentivos a la agregación de valor local, desde PBA diseñamos un régimen de inversiones que apunta a generar encadenamientos productivos que permitan la inserción de las pymes bonaerenses como proveedoras en los grandes proyectos de inversión y también impulsar inversiones de menor tamaños que las del RIGI en la provincia (RIGI impulsa inversiones a partir de 200 millones de dólares, RPIE impulsa inversiones de más de 5 millones de dólares).

Una nueva etapa en Argentina debe construirse sobre estas lecciones. No se trata de volver al pasado, sino de recuperar lo mejor de nuestras tradiciones productivas y adaptarlas a los desafíos del siglo XXI. Esto implica contar con un sector industrial ligado al desarrollo tecnológico nacional (para cerrar brechas productivas y tecnológicas y, al mismo tiempo, morigerar la restricción externa); con una política de CyT integrada en sus eslabones de producción de conocimiento (desde el eslabón básico hasta la innovación productiva); con generación de empleos calificados y con un desarrollo territorial equilibrado.