Hoy tenemos un actor político fundamental: los trabajadores y trabajadoras de la salud de la Argentina, que asumieron la defensa del sistema sanitario y de la vida de todos los argentinos y argentinas.
Venimos de varios lanzamientos de diferentes ramas y sectores del MDF, y obedecen todos a una convicción muy profunda: en Argentina, digan lo que digan, hagan lo que hagan, insulten lo que insulten, hay otro camino. El futuro no es de Milei; el futuro es del pueblo.
Lanzamos el MDF de Cultura, el MDF de Educación, el MDF de Ciencia y Universidad, el de CABA, el Centro de Estudios Derecho al Futuro, el MDF de las Mujeres y ahora el MDF de Salud, en el pasaje Dardo Rocha, patrimonio histórico y cultural de la provincia de Buenos Aires, de nuestra capital, La Plata.
No es estrictamente un comienzo, sino que venimos trabajando hace tiempo. Hoy ponemos bandera de largada a una nueva etapa.
Estos lanzamientos están movidos por una enorme convicción que estamos transformando en acción frente al abandono, frente al ajuste, frente a la crueldad. Elegimos pelear, elegimos luchar por una Argentina donde la salud no sea un negocio ni un privilegio, sino un derecho para todos y para todas.
El derecho a la salud es uno de los derechos más básicos y más humanos. Sin salud no hay libertad real. Sin salud no hay igualdad posible. Sin salud no hay proyecto de vida. La diferencia entre estar sano o enfermarse, entre vivir o morir, no puede depender de los recursos que uno tenga en el bolsillo ni del lugar en el que nació.
No puede depender de si se puede pagar una prepaga, un remedio o una intervención. Le quieren vender a nuestro pueblo que es libre mientras lo dejan tirado. Por eso el debate sobre la salud pública es central en la Argentina de este momento. Alrededor de esta discusión se enfrentan dos modelos completamente opuestos para comprender de qué se trata un país, una comunidad, una sociedad.
De un lado están los que creen que todo es mercancía y que la salud es meramente un negocio, que el Estado tiene que retirarse y dejar que cada uno se arregle como pueda. Que si alguien no puede pagar un remedio, un tratamiento o una operación, es un problema personal, individual y privado. Es el modelo del sálvese quien pueda, el modelo del descarte que están aplicando en el país con resultados terroríficos. Un modelo que le dice al enfermo “jodete si no tenés plata”, que le dice al que está sufriendo “jodete, fracasaste”, que les dice a los jubilados y a las personas con discapacidad “jódanse”.
Nosotros decimos: ¡Jodete, Milei! Al pueblo argentino se lo respeta, se lo cuida y se lo defiende.
Frente a este modelo de abandono y de miseria, estamos nosotros: la enorme mayoría de los argentinos. Creemos que cuidar a nuestro pueblo no es un gasto, es una obligación humana y política. Creemos que invertir en hospitales, en medicamentos, en vacunas, en prevención, en médicos, en enfermeros, en trabajadores y trabajadoras, en estudiantes de nuestras universidades no es un costo. Es invertir en vida, en felicidad, en dignidad y en futuro.
Eso es lo que hacemos desde el Gobierno de la Provincia, actuando como un escudo, como una red para atenuar el daño que causa el modelo de Milei. Pero no alcanza con las políticas provinciales. Nuestra tarea es cambiar el rumbo económico del país.
No se trata solamente de cambiar un gobierno, sino de ser capaces de darle a la Argentina un proceso de crecimiento y de desarrollo justo, federal y sostenible. Es para eso que estamos lanzando el MDF Salud. Es para eso que militamos y nos organizamos.
Porque este plan económico es el que enferma. Esta economía mata. Como sostuvo el Papa Francisco: “enferma el cuerpo y enferma el alma”. Angustia, ansiedad, depresión, abandono: eso generan cuando ajustan a los jubilados, a las personas con discapacidad, a los tratamientos médicos, a los hospitales, a los programas esenciales. Pero también enferman todos los días cuando destruyen puestos de trabajo y cuando pulverizan salarios, ingresos y jubilaciones. No son dos cosas distintas: hablamos de salud, hablamos de igualdad, hablamos de desarrollo, hablamos de patria y hablamos de soberanía.
Y encima nos quieren hacer creer que esto es modernidad, que esto es equilibrio. No puede haber equilibrio en el marco de la miseria planificada y de la crueldad organizada. No hay orden ni estabilidad cuando generan una sociedad atravesada por la desesperación y la angustia. No hay tampoco salud si la gente sufre el miedo de perder su trabajo, de cerrar su negocio, si está desprotegida frente al aumento del costo de la vida. Cuando dicen que esta economía está creciendo, se nota que no pisaron un hospital.
Tal vez se refieren a otro país. Porque en Argentina ni la economía está creciendo ni a la sociedad le va bien. Solo crece en la imaginación de Milei, que está peleado con la verdad y con la realidad. Si según su teoría económica hay crecimiento, lo que no sirve es su teoría económica. Lo que no sirve es un presidente que se la pasa viajando, tuiteando y dándole la espalda a la gente, al pueblo y a sus necesidades.
Nos llevaron a una catástrofe sanitaria. Redujeron el 40% del presupuesto nacional de Salud, quitaron el programa Remediar, abandonaron la Organización Mundial de la Salud, sacaron medicamentos del PAMI, demoran o restringen las vacunaciones, abandonan la salud sexual y reproductiva, los tratamientos oncológicos y el control de enfermedades transmisibles. Y la crisis, además, está destruyendo al sector privado y a las obras sociales.
La caída de los salarios, la pérdida de 300.000 puestos de trabajo formales y la desregulación de los precios de los medicamentos y las prepagas dejaron a 750.000 personas sin cobertura. Y para los que aún permanecen con trabajo, al 80% de las obras sociales no le alcanza para cubrir la prestación obligatoria.
El resultado es trágico: están empeorando todos los indicadores sanitarios como pocas veces. Hay un aumento criminal de la mortalidad infantil del 6% y del 37% en la mortalidad materna. Hay brotes de sarampión, creció la hepatitis y la meningitis. Y los que pierden la cobertura, los que no pueden pagar un tratamiento o un remedio, ¿a dónde van? Vienen al hospital público provincial, municipal, a los centros de salud. Querían privatizar y hace falta cada vez más Estado.
En salud mental, exactamente lo mismo: cero remedios de salud mental en el Remediar, presupuestos del SEDRONAR reducidos, cero presupuesto de salud mental, obras paradas. Y ahora presentan una Ley de Salud Mental, inconsulta y rechazada por las provincias, cuyo único objetivo es restringir el acceso. Por eso: no a la ley Milei de Salud Mental.
Estamos ante una verdadera catástrofe sanitaria. La motosierra de Milei mata. El Gobierno nacional desertó de sus responsabilidades sanitarias. Esto configura un crimen social y sanitario. A esta altura, ya no cabe ninguna duda: es el gobierno más insensible que ha tenido la democracia argentina.
La gente directamente no les importa. Por eso nosotros sentimos, pensamos y actuamos exactamente al revés. Y lo demostramos con hechos concretos. En la provincia de Buenos Aires demostramos que aun en las peores condiciones, con un gobierno nacional que nos asfixia, seguimos cuidando a nuestro pueblo: seguimos abriendo centros de salud, ampliando la atención primaria, incorporando equipamiento y ampliando el programa de Medicamentos Bonaerenses.
No alcanza, pero ahí está el esfuerzo de un pueblo y su gobierno que sabe cuáles son las prioridades que no se pueden abandonar.
Los trabajadores y trabajadoras del sistema de salud son quienes, en momentos difíciles, en la peor tragedia sanitaria de la historia reciente, nunca dejaron de priorizar a nuestro pueblo. Otros opinaban desde la computadora y desde el teléfono. Ellos estuvieron en los hospitales, en los centros de salud, en los vacunatorios, en los barrios. Es gracias a ese compromiso de millones de trabajadores y trabajadoras que sigue estando en pie el sistema sanitario bonaerense y el sistema sanitario argentino.
Pero no hay que confundirse: el abandono de la salud pública no es un descuido ni un simple recorte para lograr equilibrio fiscal. Esta derecha extrema, acá y también en el mundo, quiere instalar la idea de que la igualdad fue demasiado lejos, que era demasiado cara. Por eso desde el día uno están machacando con que la justicia social es una aberración o un robo, con que los derechos son privilegios, con que cuidar al otro es una debilidad, con que la solidaridad es un problema.
Tenemos que decir con claridad que una sociedad mejor no se construye abandonando al que necesita ayuda. Una sociedad mejor se construye ampliando derechos, protegiendo a los más vulnerables, garantizando oportunidades e igualdad.
Parece fácil hablar de la libertad tan cerca de Estados Unidos y tan lejos del pueblo.
Con la salud pública tenemos uno de los grandes orgullos históricos de la Argentina, parte de una tradición ligada a la justicia social. La justicia social es que una familia pueda llevar a su hijo a un hospital aunque no tenga recursos. La justicia social es que un jubilado o una jubilada acceda a sus medicamentos sin endeudarse. La justicia social es que una persona con cáncer pueda tratarse sin tener que hipotecar su vida. Hogares tapados de deuda son también hogares enfermos. En otro tiempo histórico, Ramón Carrillo decía “el mejor plan de salud es agua corriente y cloacas”. Milei paró la salud, los remedios, el agua corriente y las cloacas.
Nuestra tarea hoy no es solamente denunciar. Sabemos que el pueblo la está pasando mal. No podemos solo contarles lo que ya saben, lo que viven y lo que experimentan. Nuestra tarea es construir, organizar una alternativa real, potente y militante.
Nos quieren convencer de que no hay alternativa, de que si no es Milei será otro que siga por la misma senda. Tenemos una tradición, tenemos una historia, tenemos una patria y tenemos un futuro con justicia social, que es para todos y todas.
Tenemos la obligación histórica de construir esa alternativa que vuelva a poner en el centro, como prioridad, a la producción, al trabajo, a la educación y a la salud. Esa construcción no es sencilla: requiere humildad, coraje, generosidad y compromiso. No alcanza solo con el peronismo, no alcanza solo con la provincia de Buenos Aires. Hay que construir una fuerza nacional en todo el territorio, amplia, profundamente federal, participativa, que defienda a nuestro pueblo y que esté dispuesta a poner lo que hay que poner para reconstruir una Argentina más justa, más solidaria y más soberana.
Hay que salir a recorrer, a escuchar, a convocar, a hablar con todos y con todas. A abrazar sobre todo a los que están perdiendo la esperanza. A luchar contra el individualismo, la resignación y la soledad. Mientras dure la pesadilla libertaria, hay que defender cada hospital, cada centro de salud, cada salita, cada política pública, porque es ahí donde se juega el futuro de la Argentina.
Y sobre todo: defender el derecho a nuestro futuro. Eso significa que dentro de dos años la Argentina tenga otro gobierno con objetivos y prioridades distintas.
No hay futuro posible en nuestra nación si se abandona la salud del pueblo. Y nos comprometemos a defenderla con todas nuestras fuerzas.


