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“La inteligencia artificial ¿y el fin del trabajo?” Por Claudio Martínez

julio 14, 2025

De todos los fantasmas que agitan la irrupción en nuestras vidas de la inteligencia artificial, el que mayores pesadillas despierta es el que plantea una amenaza concreta al trabajo humano.

Y no es para menos. Desde la revolución industrial en adelante, nuestras vidas se estructuran alrededor de la actividad laboral. Puede decirse que la cultura del trabajo es una creación humana bastante reciente. Doscientos años es relativamente poco en términos de nuestra evolución.

Antes, el trabajo era otra cosa: explotación de los esclavos y vasallaje feudal en la ruralidad. Pero desde que las máquinas empezaron a pautar la vida laboral en fábricas primero y en oficinas después, cambiaron los hábitos. Las rutinas se ordenaron alrededor de los turnos y horarios de las empresas. Las relaciones familiares, la alimentación y el ocio se organizaron en función del trabajo.

Fábrica Ford, Provincia de Buenos Aires, Argentina. 1950

En la cuarta revolución industrial que estamos atravesando, la noción de trabajo vuelve a entrar en discusión. En el corto y mediano plazo, la inteligencia artificial y su propuesta de automatización ponen en riesgo una enorme cantidad de empleos. Curiosamente, cuando décadas atrás se planteaba esta amenaza, el consenso de los especialistas apuntaba a la pérdida de trabajos que pusieran en juego habilidades mecánicas y no aquellos que involucraran tareas intelectuales. Hoy queda claro que, frente a esta ola imparable, tiene muchas más posibilidades de mantenerse en su actividad un electricista que un programador.

La evolución tecnológica viene desafiando, por ejemplo, el futuro de muchos oficios creativos que apenas un puñado de años atrás se creían eternos. Guionistas, locutores, editores, escenógrafos, realizadores, músicos, periodistas y animadores, entre otros, ven como sus horizontes laborales se achican cuanto más avanzan los sistemas de automatización digital. El panorama es preocupante desde dos perspectivas: la de los empleos que se pierden y la de una creatividad que poco tiene de creativa, porque se basa en la repetición de patrones; que es lo que básicamente hacen las máquinas.

El horizonte es inquietante. Las previsiones de quienes se atreven a mirar hacia el futuro auguran que se perderá alrededor del 30 por ciento de los empleos actuales. La propuesta de una renta básica universal para contener a los caídos del sistema no consigue despejar la incertidumbre.

La pregunta es cuán solos estamos en este panorama inquietante. O, mejor dicho, si más allá de las reflexiones filosóficas y los mensajes de alerta, los líderes políticos y sindicales están pensando en cómo mitigar las consecuencias de ese futuro que nos angustia.

No hay una respuesta única. Las diferentes posiciones ideológicas de los gobiernos y sus distintas sensibilidades frente a los problemas de los trabajadores hacen que no haya una sola manera de enfrentar el asunto.

Hay líderes que comprenden lo que está en juego y buscan soluciones. Hay otros que prefieren no actuar y dejar que los tecnomagnates sigan decidiendo el futuro a espaldas del resto de la humanidad. Y hay otros dirigentes que se tapan los ojos porque perciben que el tema les queda demasiado lejos y se entregan.

Pero enfoquémonos en el primer grupo, en los que se comprometen con la búsqueda de alternativas al colapso del empleo. ¿Cuáles son los caminos que imaginan? 

Hay un concepto que se menciona en casi todas las recetas: reconversión. Queda claro que con la automatización digital muchos trabajos van a desaparecer y que va a ser necesario que los gobiernos, las empresas y los sindicatos inviertan tiempo y dinero en capacitar a los trabajadores para los empleos que el nuevo paradigma tecnológico (se supone que) va a ofrecer.

Se trata de un desafío monumental porque no estamos hablando de un grupo reducido de personas, en una actividad específica y en un territorio determinado. Estamos hablando de mucha gente, con diferentes habilidades y en lugares que tienen realidades socioculturales diversas.

A diferencia de otros cambios que enfrentó la humanidad a lo largo de la historia, las transformaciones que vienen se darán a gran velocidad. No se habla de décadas de adaptación, se habla de apenas cinco años para que el mundo laboral se vuelva irreconocible.

Fábrica Ford, Provincia de Buenos Aires, Argentina. 2025

Esa circunstancia hace que la tarea de capacitar en nuevas habilidades a una parte significativa de la fuerza laboral sea urgente, con todos los riesgos que la palabra urgente trae: errores, discriminación, injusticias, etc.

En un mundo donde las fronteras se desdibujan resulta razonable que frente a problemas globales surjan respuestas coordinadas. Para eso se supone que está, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo. La OIT desarrolló una metodología para estimar los efectos de la inteligencia artificial generativa en las ocupaciones existentes y publicó informes sobre el impacto potencial de la automatización en diferentes regiones y sectores. Además, creó un observatorio dedicado a la economía digital que produce conocimiento muy valioso.

Esa mirada experta y global ilumina algunos escenarios interesantes, como la certeza de que la automatización tendrá un impacto desigual en diferentes regiones y sectores, dependiendo del nivel de digitalización y la capacidad de adaptación de cada región. O que la inteligencia artificial generativa tiene más potencial para transformar tareas que para eliminar empleos enteros.

Los desafíos para los actuales y futuros líderes son enormes. El mundo para el que se prepararon está dejando de existir. El cambio que tienen que enfrentar no es sólo tecnológico. En el paquete vienen cambios políticos, económicos, sociales, culturales y hasta cognitivos. Ellos también tendrán que capacitarse para reconvertir su manera de liderar. Deberán entender las reglas de ese nuevo mundo y aprender de qué se trata gobernar en la nueva fase del capitalismo, que ya no tiene rostro humano sino alma digital.

*El autor es periodista, productor audiovisual y creador de contenidos sobre ciencia y tecnología.

 

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