En los últimos años, la salud mental pasó a ocupar un lugar cada vez más central en la vida cotidiana de millones de personas y en el debate público. ¿Qué está cambiando en nuestra sociedad para que este tema adquiera tanta relevancia?

En los últimos años, la salud mental dejó de ser un tema tabú, relegado a la vida privada, para convertirse en un asunto de interés público y en una prioridad para los Estados. Este cambio responde, por un lado, al aumento significativo de los padecimientos en la población y, por otro, a una nueva forma de problematizar la salud mental como una dimensión de la vida que requiere ser cuidada.

Los jóvenes, especialmente, se apropiaron de este tema y encontraron en la salud mental un lenguaje para nombrar un conjunto heterogéneo de problemas, malestares, anhelos y demandas, tanto propias como dirigidas al mundo adulto. Por eso, la salud mental es hoy, al mismo tiempo, un problema emergente de salud pública y un significante en el que confluyen muchas de las tensiones de las sociedades contemporáneas.

El aumento de los padecimientos es un hecho que exige respuestas capaces de aliviar el sufrimiento y producir cuidados. En nuestra provincia, el avance decidido de las políticas de reforma en salud mental desde el inicio del gobierno de Axel Kicillof nos permite afrontar este escenario desde una transformación profunda del sistema, con legitimidad basada en sus resultados y con la convicción de que es posible garantizar la salud mental como un derecho y no como un privilegio.

¿Por qué aumentaron tanto los padecimientos en salud mental?

Consideramos que existen, al menos, tres factores principales. En primer lugar, las profundas transformaciones sociales vinculadas con el desarrollo del capitalismo contemporáneo, entre ellas la expansión de las tecnologías y la creciente mediación de las relaciones sociales, familiares, amorosas y productivas, con efectos sobre los vínculos, los cuerpos y la subjetividad. En segundo lugar, la pandemia de COVID-19, que generó una crisis global de salud mental sin precedentes. Según la OMS, durante 2020 la prevalencia de la ansiedad y la depresión aumentó significativamente y, aunque algunos indicadores descendieron posteriormente, no regresaron a los niveles previos. Finalmente, en nuestro país, la crisis económica y social, resultado de las políticas del Gobierno nacional de Javier Milei constituye un factor ineludible para comprender el aumento del sufrimiento psíquico.

A nivel local, los datos resultan alarmantes. Según una investigación reciente, solo el 22,5 % de la población declara dormir bien. Además, se señala una fuerte incidencia de las preocupaciones económicas en la calidad del sueño (UBA, Psicología, 2026). Otro estudio sobre malestar psicológico evidencia un empeoramiento de la situación desde 2024: tres de cada diez personas en Argentina manifiestan experimentar malestar psicológico (UCA, Observatorio, 2025). A esto se suma el aumento de las tasas de suicidio, que en el país ya superan, en términos numéricos, la cantidad de homicidios y muertes por accidentes viales combinados.

En este contexto, y frente al cierre dispuesto por el Estado nacional del COFESAMA (Consejo Federal de Salud Mental), espacio en el que, desde el retorno de la democracia, participan las máximas autoridades nacionales y jurisdiccionales de salud mental, nos autoconvocamos representantes de más de 16 provincias para elaborar el Primer estudio argentino sobre atención en salud mental, a partir de información aportada por las jurisdicciones. Sus resultados muestran un incremento del 77 % en las internaciones por motivos de salud mental y del 134 % en las consultas ambulatorias entre 2019 (año previo a la pandemia) y 2025 (Revista de Salud Pública, PBA, 2026).

Este escenario debe analizarse, además, en el marco de un subsector público de salud ya fuertemente sobreexigido durante los últimos años, como consecuencia de la pérdida de empleo, la disminución de la cobertura de las obras sociales (solo el 20 % logra garantizar el Programa Médico Obligatorio – PMO) y el abandono de la medicina prepaga por parte de un número creciente de personas.

¿La salud mental debe dejar de ser un asunto individual para convertirse en una prioridad de las políticas públicas y del Estado?

Absolutamente. Los problemas de salud mental no pueden comprenderse únicamente como problemas individuales ni como fenómenos exclusivamente sanitarios o psicopatológicos. Están estrechamente vinculados a las condiciones sociales, culturales, económicas y afectivas en la vida de las personas y a las políticas de cuidado disponibles.

La Ley Nacional de Salud Mental (actualmente en jaque por una reforma impulsada en el Congreso por el gobierno de Javier Milei), incorpora esta perspectiva de las determinaciones sociales y comunitarias.

La experiencia de la provincia demuestra que es posible transformar el modelo de atención hacia uno con base comunitaria y enfoque de derechos.

¿Qué efectos están teniendo las políticas del Gobierno nacional sobre la salud mental de la población y sobre el funcionamiento del sistema público de salud?

El empeoramiento de las condiciones de vida producido por las políticas nacionales impacta directamente en la salud mental de la población. El endeudamiento, la pérdida de empleo, la precarización laboral y la incertidumbre afectan a las personas adultas y también a niños, niñas y adolescentes.

A su vez, el abandono del rol rector del Estado nacional debilita herramientas centrales para el cuidado de la población. Se interrumpió el suministro de medicamentos y psicofármacos (REMEDIAR, DADSE, ANDIS), dejando a 10 mil bonaerenses sin medicación; se paralizaron obras de infraestructura, se desfinanciaron instituciones, se cerró el COFESAMA.

Frente a este escenario, la provincia de Buenos Aires decidió no retroceder. Fortaleció la inversión en salud pública y sostuvo la transformación de las políticas de salud mental.

La experiencia demuestra que la respuesta frente al aumento del sufrimiento social no puede ser exclusivamente individual. Se necesita un Estado presente, capaz de ampliar derechos, generar condiciones de inclusión y construir políticas públicas basadas en la comunidad.

La reforma bonaerense fue protagonizada por los/as trabajadores/as de la salud y se convirtió en una referencia para otros procesos de transformación. Ha sido reconocida internacionalmente por la ONU, la OMS y la revista The Lancet como un ejemplo de reforma sanitaria integral.

Desde el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires se impulsa una política de salud mental con un enfoque muy distinto al de pensar únicamente en la atención de la enfermedad. ¿Cuáles son los principales lineamientos de esa estrategia?

La reforma bonaerense en salud mental, iniciada en 2019, tiene como objetivo transformar el modelo de atención y otorgar centralidad a la salud mental en las políticas de salud y de gobierno, superando el modelo asilar, manicomial y hospitalocéntrico.

Los principales avances pueden sintetizarse en varios ejes:

Desmanicomialización y vida en comunidad. Existen más de 220 casas de externación, donde viven alrededor de 650 personas externadas de los manicomios. Este proceso permitió externar al 70% de la población que se encontraba cronificada.

Transformación de los hospitales generales. Se pasó de 11 hospitales a una red de 100 hospitales provinciales, con un incremento del 69% de las camas y la incorporación de más de 1.000 trabajadores/as.

Desarrollo de dispositivos comunitarios. Se crearon 33 nuevos centros comunitarios de salud mental y consumos problemáticos, articulados con más de 200 dispositivos provinciales y los 135 municipios.

Infancias y juventudes. El programa "La Salud Mental es entre todas y todos" ya alcanzó a 540.000 jóvenes, junto con la creación del Consejo Joven.

Fortalecimiento del sistema. Se capacitó a más de 24.000 trabajadores/as mediante la Escuela de Gobierno en Salud Floreal Ferrara y se amplió el programa PURPSI de provisión de psicofármacos.

Si la Argentina volviera a tener un gobierno nacional que colocara la salud pública entre sus prioridades, ¿qué iniciativas deberían encararse para atender este tema?

Una de las decisiones más importantes sería consolidar definitivamente el cambio de modelo de atención y cuidados en salud mental. El cambio de modelo de atención, la ampliación del sistema de cuidados y la integración del sistema de salud constituyen tres ejes centrales para una reforma sanitaria en la Argentina.

Cambiar el modelo de atención requiere ampliar significativamente la base comunitaria de cuidados, fortaleciendo la atención primaria y los dispositivos intermedios, y garantizar la continuidad de los cuidados en situaciones de urgencia e internación.

El hospital y la internación pueden y deben constituir, cuando resulten necesarios, un momento dentro del proceso de cuidado de la salud. Sin embargo, es un error continuar pensando que allí se encuentra la respuesta exclusiva para cuidar más y mejor a toda la población.

Las experiencias internacionales ofrecen antecedentes valiosos: la reforma italiana, los Centros de Atención Psicosocial (CAPS) de Brasil, y el enfoque de la OMS centrado en la comunidad, la recuperación y el respeto de los derechos humanos.

No hay proyecto de futuro posible sin poner el cuidado de la salud mental en el centro de una estrategia de desarrollo con inclusión social.