La crueldad desinhibida

La desafortunada frase del intendente de la localidad de Caseros, Entre Ríos, al que días atrás no se le ocurrió nada mejor que afirmar que para que pueda aumentar el monto de las jubilaciones es necesario que se mueran muchos jubilados, no solo llama la atención por su desinhibida crueldad y su feroz desparpajo, sino que revela algunos límites conceptuales en los modos en los que piensan las cosas los adherentes a la ideología con la que se está (des)gobernando nuestro país. Pero quizás no solamente ellos, y por eso puede valer la pena señalar y proponer una reflexión sobre esos límites tan groseros. Propongo hacerlo destacando tres asuntos.

Uno está asociado a ese tono que suelen tener las intervenciones discursivas de los miembros del gobierno nacional, y también la orientación efectiva de sus políticas, que suele identificarse -y que recién identifiqué- con la palabra “crueldad”. No estoy seguro de que sea la mejor, sobre todo en la medida en que tiende a, digamos, “subjetivizar” nuestro análisis y nuestra crítica, como si las políticas de destrucción de las condiciones mismas de la vida que enfrentamos fueran la consecuencia, apenas, de un rasgo de carácter, o incluso de una condición moral, de quienes nos gobiernan, y no de un programa que tiene autores, actores e intereses, y también un conjunto de supuestos teóricos, incluso filosóficos, que es necesario inspeccionar y discutir.

El primero de ellos puede ser formulado con una frase sencilla que a los máximos voceros del gobierno nacional les gusta repetir. La dijo por vez primera una dirigente por la que nuestros gobernantes profesan una particular devoción, Margaret Thatcher, y dice, en un puñado de simplísimas palabras, que la sociedad no existe. Que lo que existe son individuos solitarios y egoístas, cada uno de los cuales, por lo tanto, solo puede ver en el otro un enemigo, un obstáculo, un motivo de peligro. No alguien con quien comparta alguna cosa tengan en común. A la ideología libertariana la idea misma de “lo común” no le dice nada. No hay nada en común entre esos átomos individualistas y posesivos que somos, y es por eso que puede pensarse en la desgracia, el sufrimiento o aun la muerte del otro como algo que no nos afecta en lo más mínimo. Más aún: que puede resultarnos necesario.

El tema, por supuesto, ha sido considerado en algunos textos mayores de la filosofía política de los últimos siglos: no estamos nada lejos, en efecto, del “estado de naturaleza”, de guerra de todos contra todos, del que nos hablaba Thomas Hobbes, aunque con la diferencia -que ha señalado Cecilia Abdo Ferez en su último libro- de que Hobbes entendía como un elemento fundamental de ese estado de naturaleza el deseo de los individuos de salir de él, mientras que lo que todos los días nos indica con sus discursos el gobierno es que este estado invivible, en el que nos vemos inducidos a ver al otro como un enemigo y a desear que ese otro se muera para que mi jubilación sea un poco menos miserable, es un estado natural y además virtuoso y además definitivo, del que no debemos (del que no debemos querer) salir, porque cualquier idea de una forma distinta de convivencia sería antinatural, distorsiva, populista o keynesiana o comunista o kuka y por lo tanto injusta.

El segundo asunto sobre el que nos permite llamar la atención la frase del intendente de Caseros es uno particularmente importante en las representaciones que tiene este gobierno sobre lo que puede o no puede hacerse. El principio es el siguiente: no hay plata. No hay plata porque, a diferencia de los horribles e irresponsables populistas que gobernaron antes, nosotros sabemos que no se puede gastar más que lo que entra, que el equilibrio fiscal no se negocia (¿no es ese el argumento con el que el gobierno combate primero y veta después las leyes que procuran que con la democracia se coma un poquito más, se cure un poquito mejor y se eduque con un poquito menos de penurias que las que hoy sufrimos?) y que lo que no se puede no se puede y no se discute más. Economicismo. Determinación total de las posibilidades de la (artificial y mala) voluntad política por los límites de la (natural y verdadera) economía, y de una economía, para peor, concebida en un marco estrechamente fiscalista.

 

Movilización de jubilados en el Congreso, miércoles 28 de mayo.

No es en vano que haya aludido, al pasar, a aquella famosa frase del viejo Alfonsín. Por la que en su momento, creo, dimos menos que lo que valía, quizás porque la supusimos apenas una mala descripción de cómo eran las cosas, y no una virtuosa indicación, un importante programa acerca de cómo debían ser. Lo que Alfonsín, lejos del estrecho procedimentalismo que exhiben, en el mejor de los casos, los voceros del actual gobierno (Guillermo Francos, preguntado por un periodista sobre el derecho democrático a protestar: “No, no, no: no confundamos las cosas. La democracia se ejerce votando; después, el gobierno tiene la obligación de mantener el orden en las calles”), lo que Alfonsín, digo, estaba diciendo, era que no había, que no hay verdadera democracia si los sujetos no pueden ver reconocidos, en ella y gracias a ella, esos derechos fundamentales. El actual gobierno nacional (cuya principal figura dice a quien quiera oírlo que “está en contra de los derechos”, porque “alguien debe pagar por ellos” y nadie tiene por qué hacerlo) no cree una palabra sobre esto.

Hay por último una tercera cuestión que la desaforada frase del intendente de Caseros nos invita a pensar: la de qué es y cómo debe financiarse el derecho de las personas mayores a recibir una jubilación (que tiene que ser mucho mejor que la que hoy reciben, desde ya) que les permita vivir con dignidad. Esa extraordinaria institución de la seguridad social argentina fue imaginada en un tiempo de expansión del trabajo industrial y del trabajo en general, en un país que era joven y que tenía una población joven y que estaba en crecimiento, y donde la retención de un determinado porcentaje de los salarios de los trabajadores “activos”, más el aporte de otro porcentaje del que debían hacerse cargo sus empleadores, permitía financiar muy adecuadamente los ingresos de aquellos que, habiendo trabajado en el pasado, ya tenían la edad suficiente como para disfrutar del justísimo derecho a no tener que seguir haciéndolo para poder vivir.

Hoy la situación es muy distinta. La población del país se ha “envejecido”, el trabajo (y sobre todo el trabajo “en blanco”, con recibo de sueldo, retenciones y aportes patronales) escasea, y esos porcentajes calculados sobre la masa salarial de los trabajadores y las trabajadoras formales empiezan a resultar por completo insuficientes para costear la vida de nuestros viejos y de nuestras viejas. (De nuestros trabajadores “pasivos”, iba a escribir, pero recordé que días pasados una compañera, que miércoles a miércoles sale de su casa a protestar a la plaza del Congreso y a ser ahí corrida, apaleada y gaseada por las fuerzas de seguridad de la nación, me indicó, en una conversación sobre estas cosas, que era hora de que dejáramos de nombrarlos con ese adjetivo calificativo tan manifiestamente injusto.)

¿Y entonces? Entonces, que un montón de gente empieza a decir que estamos fritos: que la plata de los trabajadores en actividad no es suficiente para pagar jubilaciones dignas a tanta gente, que esta gente empieza a ser demasiada (¿no lo dijo en su momento la inefable Christine Lagarde?), y que por lo tanto van a tener que ir haciéndonos la gauchada de morirse. Brutal, inhumano y torpe. Lo digo rápido porque aquí no se trata de detalles, sino solo de dejar establecido este principio: es necesario dejar de considerar a la jubilación un derecho laboral y empezar a considerarla un derecho humano, y es necesario dejar de suponer que es solo con las retenciones y los aportes sobre los sueldos de los trabajadores y las trabajadoras en blanco que podemos sostenerlas. 

Inauguración del programa Mayores Bonaerenses Activos, que busca promover el bienestar y la inclusión de personas mayores a 60 años.

¿Y con qué más, entonces? No sé, pero propongo que con los impuestos. Con impuestos a los ricos, a sus fortunas, sus lujos, sus ocios. La derecha es genial: cada vez que gobierna, inventa (miente) que la carga fiscal “en este país” es agobiante, reduce los impuestos a los ricos, baja la recaudación, y después dice que no hay plata y que por lo tanto nos tendremos que morir. Necesitamos una reforma tributaria progresiva que dé al Estado, que muy pronto deberá estar gobernado con criterios de mayor justicia que estos que hoy padecemos, los recursos para que los derechos de los ciudadanos y las ciudadanas vuelvan a ser el corazón democrático de nuestra vida colectiva.

El autor es politólogo y filósofo.

Defender la Provincia

MDF – En tu opinión, ¿qué está en juego en las próximas elecciones legislativas del 7 de septiembre?

Verónica Magario Se puede formular de una manera sencilla: se trata de aprobarle la gestión a Milei o desaprobársela. Ese día, las y los bonaerenses le dirán al presidente si su plan económico financiero está bien o si no lo quieren más y que debe cambiarlo de cuajo.

La provincia, sus mujeres y hombres, se expresarán sobre este “ordenamiento”  de la macro, que ya vemos en los hechos que no es tal, aunque les haya destrozado la vida de todos los días a la gente, esa microeconomía que Milei desprecia e ignora o,  mejor dicho, que la desprecia porque la ignora.

El 7 de septiembre se enfrentan en las urnas dos modelos opuestos, que se vienen enfrentando en el día a día desde que Milei asumió. En la Provincia de Buenos Aires venimos demostrando, a pesar de todas las gigantescas piedras en el camino que Milei nos pone todos los días, que es posible trabajar para que las personas vivan mejor, un poco mejor.

Esa es la verdadera macro, la macro responsabilidad de no empujar para que la plata se la lleven afuera los de siempre en lugar de que vaya al bolsillo de los que trabajan. La macro responsabilidad de que los más vulnerables cuenten con un Estado eficiente para que los auxilien en la emergencia.

Esa es la gigantesca tarea que el gobierno bonaerense, con Axel a la cabeza, viene dando desde hace más de un año y medio contra el salvajismo libertario de Milei.

Precisamente la elección del 7 de septiembre es sobre estas dos posibilidades. O alentarlo a Milei con el voto para que siga destrozando la vida de los bonaerenses o frenarlo, decirle “hasta acá”.

MDF – Se decide entre dos modelos diametralmente opuestos, entonces. En consecuencia, el de Milei es integralmente objetado desde Fuerza Patria.

VM Exactamente. Nosotros estamos atacando a todas las políticas implementadas por Milei – políticamente y dentro de las reglas democráticas, las cuales siempre hemos respetado aunque los antiperonistas muchas veces no lo hicieron. A su plan económico y financiero, que destruye a la industria, el trabajo, los salarios, la educación, no sólo a las universidades, sino también a las escuelas primarias.

Un plan que empobrece, que destruye el sistema de salud, que agrede a los discapacitados, a los enfermos oncológicos, que destroza una red de derechos que se empezaron a construir en la Argentina desde hace más de 100 años.

Nuestro gobierno es la contracara de Milei. Es un sistema de escudo y red que funciona por convicción ideológica y por necesidad de las y los bonaerenses, que ya no pueden más, que cada día viven peor y que ven que el gobierno nacional busca aprobación para profundizar aún más el ajuste, la recesión, la pérdida de poder adquisitivo, las esperanzas.

Entrega de escrituras en Almirante Brown.

Milei desfinancia la ciencia y la tecnología en forma intencional y a eso nos oponemos en la medida de las posibilidades cada día. Porque un país, una provincia en nuestro caso, con esas inversiones desarrolla el crecimiento a través de una mejor producción, innovación tecnológica y nuevas líneas productivas que generan crecimiento económico.

Y precisamente esa no es la provincia que quiere y necesita Milei. Él está planchando y parando todo. Necesita que sólo ingresen dólares por extractivismo sin controles ni medida y con bajísima rentabilidad para el país y para las provincias, y que ingresen dólares por venta primarizada agrícola ganadera, nada más.

El resto de la actividad de un país necesita funcionamiento del Estado, regulación para redistribuir de modo que la sociedad crezca y eso es lo que él no quiere. Intencionalmente tira todo para abajo porque es el único modo que su ideología funcione: cuando el Estado deja de estar presente nadie espera nada y entonces se abren las puertas para que se generalice esto que estamos viendo: EE.UU. quiere mandar a su embajador a decirle a las provincias, o sea a nosotros, qué puede y qué no puede hacer desde el punto de vista de sus intereses y necesidades.

MDF Hablabas del daño en la microeconomía que provocan los movimientos que el gobierno hace en la macroeconomía: ¿cómo es el desafío de explicar esto con claridad en el contacto diario con la gente y cómo se ejemplifica?

VM No es con slogans ni con explicaciones económicas complicadas. Es mirando la realidad junto a las y los bonaerenses. No es una frase vacía cuando decimos que hay otro camino y es el que estamos recorriendo con Axel.

La querida Provincia de Buenos Aires es en muchos sentidos (productivos, económicos, demográficos) el 40% de todo el país. Y es aquí, en nuestra tierra, en nuestro lugar de pertenencia, en  donde debemos limitar, donde tenemos que frenar todo lo que podamos el ingreso de la motosierra.

Toda la sociedad es testigo y sufre en carne propia todo el daño que ya ha hecho Milei, que incluye apropiarse de fondos legítimos que son de las y los bonaerenses, una decisión que recae en su calidad de vida,  porque Milei se queda con plata que debería ir directamente a la gente en recursos de salud, de educación, de obras de infraestructura, de apoyo a las pymes, a los comerciantes… a los más vulnerables.

Podemos mostrar hechos concretos, porque estamos abriendo nuevas escuelas y agrandando a las ya existentes con más aulas; abriendo nuevos hospitales y centros de salud y dotando de tecnología y ambulancias a los que ya funcionaban, haciendo las obras de infraestructura que tienen que ver con la vida diaria de los bonaerenses, atendiendo las necesidades básicas para asegurar la alimentación en medio de este desastre, el cuidado de niños y ancianos y los derechos irrenunciables de todos.

Inauguración del nuevo polo educativo en Alejandro Korn: Jardín de Infantes N°919, Escuela Primaria N°33 y Escuela Secundaria N°14.

MDF Mencionabas los recortes presupuestarios desde el gobierno nacional a la provincia y sus efectos: ¿Cómo se aborda esta circunstancia para que no parezca que es un reclamo del gobierno provincial, de sus necesidades, es decir, político?  

VM La sociedad entiende que si no hacemos más es porque nos pasa lo mismo que a las demás provincias, que si no la aliviamos aún más es porque Milei se queda con los recursos de la gente.

De todos modos, entiendo la pregunta y la prevención, porque la propaganda permanente del gobierno nacional y de sus voceros es mentir y volver a mentir sobre este tema, como sobre todos los demás.

Pero no nos vamos a rendir ante la motosierra, la mentira, la crueldad y la irresponsabilidad de Milei. No nos vamos a cansar de señalar lo que le gente sufre y sabe que los demás sufren. Milei es el culpable de que viajar en colectivo se haga imposible porque cuesta una gran parte de lo que se gana por día…

Es el culpable de que los jubilados (que no son una figura abstracta: son nuestros padres, abuelos, vecinos) no puedan comprar los remedios que necesitan para cuidar su salud. Es el culpable de que las familias se estén privando de alimentos básicos, de que se vaya cada vez más plata de los ingresos en pagar los servicios y que el día 15 de cada mes a la gente la ataque la desesperación porque ya no tienen plata…

Milei es el culpable de los miles y miles y miles de empleos perdidos, del terror a perder el trabajo, porque otro igual no hay, es el culpable de las pymes cerradas, de los productores arruinados, de las changas desaparecidas, o deterioradas por las que pagan dos pesos.

La realidad está a la vista. Y entendemos que el responsable también. Todo esto ya pasó en la Argentina y más de una vez. Y en cada ocasión, quienes nos opusimos debimos hacer el máximo esfuerzo para que las urnas derrotaran a quienes llevaban estas políticas de ultraderecha adelante.

Rosas, Caseros y Perón

Juan Manuel de Rosas fue nuestro primer jefe popular. Seguido y admirado por gauchos, originarios, afrodescendientes. Se opuso a admitir la doctrina del libre comercio, propagada por la potencia de turno, Gran Bretaña. Mantuvo durante veinte años fuera del poder a la oligarquía porteña.

Los historiadores liberales repudiaron a Rosas por plantear un proyecto de país nacional, popular, federal y latinoamericanista distinto al que deseaban. Condenado al infierno de esa versión que se convertiría en “la oficial” pasó a ser  el maldito de nuestra historia. Y nos enseñaron a odiarlo. Pero ¿quién es Juan Manuel de Rosas en el marco de la historia argentina y la formación del Estado? ¿Por qué se soslaya sistemáticamente su defensa de la soberanía nacional frente a Francia e Inglaterra? ¿Por qué San Martín le legó en su testamento el sable que lo acompañó en la lucha por la independencia americana? ¿Por qué los sectores populares lo amaron hasta la idolatría?

El Restaurador fue destituido en el combate de Caseros, inerme ante la traición de Urquiza con el apoyo de Brasil e  Inglaterra. Apelemos a la verdad histórica. Rosas había insinuado que no aceptaría otra reelección como Gobernador de Buenos Aires cuando terminara su período en marzo de 1850. Durante el año 1849 lo reiteró varias veces y cuando llegó diciembre lo anunció una vez más. Como en 1832 y 1835 puede presumirse que Rosas procuraba mejorar su situación política antes de emprender una guerra contra el Brasil que lo convertiría en árbitro de Sud América. Da respaldo a esta presunción el proyecto entonces presentado en la Legislatura porteña de ser consagrado Jefe Supremo de la Confederación, con plenos poderes nacionales, con lo que don Juan Manuel dejaba de ser el Gobernador de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores para convertirse en Jefe del Estado argentino. Once provincias adhirieron al proyecto.

Entre Ríos y Corrientes se abstuvieron y el 1º de mayo de 1851 Urquiza aceptó la renuncia presentada por Rosas, separó a Entre Ríos de la Confederación y la declaró en aptitud de entenderse con todos las potencias hasta que las provincias reunidas en asamblea determinaran el futuro gobernante. Su satélite Corrientes imitó esta actitud. El pretexto de Urquiza fue dictar una constitución, a lo que Rosas se oponía.

Los enemigos de don Juan Manuel, luego del sostenido fracaso en derrocarlo de intelectuales, potencias extranjeras y probados jefes de nuestra independencia, sentían sus corazones latir con esperanza pues había llegado el momento en que quien confrontaría con el invicto dictador era alguien de su misma hechura: un recio caudillo federal, de gran carisma entre la chusma y con mayor talento y experiencia en el campo de batalla. A sus fuerzas se incorporarían un revoltoso boletinero, Domingo Sarmiento, y un joven artillero y mediocre poeta, Bartolomé Mitre.

En la Banda Oriental acampaba el segundo mejor ejército de Rosas, quien se había ocupado de suministrar el mejor armamento posible para sus cinco mil aguerridos soldados, veteranos de muchas campañas. Contaba también con una excelente caballada y varias piezas de artillería de buen poder de fuego dejadas atrás por la rendición de ingleses y franceses. Pero a pesar de sus virtudes no tenía envergadura suficiente para resistir una acometida de las tropas al mando de Urquiza. Mucho menos si a éstas se le sumaban las de su nuevo aliado, el Imperio del Brasil.

El entrerriano invade el Uruguay el 18 de julio de 1851. El 4 de septiembre lo imita un ejército brasileño de dieciséis mil hombres a cuyo frente va el militar más prestigioso de su país, el marqués de Caxias. Además con una fuerte suma en la faltriquera para sobornar políticos uruguayos y jefes del ejército de Oribe. Esto, sumado a una inteligente política de “ni vencedores ni vencidos” prometiendo el perdón y la reincorporación a la “fuerzas vencedoras” provocó una importante deserción de oficiales y soldados federales.

Oribe, quien sostuvo una secreta y prolongada entrevista con Urquiza, no ofreció resistencia capitulando el 8 de octubre de 1851, “desacreditado pero no deshonrado” como él mismo escribirá, sobre la base de una amnistía política y de la independencia del Uruguay. Después de tantos años de una recíproca lealtad que había sobrellevado tantas contingencias extremas, traicionaba a Rosas, para muchos sospechosamente, al aceptar la derrota sin presentar batalla y sin consultar al Restaurador.

La etapa siguiente de la campaña aliada era el ataque a Buenos Aires. El tratado del 21 de noviembre de 1851, entre Brasil, Uruguay y los “estados de Entre Ríos y Corrientes”, estableció que el aporte humano correría por cuenta de las provincias del Litoral. Brasil facilitaría los abultados 100.000 patacones mensuales exigidos por Urquiza para afrontar “gastos bélicos”; también 2.000 espadas de guerra y todas las municiones y armas de guerra que fuesen necesarias; además una división de infantería, un regimiento de caballería, dos baterías de artillería de seis cañones cada una, los que sumarían 4.000 hombres bajo el mando del prestigioso general Manuel Márquez de Souza; en cuanto al apoyo fluvial, en lo que la Confederación rosista era muy débil, la escuadra imperial ocuparía el Paraná y el Uruguay facilitando los desplazamientos del bien llamado “ejército grande” y obstruyendo los del enemigo; por fin, otro ejército de 12.000 soldados brasileros, llamado “de reserva”, se desplegaría en las costas del río de la Plata y del Uruguay para traspasarlos en cuanto fuese necesario.

Los 100.000 pesos fuertes exigidas por el jefe entrerriano le parecen al marqués de Caxias una contribución excesiva porque no ignora que el abastecimiento de carne proviene de los propias haciendas de Urquiza y porque, como es costumbre, la provisión de otros insumos y de animales se hace por confiscación forzosa en los establecimientos privados de la zona. Le cuesta confiar en quien ya ha traicionado, pero sabe que su persona y sus fuerzas son indispensables para lograr la caída de un vecino tan incómodo.

Entonces el 20 de diciembre escribirá con realismo a su gobierno aconsejando una respuesta positiva: “Cualquier negativa nuestra lo irritaría siendo, como V.E. sabe, alguien a quien poco falta para mudar de opinión de la noche a la mañana (…) No le sería difícil arreglarse con Rosas y volverse contra nosotros”.

También influía la recompensa, acordada y firmada con sus socios beligerantes, de la incorporación de las riquísimas Misiones Orientales, de elevada significación estratégica por su ubicación geográfica que se irradiaba hacia Brasil, Paraguay, Argentina y .sobre todo, Uruguay. La guerra será declarada formalmente: “Los estados aliados declaran solemnemente que no pretenden hacer la guerra a la Confederación Argentina(…) El objeto único a que los Estados Aliados se dirigen es liberar al Pueblo Argentino de la opresión que sufre bajo la dominación tiránica del Gobernador Don Juan Manuel de Rosas”.

Desactivado Oribe, el ejército de Urquiza se embarca en Montevideo hacia fines de octubre de 1851 en tres barcos brasileños que lo transportan a Entre Ríos. Desde allí comenzará su marcha sobre Buenos Aires cruzando el Paraná sin hallar oposición debido a que el general Pascual Echagüe, gobernador de Santa Fe, recibe orden de retroceder hasta juntarse con Rosas en Santos Lugares, en las afueras de Buenos Aires, donde se concentrarán las pocas fuerzas disponibles para la defensa.

En su marcha por la campiña bonaerense Urquiza no encuentra las esperadas adhesiones a  pesar de que se suponía que los pobladores iban a levantarse en contra del”tirano”.  Pero a los habitantes de las pampas les resultaba inadmisible la alianza con el enemigo brasilero y resistieron pasivamente a los “libertadores”, como dieron en llamarse a sí mismos, negándoles información, contactos y provisiones, y manteniéndose fieles al gobernador de Buenos Aires. Según el general César Díaz, comandante de las fuerzas uruguayas, “evitaban nuestro contacto como si les fuera odioso, las casas de campo estaban abandonadas y sus moradores se habían retirado huyendo de nosotros como de una irrupción de vándalos”. Agregará en sus “Memorias”: “El espíritu de los habitantes de la campaña de Buenos Aires era completamente favorable a Rosas”.

Axel Kicillof en su despacho junto a un cuadro de Juan Manuel de Rosas.

Hasta Urquiza estaba asombrado y preocupado al ver “que el país tan maltratado por la tiranía de ese bárbaro se haya reunido en masa para sostenerlo”. Díaz anotará una sorprendente confesión del jefe entrerriano: “Si no hubiera sido el interés que tengo en promover la organización de la República, yo hubiera debido conservarme aliado a Rosas porque estoy persuadido de que es un hombre muy popular en este país”.

Las únicas unidades que le quedaban a Rosas eran la artillería y el regimiento de reserva cuyo comando, en un gesto de hidalga confianza , ofreció a dos oficiales unitarios que habían regresado a Buenos Aires para luchar de su lado y en contra de los invasores extranjeros: Mariano Chilavert y Pedro José Díaz.  Ambos aceptaron y, en la última batalla, lucharon vigorosamente por Rosas.

Nombró a Angel Pacheco comandante de la vanguardia y luego comandante en jefe del centro y norte de Buenos Aires. Pero todo evidencia que, sobornado o realistamente convencido de la inutilidad de resistir, no tomó iniciativa contra el enemigo ni permitió que lo hicieran sus subordinados. Ante el disgustado reclamo de don Juan Manuel ofreció su renuncia, que no fue aceptada.

El 30 de enero ese jefe militar a quien el Restaurador había permitido enriquecerse  haciendo del verbo “pachequear” un sinónimo de cuatrerear, dejó su puesto sin consultarlo y se marchó a su estancia “El Talar de López” sobre el río “las Conchas”. Allí presentó nuevamente su renuncia y mientras se estaba librando la batalla final para el régimen, el general Pacheco, en quien Rosas había depositado su confianza a lo largo de muchos años, y su fuerza de caballería de quinientos hombres descansaban en su estancia. Para colmo de males también perdió el aporte del héroe de Obligado, general Mansilla, quien cayó misteriosamente enfermo el 26 de diciembre luego de advertirle a su cuñado que no lo consideraba con capacidad militar para conducir un ejército de 20.000 hombres.

Todos conocemos el resultado del combate de Caseros y el digno exilio del Restaurador. Fue entonces cuando nuestra Patria cambió definitivamente de rumbo.

Batalla de Caseros, 3 de febrero 1852.

¿Cuál fue la opinión de Perón sobre Rosas?

En carta dirigida a su padre Mario, residente en Malaspina (Chubut), cuando era un joven oficial de 23 años de edad, escribía:

“No olvides papá que este espíritu de patriotismo que vos mismo supiste inculcarme, brama hoy un odio tremendo a Inglaterra que se reveló en 1806 y 1807 y con las tristemente argentinas Islas Malvinas, donde hasta hoy hay gobierno inglés; por eso fui contrario siempre a lo que fuera británico, y después del Brasil a nadie ni a nada tengo tanta repulsión.

Francia e Inglaterra siempre conspiraron contra nuestro comercio y nuestro adelanto y si no a los hechos:

En 1845 llegó a Buenos Aires la abrumadora intervención anglo-francesa; se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante de la Historia Argentina, sino glorioso por (que) en él se luchó por la eterna argentinización del Río de la Plata por el cual luchaban Francia e Inglaterra por política brasilera encarnada en el diplomático Visconde de Abrantes.

Rosas con ser Tirano, fue el más grande argentino de esos años y el mejor diplomático de su época, ¿no demostró serlo cuando en medio de la guerra recibió a Mr. Hood y haciendo amueblar lujosamente su casa dijo: «Ofrescanselá al Mister», seguro de las ventajas que obtendría?

¿No demostró ser argentino y tener un carácter de hierro cuando después de haber fracasado diez plenipotenciarios ingleses consiguió más por su ingenio que por la fuerza de la República que en esa época constaba solo con 800.000 habitantes; todo cuanto quiso y pensó de la Gran Bretaña y Francia?; porque fue gobernante experto y él siempre sintió gran odio por Inglaterra porque esta siempre conspiró contra nuestro Gran Río, ese grato recuerdo tenemos de Rosas que fue el único gobernante desde 1810 hasta 1915 que no cedió ante nadie ni a la Gran Bretaña y Francia juntas y como les contestó no admitía nada hasta que no saludasen al pabellón argentino con 21 cañonazos porque lo habían ofendido; al día siguiente, sin que nadie le requiriera a la Gran Bretaña, entraba a Los Pozos la corbeta Harpy y, enarbolan¬do el pabellón argentino al tope de proa, hizo el saludo de 21 cañonazos.

Rosas antes que todo fue patriota”.

 

El autor es escritor, historiador y psicoanalista.

BRICS: la puerta al futuro que cerró Milei.

Hola, ¿cómo están? Esta es una buena semana para detenernos a pensar en los BRICS y (una vez más) llevarnos las manos a la cabeza por todas las oportunidades que la Argentina está dejando pasar por decisión de Milei. Pero aprovechemos este espacio no solo para lamentarnos, sino también para analizar lo que representa este gigante geopolítico en el escenario global y reafirmar nuestra convicción: ya llegará el momento de volver a estar donde debemos.

El Presidente Lula recibió hace unas semanas a presidentes y cancilleres de los países que integran esta alianza sin Argentina. Bajo la brisa carioca, encarnó claramente el aforismo confuciano: “cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros y otros, molinos”. Ante la crisis climática, las guerras comerciales, los conflictos armados y las disrupciones tecnológicas, Brasil y los países de los BRICS optan por adaptarse con inteligencia y aprovechar esos vientos —a veces huracanados— para avanzar. En contraste, la Argentina de Milei se atrinchera en dogmas ideológicos que no hacen más que profundizar nuestra vulnerabilidad frente a este (des)orden internacional.

El Sur sopla fuerte 

Desde inicio del nuevo milenio los países que conforman la alianza de los llamados BRICS -originalmente Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- eligieron convertirse en “molinos” para que los países del sur global pudieran tener voz y voto en la disputa por un nuevo orden multipolar. La alianza no solo buscaba orientar esos vientos para impulsar sus intereses políticos, económicos y geopolíticos, sino que se convertiría en una apuesta estratégica para desafiar la hegemonía del Norte Global y los principales centros financieros comandados por Estados Unidos y Europa.

Y tenían con qué y con quiénes. Los BRICS representan hoy cerca del 39% del PBI mundial (superando desde 2019 el peso en declive del G7) y una multitud de personas: casi el 50% de la población global. En términos comerciales, representan un cuarto de todo el comercio internacional. Además, su expansión en 2024 –de la que Argentina eligió inexplicablemente autoexcluirse- incorporó a otras potencias energéticas como Arabia Saudita, Irán, Egipto, Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos, que ampliaron las regiones donde se encuentra presente el bloque (en términos territoriales, abarcan el 36% del planeta). Una asociación que dista de ser homogénea en sus atributos políticos y más bien responde a una clave constante de la política internacional: busca tu media naranja, y asóciate con quien puedas complementarte económica y políticamente para tener influencia en el orden mundial.

La clave de los BRICS reside, además, en la autonomía estratégica que desde el inicio buscó construir. Con instituciones propias como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB por sus siglas en inglés), el bloque busca financiar proyectos de infraestructura y de desarrollo sin las condicionalidades que imponen organismos como el FMI, con exigencias y tasas insostenibles que históricamente asfixiaron a las economías en desarrollo. Además, cada vez más utilizan sus monedas locales, desdolarizando paulatinamente el comercio internacional y estableciendo mecanismos financieros alternativos. Estos esfuerzos representan, hoy por hoy, la mayor apuesta para desafiar la estructura financiera internacional que durante décadas se desarrolló bajo la hegemonía de las potencias occidentales. In your face FMI. 

Todo esto ha generado una ferviente atracción entre los países del sur global, que buscan una mayor autonomía estratégica, un mayor equilibrio en la toma de decisiones y una menor intervención extranjera o imposición de sanciones unilaterales por parte de las grandes potencias.  Y si, nosotros nos pegamos un tiro en el pie…

Entre esos países con intención de sumarse a los BRICS (que fueron más de 40) se encontraba la Argentina. Desde la constitución del bloque en el año 2009, el país aspiraba a formar parte de manera protagónica, incluso jugando a sumar una letra y que se transformara en los BRICS-A. La conveniencia era clarísima: post crisis financiera de 2008, se trataba de una oportunidad para abrirnos a nuevas alianzas, diversificar nuestros socios comerciales y tecnológicos, acceder a canales de financiamiento más flexibles y reforzar nuestra autonomía en un escenario internacional cada vez más fragmentado e impredecible.

Fueron los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner durante sus dos mandatos, y luego el de Alberto Fernández, los que trabajaron junto a China y Brasil principalmente para que nuestro país pudiera convertirse en un miembro de este nuevo actor geopolítico. Finalmente, a fines del 2023, el bloque liderado por nuestro amigo y aliado Luiz Inácio Lula da Silva anunció la invitación a la Argentina a formar parte de este selecto club del sur global. Obrigados, presidente Lula! Pero la ilusión duró poco.

El harakiri de Argentina 

A los pocos días de llegar a la presidencia en diciembre de 2023, y antes de que Argentina pudiera siquiera formalizar su incorporación, el gobierno de Milei decide abandonar el ingreso a los BRICS. El mundo celebró la victoria de Argentina en el mundial, pero se quedó boquiabierto con el mayor gol en contra que la historia va a recordar. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, calificó de bochornosa la decisión de no adherir al bloque, “fruto de anteojeras ideológicas que van claramente en contra de los intereses nacionales y limitan el desarrollo de nuestro país”. Una clara inmolación.

Axel Kicillof, Pablo López y Cecilia Nicolini, en una reunión de gestión.

Las razones representan lo que se convertirá en la política exterior mileísta: un alineamiento automático proestaunidense y proisraelí, desconfianza hacia los bloques multilaterales y a todo el sistema de Naciones Unidas. Pasarle la motosierra a todo lo que es sospechoso de ser woke. Solo interesan los acuerdos bilaterales, como el acuerdo de libre comercio que promueve con Estados Unidos en detrimento del Mercosur, aun cuando representan una amenaza para nuestra economía.  Aislamiento estúpido sin reciprocidad alguna.

Estas nuevas relaciones carnales con Estados Unidos, (¿les suena?) adquiere una dimensión particular dada la reformulación del rol global norteamericano bajo la influencia del trumpismo. Donde antes se recompensaba a los países dentro de su esfera de influencia con inversión extranjera directa y acceso al financiamiento, la lógica de “América Primero” ha dado paso a una política exterior más hostil. Trump eligió retribuir a sus aliados con sanciones comerciales, presiones diplomáticas y amenazas de anexión de países enteros. Pobre Javo, un amor no correspondido.

¿Qué nos perdimos? 

En primer lugar, nos perdimos un mercado gigantesco que, a diferencia de los mercados más maduros y envejecidos, cuenta con una población en expansión y un peso creciente en la economía global, tanto por su escala demográfica como por su dinamismo económico. Y con mayores facilidades, explorando la posibilidad de comerciar en monedas locales, aliviando la necesidad de dólares y potenciando las exportaciones. Los países del bloque representan cerca del 30% de las exportaciones y más del 40% de las importaciones argentinas. Brasil, China y, en menor medida, India son socios comerciales claves para el país.

Perdimos también financiar con el Nuevo Banco de Desarrollo proyectos de infraestructura, transición energética, innovación y cadenas de valor productivas sin condicionalidades macroeconómicas recesivas. En este contexto de ajuste, restricciones externas y una relación cada vez más tirante con el FMI, el NBD podría haber actuado no solo como socio financiero clave sino también como contrapeso político ante las condicionalidades asfixiantes de los organismos internacionales de crédito tradicionales.

Le esquivamos además a la posibilidad de participar en un espacio que tiene cada vez más gravitación política, ante el debilitamiento progresivo del G20 frente a un G7 que monopoliza cada vez más las decisiones relativas a la energía, las finanzas, el comercio o la economía global. Fortalecer una integración global con identidad latinoamericana, construyendo puentes desde el Sur Global. Para potencias emergentes como China, India y Brasil, nuestro país representaba un socio estratégico no solo en la consolidación de un gran mercado global de granos, gas y petróleo -con Vaca Muerta como activo central-, sino también por su potencial para integrarse a cadenas de valor clave para el suministro de estos bienes, así como en sectores como el farmacéutico, las energías renovables, el transporte ferroviario y la tecnología satelital.

¿Hay más? Si, y quizás para mí de los que más prometen: la transición ecológica. Allí, la Argentina podría tener un rol fundamental en materia de producción sostenible de alimentos, desarrollo de nuevas fuentes de energía y capacidades tecnológicas. Brasil sólo con su Banco de Desarrollo (BNDES) a través del Fondo Clima y del Fondo Amazonía está liderando el financiamiento de proyectos verdes en la región con miles de millones de dólares. Y China se ha convertido en el mayor productor de vehículos eléctricos, en almacenamiento de energía y producción de baterías, en adopción de energías renovables, en inversión en infraestructura verde y desarrollando una fuerte diplomacia verde a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta. Adiós financiamiento climático.

La pertenencia al bloque habría permitido una verdadera incidencia internacional del país, utilizando esta plataforma como un canal colectivo para sumar el respaldo de potencias emergentes a nuestros reclamos históricos. La soberanía sobre las Islas Malvinas, la ilegitimidad de la deuda soberana asumida con el FMI o la posición del país en los juicios en países extranjeros que amenazan nuestra independencia económica son algunos ejemplos. El verdadero Argentina vuelve al mundo.

¿Y las provincias? 

“Es un error histórico no haber incorporado a la Argentina a los BRICS… vamos a unirnos apenas podamos”, remarcaba el gobernador Kicillof. Al igual que PBA, muchas provincias siguen apostando por una agenda de desarrollo nacional que sea autónoma, inclusiva y sostenible, dándole prioridad al desarrollo de capacidades nacionales, la lucha contra el cambio climático y la distribución del ingreso.

Milei no solo ha cortado el financiamiento nacional paralizando obras de infraestructura, desfinanciando programas ambientales o vaciando de las políticas públicas sino también el acceso a financiamiento internacional, generando un doble perjuicio para el país. Acá también volvemos a perder la posibilidad de acceder a créditos y fondos para obras de infraestructura y desarrollo de las provincias argentinas.

Construcción de una escuela paralizada por el Gobierno Nacional en la Provincia de Buenos Aires.

Pero los Bancos Multilaterales de Desarrollo se hacen eco y comienzan a anunciar la creación de mecanismos nuevos para financiar a gobiernos subnacionales sin exigir garantías soberanas, desafiando, por ahora tímidamente, la negativa del gobierno nacional a financiar obras públicas y políticas de desarrollo a largo plazo. El protagonismo de China, Brasil e incluso los Bancos Multilaterales más tradicionales para financiar a los gobiernos subnacionales (como el reciente anuncio del BID de disponer de mil millones de USD para los gobiernos subnacionales) empieza a tomar vuelo y promete convertirse en palancas para la disputa por el desarrollo regional.

La necesidad de una estrategia regional común 

Pero, ¿es posible cooperar en América Latina en una estrategia común ante este desafío global? Es muy complejo, pero se puede y es urgente. Frente a las amenazas a la democracia, la quiebra del multilateralismo y la dominación de las potencias globales, América Latina necesita seguir apostando a construir una estrategia política, económica y comercial colectiva. La articulación de una voz propia nos permitirá construir autonomía para evitar quedar subordinada a los bloques económicos hegemónicos y poder ponerle freno de manera coordinada al avance de las derechas extremas autoritarias que buscan erosionar el multilateralismo.

Nos permitirá también, seguir apostando por un desarrollo sostenible e inclusivo, anclado en el desarrollo de capacidades nacionales e integrando agendas de industrialización tecnológica, transición ecológica y soberanía energética. Y fundamentalmente, articular el futuro y repensando lo que significa el buen vivir.

Somos una región de paz en un mundo atravesado por conflictos armados y tensiones geopolíticas crecientes; somos acreedores ambientales en una era de emergencia climática; contamos con los recursos naturales estratégicos sobre los cuales se construirán las industrias del futuro; y somos una potencia en seguridad alimentaria, en un planeta que vuelve a poner en primer plano a las crisis por hambrunas. El verdadero reto es hacer valer estos activos en beneficio propio, con una voz regional articulada que nos permita incidir en la redefinición del orden global desde una posición de cooperación y soberanía.

La Argentina tiene derecho al futuro 

Más pronto que tarde, el conjunto de la sociedad argentina dimensionará la oportunidad histórica que perdimos (en realidad que nos hicieron perder), el daño económico y el abismo político al que nos arroja la política exterior libertaria. El desmarque explícito a espacios de integración como el Mercosur, la CELAC o la Unasur abonan un unilateralismo y una desinstitucionalización que implican pérdida de autonomía y soberanía estratégica, aislamiento regional, pérdida de oportunidades comerciales y una profunda afectación a nuestra reputación internacional.

Apostar por una mayor articulación con los BRICS o con potencias como China no implica sustituir una dependencia por otra, sino que debe enmarcarse en una estrategia nacional en clave multipolar. La clave para una inserción internacional inteligente está en recuperar una lógica de autonomía estratégica, basada en la diversificación de alianzas y en la defensa de los intereses nacionales con una mirada propia. Debemos volver a aprovechar todas las puertas que se abran, pero sin delegar nuestro rumbo en actores externos

Cuando hablamos del futuro de la Argentina, no lo hacemos desde la resignación ni desde la nostalgia, sino desde la convicción profunda de que nuestro país tiene todo para ser protagonista de una etapa histórica que ya está en marcha: la construcción de un nuevo orden mundial más justo, multipolar y basado en la cooperación entre los pueblos.

En un mundo en plena transición global y disputa tecnológica, Milei le puso un yunque de cemento a las posibilidades de relacionarnos de forma inteligente, soberana y autónoma.  Pero el pueblo se lo demandará. Y desde este espacio no solo se lo seguiremos exigiendo, sino que construiremos molinos para que el viento nos empuje hacia un futuro con desarrollo lleno de oportunidades para todos los argentinos y las argentinas.

La inteligencia artificial ¿y el fin del trabajo?

De todos los fantasmas que agitan la irrupción en nuestras vidas de la inteligencia artificial, el que mayores pesadillas despierta es el que plantea una amenaza concreta al trabajo humano.

Y no es para menos. Desde la revolución industrial en adelante, nuestras vidas se estructuran alrededor de la actividad laboral. Puede decirse que la cultura del trabajo es una creación humana bastante reciente. Doscientos años es relativamente poco en términos de nuestra evolución.

Antes, el trabajo era otra cosa: explotación de los esclavos y vasallaje feudal en la ruralidad. Pero desde que las máquinas empezaron a pautar la vida laboral en fábricas primero y en oficinas después, cambiaron los hábitos. Las rutinas se ordenaron alrededor de los turnos y horarios de las empresas. Las relaciones familiares, la alimentación y el ocio se organizaron en función del trabajo.

Fábrica Ford, Provincia de Buenos Aires, Argentina. 1950.

En la cuarta revolución industrial que estamos atravesando, la noción de trabajo vuelve a entrar en discusión. En el corto y mediano plazo, la inteligencia artificial y su propuesta de automatización ponen en riesgo una enorme cantidad de empleos. Curiosamente, cuando décadas atrás se planteaba esta amenaza, el consenso de los especialistas apuntaba a la pérdida de trabajos que pusieran en juego habilidades mecánicas y no aquellos que involucraran tareas intelectuales. Hoy queda claro que, frente a esta ola imparable, tiene muchas más posibilidades de mantenerse en su actividad un electricista que un programador.

La evolución tecnológica viene desafiando, por ejemplo, el futuro de muchos oficios creativos que apenas un puñado de años atrás se creían eternos. Guionistas, locutores, editores, escenógrafos, realizadores, músicos, periodistas y animadores, entre otros, ven como sus horizontes laborales se achican cuanto más avanzan los sistemas de automatización digital. El panorama es preocupante desde dos perspectivas: la de los empleos que se pierden y la de una creatividad que poco tiene de creativa, porque se basa en la repetición de patrones; que es lo que básicamente hacen las máquinas.

El horizonte es inquietante. Las previsiones de quienes se atreven a mirar hacia el futuro auguran que se perderá alrededor del 30 por ciento de los empleos actuales. La propuesta de una renta básica universal para contener a los caídos del sistema no consigue despejar la incertidumbre.

La pregunta es cuán solos estamos en este panorama inquietante. O, mejor dicho, si más allá de las reflexiones filosóficas y los mensajes de alerta, los líderes políticos y sindicales están pensando en cómo mitigar las consecuencias de ese futuro que nos angustia.

No hay una respuesta única. Las diferentes posiciones ideológicas de los gobiernos y sus distintas sensibilidades frente a los problemas de los trabajadores hacen que no haya una sola manera de enfrentar el asunto.

Hay líderes que comprenden lo que está en juego y buscan soluciones. Hay otros que prefieren no actuar y dejar que los tecnomagnates sigan decidiendo el futuro a espaldas del resto de la humanidad. Y hay otros dirigentes que se tapan los ojos porque perciben que el tema les queda demasiado lejos y se entregan.

Pero enfoquémonos en el primer grupo, en los que se comprometen con la búsqueda de alternativas al colapso del empleo. ¿Cuáles son los caminos que imaginan?

Hay un concepto que se menciona en casi todas las recetas: reconversión. Queda claro que con la automatización digital muchos trabajos van a desaparecer y que va a ser necesario que los gobiernos, las empresas y los sindicatos inviertan tiempo y dinero en capacitar a los trabajadores para los empleos que el nuevo paradigma tecnológico (se supone que) va a ofrecer.

Se trata de un desafío monumental porque no estamos hablando de un grupo reducido de personas, en una actividad específica y en un territorio determinado. Estamos hablando de mucha gente, con diferentes habilidades y en lugares que tienen realidades socioculturales diversas.

A diferencia de otros cambios que enfrentó la humanidad a lo largo de la historia, las transformaciones que vienen se darán a gran velocidad. No se habla de décadas de adaptación, se habla de apenas cinco años para que el mundo laboral se vuelva irreconocible.

Fábrica Ford, Provincia de Buenos Aires, Argentina. 2025.

Esa circunstancia hace que la tarea de capacitar en nuevas habilidades a una parte significativa de la fuerza laboral sea urgente, con todos los riesgos que la palabra urgente trae: errores, discriminación, injusticias, etc.

En un mundo donde las fronteras se desdibujan resulta razonable que frente a problemas globales surjan respuestas coordinadas. Para eso se supone que está, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo. La OIT desarrolló una metodología para estimar los efectos de la inteligencia artificial generativa en las ocupaciones existentes y publicó informes sobre el impacto potencial de la automatización en diferentes regiones y sectores. Además, creó un observatorio dedicado a la economía digital que produce conocimiento muy valioso.

Esa mirada experta y global ilumina algunos escenarios interesantes, como la certeza de que la automatización tendrá un impacto desigual en diferentes regiones y sectores, dependiendo del nivel de digitalización y la capacidad de adaptación de cada región. O que la inteligencia artificial generativa tiene más potencial para transformar tareas que para eliminar empleos enteros.

Los desafíos para los actuales y futuros líderes son enormes. El mundo para el que se prepararon está dejando de existir. El cambio que tienen que enfrentar no es sólo tecnológico. En el paquete vienen cambios políticos, económicos, sociales, culturales y hasta cognitivos. Ellos también tendrán que capacitarse para reconvertir su manera de liderar. Deberán entender las reglas de ese nuevo mundo y aprender de qué se trata gobernar en la nueva fase del capitalismo, que ya no tiene rostro humano sino alma digital.

La fiebre del hacer: Domingo Mercante

Historia y acciones del primer gobernador peronista que tuvo la provincia de Buenos Aires. Las obras que aún perduran y las que entraron en riesgo con los ajustes del gobierno de Milei.

Más de 1600 escuelas, barrios de chalets para familias trabajadoras, jardines de infantes, plantas de tratamiento de agua, pavimentación y caminos, hospitales y maternidades, escuelas de policías, aeródromos, la estatización del Banco Provincia. La República de los Niños, el Parque Pereyra Iraola, el Complejo Turístico de Chapadmalal. 

En seis años y veinte días, la provincia de Buenos Aires fue otra con el shock de obras públicas que puso en marcha la gobernación de Domingo Alfredo Mercante. Fue una fiebre del hacer que transformó el territorio bonaerense entre el 16 de mayo de 1946 y el 4 de junio de 1952, bajo el marco de la primera presidencia de Juan Domingo Perón.

Eva Perón reconoció el rol de Mercante en los albores del peronismo hasta denominarlo “el corazón de Perón” y lo destacó como “el realizador de la doctrina”, porque su gobierno “fue el más patriótico y el más progresista de la provincia”. De acuerdo al escritor y ensayista Teodoro Boot (seudónimo del militante popular Raúl Blanco), podría sintetizarse la gobernación de Mercante como “una gestión de gran eficiencia, particularmente centrada en la reforma agraria –distribuyendo 130 mil hectáreas expropiadas a grandes terratenientes–, el desarrollo industrial, el crédito generoso, la creación de obra pública, la construcción de un gran cantidad de escuelas y hospitales, las viviendas obreras y el desarrollo del turismo social”. 

 

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Mercante nació el 11 de junio de 1898 en el barrio porteño de Flores. Era nieto de una pareja de agricultores de origen italiano, que trabajaba de sol a sol en los campos de Monte del Tordillo, en el partido de Dolores. Su padre, José Domingo, comenzó como arriero, pero luego pasó a trabajar como limpiamáquinas en el Ferrocarril Oeste. De ahí pasó a ser fogonero y, luego, logró el ascenso a maquinista. En uno de los viajes a Marcos Paz, se enamoró de una joven cercana a la familia, Flora Cardone. Ya casados, decidieron afincarse cerca del trabajo de José, en la “línea del Oeste”. 

El padre quería que su hijo siguiera sus pasos en el ferrocarril. Su madre deseaba que se inscribiera en el Colegio Normal de Profesores. Domingo no estaba convencido de ninguna de las dos opciones. Se preparó durante todo el verano de 1915 e ingresó al Colegio Militar, en San Martín. Becado por su desempeño estudiantil, egresó cuatro años más tarde con el rango de subteniente. Su primer destino fue el Regimiento de Artillería en la ciudad de Córdoba, donde aprovechó para hacer estudios de Ingeniería en la universidad nacional, hasta que fue trasladado a Goya. En esa localidad correntina fue ascendido a teniente. 

En 1924 se dieron dos episodios fundamentales en su vida. En un curso de armamento en la Escuela de Suboficiales conoció a otro joven que brillaba en la carrera militar: Juan Domingo Perón. Ninguno de los dos sabía -tal vez alguno de ellos lo intuyó- que sus vidas se iban a volver a cruzar casi dos décadas más tarde. También ese año, Mercante tuvo un nuevo destino: la Artillería Escuela de Campo de Mayo, donde permaneció 16 años y tuvo altas calificaciones hasta llegar al rango de mayor. 

En 1940 fue trasladado al Arsenal de Guerra de la Capital Federal. Ni bien llegado a su nuevo destino, realizó una evaluación detallada del funcionamiento del polvorín y descubrió que por cada chaveta de granada se pagaba el triple del precio estipulado. Le planteó el problema al general Rocco, que estaba a cargo del arsenal. 

-Dígame mayor, ¿usted es o se hace? -fue el único comentario de Rocco.

-Discúlpeme, mi general, yo realmente soy -fue la única respuesta de Mercante.

 

Como castigo por la impertinencia, fue enviado a la Inspección General de Tropas de Montaña de Covunco Centro, en el Departamento de Zapala, provincia de Neuquén. Allí conoció al jefe del lugar: el general Edelmiro J. Farrell, con quien trabó una relación profesional. Cuando Farrell fue trasladado a la sede central de la Dirección General de la Inspección de Tropas de Montaña en el barrio porteño de Palermo, levantó el destierro de su subordinado y lo llevó con él a su nueva misión. Allí Mercante volvió a cruzarse con Perón y conoció de primera mano el plan que ideaba el futuro presidente de la Nación: la creación del Grupo de Oficiales Unidos (el GOU). Interesado por la propuesta, le manifestó a Perón el deseo de sumarse a la iniciativa. 

 

-Bueno Mercante, entonces usted es el primer enrolado y queda a cargo de la misión.

 

Contactó a los oficiales de todas las guarniciones porteñas. El 10 de marzo de 1943 fundaron el GOU en un hotel frente a la Plaza de Mayo. El teniente coronel Mercante tenía el número 1 de los miembros fundadores; el coronel Perón decidió tomar el último puesto: el 19. 

 

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Desde el Departamento Nacional del Trabajo, Perón y Mercante comenzaron a cambiar los destinos de la Argentina. Liberaron y repusieron a dirigentes sindicales que habían sido destituidos, levantaron huelgas, congelaron los alquileres urbanos y los arrendamientos rurales, aprobaron el Estatuto del Peón de Campo, el aguinaldo, el régimen de jubilaciones para los empleados de comercio, los convenios colectivos, las indemnizaciones por despido, el Estatuto del Periodista, crearon escuelas técnicas y policlínicos. El rol de Mercante era clave para la articulación con los delegados de distintas extracciones ideológicas, sin importar si provenían del anarquismo, el socialismo, el comunismo o el sindicalismo revolucionario.

 

Perón y Mercante recorriendo la Provincia de Buenos Aires.

En enero de 1944, un terremoto destruyó San Juan y provocó más de 10 mil muertes. Una ola de solidaridad se despertó en todo el país y el Gobierno nacional dispuso todos sus recursos para atender la emergencia. Los sindicatos también se plegaron con una colecta masiva que culminó con un acto en el Luna Park para hacer entrega de todo lo recaudado. Mercante decidió sentar a Perón junto a Eva Perón, joven y ascendente integrante del Sindicato de Actores de Radio.

Desde la Secretaría de Trabajo, la dupla seguía desplegando una batería de medidas para mejorar la situación de los trabajadores: aumentos de salarios, planes de construcción de viviendas, creación de cajas de jubilaciones. El ascenso de Perón en el escenario nacional despertó recelos en sectores dirigenciales y empresariales, que exigieron su renuncia. Confinado en la Isla Martín García, desde los sindicatos se movilizaron para lograr la restitución del líder. Mercante desempeñó otra vez un rol clave de articulación, recorriendo sindicatos, pueblos y barriadas en defensa de Perón. Las acciones desembocaron en la masiva manifestación del 17 de octubre. Las multitudes cantaban: “Con Perón y Mercante la Argentina va adelante”. El presidente Farrell anunció la formación del nuevo gabinete, con Mercante como titular de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Pero él no estaba en el balcón: se había desmayado tras ocho días frenéticos.

Antes de ese momento histórico, desde la Isla Martín García, Perón le había escrito el 13 de octubre una carta a Mercante, donde le pedía que cuidara la salud de Eva y anunciaba que ni bien le dieran el retiro “me caso y me voy al diablo”. Así sucedió el 22 de octubre, en el Registro Civil de Junín, con el teniente coronel don Alfredo Mercante como testigo.

 

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El 24 de febrero de 1946, la fórmula Perón-Quijano ganó las elecciones presidenciales. Con Juan Bautista Machado como vice, Mercante fue electo gobernador con el 54% de los votos. El triunfo, sin embargo, no le alcanzaba para tener la mayoría en las cámaras legislativas. La Unión Cívica Radical sumaba 21 senadores provinciales contra 18 del peronismo; y 35 diputados contra 33. La capacidad de consenso que había mostrado tanto en la conformación del GOU como en las movilizaciones de octubre se transformaron en herramientas cruciales para llevar adelante su mandato provincial.

Con la presencia de Perón y Evita, Mercante asumió el cargo el 16 de mayo de 1946. Ante la multitud congregada en la Plaza San Martín de La Plata, Mercante prometió consagrar al servicio de sus funciones “toda la energía de mi espíritu y el esfuerzo de mi voluntad tesonera e inquebrantable”. Esas palabras se transformaron en hechos con el Plan Trienal de ejecución de obras públicas.

 

Mercante supervisando la construcción de una escuela en la Provincia de Buenos Aires.

 

Su grupo de trabajo reunió a dirigentes de distintas procedencias políticas y sindicales, que incluía referentes radicales de FORJA, como Arturo Jauretche, quien ocupó la presidencia del Banco Provincia y desde allí llevó adelante un política crediticia para proyectos de industrialización; Miguel López Francés, ministro de Hacienda; y Julio César Avanza, titular de la cartera de Educación. Otros colaboradores llegaron desde el nacionalismo católico como Arturo Sampay, que fue fiscal del Estado y luego tuvo un rol destacado junto a Mercante en la reforma constitucional de 1949; y Emilio Mignone, que fue subsecretario de Educación y décadas más tarde fue clave en la lucha por los derechos humanos en la Argentina.

 

Según el historiador Claudio Panella, la gestión de Mercante “puede ser conceptuada como progresista y eficiente, rica en realizaciones materiales y ejecutada por colaboradores capaces y emprendedores. Dicha obra fue uno de los pilares fundamentales en los que se asentó el prestigio de Mercante, tanto dentro como fuera del peronismo”. 

 

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La cantidad y diversidad de acciones de la gobernación de Mercante no necesita adjetivos adicionales.

Educación: Implementó un plan integral de edificaciones escolares para poner fin al déficit que tenía la provincia. El resultado: se construyeron 1609 escuelas, a un promedio de 268 por año, y se refaccionaron y ampliaron otras miles. El objetivo fue también transformar a las escuelas en centros comunitarios, con gimnasios, teatros y salas de eventos. Se organizó el sistema de educación preescolar, se crearon jardines maternales y centros de formación de maestras jardineras. En el nivel medio, se impulsó la educación técnica. Se inauguró el Instituto Tecnológico del Sur en Bahía Blanca (la actual Universidad Nacional del Sur). Se aprobó el Estatuto del Magisterio, que fue el primer cuerpo legal que tuvo la Argentina para proteger los derechos de los docentes. 

Obras Públicas: Desarrolló un plan de mejoramiento de la conectividad de toda la provincia. El ferrocarril fue un eje central, apuntando a la reactivación de trece ramales y la realización del ramal del Ferrocarril Provincial de Olavarría a Loma Negra, que permitía trasladar 1.000 toneladas diarias de cemento portland hacia el Gran Buenos Aires y estaciones intermedias. También se construyeron 59 aeródromos. Se creó el Viaducto Sarandí y se abrieron y pavimentaron caminos como La Plata-Punta Lara, General Rodríguez-Pilar, Chascomús-Magdalena, Coronel Suárez-Las Colonias, Ayacucho-Las Armas-General Madariaga, Villa Elisa-Punta Lara, San Andrés de Giles-San Antonio de Areco, Saladillo-25 de Mayo, Olavarría-Hinojo, Juárez-Tandil, Capilla del Señor-Ruta 8 y el primer Camino Isleño. Se construyó la planta de tratamiento de agua para La Plata, Berisso y Ensenada. Se ejecutaron obras cloacales y de saneamiento. Se construyó el Canal de Riego Unificador en General Villarino. En materia energética, se creó el sistema interconectado de energía en Mercedes, Alberti, Suipacha, Bragado y Chivilcoy; la usina eléctrica de Bahía Blanca; y se consolidaron las cooperativas eléctricas. Se construyó la Casa de la Provincia en la avenida Callao de la Ciudad de Buenos Aires, para facilitar el pago de impuestos y tasas provinciales.

Salud Pública: Se incrementó el presupuesto de salud pública en un 700% y se logró pasar de 5.000 a 20.000 camas en los hospitales de la provincia. Se creó el Pabellón Central del Hospital General San Martín de La Plata, el Sanatorio Marítimo de Necochea, entre otras clínicas y casas cunas. También se levantaron 42 obras para luchar contra la tuberculosis, el Instituto de Tisiología José Hernández y el Instituto Biológico Tomás Perón.

Vivienda: Se construyeron 146 barrios obreros y se implementaron planes de acceso al crédito para que las familias de trabajadores pudieran tener su vivienda de acuerdo a sus ingresos. Muchas de esas casas, de paredes blancas o muros de ladrillos a la vista y cubierta de tejas, eran reconocidas como los “chalets Mercante”.

Justicia y Seguridad: Se crearon los tribunales del trabajo para proteger los derechos de los trabajadores. Y se crearon academias para las fuerzas de seguridad: la Escuela Juan Vucetich, la Escuela Superior de Policía y la Escuela de Enfermeros Paracaidistas.

Cultura, turismo y ambiente: Se expropiaron más de 10.000 hectáreas para crear el “Parque de los Derechos de la Ancianidad”, hoy más conocido como Parque Pereyra Iraola, la zona de mayor biodiversidad de toda la provincia. También se promovió el turismo social con la expropiación de 24 chalets en la Playa de los Ingleses de Mar del Plata; se instalaron clubes y campamentos turísticos; se elaboraron planes de bodas y de turismo familiar. El eslogan era claro: “Usted paga el pasaje, la Provincia el hospedaje”. Dos legados fueron el Complejo Turístico de Chapadmalal y del Hotel Provincial de Mar del Plata. En 1948 se realizó el primer Festival de Cine Argentino en Mar del Plata, que sentó las bases del Festival de Cine Internacional que se realizó en esa ciudad en 1954.

Una de las obras más importantes fue la República de los Niños en Gonnet. Era algo más que un centro de recreación: buscaba ser una “polis” en miniatura, en la que niñas y niños aprendieran a ejercer sus derechos democráticos. Se erigió una Casa de Gobierno, ministerios y una Legislatura con bancas acomodadas al tamaño de los legisladores infantes. “El gobernador tenía la preocupación constante de la situación de los niños en la sociedad. No se trataba sólo de defender sus derechos y ampliar los servicios para la infancia, sino que sostenía que la sociedad debía tenerlos en cuenta para no perder a ninguno de ellos, aprender a escucharlos y a entenderlos. Quería que se empezara a hacerlos partícipes de las inquietudes y necesidades de la comunidad”, explica su hijo Domingo Alfredo Mercante en el libro Mercante, el corazón de Perón, que publicó Ediciones de La Flor en 1995.

Líder del Partido Intransigente y gobernador bonaerense entre 1958 y 1962, Oscar Alende reconoció la gestión de su par peronista: “El juicio político que se comparte en todos los ambientes sobre la administración del gobernador Mercante es favorable sobre su carácter progresista y realizador. Fijó una orientación popular transformadora y le enseñó al país un camino trascendente”.

 

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La capacidad de gestión y la muñeca política llevaron a Mercante a ser designado presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de 1949. Junto a Sampay lideraron la reforma que incorporó derechos laborales y sociales, la igualdad jurídica del hombre y la mujer, derechos de la niñez y las personas mayores, la autonomía universitaria, entre otros avances. El gobernador se negó a habilitar su reelección, pero sí se postuló en 1950 a prorrogar su mandato por dos años para emparejar el periodo presidencial con el provincial. Logró la victoria con más del 57% y extendió su mandato hasta 1952.

Por esos años comenzó cierto distanciamiento con Perón. “Hombres como Mercante, Jauretche, Carrillo y Scalabrini Ortiz se alejaron sin irse del todo, porque sabían muy bien que los otros, los que tomarían el poder tras la caída de Perón, venían a atrasar los relojes. Estas ausencias debieron haber encendido una alarma que lamentablemente no se activó”, escribió Felipe Pigna en el libro Qué queda de los cuatro peronismos. Sin embargo, siempre se mantuvo leal a su compañero de luchas. Con el golpe de Estado de 1955 y el arribo de la Revolución Libertadora, debió exiliarse en Montevideo. Allí recibió un nuevo encargo de Perón: avanzar en un acuerdo con Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio de cara a las presidenciales de 1958.

Una de las últimas apariciones públicas de Mercante fue en julio de 1974 para asistir al funeral de Perón en el Congreso de la Nación. Poco tiempo más tarde, el 21 de febrero de 1976, murió a los 77 años. 

Hoy desde la Presidencia se pregona la demolición del propio Estado. Las políticas públicas se transforman en cheques en blanco para los sectores más concentrados. Se decide el final del Complejo Turístico de Chapadmalal por considerarlo “innecesario”, desconociendo los millones de pibes y pibas que ahí conocieron por primera vez el mar o disfrutaron de sus primeras vacaciones o aprendieron la historia y la memoria de este país. Hoy, entonces, estudiar la gestión de Mercante, el primer gobernador peronista, se vuelve no sólo necesario sino también imprescindible para mantener vivo su legado, su “angustiosa fiebre del hacer”.

Banco de (y para) la Provincia

MDF — El Banco Provincia tiene una historia muy ligada al desarrollo económico y social de la provincia de Buenos Aires y del país. ¿Qué nos podés contar sobre su origen y su rol a lo largo del tiempo? ¿En qué momentos clave creés que fue especialmente importante su presencia como banca pública?

Juan Cuattromo — Banco Provincia nació en 1822 como una iniciativa profundamente ligada al desarrollo de la economía nacional. Además, fue la primera entidad bancaria del país creada con un espíritu productivo y con una razón de ser muy clara: acompañar a los sectores que generan trabajo, producción y valor agregado. A lo largo de su historia, el banco fue un actor clave en momentos muy complejos para la Argentina, como en los últimos años, donde volvió a desempeñar un rol protagónico como banca pública. Entendemos que nuestra aproximación a la gestión del banco tiene “inspiración jauretcheana”. Así lo definió Axel. El Banco Provincia supera 200 años de historia, es el más antiguo en funcionamiento de hispanoamérica, pero no siempre fue un banco público. Recién en 1946, con Mercante como Gobernador y Perón como Presidente se toma la decisión de provincializar la entidad. Allí asumió Arturo Jauretche, poniendo en claro que la gestión de las finanzas desde el Estado tiene como rol y sentido ser soporte de las actividades productivas en el marco de una planificación del desarrollo impulsada desde el Estado.

Casa Matriz del Banco Provincia en La Plata, construida entre 1883 y 1886

En los ‘80, Aldo Ferrer también fue presidente de la entidad.  Lo que distingue al Banco en estas etapas, es que no persigue una lógica de rentabilidad financiera, sino de utilidad pública, ya que su único dueño es el pueblo bonaerense. Por ejemplo, en momentos de elevada rentabilidad de todo el sistema financiero (2022-2023), nosotros optamos por operar con niveles más bajos de ganancia en virtud de realizar una fuerte inversión de beneficios con Cuenta DNI. Esto ayudó a las familias, a los comercios y a la economía bonaerense. Esto lo podrían haber hecho entidades privadas, pero su objetivo es maximizar la ganancia. No es nuestro caso, sin que esto implique una administración poco responsable del patrimonio público. Hoy el banco luce la mayor solvencia financiera de su historia, pero siempre cumpliendo su rol de banca pública. Todo esto se traduce en una banca cercana, con presencia en cada rincón de la provincia, que entiende las necesidades de las familias y de las pymes. Atendemos a más de 10 millones de clientes (más que duplicamos la cantidad de clientes en relación a 2019), tenemos presencia en los 135 municipios y nuestra red de cajeros es la más grande de toda la provincia. Son ejemplos donde la innovación tecnológica se conjuga con la cercanía y el territorio.

MDF — Cuando asumieron la gestión en 2019, ¿con qué Banco Provincia se encontraron? ¿Cuál era la herencia que dejaban los gobiernos anteriores, y qué impronta y propósitos buscaron darle al BAPRO desde el gobierno de Axel Kicillof?

Juan Cuattromo — Cuando nos tocó asumir la conducción de Banco Provincia nos encontramos con un banco desfinanciado, que había sido puesto al servicio de la especulación financiera, con tasas usurarias para las pymes, sin una política clara de inclusión ni de desarrollo territorial. Habían abandonado su rol histórico de banca pública. Doy un ejemplo: en diciembre de 2015, el banco representaba el 12,0% de todo el crédito a la producción. Para fines de 2019, había caído al 7,8%. Desde el primer día de nuestra gestión, junto al gobernador nos propusimos recuperar el verdadero sentido del Banco, que es ser un instrumento al servicio del pueblo bonaerense. Tres ejes guiaron la gestión: desarrollo productivo, innovación y cercanía. Eso implicó reconstruir su capacidad operativa, volver a financiar al sector productivo, implementar políticas activas para las familias y hacerlo siempre con una mirada innovadora y de cercanía.

Todo esto fue posible gracias al trabajo articulado con el resto del gabinete provincial. Como decía antes, nos inspiramos en las mejores tradiciones de la banca pública bonaerense en su historia, pero también trabajamos de forma articulada con bancas de desarrollo de toda América Latina, a través de nuestra participación en la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo (ALIDE), organización que nos toca presidir desde este año. Allí colaboramos activamente con el BNDES de Brasil, NAFIN/Bancomext de México o Finagro de Colombia. En nuestro país, también buscamos articular una visión federal para el sistema financiero mediante la Asociación de Bancos Públicos y Privados de Argentina (ABAPPRA), organización que también nos toca presidir desde este año. De este modo, conjugar nuestra historia más potente, con una visión regional y federal es lo que nos pide Axel para pensar una banca de desarrollo en un momento tan complejo de nuestro país y del mundo.

MDF — ¿Cuáles son las principales políticas, acciones y herramientas que lograron poner en marcha en estos años? ¿Qué balance hacés de programas como Cuenta DNI, que tuvo una gran visibilidad?

Juan Cuattromo — Uno de los grandes hitos de esta gestión fue sin duda la creación de Cuenta DNI, la billetera digital gratuita de Banco Provincia que relanzamos y potenciamos al inicio de nuestra primera gestión y que hoy la usan más de 10 millones de personas en todo el territorio bonaerense y más de 150.000 comerciantes. Fue una política pensada para ampliar derechos, democratizar el acceso a servicios financieros y fomentar el consumo en los comercios de barrio. A través de los descuentos mensuales que implementamos, las familias bonaerenses ahorraron miles de millones de pesos y los pequeños negocios vieron crecer sus ventas exponencialmente.

Juan Cuattromo — Hoy en día la app incorporó créditos personales, lo que demuestra el enorme potencial que tiene la banca pública para democratizar el acceso al financiamiento. Pero, además, la billetera digital de la banca pública bonaerense fue el símbolo, durante todos estos años, de una fuerte inversión en digitalización y modernización de la banca pública. Recibimos varios reconocimientos internacionales, el más significativo fue haber reconocido a la Cuenta DNI como la mejor respuesta a nivel global de una institución financiera ante la pandemia. Como decía antes, aquí la idea fue redefinir todo el ecosistema digital del banco (Banca Digital, web y móvil, Cuenta DNI, Cuenta DNI Comercios, Provincia Compras, ProCampo Digital, BIPI 3.0 para el sector público), sin perder de vista la cercanía y la inclusión. Nuestro programa Incluir realiza actividades de capacitación financiera.

En 2025, lanzamos la nueva edición de Rico.En.Data donde esperamos llevar nuestro curso de educación financiera a todos los pibes y pibas de 4to año de la PBA y recorrimos la provincia con nuestra muestra itinerante Incluir en Movimiento. Promovemos activamente la cultura con los Premios Banco Provincia (literatura, pintura, fotografía) y lideramos las nuevas agendas de nuestra sociedad. Fuimos el primer banco del país en crear una Comisión de Mujeres, Género y Diversidad, creamos un protocolo contra las violencias, creamos también nuestra Comisión de Sostenibilidad y aplicamos modelos de evaluación del riesgo que incorporan dimensiones sociales y ambientales.

MDF — El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires suele plantearse como un escudo y una red frente al ajuste nacional. En este marco de ajuste al consumo y ataque al tejido productivo que lleva adelante el Gobierno de Javier Milei, ¿De qué manera el BAPRO actúa como red y sostiene hoy un rol de protección, inclusión y desarrollo?

Juan Cuattromo — Banco Provincia es una parte fundamental de una red de contención que impulsa nuestro gobernador frente al brutal ajuste que están sufriendo los argentinos y las argentinas. Mientras desde el gobierno nacional se recortan programas, se paraliza la obra pública y se abandona a las pymes, nosotros multiplicamos el esfuerzo para sostener el entramado productivo y proteger el poder adquisitivo de las familias. Aquí vale tener presente que nuestra estrategia de funcionar como banco de desarrollo comprometido con la realidad de nuestro pueblo, también implica que este modelo de ajuste nos afecta particularmente dado que nuestros clientes y clientas, empresas pymes o emprendedores de la economía popular están sufriendo las consecuencias económicas del modelo de Milei. Además, el desfinanciamiento a la provincia y los municipios, nos afecta doblemente en tanto nuestro rol de agente financiero. En ese sentido, mantenemos los beneficios de Cuenta DNI, otorgamos créditos accesibles a las familias, apoyamos con asistencia financiera a municipios en emergencia (alcanzamos 100 municipios que recibieron algún leasing del banco en estos años) y seguimos cerca de cada sector que necesita del acompañamiento del banco.

La realidad es objetivamente compleja y requiere más creatividad y cercanía que nunca. Debe tenerse en cuenta además, que las herramientas de apoyo que existían del gobierno nacional hoy no están más. Por ejemplo, la línea de Inversión Productiva que ponía foco en el financiamiento PyME de mediano plazo fue finalizada en abril de 2025. O el FONDEP que ofrecía subsidios de tasa a la producción finalizó a fines de 2023. Es decir, para este gobierno el sistema financiero no debe apoyar a la producción, lo que es doblemente nocivo dado el esquema macroeconómico de ajuste y apertura. Pero además, tampoco se concibe un rol para la Banca Pública, que de hecho, quieren privatizar. Nosotros creemos en una banca pública que no especula, sino que se compromete con su gente porque en definitiva, ese es nuestro rol. En este sentido, durante 2025 invertimos más de $100.000 M en asistencias para atender las inundaciones de Bahía Blanca, esto es solo el banco puso recursos equivalentes a la mitad de todo lo que anunció el gobierno nacional.

¿El fin de la globalización?

Jorge Alemán — Estamos en una una coyuntura distinta en este mundo.  En esto están cosas que vos conocés muy bien: actores como China, Europa, Estados Unidos, así que te dejo con estos estos rayos para que nos órdenes el panorama.

Axel Kicillof — Hoy tenemos el ya consagrado Liberation Day, el 2 de abril. Lo que pasó en ese día es que Trump dio un giro copernicano de 180 grados con respecto a la política económica exterior norteamericana, subiendo los aranceles de manera muy significativa prácticamente a todos los países del planeta. Lo cual obviamente implica una reconfiguración en materia de globalización.

También lo que hace Trump es una declaración de bancarrota de la economía norteamericana, del Estado norteamericano. Es una declaración de bancarrota conceptual y una declaración de bancarrota geopolítica.  Pero este día tiene una gestación muy larga. Es el desenlace de una situación que se viene acumulando.

Estados Unidos es el caso de una economía y de una potencia acorralada por la estructura económica mundial. Las promesas incumplidas del consenso de Washington quedaron muy de manifiesto a finales de la década de los 90. Crisis del neoliberalismo en todo Latinoamérica. Lo que ya sabemos: toda esa batería de políticas nos llevó a crisis financieras muy profundas.

¿Pero qué le pasó a Estados Unidos con la aplicación de estas políticas? Nos venimos a enterar ahora que todo este armado de la economía internacional perjudicó a quien las construyó: a Estados Unidos. Trump en el Liberation Day denuncia eso: se aplicaron estas recetas de libre comercio internacional, de globalización y Estados Unidos se desindustrializó. Y esa fue la ruina para los trabajadores norteamericanos.

J.A. — ¿Cómo pudo haber ocurrido, según esta lectura tuya, que las izquierdas de los países periféricos, subalternos, se percibían a sí mismas como explotadas por el imperio norteamericano y mientras tanto, según tu tesis, a la vez Estados Unidos se estaba destruyendo?

A.K. — Hay un cambio en la estructura económica mundial que marca una profunda crisis, y como todas las crisis sus manifestaciones son confusas y contradictorias. Estados Unidos es un país, pero Estados Unidos a su vez tiene a su interior sectores e intereses que a veces son contradictorios y diversos. Hay determinados sectores en Estados Unidos a los que el programa de la globalización les resultaba lucrativo y otros a los que no. Las victorias de Trump, ambas, vienen a representar esos otros sectores que se volvieron de repente mayoritarios en términos cuantitativos electoralmente.

¿Qué es lo que le pasó a Estados Unidos? Ellos tuvieron primero una época de fordismo donde las industrias estaban localizadas en Estados Unidos. Y uno recuerda los 80. Cada etiqueta textil decía Made in USA. Con la globalización comenzó una carrera de los capitales norteamericanos para relocalizar la producción en la búsqueda de salarios muchísimo más baratos. Dijeron, “El mundo es nuestro, produzcamos donde es más barato producir”. Progresivamente todo el aparato fordista se mudo al sudeste asiatico. De Made in USA pasamos a Made in Vietnam, Made in Singapur, Made in China.

Desde el punto de vista de la globalización era un éxito, desde el punto de vista de la economía norteamericana generaba condiciones de extremo desequilibrio y vulnerabilidad. No solo por la pérdida de trabajo, sino porque toda esa mudanza de la producción lo que determina es que las potencias, y particularmente Estados Unidos, terminan viviendo de productos que no fabrican. La forma nacional que toma la globalización hace que la economía norteamericana esté en déficit comercial crónico. Todo lo que consumen los trabajadores, el pueblo, la sociedad norteamericana se produce muy lejos. Por eso, desde el punto de vista de las cuentas nacionales, la balanza comercial norteamericana debe haber estado 60 años en rojo. Un déficit comercial en términos de importaciones contra exportaciones.

A su vez, el Estado norteamericano con la relocalización de la producción en el exterior, particularmente en Asia y particularmente en China, empieza a perder instrumentos y capacidades que tenía el Estado Nacional clásico. La globalización ha desencadenado la cuestión de los paraísos fiscales. Ha hecho que las empresas europeas o norteamericanas produzcan en otro lado y su sede central esté en un paraíso fiscal. Y no pagan un solo impuesto.

Estados Unidos está sufriendo las consecuencias de la aplicación del funcionamiento que propuso para el mundo. Todo esto es parte de lo que denuncia Trump en el Liberation Day. Con el anuncio, no solo instala una guerra comercial, dice: las reglas del libre comercio no favorecen a Estados Unidos, sino a otros. Es liberarse de las cadenas que ellos mismos forjaron.

2 de abril del 2025, Trump declara el ‘Día de la Liberación’ y anuncia aranceles globales generalizados contra ‘amigos y enemigos por igual’

J.A. — Mi pregunta, Axel, es por la democracia. En este contexto que has descrito, el capitalismo no puede resolver las demandas sociales. Los Estados no tienen autoridad política. ¿Qué análisis haces de esto?

A.K. — En 2009, junto con un colega, Seriani, publicamos un artículo sobre el origen de la crisis de 2008. En ese momento, las máximas autoridades del sistema financiero internacional sostenían que se trataba de una crisis financiera y que, por lo tanto, la solución pasaba por reformar la arquitectura financiera global. Lo que nosotros argumentamos es que la crisis no fue únicamente financiera: respondió a un cambio estructural en la división internacional del trabajo, que a su vez impactó en todas las esferas —monetaria, fiscal, discursiva y geopolítica—.

Al filo de aquella crisis, yo sostenía que lo que realmente estaba en juego era la capacidad misma de los Estados nacionales para enfrentar este tipo de situaciones. Hay una expresión que me gusta mucho en relación con aquella crisis, y que Trump intentó revertir —al menos en el plano discursivo—: la impotencia de los Estados nacionales.

En su momento dijeron hay que reformar todo y no reformaron nada,  porque había que hacer algo tan disruptivo que nadie se animaba a hacerlo. Yo creo que Trump, con un principio de respuesta violenta y disruptiva, convalida todo este diagnóstico.

¿Le puede ir bien a Trump con esta decisión? Voy a decir algo osado: por lo menos el diagnóstico es más realista. Pero hay que ver. Recientemente hubo una discusión, desde Apple decían: “Yo aunque me pongan esos aranceles no puedo en dos días producir el iPhone en Estados Unidos” ¿Cuántos días puede trasladarse toda la producción de Apple a Estados Unidos? ¿Cuánto tarda? Veremos. Aún no sabemos, tampoco, cuál va a ser la fuerza de trabajo. ¿Va a contratar trabajadores o va a maquinizar y a automatizar mucho más la producción? ¿Cuál es el volumen de inversión que tiene que desplegarse para que se pueda producir todo lo que se hacía en China en Estados Unidos?

J.A. — ¿Está la sombra de Keynes en esto?

A.K. — ¿Qué es lo que decía Keynes cuando participa del rediseño de la economía internacional en la posguerra? Diseñemos un sistema donde los flujos económicos, comerciales, financieros estén regulados de forma tal que no generen guerras. Entonces, propone una moneda mundial, propone un banco mundial, propone un fondo monetario mundial para que los desequilibrios económicos no se resuelvan a las trompadas. ¿Qué está haciendo Trump? Resolver un poco a las trompadas el desequilibrio económico.

En estos momentos vuelven teorías que hace años se consideraban anacrónicas, que tienen que ver con el proteccionismo, con el mercantilismo. Keynes no es mercantilista, pero le da la razón al mercantilismo por algunos motivos. Lo que dice Keynes es: “El Estado nación tiene que cuidar su producción,  pero no en el marco de una guerra, sino de un concierto de naciones y reglas de juego claras.” O sea, cada país debería ocuparse de lo propio. En aquel contexto de posguerra era un convite a Inglaterra: ya no somos el centro de un imperio, ocupémonos de lo nuestro, que no nos liquide Estados Unidos. En ese sentido, hoy Keynes diría esto mismo: gobernar es crear trabajo. Es promover la inversión doméstica.

J.A. — ¿Qué hace China en esta coyuntura mundial? ¿Qué es lo que ocurre?

A.K. — El salario de los trabajadores industriales norteamericanos, lógicamente, está estancado desde los 80. ¿Por qué? Porque ese sector se desindustrializó.

En cambio, China se ha dedicado a producir ingenieros en software, ingenieros industriales y maquinaria.  Mientras una empresa capitalista, una parte del ahorro la reinvierte, otra se la consume el dueño y otra se la “timbea”, en el modelo chino todo se reinvierte. El excedente va dirigido a ampliar la producción, a fabricar ciudades, construir ferrocarriles, hacer infraestructura, a traer a los campesinos chinos a las áreas urbanas.

Construcción de un parque industrial en Fuzhou, ciudad del sureste chino (2023).

A.K. — Por ejemplo, cuando yo era Ministro de Economía encabecé diferentes misiones a China. Yo tenía la coordinación de la delegación argentina y el responsable de la delegación China era su Ministro de Planificación. El me decía: “nosotros tenemos un gran problema. Somos una economía atrasada” – porque su nivel de ingreso per cápita con 1400 millones de habitantes era bajo o medio. Nuestra idea para sacar a China del subdesarrollo —me decía— es transformar a la población campesina en población urbana, con empleos fabriles. Entonces le pregunté: ¿cuántos campesinos son? —600 millones —me respondió. Su plan para lograrlo consistía en crear nuevas ciudades con fábricas e infraestructura, y relocalizar a esa población a razón de 60 millones de personas por año. Es decir, el equivalente a trasladar, cada año, una Argentina entera. Preguntabas qué está haciendo China: desarrollarse, eso es lo que viene haciendo.

J.A. — ¿Qué destino tiene un país como Argentina en esta compleja descripción que has hecho?

A.K. — Yo siempre digo: el mundo está en transición. Y todos asienten: sí. Pero cuando pregunto: ¿transición de qué y hacia qué?, ahí ya no hay un acuerdo claro. Lo cierto es que estamos en un momento de turbulencia, en un punto de inflexión.

Creo que en este contexto surgen muchas oportunidades para la Argentina, pero que solo podrían aprovecharse bajo ciertas condiciones. Si este fuera, conjeturalmente, un proceso de relocalización de la producción y de generación de nuevos espacios productivos de mayor escala, entonces la gran oportunidad para la Argentina sería la integración regional. Con Brasil, por supuesto, con los países vecinos e, incluso, con la posibilidad de proyectarse hacia México, configurando así un territorio bisagra.

¿Cuál es el desafío en este contexto? Ponerle valor agregado acá a nuestras producciones, economías y exportaciones y que eso repercuta en un proceso virtuoso de crecimiento con inclusión. Un crecimiento que genere empleo calificado con buenos salarios, ese debe ser el objetivo. Si, por el contrario, se apuesta a un crecimiento basado únicamente en las materias primas (sean mineras, hidrocarburíferas o del agro), el crecimiento que tendremos será uno muy segmentado, desigual, con baja capacidad de absorción de mano de obra, y que no requiere de buenos salarios.

Estamos en una etapa bisagra, compleja, donde resulta urgente volver a plantearnos un nuevo modelo de desarrollo que tenga en cuenta el nuevo contexto mundial y que ponga en el centro del desarrollo a las necesidades, derechos y aspiraciones de la sociedad.

Integrar y construir dignidad

MDF: ¿Cuáles son los principales objetivos del OPISU y qué políticas concretas están llevando adelante para mejorar la vida en los barrios populares? ¿Qué impacto tuvieron en esta etapa y en qué territorios se ve con más fuerza esa transformación?

Romina Barrios: El OPISU trabaja por la integración social de los barrios populares de la provincia de Buenos Aires. Entendemos por integración social y urbana —o, como comúnmente se la denomina, urbanización— la atención conjunta de los aspectos físicos, sociales y productivos de las comunidades que habitan en estos territorios. Cuando hablamos de barrios populares, nos referimos a diversas formas de urbanización popular: villas, asentamientos, loteos informales, tomas organizadas, e incluso complejos habitacionales que atraviesan situaciones de emergencia habitacional.

Actualmente, desarrollamos nuestras acciones en 66 municipios de toda la provincia, interviniendo en más de 250 barrios populares mediante obras, programas y servicios de distintas escalas. Llevamos adelante lo que denominamos proyectos integrales, los cuales, de forma continua abordan obras de infraestructura primaria, secundaria, domiciliaria e intradomiciliaria. Esto implica, por ejemplo, realizar intervenciones que abarcan desde una obra de captación primaria de agua hasta la conexión final dentro de cada vivienda. Lo mismo aplicamos para sistemas de saneamiento, redes cloacales, obras hidráulicas, pavimentación, alumbrado público, y también la construcción de equipamientos comunitarios. En este marco, construimos escuelas, fortalecemos clubes de barrio y espacios comunitarios en entornos que sufren privaciones agudas y postergaciones estructurales .

Además, trabajamos con una fuerte perspectiva de generación de empleo y fortalecimiento de las economías locales en cada barrio, como parte fundamental del proceso de integración social. Un ejemplo de ello es el trabajo que venimos realizando en tres barrios populares de la Matanza -Puerta de Hierro, San Petersburgo y 17 de Marzo-, con proyectos de integración urbana, construcción de complejos de viviendas, mejoras habitacionales, regularización dominial, ejecución y mejora de espacios públicos y espacios socio-comunitarios, mejoras de comercios, apoyo a emprendimientos y capacitación laboral, gestión de residuos, saneamiento, obras eléctricas, de cloaca, agua y pavimentación.

MDF: Frente al abandono del Gobierno Nacional, Axel Kicillof ha planteado que la Provincia actúa como “escudo y red” para cuidar a las y los bonaerenses. ¿Cómo se expresa eso en la tarea del OPISU? ¿Qué ejemplos podés dar que evidencien la deserción nacional y el rol activo que asume la Provincia en materia de integración urbana y acceso a derechos?

Romina Barrios: La deserción del Gobierno Nacional impacta muy fuertemente en nuestros barrios, y lo hace de diferentes maneras. Algunas de esas formas son directas y otras más indirectas, pero en todos los casos el efecto es profundo. En primer lugar, el desmantelamiento de las políticas sociales y de inclusión que estaban destinadas a distintas franjas etarias —niñeces, jóvenes, adultos, personas mayores— generó un vacío significativo. Tal vez, el aspecto más cruel de esta deserción concierne a que la política de ajuste aplicada ha comprometido la seguridad alimentaria. En el marco de esa emergencia, el OPISU, en articulación con otros organismos, ejecuta el Programa S.A.N.A que busca dar respuesta a las demandas y necesidades básicas alimentarias de la población de barrios populares bonaerenses. S.A.N.A implementa una estrategia integral que consiste en la entrega mensual de alimentos a comedores junto con la realización de mesas barriales que incluyen actores vinculados a los circuitos alimentarios locales de cada barrio, asistencia técnica para brindar información, implementar operativos de salud integral y capacitaciones.

A esto se suma la interrupción del financiamiento para obra pública y la paralización de proyectos que, en muchos casos, estaban próximos a finalizar. No se trata solo de viviendas, sino también de obras de infraestructura fundamentales para el desarrollo de los barrios.

Los procesos de integración urbana son largos y técnicamente complejos. Implican intervenciones concatenadas, es decir, obras que dependen unas de otras. Por ejemplo, la paralización de obras en el Acceso Sudeste afecta directamente nuestros proyectos en Quilmes e Itatí. También nos impacta la suspensión de los programas de limpieza, mantenimiento y gestión de cursos de agua que realizaba la ACUMAR. Esto tiene consecuencias visibles, especialmente en lo que respecta a las inundaciones, porque es muy difícil sostener ese tipo de tareas a gran escala desde lo local.

Estos efectos también se evidencian en eventos climáticos extremos, como ocurrió en Bahía Blanca. Allí estaba, por ejemplo, la obra detenida por el Gobierno Nacional entre la Ruta 33 y la 3 —conocida como el distribuidor del Cholo—. El freno a esa obra tuvo un impacto muy fuerte, porque todo el sistema hidráulico previsto para canalizar el agua, así como parte del sistema pluvial urbano de los barrios de la zona, quedó sin resolver. Además, esa obra inconclusa actúa hoy como una barrera urbana que dificulta aún más la evacuación del agua. Las obras detenidas no postergan soluciones urgentes sino que también generan nuevos problemas y daños muy graves.

En este contexto, nuestra tarea es actuar como escudo y como red. No nos resignarnos a trabajar únicamente en la emergencia, sino a sostener el horizonte de integración social y urbana, a luchar contra – en palabras de Francisco- el descarte. Por culpa de la deserción del Gobierno Nacional, tal vez debamos ralentizar algunos de los objetivos que nos habíamos propuesto, pero no vamos a renunciar a la tarea que asumimos: integrar y construir dignidad. Eso implica cuidar con mucha atención las obras que siguen en marcha, que el gobernador prioriza en términos presupuestarios y políticos. Nuestra responsabilidad es garantizar, en conjunto con las cooperativas y las empresas constructoras que licitan obra pública, que esos proyectos se desarrollen en tiempo y forma, con eficiencia, transparencia y cuidando los recursos de la provincia de Buenos Aires.

Operativo de asistencia en Bahía Blanca coordinado entre el OPISU, el Ministerio de Desarrollo de la Comunidad y el Ministerio de Ambiente de la Provincia.

MDF: Los proyectos de urbanización popular muchas veces enfrentan obstáculos estructurales y prejuicios ideológicos. ¿Qué visión del Estado, del territorio y de la comunidad guían la tarea del OPISU? ¿Qué implica “urbanizar con inclusión y justicia social”?

Romina Barrios: Efectivamente enfrentamos prejuicios, tal vez ideológicos, y también obstáculos propios del proceso. Y ahí surge una pregunta clave: ¿qué visión del Estado, del territorio y de las comunidades estamos manejando?

Lo primero que tenemos que entender es que enfrentamos un problema estructural, tanto en nuestro país como en América Latina: la segregación urbana producto de la desigualdad social. Las crisis de vivienda o los problemas habitacionales dejaron de ser emergencias puntuales para convertirse en cuestiones estructurales que debemos abordar con políticas públicas sostenidas. No se trata de caridad sino de trabajar para cumplir derechos, derechos que están en la Constitución.

El gobernador suele explicar muy bien cómo los procesos de segregación urbana y los modelos neoliberales van generando problemas estructurales, y luego se nos acusa de no hacer obras. La realidad es que, en los últimos 70 años, la población de la provincia de Buenos Aires se cuadruplicó sin que se realizaran las obras e inversiones necesarias para acompañar ese crecimiento. Y ese crecimiento no fue solo resultado del desborde de la ciudad de Buenos Aires, sino de un modelo de desarrollo productivo vinculado al trabajo que muchas veces agravó la exclusión. La falta de planificación y recursos sostenida en el tiempo y las dificultades para planificar ordenadamente ese crecimiento han generado desequilibrios. Como se dice coloquialmente, estamos siempre corriendo atrás del problema. De allí que resulta tan valiosa e inédita la decisión política de Axel de enfrentar los problemas estructurales y de fondo. Por eso, hay un gran desafío en términos de capacidades estatales para conocer, abordar y planificar soluciones de fondo. Frente a problemas tan profundos, resulta imperdonable el retiro del Estado que propone Milei.

Lo que discutimos, en definitiva, es la posibilidad de consolidar un modelo de gestión, una forma de hacer las cosas que nos permita avanzar hacia la integración social y urbana. Creo que ya está saldada la discusión que reduce el problema habitacional a la falta de una vivienda o una unidad física. Ese es el primer paso que intentan resolver los vecinos, pero el problema real está en las infraestructuras, y el Estado no puede mirar para otro lado. El mercado inmobiliario no produce integración urbana y social.

Necesitamos intervenciones profundas sobre las redes de agua, cloacas, sistemas de saneamiento, iluminación, pavimento, espacios públicos, y también sobre el acceso a derechos básicos: educación, salud, seguridad, cultura. Por eso, lo que discutimos es una mirada integral, una forma de hacer, una perspectiva que no solo contemple las necesidades físicas —que son fundamentales para una vida digna—, sino también las dimensiones sociales, comunitarias y productivas. Reconocer y fortalecer el desarrollo económico que existe en los barrios y su integración al mundo del trabajo. En definitiva, lo que estamos proponiendo es un modelo que pueda ser sostenible. No queremos poner parches.

MDF: Más allá de las urgencias que impone el ajuste nacional, ¿cuáles son las transformaciones de fondo que se busca consolidar en el mediano plazo?

Romina Barrios: Lo que buscamos consolidar en el mediano plazo es la posibilidad de explicitar con mayor claridad la necesidad de un modelo de gestión específico para atender las urbanizaciones populares existentes. Se trata de reconocer que estas urbanizaciones son resultado de la incapacidad histórica del Estado para planificar ciudades inclusivas, y que por tanto su atención debe ser una responsabilidad estatal.

Desde esa mirada —una mirada de reparación y basada en el paradigma de los derechos humanos— sostenemos que todos merecemos un lugar digno donde vivir. Pero ese lugar no es solo una vivienda: es también un entorno, una comunidad, y el acceso garantizado a servicios básicos. Necesitamos volver a construir un consenso en torno a una idea fundamental: si algunos viven muy bien y otros muy mal, todos vivimos peor. La segregación urbana, la injusticia espacial y social generan más violencia y degradan la calidad de vida de toda la sociedad.

Parte de este camino implica recuperar una visión de progreso e inclusión basada en el trabajo, y también derribar prejuicios profundamente instalados. Uno de los más frecuentes es creer que en los barrios populares “no se quiere pagar” los servicios. Pero la verdad es que la inmensa mayoría de nuestros vecinos sí quiere pagar por servicios, porque los necesita. El problema es que muchas veces las prestatarias de servicios públicos no reconocen esos territorios como sujetos de derecho, y no están dispuestas a garantizar servicios de calidad, como los que se ofrecen en otras zonas.

En lugar de poner el foco en la supuesta gratuidad, deberíamos preguntarnos por qué no hubo históricamente un stock de oportunidades y condiciones para que todos puedan acceder a servicios y pagarlos como corresponde. Nuestro trabajo apunta justamente a construir sociedades más igualitarias, con derechos garantizados y también con obligaciones. Por eso acompañamos procesos de regularización, entrega de títulos, inclusión en el padrón del impuesto inmobiliario de ARBA, conexión a redes eléctricas formales y acceso a servicios de limpieza y mantenimiento urbano.

Pero también señalamos con claridad: necesitamos que las empresas prestatarias —como EDENOR, EDESUR, AYSA, entre otras— asuman su parte. Muchas veces, incluso desde el gobierno provincial estamos dispuestos a financiar las obras necesarias, pero no logramos obtener las factibilidades técnicas ni el compromiso de ejecución por parte de esas empresas. Entonces, ¿dónde están realmente los prejuicios? ¿Y cómo operan esas miradas discriminatorias?

El gran desafío que tenemos en el mediano plazo es poder consolidar un modelo de gestión que defina con claridad qué significa urbanizar. Urbanizar no es hacer cualquier cosa: es construir una ciudad justa, con reglas claras, con derechos y obligaciones para todos. Es apostar por una sociedad de iguales, en donde el acceso al suelo, a la infraestructura y al hábitat digno sea un derecho universal y no un privilegio.

Esta mirada no es utópica ni está alejada de la realidad. Es una propuesta concreta que busca que nuestros barrios sean parte activa de la planificación urbana, que sean reconocidos formalmente dentro del ordenamiento territorial. No partimos de cero: hemos conquistado normas, hemos logrado presupuestos, y se han creado instrumentos financieros clave, como el Fideicomiso SISU, que hoy se ve amenazado por el desfinanciamiento, pero que vamos a recuperar.

Cuando ese momento llegue, tenemos que estar preparados: con planes de obra, con proyectos de trabajo, con planificación territorial que tenga a nuestros barrios adentro. Reurbanizar, para nosotros, es posible y es una obligación. Tenemos un Gobierno Nacional insensible , ausente y que implementa una política económica que rompe el tejido social de los barrios populares. Pero también tenemos un gobierno provincial decidido a seguir construyendo dignidad y el derecho al futuro para todos. Para nosotros, la urbanización es parte esencial del  proyecto de justicia social que abrazamos.


Romina Barrios es Directora Ejecutiva del Organismo Provincial de Integración Social y Urbana.

¿Por qué China?

Desde hace muchos años, China ocupa un lugar especial en mi vida. Por eso, la pregunta “¿Por qué China?” fue el título de mi primer libro y, aunque parezca retórica, sigue guiando muchas de mis reflexiones. Nací en los años 70 y fui testigo, desde la distancia, de los profundos cambios que atravesó ese país. Como estaba viviendo en el exilio, las noticias me llegaban a través de agencias internacionales como Prensa Latina y despertaban en mí una mezcla de curiosidad y admiración. Con el tiempo, mi interés se transformó en estudio y luego, gracias a mi labor diplomática, en experiencia directa. Esta combinación entre teoría y práctica me permitió comprender mejor la evolución de una civilización que no deja de sorprender.

Ahora bien, ¿qué implica hablar de China? Hablar de China es remontarse a una historia de más de cinco mil años, marcada por la sabiduría de pensadores como Lao Tsé, Confucio y Sun Tzu, tres figuras fundamentales que vivieron hace más de dos mil años. Pero también es referirse a una historia reciente de profundas transformaciones, como las impulsadas por líderes revolucionarios como Sun Yat-sen y Mao Zedong.

La fundación de la República Popular en 1949 significó un punto de inflexión: desde entonces, China pasó de la pobreza y el aislamiento a convertirse en una potencia global. Especialmente relevante fue el proceso iniciado en 1978 con las reformas de Deng Xiaoping, que introdujeron un modelo económico mixto, combinando elementos del mercado con el socialismo. Esto dio lugar a uno de los crecimientos más notables de la historia moderna. En apenas cuatro décadas, más de 800 millones de personas salieron de la pobreza: el gigante asiático logró en 40 años lo que a potencias como Estados Unidos e Inglaterra les tomó más de dos siglos.

A medida que profundizaba mis conocimientos, comencé a comprender la magnitud del impacto que China tenía —y tendría— en el orden mundial. El siglo XXI inauguró una nueva etapa geopolítica, marcada por el desplazamiento del centro económico global desde el Atlántico Norte hacia Asia-Pacífico. En ese contexto, China emergió como un actor central, promoviendo iniciativas como la Franja y la Ruta (One Belt, One Road, OBOR) y la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), propuestas orientadas a construir un nuevo orden multilateral, más inclusivo y justo para los países en desarrollo.

Si me preguntan hoy si China es un faro de innovación científica y tecnológica, mi respuesta es sí, sin lugar a duda. China ya no es ese país que simplemente fabricaba productos para otros o replicaba tecnologías extranjeras. En pocos años, logró posicionarse como líder en áreas clave gracias a una enorme inversión en investigación y desarrollo, una red de universidades de primer nivel y un ecosistema empresarial tecnológico muy potente.

Universidad Renmin de China, ubicada en Haidian, Pekín. Institución co-financiada por el Ministerio de Educación y el Gobierno Popular Municipal de la ciudad.

En inteligencia artificial, por ejemplo, lideran en patentes y publicaciones. En energías renovables, dominan el mercado global de paneles solares, baterías y autos eléctricos. Su programa espacial también es impresionante: alunizaron en la cara oculta de la Luna y operan su propia estación espacial. En biotecnología, respondieron con rapidez durante la pandemia y avanzan en edición genética.

Es cierto que todavía dependen de Occidente en algunos sectores estratégicos, como los microchips más sofisticados, pero están avanzando rápido para reducir esa brecha. Lo más llamativo para mí es que no están copiando modelos: están creando el suyo propio, con una visión de largo plazo y una articulación eficiente entre lo público y lo privado. Por eso digo que China, hoy, no solo innova: también propone un nuevo modo de pensar la innovación.

Justamente, ese es uno de los principales focos de tensión actuales entre Estados Unidos y China: una disputa estratégica por el liderazgo global, especialmente en áreas tecnológicas, como mencioné anteriormente, pero también en los ámbitos financiero, geopolítico y monetario. Esta rivalidad se manifiesta cuando Washington presiona a otros países para que se alejen de Beijing, como ocurrió recientemente con Argentina en relación con el swap de monedas con China. Gracias a este acuerdo, el Banco Central Argentino no solo incrementó en el pasado sus reservas, sino que también utilizó los yuanes para pagar importaciones provenientes de China, como las vacunas que ayudaron a mitigar la crisis causada por la covid-19.

Esto, por supuesto, no es bien visto por Estados Unidos, que busca limitar la influencia financiera de China en América Latina. Seguramente recordarás que, a mediados de abril de este año, el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, visitó Argentina y solicitó al gobierno —que una semana antes había renovado parte de su línea de swap de divisas por US$18.000 millones— que cancelara el acuerdo. Este es solo uno de los aspectos que Estados Unidos intenta frenar; hay otros intereses estratégicos que van más allá del ámbito monetario e incluyen áreas como infraestructura, acceso a recursos naturales, redes 5G y cooperación en ciencia y tecnología.

Ahora bien, para entender mejor esta dinámica, es esencial preguntarnos cómo llegamos a esta etapa en las relaciones entre Argentina y China, que hoy están en el centro de diversas tensiones globales, tema este último que podremos tratar en otro encuentro.

Axel Kicillof durante una visita oficial a la República Popular China en 2022.

El 19 de febrero de 2022, la República Popular China y Argentina celebraron el 50° aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas. Sin embargo, previo a este periodo, ya existía un vínculo con China. Las relaciones diplomáticas entre ambos países se establecieron en 1945, durante la presidencia del general Edelmiro Farrell. Las relaciones bilaterales fueron continuadas posteriormente durante el gobierno constitucional del presidente Juan Domingo Perón, al menos hasta el triunfo de la Revolución maoísta y la proclamación de la Nueva China.

Más allá de la admiración y simpatía que se profesaban ambos líderes, Perón y Mao Zedong —algo de lo cual ha quedado debido registro documental—, en 1949 la representación diplomática en Shanghái fue retirada. Para contextualizar lo que sucedía, recordemos que el mundo se encontraba transitando el período de la Guerra Fría, y Argentina, que durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial se mantuvo neutral, necesitaba mostrar credenciales democráticas para insertarse en el nuevo orden de posguerra que se estaba construyendo, reincorporarse al sistema panamericano y alejar las sospechas que la vinculaban en particular con los regímenes fascista italiano y franquista español. Estas sospechas, como todo buen peronista sabemos, fueron alentadas por los sectores de lobby más rancios de Washington y permeaban la opinión pública de ese país, y asimismo fue un argumento utilizado por la oposición política argentina en aquel entonces.

Volviendo al hilo de mi argumentación, quiero enfatizar que en dicho escenario (el de posguerra), de haber establecido relaciones formales con la China de Mao —que tempranamente selló un Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua con la Rusia de Iósif Stalin— el gobierno peronista hubiese tenido que pagar un costo muy alto por su osadía. No obstante, cabe recordar que todas esas presiones no evitaron que, rompiendo el bloqueo norteamericano, Perón enviase un cargamento de trigo a China en 1950 o que, más tarde, en el año 1954, una delegación compuesta por funcionarios de la secretaría de Comercio Exterior y la Unión Industrial Argentina visitase aquel país.

Tras la muerte de Stalin en 1953, las relaciones entre China y la URSS comenzaron a deteriorarse, especialmente después del XX Congreso del PCUS. El quiebre definitivo ocurrió en 1963 con la publicación del documento Polémica acerca de la línea general del movimiento Comunista Internacional. No voy a extenderme mucho al respecto, solo quiero señalar que este distanciamiento llevó a Washington a aprovechar la fractura sino-soviética para dividir el campo comunista, buscando contrarrestar la crisis de hegemonía que vivía tras la Guerra de Vietnam. Estados Unidos no solo estrechó relaciones con China, sino que, al reconocerla diplomáticamente, abrió el camino para que otros países bajo su influencia hicieran lo mismo.

Tal fue el caso de Argentina: el 16 de febrero de 1972, nuestro país y China firmaron en Bucarest un Comunicado Conjunto que estableció formalmente las relaciones diplomáticas. Este documento sentó las bases para una relación bilateral fundada en el respeto mutuo a la soberanía, la integridad territorial y la no injerencia en asuntos internos, conforme a los principios de igualdad y beneficio recíproco. La decisión del gobierno de facto de Lanusse de establecer relaciones con China respondió al contexto internacional favorable, marcado por el acercamiento entre EE.UU. y China, su reconocimiento en la ONU y un cambio de postura en las Fuerzas Armadas argentinas. Argentina se adelantó así a la visita de Nixon y se convirtió en uno de los primeros países latinoamericanos en formalizar vínculos con Beijing. Más allá del contexto geopolítico, la decisión también respondió a una visión estratégica sobre el potencial del mercado chino para el sector agroalimentario argentino, así como al interés por contar con el respaldo de China en la cuestión Malvinas, dado su rol como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Tras el regreso del peronismo en 1973, la política exterior argentina adoptó un enfoque autónomo bajo la “tercera posición”, promoviendo vínculos con el bloque socialista. Durante los gobiernos de Cámpora y Perón, se fortalecieron las relaciones con Europa del Este, la Unión Soviética y Cuba, y Argentina ingresó al Movimiento de Países No Alineados. En ese marco, se profundizó la relación con China: se abrió la embajada argentina en Beijing, se establecieron agregadurías militares y se instaló la agencia Xinhua en Buenos Aires.

Estos vínculos se mantuvieron durante la dictadura militar (1976-1983), a pesar de su ideología anticomunista, y se fortalecieron con el retorno de la democracia. Raúl Alfonsín reactivó la relación con China, apoyó su ingreso al Tratado Antártico y su reclamo sobre las islas Nansha, mientras China respaldó la soberanía argentina sobre Malvinas.

Durante los gobiernos de Menem y De la Rúa, aunque la política exterior estuvo alineada con EE. UU., se mantuvo el vínculo con China, especialmente en el plano económico. Se firmaron acuerdos clave, se realizaron visitas presidenciales mutuas y se abrieron nuevas representaciones diplomáticas, como el consulado argentino en Shanghái.

Si bien, como se dejó expuesto, desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas en 1972, Argentina y China mostraron avances significativos en todos los campos de correspondencia, no fue hasta la llegada de los gobiernos kirchneristas que la relación tuvo un salto cualitativo y fue llevada a un nivel más profundo, haciendo que en la actualidad ésta posea el estatus de una verdadera asociación estratégica integral.

Lo demás es historia reciente. Cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia en 2003, lo hizo en sintonía con otros líderes de la región que impulsaban una política exterior enfocada en fortalecer los lazos con América Latina y ganar mayor independencia frente a Estados Unidos. En ese camino, Argentina también comenzó a acercarse a otros actores globales, como Rusia y, especialmente, China.

Ese clima político abrió la puerta para profundizar las relaciones sino-argentinas. En noviembre de 2004, el presidente chino Hu Jintao visitó nuestro país y firmó junto a Néstor Kirchner un Memorando de Entendimiento que dio origen a una asociación estratégica entre ambos países, base fundamental de la relación bilateral actual.

Una década después, en julio de 2014, esa relación se consolidó aún más con la firma de una Asociación Estratégica Integral (AEI) entre Cristina Fernández de Kirchner y Xi Jinping. Este tipo de alianza, clave dentro de la diplomacia china, refleja un nivel de vínculo prioritario, basado en un diálogo político fluido sobre temas bilaterales, regionales y globales, y en un compromiso por fortalecer la cooperación estratégica y la confianza mutua entre ambos países.

El ingreso de Argentina a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en 2022 marcó un hito en nuestra relación con China, profundizando la alianza forjada por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Más allá de su impacto económico, esta decisión tuvo un fuerte componente político y humanístico, reflejando la voluntad de Argentina de integrarse a un modelo de cooperación multilateral basado en el desarrollo inclusivo y el respeto mutuo entre naciones.

Además, durante mi tiempo como embajador en China, trabajamos para sentar las bases que permitirían a Argentina unirse a los BRICS+, el bloque que agrupa a las principales economías emergentes del mundo. En 2023, nuestra adhesión fue finalmente formalizada pero, lamentablemente, uno de los primeros actos del gobierno ultraderechista de Javier Milei fue rechazar nuestra incorporación a esta coalición de países.

La entrada de Argentina a los BRICS+ representaba una oportunidad estratégica para reimaginar nuestro desarrollo, colaborando con naciones que enfrentan desafíos similares. Participar en este espacio, que representa el 40% del PBI mundial y alberga a la mitad de la población global, no es una decisión menor: habría sido un paso firme hacia un orden más equilibrado y multipolar, donde Argentina podría haber jugado un papel clave en el futuro global.

Y así llegamos al final de este artículo. Aún quedan muchos temas por abordar y otros por profundizar. Tal vez en otro momento podamos volver a encontrarnos y, si se da la oportunidad, escuchar las inquietudes que quieran compartir, porque ustedes son el verdadero motor de la militancia. Los animo a seguir trabajando con convicción, siempre con el objetivo de avanzar juntos.

Un abrazo afectuoso,
Sabino.

 

El autor fue Embajador en la República Popular China durante el Gobierno del Frente de Todos entre 2021 y 2023.