La visita de Axel Kicillof a Corrientes fue una oportunidad para volver a pensarnos como país. Para volver a discutir qué proyecto de Nación queremos construir y cuál es el lugar que las provincias ocupan en ese camino.
Frente a un modelo que propone que cada uno se salve solo, que relativiza el valor de la solidaridad y que parece pensar una Argentina para pocos, resulta necesario recuperar la idea básica de que ningún proyecto nacional puede construirse sin escuchar a las provincias ni reconocer sus realidades concretas.
Hay una frase que se repite con frecuencia cuando se habla de la economía argentina: que el Gobierno nacional se ocupa de la macro y no de la micro. Sin embargo, para provincias como Corrientes esa definición tiene consecuencias mucho más profundas. Porque cuando se dice que la micro no importa, en cierta medida también se está diciendo que no importan las realidades provinciales y locales, que no importan las diferencias históricas entre regiones, que no importan las dificultades concretas que enfrentan quienes producen, trabajan e invierten lejos de los grandes centros de consumo y de decisión.
Las provincias pueden administrar mejor o peor sus recursos, pueden impulsar proyectos de desarrollo y fortalecer capacidades locales, pero cuando la economía nacional se contrae, cuando cae el consumo, cuando se paraliza la obra pública y cuando se reducen los recursos que llegan a las provincias y los municipios, los efectos terminan llegando a cada ciudad, a cada comercio y a cada actividad productiva.
Corrientes está viviendo esa realidad de manera particularmente intensa. Durante el gobierno de Javier Milei la provincia perdió alrededor de 3.000 puestos de trabajo registrados del sector privado. El consumo en supermercados registró en marzo una caída real cercana al 17%, muy por encima de la media nacional. Al mismo tiempo, el endeudamiento y la mora de las familias correntinas supera el 30%, ubicándose por encima del promedio argentino. A esto se suma una reducción cercana al 15% en los recursos provinciales y municipales de origen nacional respecto de los niveles de 2023.
Cuando caen los ingresos de jubilados, pensionados, trabajadores públicos y beneficiarios de distintas transferencias, cae también el consumo. Cuando cae el consumo, se resienten el comercio y los servicios, aparecen las dificultades para sostener el empleo y la inversión. Y cuando caen los recursos que reciben provincias y municipios, también se reduce la capacidad de respuesta frente a los problemas sociales y económicos.
Los efectos pueden observarse en distintos sectores de la economía correntina. La industria textil, una actividad con larga tradición en la provincia, enfrenta cierres y suspensiones. La construcción atraviesa una de las caídas más profundas de la historia. El comercio minorista siente cada vez más el impacto de una demanda debilitada.
También atraviesan dificultades sectores importantes como el arroz, la horticultura, la citricultura y el turismo en todas sus expresiones: desde la pesca deportiva hasta el turismo religioso, los Esteros del Iberá y las playas correntinas. Del mismo modo, miles de pequeños productores continúan sosteniendo buena parte de la vida económica del interior provincial, muchas veces sin contar con herramientas suficientes ni territorialidad en las políticas públicas.
Sin embargo, sería un error describir una realidad uniforme. Corrientes sigue teniendo enormes potencialidades y también sectores que muestran capacidad de crecimiento aun en un contexto complejo. La ganadería continúa siendo una de las actividades más importantes de la provincia y mantiene perspectivas de inversión para fortalecer el stock ganadero. Dentro de la propia forestoindustria existen realidades distintas: los sectores vinculados al mercado interno enfrentan fuerte caída de demanda, mientras que experiencias altamente tecnificadas y orientadas a la exportación, como Acon Timber en Virasoro, muestran la capacidad que tiene la provincia para insertarse en mercados internacionales y generar desarrollo. No es casual que ese crecimiento haya contribuido incluso a la reactivación del puerto de Corrientes.
La discusión de fondo es cómo pensamos el desarrollo de regiones como la nuestra. Es difícil imaginar un proceso de crecimiento sostenido sin infraestructura vial, sin infraestructura energética, sin puertos, sin logística y sin vivienda. Es difícil pensar una economía más productiva dejando de lado a las universidades, a la ciencia aplicada, al INTA, al INTI o al CONICET. Es difícil pedir más competitividad a productores y empresarios que deben afrontar costos logísticos significativamente mayores que los de otras regiones del país.
Durante su visita a Corrientes, Axel mantuvo reuniones con intendentes, representantes gremiales, estudiantes y distintos actores sociales. Allí aparecieron preocupaciones muy concretas: la caída del turismo, las dificultades de la horticultura, la pérdida de ingresos en localidades pequeñas, la crisis de la construcción y de las canteras, la precarización laboral y la incertidumbre que atraviesan miles de trabajadores y trabajadoras correntinos.
El encuentro con el gobernador Juan Pablo Valdés mostró que, aun desde espacios políticos diferentes, es posible construir puentes, dialogar y trabajar sobre preocupaciones comunes como la Hidrovía, el desarrollo turístico y la situación fiscal de las provincias.
Merece una mención especial el reconocimiento explícito del gobernador por la ayuda recibida durante los incendios forestales que afectaron a la provincia. En tiempos de confrontación permanente, esos gestos adquieren un valor especial. Porque fortalecen una idea de federalismo basada en la cooperación y no en el aislamiento.
En la Universidad ante un auditorio repleto Axel recibió una copia original del Segundo Plan Quinquenal específico para la provincia de Corrientes, correspondiente al año 1952. Ese documento forma parte de una tradición política que pensó el desarrollo nacional reconociendo las particularidades de cada región y entendiendo que ninguna provincia podía realizarse plenamente si el conjunto del país no avanzaba al mismo tiempo.
Arturo Jauretche advertía que no alcanza con los libros si se pierde contacto con la realidad concreta. La política exige ideas, pero también exige territorio, escucha y capacidad de interpretar las necesidades de cada comunidad. Tal vez allí aparezca una de las discusiones de fondo de este tiempo. Porque cuando se afirma que la micro no importa, para provincias como Corrientes también se está diciendo que no importan sus productores, sus trabajadores, sus municipios y sus desafíos cotidianos. Y es precisamente allí donde una mirada federal, humana y solidaria vuelve a ser imprescindible.
Quizás el principal valor de esa visita no haya sido una definición partidaria ni una consigna política. Quizás haya sido algo más simple y más importante: la voluntad de escuchar. Escuchar a gobernadores, intendentes, a quienes producen, trabajan, estudian e investigan. Escuchar, en definitiva, a quienes viven todos los días las consecuencias de las decisiones nacionales.
Pensar el desarrollo argentino exige volver a mirar desde adentro, desde las provincias hacia la Nación, entendiendo que las diferencias regionales existen y que construir un país más equilibrado requiere reconocerlas, comprenderlas y trabajar sobre ellas. Significa recuperar una visión donde el desarrollo de cada una de sus partes, depende del desarrollo armónico del conjunto. Ese desafío sigue vigente. Y quizás el primer paso para afrontarlo sea, justamente, volver a encontrarnos.
Es tiempo de pasar del diagnóstico a las propuestas. De construir una alternativa capaz de volver a representar a las mayorías. Una alternativa que entienda que las diferencias regionales existen, que valore el federalismo no sólo como una consigna sino como una práctica, y que vuelva a poner a las provincias en el centro de un proyecto nacional de desarrollo y generación de empleo.

