“La respuesta a los problemas de nuestros pueblos no es local, bonaerense, ni puede ser argentina. La solución ante las políticas de ultraderecha debe ser internacional”
El viernes 17 y sábado 18 de abril, los principales líderes progresistas del mundo se reunieron en Barcelona para articular una respuesta común frente al avance de la ultraderecha.
En un contexto atravesado por las protestas contra el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría y el rechazo a la reforma judicial de Giorgia Meloni en Italia, la Movilización Progresista Mundial le dio un plataforma a los progresismos para unir fuerzas.
Allí estuvo Axel, junto a Luiz Ignacio “Lula” Da Silva, Gustavo Petro, Pedro Sánchez, Claudia Sheinbaum y los principales dirigentes progresistas a nivel global. La respuesta que se empezó a construir es clara: la solución ante las políticas de ultraderecha debe ser internacional.
¿Cómo se enfrenta a sectores reaccionarios que actúan de manera coordinada y que cuentan con el respaldo de las principales empresas tecnológicas? ¿Cómo se enfrenta a quienes fomentan el odio social y el conflicto en función de sus propios intereses?
Para encontrar una respuesta, los dirigentes trazaron las bases y condiciones de un mundo que vuelva a poner a la democracia como centro igualador y organizador de la vida.
Frente al genocidio, los conflictos armados y la violencia en aumento; más y mejor democracia. Un modelo económico sustentable, exitoso y expansivo no es sinónimo de quitarle derechos a los pueblos. No se trata de menos política, sino de una política eficiente que llegue a los últimos, que distribuya, que amplíe derechos, que reconozca la identidad de sus pueblos, que garantice la dignidad a través de la salud, la educación y el trabajo, y que construya instituciones sólidas capaces de acompañar las decisiones de vida de cada persona.
Pero más y mejor democracia no puede ser una consigna vacía. Sobre eso, cada dirigente dejó un aporte:
Axel sostuvo: “A nuestro pueblo no le alcanza con que le demos soluciones materiales, tenemos que decirle también que hay otro camino que no es el de la guerra, no es el de la crueldad y no es el del abandono”. Además, el Gobernador planteó una salida democrática, popular e internacional: “Si es un mundo multipolar el que nos espera, tiene que ser un mundo en el que el protagonista no sea ni un país ni una región, sino los pueblos que representamos.”
Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Ignacio “Lula” Da Silva, convocó a los líderes progresistas a seguir alzando la voz contra las injusticias:
“La democracia de las Naciones Unidas depende de nosotros. Fortalecer el multilateralismo depende de nosotros. No depende de nadie más. Individualmente no tenemos salida”.
Asimismo, el mandatario brasilero advirtió que “los 5 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU deben reunirse para cambiar su comportamiento”. Y añadió: “Ningún presidente de ningún país del mundo, por mayor que sea, tiene el derecho de poner reglas a otros países”.
En relación al encuentro de líderes progresistas en Barcelona, Lula expresó: “Lo que estamos haciendo aquí es el comienzo de un movimiento que tiene que actuar todos los días del año para restablecer la cosa más sagrada del mundo: la democracia y el multilateralismo.” Y sentenció: “El mundo no soporta más la guerra: el pueblo pobre no quiere mucho, sólo vivir con dignidad.”
A su vez, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, realizó una ferviente defensa de la democracia entendida como el gobierno del y para el pueblo:
“Los principios democráticos también significan libertad, pero vale la pena preguntarnos cuál libertad ¿la libertad que defiende el conservadurismo? ¿la libertad de someterse a intereses externos? ¿la libertad de convertir a las naciones en colonias modernas? ¿o la libertad de mercado sin Estado que convierte a muchos en nada y a pocos en mucho? No, creemos que la democracia implica libertad. Pero la libertad es palabra vacía si no la acompaña la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos. Cuando hablamos de democracia no es la de las élites, sino la del pueblo. No es la de la concentración de la riqueza, sino la de la distribución. No es la de la imposición, sino la de la participación. No de la guerra, sino de la paz. No de la indiferencia y de la exclusión, sino de la cooperación y la inclusión”.
A su turno, el presidente de España, Pedro Sánchez, señaló la importancia de la distribución de la riqueza y alertó:
“Cuando el progreso no se distribuye, cuando las oportunidades no llegan a todos, cuando amplias capas de la población sienten que el sistema no responde, la democracia pierde legitimidad. Ahí es donde crece el extremismo, que no abre la grieta: ocupa el espacio”. En el mismo sentido, subrayó que “no basta con resistir, tenemos que proponer, tenemos que liderar, tenemos que demostrar que la democracia no solo se defiende, sino que se fortalece y se perfecciona día a día”.
En referencia a la injusta arquitectura financiera internacional, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, indicó:
“Tenemos que reformar la arquitectura financiera del mundo y acabar con esa brecha financiera para el desarrollo. Es verdad que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hay que reformarlos también. No pueden ser instituciones que solo sigan representando los intereses occidentales. Así que las reformas de estas instituciones deben ser completa”.
Este primer encuentro marcó una hoja de ruta para articular una estrategia colectiva internacional con producción, trabajo, paz y dignidad para los pueblos. Una alternativa donde el derecho al futuro no sea solo para los dueños del mundo.


