Hacia la construcción de una propuesta educativa federal. Defender el sistema educativo es transformarlo.
Desde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) presentamos este documento borrador con el objetivo de someterlo a discusión con compañeros y compañeras de distintos puntos del país. Nuestro espacio político entiende que, “ante este modelo de especulación financiera, concentración de la riqueza y entrega a intereses extranjeros”, se debe construir una fuerza social y política “que defienda y represente al trabajo, la producción agropecuaria e industrial, a comerciantes, profesionales, docentes y estudiantes, artistas, científicos, jubilados, asegurando el desarrollo económico con justicia social”.
Los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad, entre ellos quienes nos gobiernan, sostienen que Argentina es un país fallido y fracasado que debe reconstruirse casi en su totalidad. Esa lógica se utiliza respecto del régimen laboral, del jubilatorio, de la ciencia y la tecnología, de las capacidades de su industria y, por supuesto, del sistema educativo, al que califican de colapsado e ineficiente. Se trata de una estrategia conocida: sobreestimar la crisis para aplicar soluciones drásticas, siempre adversas y sancionatorias para las y los trabajadores.
En ese marco y en este contexto, queremos construir colectivamente una propuesta para mejorar la educación de nuestro pueblo. Es necesario transformar nuestro sistema educativo por la insatisfacción social que generan sus deudas, entre las que se destacan los logros de aprendizaje, el estado de la infraestructura, los salarios docentes y otros aspectos relevantes.
No obstante, defendemos la historia, organización y posibilidades de nuestro sistema educativo, mayoritariamente público (70/30%), con una extendida distribución territorial, igualitario, de sólida tradición política y pedagógica y años de pensamiento original, convicciones e ideas y, sobre todo, con educadores y educadoras comprometidos con su tarea.
Los desafíos que tiene la educación argentina son múltiples, y creemos que los gobiernos populares, más allá de sus deficiencias, han producido avances importantes en materia de legislación, inversión, expansión del sistema, construcción de edificios, creación de nuevas escuelas y universidades públicas, distribución de libros y tecnología y mejora sustantiva de los salarios y de las condiciones laborales, por citar algunos.
Axel Kicillof sostiene que lo que fortalece a la escuela pública es reconocer sus debilidades, no para destruirla y proponer un diagnóstico sombrío y falso, sino para solucionar errores y deudas: “Esa es la transformación, abordar el sistema con la profunda convicción de que hay que defender a la escuela pública para transformarla, mejorarla, encontrar lo que falta y trabajar incansablemente en esa dirección.”.
La educación en el gobierno libertario
Ante las agresivas decisiones que ha tomado el Gobierno contra la educación argentina, ratificamos, a veinte años de su sanción, la vigencia y pertinencia de la Ley de Educación Nacional N.º 26.206/06, por su concepción de educación y conocimiento,a los que define como bienes públicos y derechos personales y sociales que deben ser protegidos y garantizados por el Estado.
Hoy peligran las nociones de comunidad, de ciudadanía democrática, de sociedad solidaria con plenos derechos y conciencia de sus obligaciones. Los derechos no son mercancías, sino atributos inherentes a la condición humana y tienen un único destino: su ampliación. La ética libertaria desprecia la identidad colectiva, es incapaz de construir y apreciar el nosotros, y exalta los valores del individualismo extremo y del éxito a cualquier precio, lo que produce un debilitamiento del lazo social y de las instituciones destinadas a la socialización y transmisión cultural; entre ellas, la escuela.
En estos pocos años, la política educativa de La Libertad Avanza desfinanció la educación y abandonó a las provincias a su suerte, sin adoptar medida alguna destinada a resolver sus problemas reales y generando un clima de época hostil a la tarea esencial de la escuela.
Se ha eliminado la paritaria docente, se han reducido los salarios y se introduce un falso concepto de libertad, renunciando a años de lucha social para lograr la obligatoriedad educativa masiva: “La libertad también es que, si no querés mandar a tu hijo al colegio porque lo necesitás en el taller, puedas hacerlo”; el Presidente y sus socios solo tienen expresiones insultantes respecto de la educación y de las y los educadores.
Con relación a la inversión, apuntamos dos consideraciones hoy presentes en la discusión sobre política educativa: la disminución de la tasa de natalidad y el nuevo concepto de “inversión inteligente”, ya que quienes gobiernan sostienen que ambos conceptos son suficiente justificativo para concretar el ajuste. La disminución de lanatalidad los impulsa a pensar que, a partir de la simple relación alumnos-docente, se debe reducir el personal; por su parte, la inversión inteligente representa la posibilidad de invertir “menos y mejor”, idea con la cual, por supuesto, no acordamos.
Algunas cifras para graficar lo que decimos
El presupuesto vigente para el año 2026 consagra el abandono del 6 % del PBI dedicado a educación y del 1 % destinado a ciencia y tecnología; tampoco incluye recursos para la construcción de escuelas, la distribución de libros, la tecnología, la formación docente, etc.
El Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional (FoNE-TP) sufrirá un recorte acumulado, respecto de 2023, del 93 %. Por su parte, la función Educación y Cultura tiene una caída real del 47,3 % respecto de lo ejecutado en el año 2023.
Los programas de transferencias dirigidas a los estudiantes, por ejemplo, las becas estudiantiles, acumulan un descenso del 76,6 % respecto de 2023.
El ataque al sistema universitario trasciende el ahogo presupuestario y el incumplimiento de las leyes vigentes; representa un intento de desmantelar el pensamiento y las capacidades estratégicas de la Nación. Esto se advierte con los recortes al salario docente, a la investigación y a la extensión, rompiendo la relación entre el conocimiento soberano y los desafíos del desarrollo y debilitando la capacidad de nuestra sociedad para construir un horizonte colectivo propio.
Respecto de lo que podríamos llamar la educación obligatoria, el proyecto de Ley de Libertad Educativa, aún no presentado formalmente para su tratamiento, representa un serio retroceso. Algunas razones: repone el concepto de equidad, que remite a los años noventa, e introduce el engañoso concepto de libertad educativa, que se parece mucho al de abandono.
Asimismo, sostiene que el objetivo de la educación es la libertad individual y el proyecto de vida de cada persona, obviando su dimensión social y comunitaria y, en el mismo sentido, prioriza a la familia y la sociedad, desplazando al Estado a un rol subsidiario: “la era del Estado presente ha terminado”, sostiene el presidente Javier Milei, profundizando la destrucción de una herramienta imprescindible para los sectores más carecientes.
El artículo 96 del proyecto otorga una injerencia desmedida a las familias, a través de un Consejo Escolar de Padres al que le asigna facultades de gobierno escolar; para la concepción libertaria, las familias representan el nuevo rostro del individualismo, profundizando la fragmentación social y debilitando lo comunitario.
Además, introduce el concepto de autonomía escolar, que traerá mayor desigualdad al sistema educativo, por la facultad que tendrán las instituciones de decidir sus contenidos, dictar reglamentos internos y de convivencia, generar concursos y remover y elegir autoridades.
Especialmente discutible es la introducción de estrategias educativas alternativas desde los primeros años de edad. Nos referimos a la enseñanza en el hogar y la educación híbrida y a distancia, que no solo impiden la natural tarea socializadora de la escuela, sino que posibilitan los negocios de las plataformas educativas transnacionales.
Finalmente, le quita responsabilidad al Estado nacional en el financiamiento del sistema, generando serias complicaciones en los presupuestos de las provincias.
Los desafíos
Es necesario volver al gobierno para reconstruir lo que quedará del sistema y saldar las deudas de la educación argentina. Se hizo un gran esfuerzo en el lapso 2003- 2015, que fueron tiempos de inversión y crecimiento, pero es necesario decir, de resultados de aprendizaje insuficientes.
La educación argentina es una herramienta fundamental para cimentar una ciudadanía democrática que recupere el interés por la participación en la vida pública y que valore vínculos de respeto, diálogo y dignidad.
Se debe construir una nueva agenda educativa que sepa escuchar y atender los problemas que familias, docentes y estudiantes manifiestan a diario. Este conjunto de acciones no puede constituir una nómina nostálgica de derechos perdidos, sino que deberá mostrar equilibrio entre los derechos que faltan y las obligaciones que debemos. Provisoriamente, proponemos algunos temas:
→ Mejorar los resultados de los aprendizajes en todo el sistema educativo;
→ Sostener la continuidad pedagógica de la educación obligatoria (que haya clases todos los días), sobre todo en las escuelas de gestión estatal. En este punto, se debe discutir el concepto de corresponsabilidad de las familias y la sociedad respecto de la educación;
→ El actual escenario de descenso demográfico, con cobertura próxima a la universalización, representa una oportunidad para generar políticas respecto de las condiciones en que se enseña y se aprende en las escuelas;
→ Analizar los modos de incorporar tecnología en la escuela como una capacidad estratégica para desarrollar procesos de innovación y producción de conocimiento;
→ Discutir cómo incorporar las herramientas de la inteligencia artificial en todo el sistema educativo;
→ Construir un nuevo federalismo educativo y, en ese marco, una nueva distribución de los recursos económicos;
→ Como parte de la política de recuperar el sistema universitario, se debe priorizar su articulación con el sistema educativo, en especial con los institutos formadores y con el sistema productivo.
La educación es un tema muy importante, altamente valorado por nuestra sociedad, sobre todo por los sectores de menores recursos, a los cuales debemos responder en sus reclamos y necesidades educativas. No lo haremos tratando de hacer lo que ya hicimos, sino sosteniendo convicciones, inversión, dedicación e ideas originales y profundas.
Una vez más lo decimos: conocemos las deudas que la escuela tiene con la sociedad, pero también destacamos su sostenida y comprometida disposición para atender numerosas demandas que, con frecuencia, la alejan de su objetivo central, que es la transmisión de conocimientos. En toda circunstancia, la escuela está y responde; por eso realiza funciones sociales, alimentarias y, últimamente, emocionales y psicológicas que no son asumidas por otras instituciones de la sociedad.
Reconocemos especialmente a los y las directivos, docentes, auxiliares y cooperadores que trabajan con gran compromiso, a pesar de que en este último tiempo han sido maltratados, ofendidos en su profesionalismo y observan cómo se deteriora su salario por las nocivas políticas que lleva adelante el Gobierno nacional.
La provincia de Buenos Aires, con su gobernador a la cabeza, muestra otro camino.
Arduo, difícil, con recursos limitados por la asfixia a la que es sometida, pero con sostenida presencia territorial, escuchando a sus habitantes, expandiendo el sistema educativo, construyendo escuelas, distribuyendo libros y, sobre todo, ubicando a la educación en un lugar destacado de sus políticas de gobierno.
Por esas razones, desde el Movimiento Derecho al Futuro convocamos a “la construcción de una gran fuerza social y política para el desarrollo y la justicia social, que represente a trabajadores, sectores productivos, la ciencia, la educación y la cultura; que defienda los intereses nacionales, promueva el desarrollo y se abra a la participación de todos. Solo con un peronismo fuerte, amplio, unido y con sus raíces en el pueblo podremos forjar un país más justo, solidario y con oportunidades para todos.
Los y las argentinas merecemos un futuro donde quepamos todos y todas; merecemos una sociedad ética, solidaria e igualitaria que deje atrás el individualismo, el maltrato y la pérdida de derechos.
Axel representa las convicciones intactas, la honestidad y una probada gestión de gobierno; representa un futuro más justo y la esperanza que tanto necesita recuperar la sociedad argentina.
Nuestro país tiene una larga tradición de universidades públicas de calidad y de un sistema de ciencia y tecnología reconocido mundialmente. En conjunto cumplen un rol central: forman los recursos humanos que la Argentina necesita y a la vez forman una sociedad más integrada, con expectativas de progresos y aspiraciones de movilidad social. No hay desarrollo ni inclusión posibles sin políticas que fortalezcan de manera sostenida a nuestro sistema de ciencia y tecnología y a nuestras universidades públicas.
Hoy atravesamos una etapa crítica. El gobierno de Javier Milei ha castigado a lo largo de estos dos años a la ciencia y a la Universidad con políticas de ajuste y desinversión, con una fuerte caída de los salarios reales y presupuestos llevados a sus niveles más bajos desde la recuperación democrática. Esta situación empuja a científicos/as y universitarios/as al pluriempleo, al deterioro de sus actividades de investigación, docencia y transferencia, y acelera la emigración, con consecuencias gravísimas para el futuro del país.
En contraposición a este escenario, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires viene actuando como un escudo de protección para sus habitantes, intentando sostener a sus Universidades y a su sistema científico, aún en un contexto de millonarias deudas del Estado Nacional con las provincias. Pero como sostiene Axel “no alcanza con ser escudo y resistir, hay que construir otro camino”.
Resulta imperioso que quienes tenemos la convicción de que otro país es posible trabajemos para que en 2027 podamos ofrecer un proyecto para una Argentina diferente: sostenida en la educación, la cultura, la ciencia en todas sus disciplinas, la Universidad, la salud pública, la producción, la industria nacional, el desarrollo sustentable, la inclusión y el trabajo. Un proyecto con alcance federal, con perspectiva de género y con más participación de las y los jóvenes. Tenemos la convicción que ese proyecto debe ser encabezado por Axel Kicillof, quien con su honestidad, formación, capacidad de trabajo, experiencia de gestión, y diálogo con sectores muy diversos de la sociedad, ha demostrado reunir las condiciones para conducirnos hacia un futuro mejor.
Argentina tiene Derecho al Futuro y queremos ser parte activa de este armado colectivo: produciendo más y mejor ciencia, desarrollando tecnología e innovación desde nuestros Organismos y Universidades, y transmitiendo ese conocimiento a las nuevas generaciones desde nuestras aulas. Para lograrlo necesitamos recuperar y fortalecer el sistema nacional de ciencia y tecnología, garantizar salarios dignos para investigadores/as y trabajadores/as universitarios/as, y contar con presupuestos acordes a los desafíos de un mundo donde el conocimiento es la llave de la soberanía y del bienestar colectivo.
El futuro es con Axel. Hagamos desde nuestra comunidad el aporte para construirlo.
Quienes aquí firmamos expresamos nuestra decisión de integrar el espacio Universidad y Ciencia del Movimiento Derecho al Futuro.
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2026/04/mdf_uyc_1.jpg8531280pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2026-04-08 22:14:522026-04-14 18:08:01Lanzamiento del espacio Universidad y Ciencia del MDF
La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo
Alan Kay
La guerra puso de manifiesto, una vez más, los problemas derivados de la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, así como la vulnerabilidad de la economía global frente a las fluctuaciones de sus precios. El precio del petróleo ya superó los 100 dólares el barril y el del gas se duplicó.
Si en el pasado la transición energética encontró su argumentación en la meta de reducción de emisiones o como estrategia para un desarrollo industrial verde, hoy es la autonomía energética la que ocupa un lugar central en el discurso. Países como Alemania, India, Chile y Uruguay han logrado reducir la dependencia de importaciones de combustibles fósiles para la generación eléctrica sobre la base de la expansión de las renovables. Además, otros países de la región, como Chile, Uruguay y Colombia, están avanzando rápidamente en la electromovilidad por conveniencia de costos y políticas verdes. China e India se están convirtiendo en la electrificación en un motor de crecimiento sostenible, seguidos de un número importante de economías del sudeste asiático como Indonesia y Vietnam.
Mientras el mundo avanza hacia la reindustrialización y la construcción de competitividad en nuevos sectores y cadenas de valor, la Argentina marcha a contramano. Milei niega el rol de la política industrial y destruye capacidades manufactureras mediante una apertura comercial indiscriminada. Aún más: con el RIGI, en lugar de aprovechar nuestros recursos estratégicos para desarrollar industria y tecnología propias, apuesta por consolidar un modelo primarizado basado en la exportación de materias primas.
Panorama global de la transición energética
Dos nuevos factores destacan en el panorama tecnológico y productivo de la transición y hacen que las vacilaciones previas hoy se transformen en una orientación clara.
El primero es la emergencia de un conjunto de tecnologías verdes que ya son competitivas frente a la alternativa fósil sin necesidad de subsidios. Es el caso de las energías renovables y, en particular, de la solar fotovoltaica, cuyos costos nivelados de generación eléctrica se ubican hoy por debajo del costo marginal de generación a gas con la tecnología más eficiente —el ciclo combinado—. Los autos eléctricos, por su parte, también se aproximan a esa zona de competitividad, impulsados por las ganancias de eficiencia y por la reducción de costos en la producción de baterías. Este nuevo escenario no alcanza a todas las tecnologías, pero sí a un conjunto de las más maduras, lo que vuelve obsoleto el argumento de que “la transición es cara”.
El segundo factor es la potencia industrial de China en estas tecnologías, que ha resultado tan arrolladora que ha obligado a las grandes potencias a recalcular sus estrategias de industrialización verde. En el caso de Estados Unidos, esto se tradujo en un abandono de la carrera tecnológica, con el pasaje de la Inflation Reduction Act (IRA) de Biden —el paquete de política industrial verde más ambicioso de la historia norteamericana— a la One Big Beautiful Bill Act (OBBBA) y a la política del Drill Baby Drillde Trump. Ese viraje implica un retorno decidido al paradigma fósil, aunque con excepciones para tecnologías de uso dual (civil-militar) consideradas estratégicas, como las baterías para drones. En el caso de la Unión Europea, el ajuste fue distinto: una reorientación de su política industrial verde hacia la búsqueda de transferencia tecnológica y contenido local en las inversiones chinas en el continente. La política industrial, en definitiva, dejó de ser patrimonio exclusivo del mundo en desarrollo para convertirse en la norma de los países centrales, decididos a asegurarse un lugar en las nuevas tecnologías de la transición.
¿Qué significa para la Argentina?
Las implicaciones más significativas para Argentina,la región y elSur Globalse concentran en el impacto de este proceso enel precio de las materias primas. En efecto, el escenario actual nos coloca ante un nuevo ciclo de commodities, esta vez protagonizado por los minerales críticos. La demanda de materiales para la transición energética presiona al alza los precios del litio y del cobre, pero también del cobalto, las tierras raras y el uranio. El denominador común de todos ellos es su centralidad en las tecnologías energéticas, en la electrificación y en aplicaciones de uso dual.
El impacto directo en nuestras economías se expresa en dos procesos: la primarización de las exportaciones, producto del creciente peso de estos minerales en la canasta exportadora, y la desindustrialización de la estructura productiva, derivada de la posible pérdida de capacidades industriales si no existe una política de reconversión hacia los nuevos sectores dinámicos.
La transición en nuestro país parece cargada de contradicciones: “para qué ir a renovables si tenemos vaca muerta”, “¿por qué buscar agregar valor al litio si no podemos dominar las tecnologías de baterías?”, “Por qué hacer autos eléctricos si tienen menos piezas y, por lo tanto, generan menos empleo que los autos a combustión?”. Estos planteos son muy frecuentes, pero mientras este debate ocurre, las oportunidades se agotan. Ante estas preguntas es imprescindible revisar los principales hechos:
1.El avance y crecimiento de la transición está garantizado por al menos dos factores: una creciente ventaja de costos y sus implicancias sobre la seguridad energética. En 2025 más del 90% de la nueva demanda de energía eléctrica a nivel global se atendió con fuentes renovables. Las renovables y las baterías estacionarias explican la mayor proporción de la nueva capacidad instalada a nivel global. La electromovilidad continúa creciendo a pesar de los menores subsidios, especialmente en países dependientes de combustibles fósiles (ver los casos de Uruguay o Nepal).
2. La transición está fragmentada por la creciente tensión geopolítica. La estrategia de China se basa en la autonomía energética y la exportación de tecnologías limpias. EEUU, en cambio, ante un reconocimiento de incapacidad de competir, busca clausurar la trayectoria con quita de subsidios, pero también cancelando concesiones para proyectos eólicos y dando nuevas para la extracción de petróleo. Sin embargo, aún sostiene interés en tecnologías de uso dual y busca garantizar el abastecimiento de materiales críticos (por ejemplo, llama la atención de la sección 45X de IRA que da créditos fiscales a la manufactura de baterías, fue una de las pocas que subsistió al OBBBA).
3.La transición energética ya está reconfigurando nuestra estructura exportadora productiva. Las exportaciones de minerales muestran un fuerte crecimiento impulsado por el litio. Esta tendencia se consolidará y expandirá en los próximos años, especialmente en caso de que ingresen a producción alguno o varios de los proyectos de cobre que hoy se encuentran en etapas avanzadas. Por otra parte, nuestra industria manufacturera podría perder capacidades ya sea por demandas de nuevos estándares ambientales y reglas del comercio como CBAM (ajuste de carbono en frontera) de la UE o por pérdida de mercados frente a la actualización tecnológica. Por ejemplo, el sector automotriz ya enfrenta una fuerte crisis por la apertura de importaciones indiscriminada: en los últimos meses de 2025 cerca de un tercio de los autos importados por Argentina fueron eléctricos o híbridos y los países destino de nuestras exportaciones automotrices muestran las mayores tasas de crecimiento en electromovilidad.
En síntesis, las oportunidades se achican mientras se consolida una estructura productiva más primarizada bajo el modelo extractivista que configura el RIGI.
Hay otro camino
No hay un destino fatal. Otros países del Sur Global están observando este mundo en transformación y adecuando sus estructuras productivas hacia estrategias de desarrollo más sofisticadas. Los ejemplos pueden parecer lejanos, pero son elocuentes: Sudáfrica logró integrar el 70% de componentes locales en su industria eólica; Marruecos, aprovechando su proximidad a Europa, se encamina a convertirse en un hub de producción de autos eléctricos y baterías; Indonesia, a partir de la -para muchos controvertida- decisión de restringir las exportaciones de níquel sin procesar, consiguió radicar fundiciones locales y hoy aspira a que el control sobre ese mineral estratégico le permita construir una cadena completa de baterías y electromovilidad.
En la región, los casos de Brasil y México son emblemáticos, sobre todo porque demuestran que una estrategia de industrialización verde no es incompatible con seguir explotando hidrocarburos. Ambos muestran que se puede apostar a las tecnologías de la transición sin abandonar la base energética existente. En ese marco, resignar estas oportunidades industriales puede representar un golpe difícil de revertir para las estructuras productivas de los países latinoamericanos.
En síntesis, la transición energética no es un fenómeno lejano ni una agenda de países ricos: es una reconfiguración profunda de la economía mundial que ya afecta estructuras productivas, flujos comerciales y correlaciones de poder. La necesidad de coordinación entre países de la región, pero también con otras naciones del Sur Global —particularmente en materia de acceso a recursos críticos— parece el único camino posible para evitar un neoextractivismo. Por otra parte, la reconstrucción y expansión de capacidades industriales es condición necesaria para evitar un industricidio aún más profundo. El futuro de la Argentina también se juega ahí.
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2026/03/veronica-robert.jpg600800pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2026-03-13 14:06:202026-03-13 16:41:31La transición energética ya llegó: desafíos para la industria argentina
La pandemia, la guerra en Europa, la aceleración de la transición energética y la digitalización reconfiguraron el consenso global. Las grandes potencias abandonaron la ingenuidad liberal y volvieron a políticas industriales activas, combinando subsidios, regulación tecnológica, compras públicas y estrategias de seguridad de suministros. A partir de lo aprendido con China, en la nueva configuración geopolítica internacional los países del norte global avanzan hacia cadenas de valor más cortas, confiables y con control soberano sobre eslabones críticos.
La noción de una política industrial activa, tradicionalmente ausente o incluso rechazada en el discurso de las grandes potencias internacionales, vuelve a cobrar relevancia en el debate contemporáneo sobre desarrollo. Instituciones como el Fondo Monetario Internacional, que históricamente se oponían a la intervención estatal en la estructura productiva, han comenzado a elaborar análisis y documentos sobre instrumentos de política industrial, evidenciando una revisión de sus posturas anteriores. Por su parte, la UNCTAD, en su esfuerzo por legitimar estrategias de industrialización en los países en desarrollo, avanza en la formulación del concepto de policy spacecomo fundamento para ampliar la autonomía estatal en la adopción de medidas orientadas al desarrollo.
En este contexto, el trípode macroeconómico que sustentó la globalización neoliberal muestra señales de flexibilización, abriendo espacios en diversas partes del mundo para la implementación de políticas macroeconómicas y sectoriales más alineadas con los objetivos de transformación productiva y crecimiento inclusivo.
Para los países sudamericanos, avanzar en una política industrial orientada al desarrollo implica no solamente aumentar el valor agregado de su producción, sino también expandir de manera sostenida la inversión en ciencia, tecnología e innovación, elementos indispensables para impulsar transformaciones productivas de largo plazo. Este esfuerzo requiere, además, fortalecer capacidades estatales, consolidar sistemas nacionales de innovación, promover la formación de recursos humanos altamente calificados y desarrollar cadenas regionales de valorque reduzcan la dependencia externa en sectores estratégicos.
En este sentido, el objetivo último de una política industrial renovada debe ser mejorar de forma significativa la calidad de vida de las poblaciones, garantizando empleos de mejor calidad, ampliando el acceso a servicios esenciales y promoviendo un desarrollo económico más inclusivo y sostenible. El momento histórico actual, marcado por una inflexión en el paradigma neoliberal y por una creciente aceptación internacional de políticas industriales activas, constituye para los pueblos sudamericanos una auténtica ventana de oportunidad.
Aprovechar este escenario implica reconocer que el retraso tecnológico y la especialización en productos primarios son el resultado de decisiones políticas y de la ausencia de coordinación regional en momentos clave. No obstante, si la región no avanza con una agenda compartida, articulada y ambiciosa, corre un riesgo considerable: permanecer atrapada en un patrón primario-exportador que la obliga a vender barato sus recursos naturales mientras compra a precios elevados bienes manufacturados y tecnologías que podría producir de manera conjunta.
La superación de este modelo depende, por tanto, de la capacidad de los Estados sudamericanos para actuar colectivamente, diseñar estrategias de desarrollo de largo plazo y aprovechar al máximo las nuevas condiciones del sistema internacional.
En la década de los noventa, el denominado regionalismo abierto se consolidó como el paradigma dominante de integración en América del Sur. Este modelo, concebido como una combinación entre la reducción de tarifas entre países vecinos —a partir de preferencias regionales— y la apertura unilateral hacia el resto del mundo, buscaba disminuir barreras comerciales sin generar discriminaciones significativas contra terceros. Sin embargo, pese a haber ampliado el comercio exterior en términos agregados, dicho enfoque no logró densificar las cadenas intrabloque ni generar procesos duraderos de aprendizaje colectivo, elementos fundamentales para la construcción de capacidades tecnológicas y productivas propias.
Por el contrario, la región experimentó un proceso de profundización de su inserción primario-exportadora, acompañado de un debilitamiento relativo de su capacidad de negociar como bloque en los foros multilaterales. Desde el punto de vista de la acción estatal, el avance en las negociaciones del Arancel Exterior Común, orientado prioritariamente a facilitar la inserción de los países sudamericanos en las cadenas globales de valor, terminó por reforzar la lógica de apertura exógena, debilitando aún más el comercio intrarregional y limitando la construcción de un mercado ampliado capaz de sustentar políticas industriales conjuntas.
El resultado de estas dinámicas históricas es evidente: hoy, América del Sur constituye la región del mundo con menor participación relativa de su propio espacio geográfico en sus importaciones totales, representando apenas el 2,6%. Esta cifra cae al 1,5% si se excluye a Brasil, mientras otras regiones muestran niveles significativamente más altos —como Europa (34,7%), Asia (38,4%, o 27,7% sin China) y América del Norte (18,8%, o 4,9% sin Estados Unidos).
A comienzos del siglo XXI emergió en América del Sur un renovado impulso político en favor de la integración regional, sustentado en la convergencia de gobiernos progresistas que promovieron iniciativas como la UNASUR, el ALBA y otros mecanismos orientados a fortalecer la concertación política y ampliar la capacidad de acción conjunta de la región. Aunque estos esfuerzos contribuyeron a reforzar una percepción de identidad común y a la construcción de una gobernanza compartida, no lograron consolidar procesos profundos y sostenidos de integración productivacapaces de modificar la inserción internacional primario-exportadora de la región.
La ausencia de políticas industriales coordinadas, la limitada articulación entre sistemas nacionales de innovación y la falta de instrumentos financieros robustos para proyectos conjuntos dificultaron la transición hacia un modelo de desarrollo basado en cadenas regionales de valor. Además, el avance de gobiernos de derecha en varios países sudamericanos —especialmente a partir de mediados de la década de 2010— y la decisión deliberada de Brasil de abandonar la prioridad estratégica de la región resultaron en un marcado retroceso institucional. Muchas de las iniciativas creadas perdieron vigor, fueron vaciadas o directamente desmontadas, interrumpiendo la construcción gradual de mecanismos de gobernanza regional.
Así, el ciclo de integración de principios del siglo XXI logró avances significativos en términos simbólicos y políticos, pero resultó insuficiente para generar transformaciones estructurales duraderas en el tejido productivo sudamericano.
Las promesas de la globalización —basadas en la suposición de que la liberalización comercial conduciría automáticamente al desarrollo, al upgradingtecnológico, a la diversificación productiva y a la mejora de la calidad de vida de las personas— no se han cumplido. Además, en el actual contexto geopolítico marcado por la ascensión de China como potencia tecnológica, comercial y militar, y por la creciente disputa internacional por cadenas de valor más cortas, seguras y geolocalizadas, la idea de región adquiere una centralidad estratégica inédita.
Ganan fuerza un conjunto de estrategias económicas con mirada regional: el reshoring, orientado a traer de vuelta al país de origen segmentos industriales considerados críticos; el nearshoring, que busca relocalizar procesos productivos en países geográficamente próximos para aumentar la seguridad y resiliencia de la cadena de suministros; y el friendshoring, que redefine la geografía industrial con base en afinidades políticas, estabilidad institucional y alianzas geoestratégicas.
Estas transformaciones, intensificadas por la rivalidad sino-estadounidense, apuntan a una reorganización global en la que los bloques regionales, más que los mercados globales difusos, se convierten en la escala decisiva para la integración industrial, la seguridad económica y la innovación tecnológica.
En paralelo, la literatura sobre desarrollo productivorevisita marcos teóricos históricos, como el paradigma de los flying geesepropuesto por Kaname Akamatsu en la década de 1930. Este modelo interpretaba la industrialización asiática como un proceso secuencial en forma de “V”, en el cual los países menos avanzados seguían los pasos del líder regional —originalmente Japón—, adoptando aquellas industrias que este ya había superado.
En la era de la desglobalización y del ascenso chino, diversos autores hablan de un flying geese 2.0, en el que China ocupa la posición de liderazgo, externalizando sectores maduros y empujando a otras economías asiáticas hacia nuevos saltos de industrialización. Este movimiento demuestra que, en un mundo de cadenas de suministro fragmentadas y de disputas tecnológicas intensificadas, el desarrollo ocurre crecientemente por medio de estrategias regionales coordinadas, y no por vía de una apertura comercial indiscriminada.
Para América del Sur, esto implica reconocer que, sin una integración productiva profunda —basada en estándares comunes, proyectos conjuntos, plataformas compartidas de I+D y planificación industrial regional—, la región corre el riesgo de quedar marginada de las nuevas geoeconomías que se están configurando.
Así, el momento actual no solo revaloriza la escala regional, sino que resalta que la integración productiva es una condición necesaria para que América del Sur participe de manera soberana y estratégica en el nuevo orden económico internacional.
Desindustrialización precoz y fragmentación política generan vulnerabilidad
Sudamérica exhibe síntomas persistentes de desindustrialización precoz: caída del peso manufacturero sin haber alcanzado altos ingresos ni una economía de servicios basada en conocimiento, pérdida de complejidad, productividad estancada y reprimarización. La consecuencia es directa sobre la vida cotidiana: empleo formal insuficiente, salarios presionados a la baja, precios de bienes esenciales dependientes de importaciones y ciclos externos volátiles.
Esta trayectoria se agravó por la desintegración regional de los últimos años, que redujo la escala y el poder de negociación, dejando a cada país lidiando de manera aislada con potencias y conglomerados globales. Es un juego profundamente asimétrico.
La buena noticia es que la región no parte de cero. Existen capacidades tecnológicas y productivas dispersas —en salud, metalmecánica, química fina, energías renovables y electrónica de potencia—, bancos de desarrollo con capacidad de financiamiento y una masa crítica de centros de investigación. Lo que falta es una arquitectura política y operativa que conecte todo ese potencial en proyectos concretos.
Las políticas explícitas de desarrollo productivo no corrigen solamente fallas de mercado; también crean mercados con propósito públicocuando el interés social —salud, energía limpia, movilidad, digitalización inclusiva— exige inversiones de alto riesgo y horizontes largos.
La experiencia metodológica de la Nova Indústria Brasil (NIB)resulta ilustrativa: misiones que vinculan industria con bienestar (salud, movilidad urbana sostenible, transformación digital, bioeconomía y descarbonización, agrosustentabilidad y soberanía tecnológica), acompañadas por mecanismos de gobernanza participativa y métricas de resultado. Se trata de un diseño replicable regionalmente, porque organiza carteras transversales —regulación, financiamiento, compras públicas, investigación y formación— alrededor de metas sociales concretas.
Un enfoque de misiones regionales exige: (i) objetivos públicos claros; (ii) instrumentos coordinados —crédito, garantías, estándares, compras conjuntas y clústeres transfronterizos de I+D—; (iii) contratos con el sector privado con cláusulas de desempeño (empleo calificado, proveedores locales, reducción de emisiones) y revisión anual; (iv) tableros públicos de indicadores (contenido regional, sustitución de importaciones, plazos de entrega y reducción de costos para los usuarios).
Se trata, en definitiva, de una política industrial democrática, orientada al bienestar y con control social.
El “cómo”: los instrumentos de la integración productiva
En este escenario de transformación geoeconómica, pensar estratégicamente los instrumentos de integración regional y desplegar creatividad institucional para revisarlos a la luz de la nueva realidad política resulta fundamental.
Muchos de los instrumentos concebidos en décadas anteriores necesitan ser actualizados, tanto en sus marcos normativos como en su lógica de funcionamiento, de modo que puedan responder adecuadamente a los desafíos contemporáneos de industrialización, autonomía tecnológica y seguridad económica.
Esto implica, entre otros aspectos, una revisión profunda del papel de los bancos nacionales y regionales de desarrollo, que deben evolucionar hacia modelos de financiamiento orientados por misiones, con capacidad de estructurar fondos conjuntos para temas estratégicos y articular crédito, garantías e instrumentos de innovación con objetivos explícitos de desarrollo productivo regional.
Paralelamente, agendas largamente postergadas —como la promoción de mecanismos de comercio intrarregional sin recurrir al dólar— deben ser reintroducidas con urgencia en la agenda política sudamericana. En este sentido, la modernización del Convenio de Crédito Recíproco de la ALADI, creado en los años setenta, emerge como un instrumento concreto para facilitar compensaciones multilaterales, reducir costos de transacción y disminuir la vulnerabilidad estructural derivada de la dependencia de divisas.
Estos avances son especialmente relevantes en un contexto internacional en el que los países que logran estabilizar sus sistemas de pagos internos fortalecen su capacidad de planificación industrial y reducen la exposición a shocks externos.
Asimismo, la nueva coyuntura internacional exige incorporar instrumentos ampliamente difundidos en las principales economías del mundo, entre ellos los mecanismos de screening de inversiones, orientados a proteger sectores estratégicos sin caer en proteccionismos ineficientes.
La necesidad de tales instrumentos es particularmente evidente en América del Sur, donde los flujos recientes de inversión extranjera directa presentan una composición crecientemente desvinculada de la transformación productiva. En 2023, por ejemplo, el 67,1% de la IED que ingresó a Brasil se destinó al sector de servicios financieros, generando escasos encadenamientos productivos y mínimo impacto tecnológico.
En contraste, Estados Unidos aplica sistemas de revisión de inversiones desde al menos la década de 1950, a través del CFIUS (Committee on Foreign Investment in the United States). Desde la pandemia de COVID-19, el número de países que adoptaron mecanismos de screening o TIDE aumentó en un 85%. Para 2023, un total de 37 países contaban con algún tipo de sistema de TIDE, de los cuales 22 pertenecían al grupo de economías desarrolladas —y ninguno era latinoamericano.
En este contexto, la ausencia de mecanismos similares en América del Sur coloca a la región en una situación de vulnerabilidad regulatoriafrente a las nuevas dinámicas globales de competencia estratégica.
Resistencias y superaciones
La puesta en marcha de una agenda de integración productiva e innovación regional requiere reconocer y gestionar de manera explícita los principales riesgos que podrían comprometer su viabilidad.
El primero es la volatilidad macroeconómica, un problema histórico de la región. Avanzar hacia una macroeconomía consistente con los objetivos de desarrollo productivoresulta fundamental para estabilizar ciclos, fortalecer la inversión pública y otorgar previsibilidad a los proyectos estratégicos compartidos. Otro riesgo relevante es la captura regulatoria y la presión de lobbies desalineados con los objetivos públicos. Mitigar este problema exige fortalecer mecanismos de gobernanza colegiada, aumentar la transparencia, mejorar la capacidad de planificación estatal y publicar indicadores de desempeño de forma sistemática.
Además, es indispensable prestar atención a la “primarización verde” y al riesgo de reproducir nuevos patrones de colonialismo tecnológico en torno a los minerales críticos. La transición energética global, lejos de ser automáticamente una oportunidad, puede reforzar la especialización extractiva si no se condicionan las inversiones a procesos de industrialización local, actividades de investigación y desarrollo, transferencia tecnológica y verificación independiente del cumplimiento de compromisos. La región no se beneficiará plenamente de sus recursos si estos continúan saliendo como commodities en lugar de transformarse en productos con contenido tecnológico regional.
Litio en Argentina.
En consecuencia, el debate central no es “integrarse o cerrarse”, sino cómo integrarse para construir poder de negociación y capturar valor. La integración productiva permite anclar a Sudamérica en cadenas con mayor densidad tecnológica, generar empleos de calidad, reducir asimetrías internas y ampliar los márgenes de autonomía frente a Estados Unidos, China o la Unión Europea. Sin integración, la región permanecerá confinada a los extremos: exportar recursos naturales y comprar conocimiento. Con integración, en cambio, Sudamérica puede codiseñar estándares, cogobernar cadenas de valor y cofinanciar innovación orientada al bienestar colectivo.
La región ya cuenta con un método aplicable —misiones, gobernanza participativa, portafolios con indicadores— demostrado en la experiencia de diseño de la NIB. El desafío es llevar ese método a escala regional, aceptando que el camino no requiere unanimidad: basta con coaliciones de países comprometidos con proyectos creíbles, transparentes y capaces de entregar resultados. Cuando la ciudadanía vea medicamentos más accesibles, buses eléctricos silenciosos o energía más barata y limpia, la integración dejará de ser una consigna para convertirse en sentido común.
Sudamérica posee lo que el mundo demanda —minerales críticos, energía limpia, biodiversidad, talento y capacidades industriales—. Lo que falta es un proyecto común que convierta esos activos en industria, la industria en empleo y el empleo en bienestar. Las políticas explícitas de desarrollo productivo, ejecutadas mediante un regionalismo funcional, constituyen el vehículo para lograrlo. No hay misterio: coordinar estándares y compras, financiar con propósito, construir plataformas de I+D compartidas, formar talento y medir resultados.
La pregunta, entonces, no es si a los países “les conviene” integrarse. La pregunta verdaderamente relevante es si pueden permitirse no hacerlo mientras el resto del mundo rearma sus cadenas de valor sobre nuevas bases geopolíticas, tecnológicas y productivas. Integración o irrelevancia: la decisión es política. Y el tiempo, esta vez, sí está corriendo.
Verena Hitner Barros es una destacada investigadora, politóloga y funcionaria pública brasileña, reconocida por ser la primera mujer en desempeñarse como Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de Desenvolvimento Industrial (CNDI) en Brasil (abril 2023 – agosto 2024), donde fue clave en la construcción de la “Nova Indústria Brasil”. Actualmente es Directora del departamento de gobernanza y indicadores de ciencia y tecnología del MCTI
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2026/03/07614a33-cb7a-4c4d-9594-d3c3b044e925.jpeg511768pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2026-03-13 13:38:452026-03-16 14:43:32Una agenda común de desarrollo productivo para Sudamérica
Este año se cumplen 50 años del último Golpe Militar. Resulta imprescindible tener presente que ese golpe no fue solamente una tragedia represiva: fue también un proyecto económico. La dictadura se propuso disciplinar a la sociedad, desarmar las capacidades productivas e industriales de nuestro país y desatar la especulación financiera. Para lograrlo, además de quebrar la democracia, se buscó también quebrar a las organizaciones, quebrar la solidaridad y sofocar cualquier tipo de esperanza colectiva con relación a una sociedad más justa.
Hoy no vivimos en dictadura, pero sí somos testigos del ascenso de las extremas derechas que en muchos países están atacando la convivencia democrática, y la idea misma de comunidad. Tristemente, también nuestro país se convirtió en un laboratorio de una derecha extrema que llega al poder y gobierna exaltando el odio, consagrando al insulto y a la humillación como método político. No es una coincidencia que este clima de autoritarismo vaya de la mano de proyectos económicos que generan exclusión, desigualdad y que vacían de contenido social a la democracia. Así, la sociedad se fractura progresivamente entre una minoría repleta de privilegios y mayorías repletas de privaciones.
Con relación al desempeño del plan libertario ya no quedan dudas: incluso los economistas y comunicadores más admirados por la derecha caracterizan a este momento en términos de estanflación, la peor de las combinaciones: recesión e inflación. Después de más de dos años de gobierno, no se cumplió ninguno de los pronósticos del presidente: no se produjo ninguna clase de recuperación económica. Vemos en cambio trabajadores despedidos o fuertemente endeudados a los que no les alcanza el salario, empresarios quebrados o al borde del cierre, jubilados pauperizados, estudiantes, docentes, artistas y científicos sin un mango.
El panorama es alarmante: se están destruyendo empresas en todas las ramas, en todas las provincias y de todos los tamaños. Desde que asumió Milei, escuchen, cerraron cerca de 30 empresas por día. En toda la Argentina ya son 21.938, de las cuales 5.832 corresponden a nuestra provincia. Desde que llegó Milei, cada cuatro minutos se pierde un puesto de trabajo registrado. Ya son 299.600 los trabajadores registrados que se quedaron en la calle. Crece también la subocupación y cerca de 200.000 personas pasaron a la informalidad. En Argentina hay menos trabajo con derechos y más precariedad.
En síntesis: la macro está mal y la micro está horrible. Los datos no dejan lugar a dudas: la Argentina vive una profunda crisis y el rumbo económico del Gobierno Nacional es un fracaso. Los datos demuestran que el relato de crecimiento, estabilidad y equilibrio que vende el Gobierno es una mentira. El crecimiento del que hablan es en realidad el crecimiento de la desigualdad y de las riquezas de una pequeña minoría, más extranjera que argentina, que festeja ganancias extraordinarias mientras la enorme mayoría de los argentinos la está pasando cada vez peor.
¿Qué teoría económica puede llamar CRECIMIENTO a esta realidad? ¿Qué clase de equilibrio tiene una sociedad cada vez más desigual y precarizada? ¿Qué estabilidad tiene una familia amenazada por el despido, donde la plata no alcanza y las deudas crecen? ¿Qué clase de orden es posible con una crisis económica que genera angustia y desesperación? ¿A qué se refieren Milei y sus funcionarios cuando dicen que este modelo es exitoso?
Para aclarar este misterio hay que evaluar estos resultados alcanzados a la luz de los objetivos que el propio gobierno confiesa. Aspiran a imponer en Argentina lo que llaman el “modelo de Perú y Paraguay”. Con todo el respeto por estos países, no podemos aceptar que nos quieran imponer esa meta como destino. Se trata de un modelo de primarización productiva y precarización laboral que los Ministros libertarios presentan como un paraíso capitalista. Esa meta significa terminar de destruir a nuestra clase media, significa terminar de destruir un sistema de salud pública que, con todas sus dificultades, cuida y salva vidas sin pedir plata a cambio. Significa terminar de destruir el sistema universitario argentino que es orgullo nacional, un sistema científico, una tradición cultural y educativa que construimos durante generaciones. En resumen, de seguir 6 años más por este rumbo, Argentina corre peligro de perder sus rasgos productivos y culturales más destacados como país y como sociedad. Este no es “un ajuste más”: es una disputa por el tipo de país que aspiramos a ser.
La crisis que vivimos tiene una causa central: el programa económico del Gobierno nacional. ¿Cómo funciona? Dólar barato que desalienta la producción, importaciones que desplazan trabajo argentino, salarios reprimidos que hunden el consumo, tasas altas que premian la especulación y un ajuste fiscal que quita derechos y paraliza la inversión pública. Es un modelo que favorece a la renta financiera y a algunos grandes exportadores de materias primas, pero que debilita a la industria, a las pymes, al trabajo y a la clase media.
Suele ocurrir que quienes aplican este tipo de políticas no comprenden la dimensión humana y la dimensión social de la economía. Las fábricas no solo fabrican cosas. Cada fábrica, fabrica un país. No es una metáfora: es una verdad social. Una fábrica es trabajo, es identidad, son proveedores, es un barrio, son comercios, es una escuela técnica, es conocimiento y es dignidad. Por eso la desintegración del tejido industrial es un crimen social. Pero hay algo todavía más perverso. Este gobierno no solo provoca el daño: también quiere que la gente se sienta culpable. “Fracasaste” les dicen a quienes pierden su trabajo, a quienes tienen que cerrar sus empresas. Esa crueldad es parte del programa. Por eso, quiero hablarle directamente a esa mayoría de argentinos:
Al empresario pyme, al industrial, al comerciante que quiere producir, invertir, pagar sueldos, sostener trabajo, y hoy es empujado al abismo: le digo no sos vos, es el rumbo económico, es la recesión, es la caída del consumo, es la apertura importadora y el tarifazo.
Al universitario, al artista, al emprendedor que no tiene ingresos o ventas, a los jóvenes que ya no pueden ni soñar con alquilar, al cuentapropista o al trabajador de plataforma que pedalea sin ver un futuro: no sos vos, es el ajuste, es la precarización, es un modelo de tremenda concentración económica.
A la trabajadora o al trabajador despedido que siente vergüenza, que siente que falló: le digo. No sos vos, es que hay un gobierno nacional que te abandonó, es el rumbo económico y su insensibilidad.
En otras palabras: ARGENTINA, NO SOS VOS. ¡ES MILEI!
Resulta fundamental que entendamos este aspecto, porque si creemos que el problema somos nosotros, si creemos que los argentinos “no servimos”, que los trabajadores son todos vagos o que los empresarios nacionales son todos ineficientes corremos el riesgo de naturalizar lo que ocurre en nuestro país. Y la resignación es el triunfo cultural y psicológico de este plan económico. Lo primero que tenemos que recuperar, es el orgullo y la convicción de que esta tragedia no es inevitable, de que esta realidad se puede cambiar.
Además de echarle la culpa a la gente, insisten con que la raíz de todos los males es el Estado. Quiero avisar que la mano invisible del mercado no va a defender nuestra producción nacional en el medio de estas guerras comerciales internacionales, la mano invisible no va a construir los miles de kilómetros de autopistas y vías de tren que requiere nuestro país para desarrollarse, la mano invisible del mercado no va a generar puestos de trabajo mientras las transformaciones tecnológicas los amenazan. La mano invisible del mercado no existe, es un verso. Sin Estado no hay más libertad; hay ley de la selva, hay abuso.
A contramano
El plan económico que está destruyendo el país no solo es dañino, además es absolutamente anacrónico, inoportuno y a contramano del contexto internacional. El mundo atraviesa cambios geopolíticos profundos y acelerados, transita turbulencias de todo tipo. Ante esto, los países fortalecen sus capacidades y defienden sus recursos. Este mundo no pide menos Estado: pide protección, planificación, capacidad productiva, industria, generación de trabajo, naciones más fuertes. Ese camino lo recorren con éxito algunos países europeos, México, Brasil, e incluso en parte Estados Unidos. Protegen lo propio, disputan cadenas de valor, invierten, incluyen, planifican.
Mientras tanto nuestro país, liderado por fanáticos de una teoría ridícula y antigua, queda más expuesto a un mundo plagado de guerras comerciales y de las otras. Me pregunto, si tanto les gusta Trump, por qué no lo imitan en esto: ¿Se imaginan a Trump promocionando autos o ropa hechos en China que seguramente son más baratos? Es increíble pero acá está pasando: tenemos un gobierno que desprecia y funde lo nuestro para favorecer lo de afuera.
Gobernar en tiempos complejos
Nuestra gestión, que transitó por diferentes etapas. Hubo una primera etapa, desde 2019, dedicada a reconstruir capacidades del Estado provincial, a poner en marcha un plan de desarrollo y a transformar áreas clave como salud, educación, seguridad, obra pública, producción. Y hay una segunda etapa, la que se abrió con la llegada del gobierno libertario: una etapa en la que, sin abandonar el rumbo, la Provincia tuvo que convertirse además en escudo y red, para proteger a nuestro pueblo frente a un Estado nacional desertor y a un modelo económico desastroso.
Esta segunda etapa de nuestra gestión está fuertemente condicionada por la asfixia financiera a la que nos somete el Gobierno Nacional. De forma ilegal, nos retuvieron y recortaron fondos destinados a jubilaciones, seguridad, el incentivo docente y obras públicas. Sufrimos el ataque de un Gobierno desertor y amigo de lo ajeno, ya que se queda con los recursos de los bonaerenses. Pese a todo, la Provincia no se detuvo. Repaso a continuación algunas de las políticas que venimos implementando en la Provincia de Buenos Aires en materia de Educación, Salud, Desarrollo federal y Seguridad.
“Hay planes económicos que enferman” En materia de salud nuestra gestión abraza convicciones claras: la salud es un derecho, no una mercancía. No creemos en una sociedad donde el que tiene plata se atiende y el que no la tiene espera o se resigna. Todos y todas tienen derecho a ser atendidos con la misma calidad, vivan donde vivan. Por otra parte, un sistema de salud robusto no es un gasto: es la base de cualquier proyecto de desarrollo y de una sociedad justa.
Desde un punto de partida muy precario, en 2019 iniciamos una transformación estructural basada en un Plan Quinquenal y en la creación de una verdadera Red Bonaerense de Atención y Cuidados.
En primer lugar, invertimos en infraestructura, equipamiento y tecnología, como nunca se había hecho. Provincializamos 3 hospitales, pusimos en marcha otros 4 de gestión mixta e inauguramos dos hospitales completamente nuevos. Además construimos 202 nuevos Centros de Atención Primaria en 42 municipios. Se trata de pequeños hospitales con capacidad real de resolución, más cerca de los barrios. Actualizamos el equipamiento, duplicando los tomógrafos, resonadores y angiógrafos, entre otros equipos. Entregamos 426 ambulancias de alta complejidad y consolidamos una red de emergencias con avión sanitario y helicóptero para traslados críticos.
Además, construimos algo que no existía: la historia de salud integrada y el portal MI salud digital. Hoy millones de bonaerenses tienen su historia clínica digital unificada. Incorporamos turnos online y pusimos en marcha las teleconsultas que acercan la salud a todos los rincones de la provincia.
En salud mental dimos un giro histórico. Ampliamos urgencias e internación en todos los hospitales provinciales, creamos centros comunitarios, casas de externación y fortalecimos los equipos profesionales. La salud mental dejó de ser marginal para convertirse en una política central.
Como saben, la ideología libertaria no cree en la salud pública. Se redujo fuertemente el presupuesto nacional en salud, desregularon y aumentaron los precios de los medicamentos y muchas personas perdieron su cobertura privada o su obra social. Cerraron casi 300 empresas privadas de salud, la mayoría de las obras sociales no alcanzan a cubrir las prestaciones mínimas con los aportes y cayó 9% la dispensa de medicamentos. En este marco, tomamos medidas de emergencia. Creamos el Programa Medicamentos Bonaerenses, ampliamos el vademécum oncológico, garantizamos la provisión de insumos críticos, reforzamos psicofármacos y tratamientos postrasplante.
Muchos argentinos perdieron la posibilidad de pagarse un medicamento, un estudio, una consulta. En este contexto se necesita más salud pública, no menos. Por eso enviamos a la Legislatura un proyecto muy importante: la ley de Producción Pública de Medicamentos, para reducir costos y garantizar el acceso en toda la Provincia. No hace falta ser comunista ni soviético para tener en claro que cualquier persona debería poder acceder a los medicamentos que necesita, independientemente de su condición económica.
La salud no puede depender exclusivamente del mercado. En realidad, depende de la decisión política de cuidar de nuestro pueblo. Hoy en la Argentina se está aplicando un modelo económico que enferma.
“No hay seguridad posible sin fuerte inversión pública”
La seguridad es un tema especialmente sensible para nuestra sociedad, un problema atravesado por el dolor y el miedo, que sin embargo muchas veces es utilizado muchas veces por la política para hacer marketing o buscar ventaja electoral. Nosotros no lo hacemos: frente al sufrimiento, corresponde trabajar con seriedad, no con morbo ni demagogia.
Nuestra estrategia se sostiene en tres pilares claros: inversión, actualización tecnológica y formación. Y en una convicción de fondo: la seguridad es una función esencial del Estado. No se puede promover la destrucción del Estado y, al mismo tiempo, pretender garantizar protección.
En estos años realizamos la mayor renovación de equipamiento policial de la historia reciente de la Provincia. Cuando comenzamos había sólo 790 patrulleros en un estado deplorable que no podían cubrir las 1.100 cuadrículas. Incorporamos 9.592 patrulleros y 2.491 motos, lo que nos permite hoy recorrer cada cuatro horas el 75% de las calles de nuestras ciudades y pueblos. Eso significa más presencia, más prevención y más capacidad de respuesta.
Fortalecimos las fuerzas operativas: creamos la Fuerza Barrial de Aproximación, FBA, con 30 nuevas bases y 4.937 efectivos. La UTOI pasó de 636 efectivos en 2019 a más de 2.800 distribuidos en 14 bases, y el Grupo de Prevención Motorizado GPM se multiplicó por ocho. Recuperamos la flota aérea, con 11 helicópteros en operación incluyendo uno sanitario y otro con visión térmica y volvimos a poner en servicio aviones que estaban fuera de funcionamiento. Creamos también la Policía Rural, con formación y equipamiento específico, para custodiar zonas que durante años estuvieron mal protegidas.
Al mismo tiempo, ampliamos el servicio penitenciario. Cuando asumimos, el sistema contaba con 24.000 plazas. En seis años agregamos 8.500 plazas nuevas dentro de un plan de 12.000, porque no hay política de seguridad eficaz si no hay capacidad institucional para sostenerla.
Para combatir la criminalidad en los jóvenes, creamos el Programa Entramados para que toda vez que un menor comete un delito y llega a una comisaría tomen intervención el fiscal, el juez de menores y el equipo de niñez de cada municipio. El objetivo es evitar que estos adolescentes o niños que muchas veces llegan por delitos menores, sigan escalando en una espiral que los convierta en delincuentes más violentos.
En materia de formación, cambiamos todo. Modificamos los planes de estudio, extendimos la duración del entrenamiento y, sobre todo, fortalecimos la además de la teórica, la preparación práctica para los cadetes, que prácticamente no existía. También creamos el Instituto Universitario Juan Vucetich para jerarquizar a nuestra policía.
A quienes promueven un Estado mínimo o desertor les recuerdo algo elemental: no hay seguridad posible sin fuerte inversión pública. Y pese a que el Gobierno nacional le quitó a los bonaerenses 750 mil millones de pesos que estaban destinados a la seguridad, seguimos sosteniendo esta política y reclamando lo que nos corresponde.
Si bien hay que ser muy prudentes cuando hablamos de resultados en materia de seguridad, quiero compartir algunos datos NO para festejar, sino para rendir cuentas y para convocarlos a sostener este rumbo y a defender las inversiones en seguridad.
Hemos alcanzado una tasa del 96% de esclarecimiento de homicidios. Eso significa que prácticamente no hay crímenes impunes. En la Provincia de Buenos Aires, quien comete un homicidio o un delito grave es aprehendido y puesto a disposición de la Justicia, tenga la edad que tenga. Asimismo, hoy, los principales líderes de las bandas narco que operaban en nuestro territorio están presos.
Quiero agregar otro dato relevante: estamos logrando reducir la reincidencia en delitos graves, como resultado de una política penitenciaria que apunta no sólo al encierro y al castigo sino también a cortar las trayectorias delictivas.
En cuanto al indicador más crítico, la tendencia es positiva. En los seis años de gestión, la Provincia registró niveles de homicidios inferiores a los 25 años anteriores. Por ejemplo, el año pasado se contabilizaron menos de la mitad de los homicidios dolosos que en 2014, y el menor número de homicidios en ocasión de robo de toda la serie, alcanzando una de las tasas más bajas de América Latina. Vuelvo a expresar que ninguna estadística compensa el dolor de una vida perdida.
Ahora bien, la política de seguridad nunca actúa en el vacío. Se despliega en un contexto social determinado. Y lo digo con responsabilidad: un modelo económico que destruye el empleo, precariza los ingresos y profundiza las desigualdades no construye paz social. Cuando se deterioran las condiciones de vida, aumentan las violencias de todo tipo. Pese a la enorme inversión que hacemos, es importante subrayar que la seguridad no se resuelve sólo con patrulleros: también requiere un proyecto de desarrollo y cohesión social.
“La Educación es la base del Derecho al Futuro”
Lo primero que hicimos fue lanzar el plan Escuelas a la Obra con el que ya completamos más de 8.500 reparaciones. También ampliamos como nunca la cantidad de edificios escolares. Llevamos inaugurados 296 nuevos edificios, a la vez reinauguramos 519 edificios que estaban destruidos y finalizamos 1.348 aulas nuevas. Ampliamos también la planta educativa, creando 14.973 cargos docentes y 199.333 módulos docentes, para cubrir los nuevos establecimientos educativos y para el fortalecimiento de los equipos docentes, de orientación y de conducción de cada escuela. Realizamos el pase a planta permanente de 6.301 trabajadores auxiliares de la educación, y otros 986 se encuentran tramitando el pase.
Extendimos la jornada escolar. Desde que llegamos, 633.000 estudiantes van más horas a la escuela. Hoy, 70% de las escuelas primarias cuentan con más de 4 horas diarias de clase, 5 veces más que antes de la implementación del programa. Esto significa un 25% más de horas de clase. Entre las decisiones pedagógicas importantes se encuentran los nuevos diseños Curriculares para el Nivel Inicial, para la Educación Especial, la de Adultos y la Educación Técnica. En el Nivel Primario aplicamos también nuevas políticas para mejorar la lectoescritura.
En el nivel secundario, implementamos un nuevo Régimen académico invirtiendo en más docencia para acompañar las trayectorias de los alumnos y reducir la deserción escolar. Se dejó atrás un modelo centenario, y que por supuesto, se encuentra en constante revisión y consulta con las escuelas para realizar las modificaciones necesarias.
En las escuelas bonaerenses los pibes también se alimentan, tarea que se volvió más necesario que nunca dado el deterioro de la situación social del país: tuvimos que extender el Servicio Alimentario Escolar que hoy alcanza a 2,5 millones de destinatarios que comen en la escuela todos los días. Si a esto agregamos el módulo extraordinario MESA que alcanza a 2 millones de personas, estamos hablando del plan alimentario más grande del país con cerca de 70 mil millones de pesos por mes de financiamiento provincial.
Estas acciones las llevamos adelante en un contexto de total deserción del Estado nacional que eliminó el Fondo de Incentivo Docente, y dejó de financiar la construcción de escuelas, la distribución de libros y de tecnología. La tendencia se agrava: en el Presupuesto nacional del corriente año, se eliminó el Fondo para la Educación Técnica, desfinanciando los talleres de las escuelas técnicas, agrarias y de los centros de Formación Profesional.
A veces escucho a quienes se declaran enemigos del Estado invocar a Sarmiento, atribuyéndole ideas que él mismo había combatido. Sarmiento no dejó la educación librada a la “mano invisible” del mercado. La convirtió en política de Estado. La planificó, la expandió y la financió convencido de que era la base de la integración nacional, de la movilidad social y de la construcción de la patria.
Con todas sus dificultades y deudas, la Argentina supo construir un sistema educativo público, científico y universitario que fue y sigue siendo admirado en la región, incluso por sociedades mucho más ricas que la nuestra. La escuela pública está en el ADN de nuestra mejor historia como país.
Mientras el estado nacional despidió en todas las áreas a más de 60 mil trabajadores y empeora sistemáticamente sus condiciones de trabajo nosotros, aun en esta emergencia, seguiremos poniendo todo para sostener la educación pública, gratuita y de calidad. La educación pública no es un gasto: es la base del derecho al futuro. Y ese derecho al futuro hoy está siendo atacado.
Por un desarrollo federal
Nuestro enfoque de gobierno es profundamente federal: todos los municipios importan, todos los partidos tienen el mismo derecho al desarrollo. No queremos pueblos, ciudades y regiones que expulsen a sus habitantes por falta de oportunidades educativas, laborales o por falta de infraestructura básica.
En el marco del Programa Estratégico De Mejora De Caminos Rurales, intervinimos 5.500 kilómetros fundamentales para el desarrollo productivo y la integración de distintas regiones de nuestro interior bonaerense. En materia hidráulica, pese a la paralización de Nación de la parte que le corresponde, seguimos ejecutando el Plan Maestro Integral de la Cuenca del Salado. También continuamos con obras en la cuenca del Río Luján, el Reconquista, el plan hídrico de La Plata, los desagües en la cuenca del arroyo Duppy y desagües San francisco las piedras, el nodo Bragado, la presa del arroyo Pergamino entre muchas otras. A un año de la tragedia ocurrida en Bahía Blanca, estamos comenzando con la obra integral del Canal Maldonado y la cuenca con financiamiento íntegramente provincial.
En un hecho sin precedentes, el Gobierno nacional paralizó más de 1.000 obras y 16.000 viviendas en la Provincia. Mientras tanto nosotros seguimos avanzando con la construcción de infraestructura que genera trabajo, integración y desarrollo como las obras que traen energía para San Pedro y Chivilcoy, la autovía en la ruta provincial 11, el mejoramiento integral del camino de cintura, la puesta en valor de la rambla de Mar del Plata, la restauración integral del Teatro del Lago acá en La Plata, las obras de viviendas en toda la provincia y de urbanización en barrio populares, entre muchas otras.
El desarrollo y el arraigo también requieren el acceso de las regiones a la educación universitaria. A través del Programa Puentes, ya inauguramos 48 nuevos centros, llegando a 80 municipios con 344 carreras universitarias.
Ninguna región puede lograr el arraigo y aspirar al desarrollo si no hay trabajo y actividad económica. Por eso impulsamos la agregación de valor en origen, apoyando experiencias privadas y cooperativas de diversas actividades. Con el programa de financiamiento de frigoríficos municipales incorporamos 9 nuevos establecimientos, lo cual genera empleo local y mejora la rentabilidad del productor, reduciendo costos de flete. Para fortalecer el vínculo entre producción y consumo desarrollamos Mercados Bonaerenses, con más de 40.000 ferias en 123 municipios, acortando cadenas de comercialización y mejorando precios tanto para productores como para consumidores.
El financiamiento es otra de las herramientas necesarias para promover un desarrollo más equilibrado y federal. Desde el Banco Provincia, otorgamos 3,4 millones de créditos a empresas y 1,2 millones a personas. A través de PROCAMPO, el Banco Provincia y el Ministerio de Desarrollo Agrario otorgaron más de $3,22 billones en créditos a más de 10.700 empresas, además del acompañamiento directo a más de 6.000 productores. Por su parte, la Cuenta DNI se acerca ya a los 11 millones de usuarios, convirtiéndose en una herramienta clave para sostener consumo y actividad.
El equilibrio macroeconómico no significa recortar por recortar. Es necesario lograr que todas las regiones de una Provincia o de un país puedan crecer. Trabajamos por un desarrollo que no concentre, que no abandone, que no excluya, y que cada región tenga derecho al futuro.
Hay otro camino
El actual escenario económico y político se agrava de forma acelerada por los efectos desintegradores del modelo económico que está aplicando el Gobierno Nacional. Por más esfuerzo que hagamos desde el Gobierno Provincial, actuando como escudo y red, la verdad es que no alcanza. No hay soluciones provinciales para una crisis nacional, ni tampoco una solución provincial para evitar el destino al que nos conduce este rumbo económico si continua durante 6 años más. Ninguna provincia se salva si el país se hunde; ningún sector se salva si la mayoría se hunde. No existe una “isla” que prospere en un país que se desintegra. Ninguna política provincial o municipal es capaz de frenar la destrucción del tejido industrial – y del entramado social que se articula en torno a él – que se está produciendo en todo el país de forma deliberada.
Asimismo, todas las Provincias enfrentamos un desafío común: el ataque al federalismo. Nos enfrentamos a un Gobierno Nacional que recorta transferencias a las provincias, que paraliza obras públicas estratégicas en todas las regiones del país, un gobierno nacional que centraliza decisiones fiscales y que se vincula con las provincias a través de la extorsión.
El federalismo que tenemos que recuperar no significa fragmentación, ni mucho menos “que cada uno se salva solo”. El federalismo es una forma de construir unidad nacional respetando la dignidad de cada región, una forma soberana y justa de integrar partes diversas en un todo, pero sin someter a nadie. Surgió de la convicción de que la Nación no podía edificarse sobre la subordinación permanente del interior a un centro concentrador de recursos y decisiones.
Frente a este Gobierno “Nacional” hace falta sumar fuerzas. No puede ser que cada sector o provincia quede sola negociando migajas o administrando la caída. Todos los que no queremos una sociedad rota, un país fallido, una Argentina de pocos ganadores y muchísimos perdedores, tenemos que sumar fuerzas. Invito a que trabajemos juntos por una Argentina que no se arrodille, que no se entregue, que no se rinda y que no se divida. Una Argentina que vuelva a creer en sí misma.
Sin embargo, debemos asumir otro dato de la realidad. Pese a pasarla mal, muchos argentinos no visualizan hoy una alternativa que los entusiasme. La construcción de esa alternativa requiere de mucho más que decir “no a esta política, no a Milei”. Es evidente que tampoco se trata solamente de describir una crisis que todos están viviendo en carne propia. El desafío no es narrar el daño sino ofrecer una salida y demostrar que no hay que resignarse, que no estamos condenados a este modelo, que existe una alternativa mejor, una alternativa que debe ser productiva, federal y bien nacional.
Esa alternativa que tenemos que construir no puede estar basada en la nostalgia ni mucho menos en el odio. Al odio no le tenemos que responder con odio, ni al caos con más caos. Esta alternativa debe ser capaz de despertar alivio y esperanza.
Escucho muchas veces decir: “esto era inevitable”, “esto es lo que había que hacer”. Esa es una perversa mentira que tenemos que desmantelar. El sufrimiento no es necesario para crecer. Esto no es inevitable, no es una tragedia natural, no es un terremoto. El origen de este industricidio, de la destrucción de puestos de trabajo, la caída de la clase media y de que la plata no alcance está en las decisiones políticas de Milei. En consecuencia, no estamos condenados a esta pesadilla. HAY OTRO CAMINO.
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2026/03/RLV_1887-scaled.jpg17072560pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2026-03-04 15:48:572026-03-04 16:08:21Hay otro camino
La desafortunada frase del intendente de la localidad de Caseros, Entre Ríos, al que días atrás no se le ocurrió nada mejor que afirmar que para que pueda aumentar el monto de las jubilaciones es necesario que se mueran muchos jubilados, no solo llama la atención por su desinhibida crueldad y su feroz desparpajo, sino que revela algunos límites conceptuales en los modos en los que piensan las cosas los adherentes a la ideología con la que se está (des)gobernando nuestro país. Pero quizás no solamente ellos, y por eso puede valer la pena señalar y proponer una reflexión sobre esos límites tan groseros. Propongo hacerlo destacando tres asuntos.
Uno está asociado a ese tono que suelen tener las intervenciones discursivas de los miembros del gobierno nacional, y también la orientación efectiva de sus políticas, que suele identificarse -y que recién identifiqué- con la palabra “crueldad”. No estoy seguro de que sea la mejor, sobre todo en la medida en que tiende a, digamos, “subjetivizar” nuestro análisis y nuestra crítica, como si las políticas de destrucción de las condiciones mismas de la vida que enfrentamos fueran la consecuencia, apenas, de un rasgo de carácter, o incluso de una condición moral, de quienes nos gobiernan, y no de un programa que tiene autores, actores e intereses, y también un conjunto de supuestos teóricos, incluso filosóficos, que es necesario inspeccionar y discutir.
El primero de ellos puede ser formulado con una frase sencilla que a los máximos voceros del gobierno nacional les gusta repetir. La dijo por vez primera una dirigente por la que nuestros gobernantes profesan una particular devoción, Margaret Thatcher, y dice, en un puñado de simplísimas palabras, que la sociedad no existe. Que lo que existe son individuos solitarios y egoístas, cada uno de los cuales, por lo tanto, solo puede ver en el otro un enemigo, un obstáculo, un motivo de peligro. No alguien con quien comparta alguna cosa tengan en común. A la ideología libertariana la idea misma de “lo común” no le dice nada. No hay nada en común entre esos átomos individualistas y posesivos que somos, y es por eso que puede pensarse en la desgracia, el sufrimiento o aun la muerte del otro como algo que no nos afecta en lo más mínimo. Más aún: que puede resultarnos necesario.
El tema, por supuesto, ha sido considerado en algunos textos mayores de la filosofía política de los últimos siglos: no estamos nada lejos, en efecto, del “estado de naturaleza”, de guerra de todos contra todos, del que nos hablaba Thomas Hobbes, aunque con la diferencia -que ha señalado Cecilia Abdo Ferez en su último libro- de que Hobbes entendía como un elemento fundamental de ese estado de naturaleza el deseo de los individuos de salir de él, mientras que lo que todos los días nos indica con sus discursos el gobierno es que este estado invivible, en el que nos vemos inducidos a ver al otro como un enemigo y a desear que ese otro se muera para que mi jubilación sea un poco menos miserable, es un estado natural y además virtuoso y además definitivo, del que no debemos (del que no debemos querer) salir, porque cualquier idea de una forma distinta de convivencia sería antinatural, distorsiva, populista o keynesiana o comunista o kuka y por lo tanto injusta.
El segundo asunto sobre el que nos permite llamar la atención la frase del intendente de Caseros es uno particularmente importante en las representaciones que tiene este gobierno sobre lo que puede o no puede hacerse. El principio es el siguiente: no hay plata. No hay plata porque, a diferencia de los horribles e irresponsables populistas que gobernaron antes, nosotros sabemos que no se puede gastar más que lo que entra, que el equilibrio fiscal no se negocia (¿no es ese el argumento con el que el gobierno combate primero y veta después las leyes que procuran que con la democracia se coma un poquito más, se cure un poquito mejor y se eduque con un poquito menos de penurias que las que hoy sufrimos?) y que lo que no se puede no se puede y no se discute más. Economicismo. Determinación total de las posibilidades de la (artificial y mala) voluntad política por los límites de la (natural y verdadera) economía, y de una economía, para peor, concebida en un marco estrechamente fiscalista.
Movilización de jubilados en el Congreso, miércoles 28 de mayo.
No es en vano que haya aludido, al pasar, a aquella famosa frase del viejo Alfonsín. Por la que en su momento, creo, dimos menos que lo que valía, quizás porque la supusimos apenas una mala descripción de cómo eran las cosas, y no una virtuosa indicación, un importante programa acerca de cómo debían ser. Lo que Alfonsín, lejos del estrecho procedimentalismo que exhiben, en el mejor de los casos, los voceros del actual gobierno (Guillermo Francos, preguntado por un periodista sobre el derecho democrático a protestar: “No, no, no: no confundamos las cosas. La democracia se ejerce votando; después, el gobierno tiene la obligación de mantener el orden en las calles”), lo que Alfonsín, digo, estaba diciendo, era que no había, que no hay verdadera democracia si los sujetos no pueden ver reconocidos, en ella y gracias a ella, esos derechos fundamentales. El actual gobierno nacional (cuya principal figura dice a quien quiera oírlo que “está en contra de los derechos”, porque “alguien debe pagar por ellos” y nadie tiene por qué hacerlo) no cree una palabra sobre esto.
Hay por último una tercera cuestión que la desaforada frase del intendente de Caseros nos invita a pensar: la de qué es y cómo debe financiarse el derecho de las personas mayores a recibir una jubilación (que tiene que ser mucho mejor que la que hoy reciben, desde ya) que les permita vivir con dignidad. Esa extraordinaria institución de la seguridad social argentina fue imaginada en un tiempo de expansión del trabajo industrial y del trabajo en general, en un país que era joven y que tenía una población joven y que estaba en crecimiento, y donde la retención de un determinado porcentaje de los salarios de los trabajadores “activos”, más el aporte de otro porcentaje del que debían hacerse cargo sus empleadores, permitía financiar muy adecuadamente los ingresos de aquellos que, habiendo trabajado en el pasado, ya tenían la edad suficiente como para disfrutar del justísimo derecho a no tener que seguir haciéndolo para poder vivir.
Hoy la situación es muy distinta. La población del país se ha “envejecido”, el trabajo (y sobre todo el trabajo “en blanco”, con recibo de sueldo, retenciones y aportes patronales) escasea, y esos porcentajes calculados sobre la masa salarial de los trabajadores y las trabajadoras formales empiezan a resultar por completo insuficientes para costear la vida de nuestros viejos y de nuestras viejas. (De nuestros trabajadores “pasivos”, iba a escribir, pero recordé que días pasados una compañera, que miércoles a miércoles sale de su casa a protestar a la plaza del Congreso y a ser ahí corrida, apaleada y gaseada por las fuerzas de seguridad de la nación, me indicó, en una conversación sobre estas cosas, que era hora de que dejáramos de nombrarlos con ese adjetivo calificativo tan manifiestamente injusto.)
¿Y entonces? Entonces, que un montón de gente empieza a decir que estamos fritos: que la plata de los trabajadores en actividad no es suficiente para pagar jubilaciones dignas a tanta gente, que esta gente empieza a ser demasiada (¿no lo dijo en su momento la inefable Christine Lagarde?), y que por lo tanto van a tener que ir haciéndonos la gauchada de morirse. Brutal, inhumano y torpe. Lo digo rápido porque aquí no se trata de detalles, sino solo de dejar establecido este principio: es necesario dejar de considerar a la jubilación un derecho laboral y empezar a considerarla un derecho humano, y es necesario dejar de suponer que es solo con las retenciones y los aportes sobre los sueldos de los trabajadores y las trabajadoras en blanco que podemos sostenerlas.
Inauguración del programa Mayores Bonaerenses Activos, que busca promover el bienestar y la inclusión de personas mayores a 60 años.
¿Y con qué más, entonces? No sé, pero propongo que con los impuestos. Con impuestos a los ricos, a sus fortunas, sus lujos, sus ocios. La derecha es genial: cada vez que gobierna, inventa (miente) que la carga fiscal “en este país” es agobiante, reduce los impuestos a los ricos, baja la recaudación, y después dice que no hay plata y que por lo tanto nos tendremos que morir. Necesitamos una reforma tributaria progresiva que dé al Estado, que muy pronto deberá estar gobernado con criterios de mayor justicia que estos que hoy padecemos, los recursos para que los derechos de los ciudadanos y las ciudadanas vuelvan a ser el corazón democrático de nuestra vida colectiva.
Juan Manuel de Rosas fue nuestro primer jefe popular. Seguido y admirado por gauchos, originarios, afrodescendientes. Se opuso a admitir la doctrina del libre comercio, propagada por la potencia de turno, Gran Bretaña. Mantuvo durante veinte años fuera del poder a la oligarquía porteña.
Los historiadores liberales repudiaron a Rosas por plantear un proyecto de país nacional, popular, federal y latinoamericanista distinto al que deseaban. Condenado al infierno de esa versión que se convertiría en “la oficial” pasó a ser el maldito de nuestra historia. Y nos enseñaron a odiarlo. Pero ¿quién es Juan Manuel de Rosas en el marco de la historia argentina y la formación del Estado? ¿Por qué se soslaya sistemáticamente su defensa de la soberanía nacional frente a Francia e Inglaterra? ¿Por qué San Martín le legó en su testamento el sable que lo acompañó en la lucha por la independencia americana? ¿Por qué los sectores populares lo amaron hasta la idolatría?
El Restaurador fue destituido en el combate de Caseros, inerme ante la traición de Urquiza con el apoyo de Brasil e Inglaterra. Apelemos a la verdad histórica. Rosas había insinuado que no aceptaría otra reelección como Gobernador de Buenos Aires cuando terminara su período en marzo de 1850. Durante el año 1849 lo reiteró varias veces y cuando llegó diciembre lo anunció una vez más. Como en 1832 y 1835 puede presumirse que Rosas procuraba mejorar su situación política antes de emprender una guerra contra el Brasil que lo convertiría en árbitro de Sud América. Da respaldo a esta presunción el proyecto entonces presentado en la Legislatura porteña de ser consagrado Jefe Supremo de la Confederación, con plenos poderes nacionales, con lo que don Juan Manuel dejaba de ser el Gobernador de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores para convertirse en Jefe del Estado argentino. Once provincias adhirieron al proyecto.
Entre Ríos y Corrientes se abstuvieron y el 1º de mayo de 1851 Urquiza aceptó la renuncia presentada por Rosas, separó a Entre Ríos de la Confederación y la declaró en aptitud de entenderse con todos las potencias hasta que las provincias reunidas en asamblea determinaran el futuro gobernante. Su satélite Corrientes imitó esta actitud. El pretexto de Urquiza fue dictar una constitución, a lo que Rosas se oponía.
Los enemigos de don Juan Manuel, luego del sostenido fracaso en derrocarlo de intelectuales, potencias extranjeras y probados jefes de nuestra independencia, sentían sus corazones latir con esperanza pues había llegado el momento en que quien confrontaría con el invicto dictador era alguien de su misma hechura: un recio caudillo federal, de gran carisma entre la chusma y con mayor talento y experiencia en el campo de batalla. A sus fuerzas se incorporarían un revoltoso boletinero, Domingo Sarmiento, y un joven artillero y mediocre poeta, Bartolomé Mitre.
En la Banda Oriental acampaba el segundo mejor ejército de Rosas, quien se había ocupado de suministrar el mejor armamento posible para sus cinco mil aguerridos soldados, veteranos de muchas campañas. Contaba también con una excelente caballada y varias piezas de artillería de buen poder de fuego dejadas atrás por la rendición de ingleses y franceses. Pero a pesar de sus virtudes no tenía envergadura suficiente para resistir una acometida de las tropas al mando de Urquiza. Mucho menos si a éstas se le sumaban las de su nuevo aliado, el Imperio del Brasil.
El entrerriano invade el Uruguay el 18 de julio de 1851. El 4 de septiembre lo imita un ejército brasileño de dieciséis mil hombres a cuyo frente va el militar más prestigioso de su país, el marqués de Caxias. Además con una fuerte suma en la faltriquera para sobornar políticos uruguayos y jefes del ejército de Oribe. Esto, sumado a una inteligente política de “ni vencedores ni vencidos” prometiendo el perdón y la reincorporación a la “fuerzas vencedoras” provocó una importante deserción de oficiales y soldados federales.
Oribe, quien sostuvo una secreta y prolongada entrevista con Urquiza, no ofreció resistencia capitulando el 8 de octubre de 1851, “desacreditado pero no deshonrado” como él mismo escribirá, sobre la base de una amnistía política y de la independencia del Uruguay. Después de tantos años de una recíproca lealtad que había sobrellevado tantas contingencias extremas, traicionaba a Rosas, para muchos sospechosamente, al aceptar la derrota sin presentar batalla y sin consultar al Restaurador.
La etapa siguiente de la campaña aliada era el ataque a Buenos Aires. El tratado del 21 de noviembre de 1851, entre Brasil, Uruguay y los “estados de Entre Ríos y Corrientes”, estableció que el aporte humano correría por cuenta de las provincias del Litoral. Brasil facilitaría los abultados 100.000 patacones mensuales exigidos por Urquiza para afrontar “gastos bélicos”; también 2.000 espadas de guerra y todas las municiones y armas de guerra que fuesen necesarias; además una división de infantería, un regimiento de caballería, dos baterías de artillería de seis cañones cada una, los que sumarían 4.000 hombres bajo el mando del prestigioso general Manuel Márquez de Souza; en cuanto al apoyo fluvial, en lo que la Confederación rosista era muy débil, la escuadra imperial ocuparía el Paraná y el Uruguay facilitando los desplazamientos del bien llamado “ejército grande” y obstruyendo los del enemigo; por fin, otro ejército de 12.000 soldados brasileros, llamado “de reserva”, se desplegaría en las costas del río de la Plata y del Uruguay para traspasarlos en cuanto fuese necesario.
Los 100.000 pesos fuertes exigidas por el jefe entrerriano le parecen al marqués de Caxias una contribución excesiva porque no ignora que el abastecimiento de carne proviene de los propias haciendas de Urquiza y porque, como es costumbre, la provisión de otros insumos y de animales se hace por confiscación forzosa en los establecimientos privados de la zona. Le cuesta confiar en quien ya ha traicionado, pero sabe que su persona y sus fuerzas son indispensables para lograr la caída de un vecino tan incómodo.
Entonces el 20 de diciembre escribirá con realismo a su gobierno aconsejando una respuesta positiva: “Cualquier negativa nuestra lo irritaría siendo, como V.E. sabe, alguien a quien poco falta para mudar de opinión de la noche a la mañana (…) No le sería difícil arreglarse con Rosas y volverse contra nosotros”.
También influía la recompensa, acordada y firmada con sus socios beligerantes, de la incorporación de las riquísimas Misiones Orientales, de elevada significación estratégica por su ubicación geográfica que se irradiaba hacia Brasil, Paraguay, Argentina y .sobre todo, Uruguay. La guerra será declarada formalmente: “Los estados aliados declaran solemnemente que no pretenden hacer la guerra a la Confederación Argentina(…) El objeto único a que los Estados Aliados se dirigen es liberar al Pueblo Argentino de la opresión que sufre bajo la dominación tiránica del Gobernador Don Juan Manuel de Rosas”.
Desactivado Oribe, el ejército de Urquiza se embarca en Montevideo hacia fines de octubre de 1851 en tres barcos brasileños que lo transportan a Entre Ríos. Desde allí comenzará su marcha sobre Buenos Aires cruzando el Paraná sin hallar oposición debido a que el general Pascual Echagüe, gobernador de Santa Fe, recibe orden de retroceder hasta juntarse con Rosas en Santos Lugares, en las afueras de Buenos Aires, donde se concentrarán las pocas fuerzas disponibles para la defensa.
En su marcha por la campiña bonaerense Urquiza no encuentra las esperadas adhesiones a pesar de que se suponía que los pobladores iban a levantarse en contra del”tirano”. Pero a los habitantes de las pampas les resultaba inadmisible la alianza con el enemigo brasilero y resistieron pasivamente a los “libertadores”, como dieron en llamarse a sí mismos, negándoles información, contactos y provisiones, y manteniéndose fieles al gobernador de Buenos Aires. Según el general César Díaz, comandante de las fuerzas uruguayas, “evitaban nuestro contacto como si les fuera odioso, las casas de campo estaban abandonadas y sus moradores se habían retirado huyendo de nosotros como de una irrupción de vándalos”. Agregará en sus “Memorias”: “El espíritu de los habitantes de la campaña de Buenos Aires era completamente favorable a Rosas”.
Axel Kicillof en su despacho junto a un cuadro de Juan Manuel de Rosas.
Hasta Urquiza estaba asombrado y preocupado al ver “que el país tan maltratado por la tiranía de ese bárbaro se haya reunido en masa para sostenerlo”. Díaz anotará una sorprendente confesión del jefe entrerriano: “Si no hubiera sido el interés que tengo en promover la organización de la República, yo hubiera debido conservarme aliado a Rosas porque estoy persuadido de que es un hombre muy popular en este país”.
Las únicas unidades que le quedaban a Rosas eran la artillería y el regimiento de reserva cuyo comando, en un gesto de hidalga confianza , ofreció a dos oficiales unitarios que habían regresado a Buenos Aires para luchar de su lado y en contra de los invasores extranjeros: Mariano Chilavert y Pedro José Díaz. Ambos aceptaron y, en la última batalla, lucharon vigorosamente por Rosas.
Nombró a Angel Pacheco comandante de la vanguardia y luego comandante en jefe del centro y norte de Buenos Aires. Pero todo evidencia que, sobornado o realistamente convencido de la inutilidad de resistir, no tomó iniciativa contra el enemigo ni permitió que lo hicieran sus subordinados. Ante el disgustado reclamo de don Juan Manuel ofreció su renuncia, que no fue aceptada.
El 30 de enero ese jefe militar a quien el Restaurador había permitido enriquecerse haciendo del verbo “pachequear” un sinónimo de cuatrerear, dejó su puesto sin consultarlo y se marchó a su estancia “El Talar de López” sobre el río “las Conchas”. Allí presentó nuevamente su renuncia y mientras se estaba librando la batalla final para el régimen, el general Pacheco, en quien Rosas había depositado su confianza a lo largo de muchos años, y su fuerza de caballería de quinientos hombres descansaban en su estancia. Para colmo de males también perdió el aporte del héroe de Obligado, general Mansilla, quien cayó misteriosamente enfermo el 26 de diciembre luego de advertirle a su cuñado que no lo consideraba con capacidad militar para conducir un ejército de 20.000 hombres.
Todos conocemos el resultado del combate de Caseros y el digno exilio del Restaurador. Fue entonces cuando nuestra Patria cambió definitivamente de rumbo.
Batalla de Caseros, 3 de febrero 1852.
¿Cuál fue la opinión de Perón sobre Rosas?
En carta dirigida a su padre Mario, residente en Malaspina (Chubut), cuando era un joven oficial de 23 años de edad, escribía:
“No olvides papá que este espíritu de patriotismo que vos mismo supiste inculcarme, brama hoy un odio tremendo a Inglaterra que se reveló en 1806 y 1807 y con las tristemente argentinas Islas Malvinas, donde hasta hoy hay gobierno inglés; por eso fui contrario siempre a lo que fuera británico, y después del Brasil a nadie ni a nada tengo tanta repulsión.
Francia e Inglaterra siempre conspiraron contra nuestro comercio y nuestro adelanto y si no a los hechos:
En 1845 llegó a Buenos Aires la abrumadora intervención anglo-francesa; se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante de la Historia Argentina, sino glorioso por (que) en él se luchó por la eterna argentinización del Río de la Plata por el cual luchaban Francia e Inglaterra por política brasilera encarnada en el diplomático Visconde de Abrantes.
Rosas con ser Tirano, fue el más grande argentino de esos años y el mejor diplomático de su época, ¿no demostró serlo cuando en medio de la guerra recibió a Mr. Hood y haciendo amueblar lujosamente su casa dijo: «Ofrescanselá al Mister», seguro de las ventajas que obtendría?
¿No demostró ser argentino y tener un carácter de hierro cuando después de haber fracasado diez plenipotenciarios ingleses consiguió más por su ingenio que por la fuerza de la República que en esa época constaba solo con 800.000 habitantes; todo cuanto quiso y pensó de la Gran Bretaña y Francia?; porque fue gobernante experto y él siempre sintió gran odio por Inglaterra porque esta siempre conspiró contra nuestro Gran Río, ese grato recuerdo tenemos de Rosas que fue el único gobernante desde 1810 hasta 1915 que no cedió ante nadie ni a la Gran Bretaña y Francia juntas y como les contestó no admitía nada hasta que no saludasen al pabellón argentino con 21 cañonazos porque lo habían ofendido; al día siguiente, sin que nadie le requiriera a la Gran Bretaña, entraba a Los Pozos la corbeta Harpy y, enarbolan¬do el pabellón argentino al tope de proa, hizo el saludo de 21 cañonazos.
Rosas antes que todo fue patriota”.
El autor es escritor, historiador y psicoanalista.
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/09/ROSAS_BOMBO-1024x480-1.jpg4801024pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2025-08-04 19:33:252025-09-24 19:57:21Rosas, Caseros y Perón
Hola, ¿cómo están? Esta es una buena semana para detenernos a pensar en los BRICS y (una vez más) llevarnos las manos a la cabeza por todas las oportunidades que la Argentina está dejando pasar por decisión de Milei. Pero aprovechemos este espacio no solo para lamentarnos, sino también para analizar lo que representa este gigante geopolítico en el escenario global y reafirmar nuestra convicción: ya llegará el momento de volver a estar donde debemos.
El Presidente Lula recibió hace unas semanas a presidentes y cancilleres de los países que integran esta alianza sin Argentina. Bajo la brisa carioca, encarnó claramente el aforismo confuciano: “cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros y otros, molinos”. Ante la crisis climática, las guerras comerciales, los conflictos armados y las disrupciones tecnológicas, Brasil y los países de los BRICS optan por adaptarse con inteligencia y aprovechar esos vientos —a veces huracanados— para avanzar. En contraste, la Argentina de Milei se atrinchera en dogmas ideológicos que no hacen más que profundizar nuestra vulnerabilidad frente a este (des)orden internacional.
El Sur sopla fuerte
Desde inicio del nuevo milenio los países que conforman la alianza de los llamados BRICS -originalmente Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- eligieron convertirse en “molinos” para que los países del sur global pudieran tener voz y voto en la disputa por un nuevo orden multipolar. La alianza no solo buscaba orientar esos vientos para impulsar sus intereses políticos, económicos y geopolíticos, sino que se convertiría en una apuesta estratégica para desafiar la hegemonía del Norte Global y los principales centros financieros comandados por Estados Unidos y Europa.
Y tenían con qué y con quiénes. Los BRICS representan hoy cerca del 39% del PBI mundial (superando desde 2019 el peso en declive del G7) y una multitud de personas: casi el 50% de la población global. En términos comerciales, representan un cuarto de todo el comercio internacional. Además, su expansión en 2024 –de la que Argentina eligió inexplicablemente autoexcluirse- incorporó a otras potencias energéticas como Arabia Saudita, Irán, Egipto, Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos, que ampliaron las regiones donde se encuentra presente el bloque (en términos territoriales, abarcan el 36% del planeta). Una asociación que dista de ser homogénea en sus atributos políticos y más bien responde a una clave constante de la política internacional: busca tu media naranja, y asóciate con quien puedas complementarte económica y políticamente para tener influencia en el orden mundial.
La clave de los BRICS reside, además, en la autonomía estratégica que desde el inicio buscó construir. Con instituciones propias como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB por sus siglas en inglés), el bloque busca financiar proyectos de infraestructura y de desarrollo sin las condicionalidades que imponen organismos como el FMI, con exigencias y tasas insostenibles que históricamente asfixiaron a las economías en desarrollo. Además, cada vez más utilizan sus monedas locales, desdolarizando paulatinamente el comercio internacional y estableciendo mecanismos financieros alternativos. Estos esfuerzos representan, hoy por hoy, la mayor apuesta para desafiar la estructura financiera internacional que durante décadas se desarrolló bajo la hegemonía de las potencias occidentales. In your face FMI.
Todo esto ha generado una ferviente atracción entre los países del sur global, que buscan una mayor autonomía estratégica, un mayor equilibrio en la toma de decisiones y una menor intervención extranjera o imposición de sanciones unilaterales por parte de las grandes potencias. Y si, nosotros nos pegamos un tiro en el pie…
Entre esos países con intención de sumarse a los BRICS (que fueron más de 40) se encontraba la Argentina. Desde la constitución del bloque en el año 2009, el país aspiraba a formar parte de manera protagónica, incluso jugando a sumar una letra y que se transformara en los BRICS-A. La conveniencia era clarísima: post crisis financiera de 2008, se trataba de una oportunidad para abrirnos a nuevas alianzas, diversificar nuestros socios comerciales y tecnológicos, acceder a canales de financiamiento más flexibles y reforzar nuestra autonomía en un escenario internacional cada vez más fragmentado e impredecible.
Fueron los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner durante sus dos mandatos, y luego el de Alberto Fernández, los que trabajaron junto a China y Brasil principalmente para que nuestro país pudiera convertirse en un miembro de este nuevo actor geopolítico. Finalmente, a fines del 2023, el bloque liderado por nuestro amigo y aliado Luiz Inácio Lula da Silva anunció la invitación a la Argentina a formar parte de este selecto club del sur global. Obrigados, presidente Lula! Pero la ilusión duró poco.
El harakiri de Argentina
A los pocos días de llegar a la presidencia en diciembre de 2023, y antes de que Argentina pudiera siquiera formalizar su incorporación, el gobierno de Milei decide abandonar el ingreso a los BRICS. El mundo celebró la victoria de Argentina en el mundial, pero se quedó boquiabierto con el mayor gol en contra que la historia va a recordar. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, calificó de bochornosa la decisión de no adherir al bloque, “fruto de anteojeras ideológicas que van claramente en contra de los intereses nacionales y limitan el desarrollo de nuestro país”. Una clara inmolación.
Axel Kicillof, Pablo López y Cecilia Nicolini, en una reunión de gestión.
Las razones representan lo que se convertirá en la política exterior mileísta: un alineamiento automático proestaunidense y proisraelí, desconfianza hacia los bloques multilaterales y a todo el sistema de Naciones Unidas. Pasarle la motosierra a todo lo que es sospechoso de ser woke. Solo interesan los acuerdos bilaterales, como el acuerdo de libre comercio que promueve con Estados Unidos en detrimento del Mercosur, aun cuando representan una amenaza para nuestra economía. Aislamiento estúpido sin reciprocidad alguna.
Estas nuevas relaciones carnales con Estados Unidos, (¿les suena?) adquiere una dimensión particular dada la reformulación del rol global norteamericano bajo la influencia del trumpismo. Donde antes se recompensaba a los países dentro de su esfera de influencia con inversión extranjera directa y acceso al financiamiento, la lógica de “América Primero” ha dado paso a una política exterior más hostil. Trump eligió retribuir a sus aliados con sanciones comerciales, presiones diplomáticas y amenazas de anexión de países enteros. Pobre Javo, un amor no correspondido.
¿Qué nos perdimos?
En primer lugar, nos perdimos un mercado gigantesco que, a diferencia de los mercados más maduros y envejecidos, cuenta con una población en expansión y un peso creciente en la economía global, tanto por su escala demográfica como por su dinamismo económico. Y con mayores facilidades, explorando la posibilidad de comerciar en monedas locales, aliviando la necesidad de dólares y potenciando las exportaciones. Los países del bloque representan cerca del 30% de las exportaciones y más del 40% de las importaciones argentinas. Brasil, China y, en menor medida, India son socios comerciales claves para el país.
Perdimos también financiar con el Nuevo Banco de Desarrollo proyectos de infraestructura, transición energética, innovación y cadenas de valor productivas sin condicionalidades macroeconómicas recesivas. En este contexto de ajuste, restricciones externas y una relación cada vez más tirante con el FMI, el NBD podría haber actuado no solo como socio financiero clave sino también como contrapeso político ante las condicionalidades asfixiantes de los organismos internacionales de crédito tradicionales.
Le esquivamos además a la posibilidad de participar en un espacio que tiene cada vez más gravitación política, ante el debilitamiento progresivo del G20 frente a un G7 que monopoliza cada vez más las decisiones relativas a la energía, las finanzas, el comercio o la economía global. Fortalecer una integración global con identidad latinoamericana, construyendo puentes desde el Sur Global. Para potencias emergentes como China, India y Brasil, nuestro país representaba un socio estratégico no solo en la consolidación de un gran mercado global de granos, gas y petróleo -con Vaca Muerta como activo central-, sino también por su potencial para integrarse a cadenas de valor clave para el suministro de estos bienes, así como en sectores como el farmacéutico, las energías renovables, el transporte ferroviario y la tecnología satelital.
¿Hay más? Si, y quizás para mí de los que más prometen: la transición ecológica. Allí, la Argentina podría tener un rol fundamental en materia de producción sostenible de alimentos, desarrollo de nuevas fuentes de energía y capacidades tecnológicas. Brasil sólo con su Banco de Desarrollo (BNDES) a través del Fondo Clima y del Fondo Amazonía está liderando el financiamiento de proyectos verdes en la región con miles de millones de dólares. Y China se ha convertido en el mayor productor de vehículos eléctricos, en almacenamiento de energía y producción de baterías, en adopción de energías renovables, en inversión en infraestructura verde y desarrollando una fuerte diplomacia verde a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta. Adiós financiamiento climático.
La pertenencia al bloque habría permitido una verdadera incidencia internacional del país, utilizando esta plataforma como un canal colectivo para sumar el respaldo de potencias emergentes a nuestros reclamos históricos. La soberanía sobre las Islas Malvinas, la ilegitimidad de la deuda soberana asumida con el FMI o la posición del país en los juicios en países extranjeros que amenazan nuestra independencia económica son algunos ejemplos. El verdadero Argentina vuelve al mundo.
¿Y las provincias?
“Es un error histórico no haber incorporado a la Argentina a los BRICS… vamos a unirnos apenas podamos”, remarcaba el gobernador Kicillof. Al igual que PBA, muchas provincias siguen apostando por una agenda de desarrollo nacional que sea autónoma, inclusiva y sostenible, dándole prioridad al desarrollo de capacidades nacionales, la lucha contra el cambio climático y la distribución del ingreso.
Milei no solo ha cortado el financiamiento nacional paralizando obras de infraestructura, desfinanciando programas ambientales o vaciando de las políticas públicas sino también el acceso a financiamiento internacional, generando un doble perjuicio para el país. Acá también volvemos a perder la posibilidad de acceder a créditos y fondos para obras de infraestructura y desarrollo de las provincias argentinas.
Construcción de una escuela paralizada por el Gobierno Nacional en la Provincia de Buenos Aires.
Pero los Bancos Multilaterales de Desarrollo se hacen eco y comienzan a anunciar la creación de mecanismos nuevos para financiar a gobiernos subnacionales sin exigir garantías soberanas, desafiando, por ahora tímidamente, la negativa del gobierno nacional a financiar obras públicas y políticas de desarrollo a largo plazo. El protagonismo de China, Brasil e incluso los Bancos Multilaterales más tradicionales para financiar a los gobiernos subnacionales (como el reciente anuncio del BID de disponer de mil millones de USD para los gobiernos subnacionales) empieza a tomar vuelo y promete convertirse en palancas para la disputa por el desarrollo regional.
La necesidad de una estrategia regional común
Pero, ¿es posible cooperar en América Latina en una estrategia común ante este desafío global? Es muy complejo, pero se puede y es urgente. Frente a las amenazas a la democracia, la quiebra del multilateralismo y la dominación de las potencias globales, América Latina necesita seguir apostando a construir una estrategia política, económica y comercial colectiva. La articulación de una voz propia nos permitirá construir autonomía para evitar quedar subordinada a los bloques económicos hegemónicos y poder ponerle freno de manera coordinada al avance de las derechas extremas autoritarias que buscan erosionar el multilateralismo.
Nos permitirá también, seguir apostando por un desarrollo sostenible e inclusivo, anclado en el desarrollo de capacidades nacionales e integrando agendas de industrialización tecnológica, transición ecológica y soberanía energética. Y fundamentalmente, articular el futuro y repensando lo que significa el buen vivir.
Somos una región de paz en un mundo atravesado por conflictos armados y tensiones geopolíticas crecientes; somos acreedores ambientales en una era de emergencia climática; contamos con los recursos naturales estratégicos sobre los cuales se construirán las industrias del futuro; y somos una potencia en seguridad alimentaria, en un planeta que vuelve a poner en primer plano a las crisis por hambrunas. El verdadero reto es hacer valer estos activos en beneficio propio, con una voz regional articulada que nos permita incidir en la redefinición del orden global desde una posición de cooperación y soberanía.
La Argentina tiene derecho al futuro
Más pronto que tarde, el conjunto de la sociedad argentina dimensionará la oportunidad histórica que perdimos (en realidad que nos hicieron perder), el daño económico y el abismo político al que nos arroja la política exterior libertaria. El desmarque explícito a espacios de integración como el Mercosur, la CELAC o la Unasur abonan un unilateralismo y una desinstitucionalización que implican pérdida de autonomía y soberanía estratégica, aislamiento regional, pérdida de oportunidades comerciales y una profunda afectación a nuestra reputación internacional.
Apostar por una mayor articulación con los BRICS o con potencias como China no implica sustituir una dependencia por otra, sino que debe enmarcarse en una estrategia nacional en clave multipolar. La clave para una inserción internacional inteligente está en recuperar una lógica de autonomía estratégica, basada en la diversificación de alianzas y en la defensa de los intereses nacionales con una mirada propia. Debemos volver a aprovechar todas las puertas que se abran, pero sin delegar nuestro rumbo en actores externos
Cuando hablamos del futuro de la Argentina, no lo hacemos desde la resignación ni desde la nostalgia, sino desde la convicción profunda de que nuestro país tiene todo para ser protagonista de una etapa histórica que ya está en marcha: la construcción de un nuevo orden mundial más justo, multipolar y basado en la cooperación entre los pueblos.
En un mundo en plena transición global y disputa tecnológica, Milei le puso un yunque de cemento a las posibilidades de relacionarnos de forma inteligente, soberana y autónoma. Pero el pueblo se lo demandará. Y desde este espacio no solo se lo seguiremos exigiendo, sino que construiremos molinos para que el viento nos empuje hacia un futuro con desarrollo lleno de oportunidades para todos los argentinos y las argentinas.
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/07/BRICS-.png7691025pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2025-07-14 19:38:092025-10-15 16:46:27BRICS: la puerta al futuro que cerró Milei.
De todos los fantasmas que agitan la irrupción en nuestras vidas de la inteligencia artificial, el que mayores pesadillas despierta es el que plantea una amenaza concreta al trabajo humano.
Y no es para menos. Desde la revolución industrial en adelante, nuestras vidas se estructuran alrededor de la actividad laboral. Puede decirse que la cultura del trabajo es una creación humana bastante reciente. Doscientos años es relativamente poco en términos de nuestra evolución.
Antes, el trabajo era otra cosa: explotación de los esclavos y vasallaje feudal en la ruralidad. Pero desde que las máquinas empezaron a pautar la vida laboral en fábricas primero y en oficinas después, cambiaron los hábitos. Las rutinas se ordenaron alrededor de los turnos y horarios de las empresas. Las relaciones familiares, la alimentación y el ocio se organizaron en función del trabajo.
Fábrica Ford, Provincia de Buenos Aires, Argentina. 1950.
En la cuarta revolución industrial que estamos atravesando, la noción de trabajo vuelve a entrar en discusión. En el corto y mediano plazo, la inteligencia artificial y su propuesta de automatización ponen en riesgo una enorme cantidad de empleos. Curiosamente, cuando décadas atrás se planteaba esta amenaza, el consenso de los especialistas apuntaba a la pérdida de trabajos que pusieran en juego habilidades mecánicas y no aquellos que involucraran tareas intelectuales. Hoy queda claro que, frente a esta ola imparable, tiene muchas más posibilidades de mantenerse en su actividad un electricista que un programador.
La evolución tecnológica viene desafiando, por ejemplo, el futuro de muchos oficios creativos que apenas un puñado de años atrás se creían eternos. Guionistas, locutores, editores, escenógrafos, realizadores, músicos, periodistas y animadores, entre otros, ven como sus horizontes laborales se achican cuanto más avanzan los sistemas de automatización digital. El panorama es preocupante desde dos perspectivas: la de los empleos que se pierden y la de una creatividad que poco tiene de creativa, porque se basa en la repetición de patrones; que es lo que básicamente hacen las máquinas.
El horizonte es inquietante. Las previsiones de quienes se atreven a mirar hacia el futuro auguran que se perderá alrededor del 30 por ciento de los empleos actuales. La propuesta de una renta básica universal para contener a los caídos del sistema no consigue despejar la incertidumbre.
La pregunta es cuán solos estamos en este panorama inquietante. O, mejor dicho, si más allá de las reflexiones filosóficas y los mensajes de alerta, los líderes políticos y sindicales están pensando en cómo mitigar las consecuencias de ese futuro que nos angustia.
No hay una respuesta única. Las diferentes posiciones ideológicas de los gobiernos y sus distintas sensibilidades frente a los problemas de los trabajadores hacen que no haya una sola manera de enfrentar el asunto.
Hay líderes que comprenden lo que está en juego y buscan soluciones. Hay otros que prefieren no actuar y dejar que los tecnomagnates sigan decidiendo el futuro a espaldas del resto de la humanidad. Y hay otros dirigentes que se tapan los ojos porque perciben que el tema les queda demasiado lejos y se entregan.
Pero enfoquémonos en el primer grupo, en los que se comprometen con la búsqueda de alternativas al colapso del empleo. ¿Cuáles son los caminos que imaginan?
Hay un concepto que se menciona en casi todas las recetas: reconversión. Queda claro que con la automatización digital muchos trabajos van a desaparecer y que va a ser necesario que los gobiernos, las empresas y los sindicatos inviertan tiempo y dinero en capacitar a los trabajadores para los empleos que el nuevo paradigma tecnológico (se supone que) va a ofrecer.
Se trata de un desafío monumental porque no estamos hablando de un grupo reducido de personas, en una actividad específica y en un territorio determinado. Estamos hablando de mucha gente, con diferentes habilidades y en lugares que tienen realidades socioculturales diversas.
A diferencia de otros cambios que enfrentó la humanidad a lo largo de la historia, las transformaciones que vienen se darán a gran velocidad. No se habla de décadas de adaptación, se habla de apenas cinco años para que el mundo laboral se vuelva irreconocible.
Fábrica Ford, Provincia de Buenos Aires, Argentina. 2025.
Esa circunstancia hace que la tarea de capacitar en nuevas habilidades a una parte significativa de la fuerza laboral sea urgente, con todos los riesgos que la palabra urgente trae: errores, discriminación, injusticias, etc.
En un mundo donde las fronteras se desdibujan resulta razonable que frente a problemas globales surjan respuestas coordinadas. Para eso se supone que está, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo. La OIT desarrolló una metodología para estimar los efectos de la inteligencia artificial generativa en las ocupaciones existentes y publicó informes sobre el impacto potencial de la automatización en diferentes regiones y sectores. Además, creó un observatorio dedicado a la economía digital que produce conocimiento muy valioso.
Esa mirada experta y global ilumina algunos escenarios interesantes, como la certeza de que la automatización tendrá un impacto desigual en diferentes regiones y sectores, dependiendo del nivel de digitalización y la capacidad de adaptación de cada región. O que la inteligencia artificial generativa tiene más potencial para transformar tareas que para eliminar empleos enteros.
Los desafíos para los actuales y futuros líderes son enormes. El mundo para el que se prepararon está dejando de existir. El cambio que tienen que enfrentar no es sólo tecnológico. En el paquete vienen cambios políticos, económicos, sociales, culturales y hasta cognitivos. Ellos también tendrán que capacitarse para reconvertir su manera de liderar. Deberán entender las reglas de ese nuevo mundo y aprender de qué se trata gobernar en la nueva fase del capitalismo, que ya no tiene rostro humano sino alma digital.
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/09/MARTINEZ_5-Nuevos-empleos-hoy-Pedidos-Ya-1-1024x480-1.jpg4801024pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2025-07-14 19:32:272025-09-25 17:29:20La inteligencia artificial ¿y el fin del trabajo?
Historia y acciones del primer gobernador peronista que tuvo la provincia de Buenos Aires. Las obras que aún perduran y las que entraron en riesgo con los ajustes del gobierno de Milei.
Más de 1600 escuelas, barrios de chalets para familias trabajadoras, jardines de infantes, plantas de tratamiento de agua, pavimentación y caminos, hospitales y maternidades, escuelas de policías, aeródromos, la estatización del Banco Provincia. La República de los Niños, el Parque Pereyra Iraola, el Complejo Turístico de Chapadmalal.
En seis años y veinte días, la provincia de Buenos Aires fue otra con el shock de obras públicas que puso en marcha la gobernación de Domingo Alfredo Mercante. Fue una fiebre del hacer que transformó el territorio bonaerense entre el 16 de mayo de 1946 y el 4 de junio de 1952, bajo el marco de la primera presidencia de Juan Domingo Perón.
Eva Perón reconoció el rol de Mercante en los albores del peronismo hasta denominarlo “el corazón de Perón” y lo destacó como “el realizador de la doctrina”, porque su gobierno “fue el más patriótico y el más progresista de la provincia”. De acuerdo al escritor y ensayista Teodoro Boot (seudónimo del militante popular Raúl Blanco), podría sintetizarse la gobernación de Mercante como “una gestión de gran eficiencia, particularmente centrada en la reforma agraria –distribuyendo 130 mil hectáreas expropiadas a grandes terratenientes–, el desarrollo industrial, el crédito generoso, la creación de obra pública, la construcción de un gran cantidad de escuelas y hospitales, las viviendas obreras y el desarrollo del turismo social”.
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Mercante nació el 11 de junio de 1898 en el barrio porteño de Flores. Era nieto de una pareja de agricultores de origen italiano, que trabajaba de sol a sol en los campos de Monte del Tordillo, en el partido de Dolores. Su padre, José Domingo, comenzó como arriero, pero luego pasó a trabajar como limpiamáquinas en el Ferrocarril Oeste. De ahí pasó a ser fogonero y, luego, logró el ascenso a maquinista. En uno de los viajes a Marcos Paz, se enamoró de una joven cercana a la familia, Flora Cardone. Ya casados, decidieron afincarse cerca del trabajo de José, en la “línea del Oeste”.
El padre quería que su hijo siguiera sus pasos en el ferrocarril. Su madre deseaba que se inscribiera en el Colegio Normal de Profesores. Domingo no estaba convencido de ninguna de las dos opciones. Se preparó durante todo el verano de 1915 e ingresó al Colegio Militar, en San Martín. Becado por su desempeño estudiantil, egresó cuatro años más tarde con el rango de subteniente. Su primer destino fue el Regimiento de Artillería en la ciudad de Córdoba, donde aprovechó para hacer estudios de Ingeniería en la universidad nacional, hasta que fue trasladado a Goya. En esa localidad correntina fue ascendido a teniente.
En 1924 se dieron dos episodios fundamentales en su vida. En un curso de armamento en la Escuela de Suboficiales conoció a otro joven que brillaba en la carrera militar: Juan Domingo Perón. Ninguno de los dos sabía -tal vez alguno de ellos lo intuyó- que sus vidas se iban a volver a cruzar casi dos décadas más tarde. También ese año, Mercante tuvo un nuevo destino: la Artillería Escuela de Campo de Mayo, donde permaneció 16 años y tuvo altas calificaciones hasta llegar al rango de mayor.
En 1940 fue trasladado al Arsenal de Guerra de la Capital Federal. Ni bien llegado a su nuevo destino, realizó una evaluación detallada del funcionamiento del polvorín y descubrió que por cada chaveta de granada se pagaba el triple del precio estipulado. Le planteó el problema al general Rocco, que estaba a cargo del arsenal.
-Dígame mayor, ¿usted es o se hace? -fue el único comentario de Rocco.
-Discúlpeme, mi general, yo realmente soy -fue la única respuesta de Mercante.
Como castigo por la impertinencia, fue enviado a la Inspección General de Tropas de Montaña de Covunco Centro, en el Departamento de Zapala, provincia de Neuquén. Allí conoció al jefe del lugar: el general Edelmiro J. Farrell, con quien trabó una relación profesional. Cuando Farrell fue trasladado a la sede central de la Dirección General de la Inspección de Tropas de Montaña en el barrio porteño de Palermo, levantó el destierro de su subordinado y lo llevó con él a su nueva misión. Allí Mercante volvió a cruzarse con Perón y conoció de primera mano el plan que ideaba el futuro presidente de la Nación: la creación del Grupo de Oficiales Unidos (el GOU). Interesado por la propuesta, le manifestó a Perón el deseo de sumarse a la iniciativa.
-Bueno Mercante, entonces usted es el primer enrolado y queda a cargo de la misión.
Contactó a los oficiales de todas las guarniciones porteñas. El 10 de marzo de 1943 fundaron el GOU en un hotel frente a la Plaza de Mayo. El teniente coronel Mercante tenía el número 1 de los miembros fundadores; el coronel Perón decidió tomar el último puesto: el 19.
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Desde el Departamento Nacional del Trabajo, Perón y Mercante comenzaron a cambiar los destinos de la Argentina. Liberaron y repusieron a dirigentes sindicales que habían sido destituidos, levantaron huelgas, congelaron los alquileres urbanos y los arrendamientos rurales, aprobaron el Estatuto del Peón de Campo, el aguinaldo, el régimen de jubilaciones para los empleados de comercio, los convenios colectivos, las indemnizaciones por despido, el Estatuto del Periodista, crearon escuelas técnicas y policlínicos. El rol de Mercante era clave para la articulación con los delegados de distintas extracciones ideológicas, sin importar si provenían del anarquismo, el socialismo, el comunismo o el sindicalismo revolucionario.
Perón y Mercante recorriendo la Provincia de Buenos Aires.
En enero de 1944, un terremoto destruyó San Juan y provocó más de 10 mil muertes. Una ola de solidaridad se despertó en todo el país y el Gobierno nacional dispuso todos sus recursos para atender la emergencia. Los sindicatos también se plegaron con una colecta masiva que culminó con un acto en el Luna Park para hacer entrega de todo lo recaudado. Mercante decidió sentar a Perón junto a Eva Perón, joven y ascendente integrante del Sindicato de Actores de Radio.
Desde la Secretaría de Trabajo, la dupla seguía desplegando una batería de medidas para mejorar la situación de los trabajadores: aumentos de salarios, planes de construcción de viviendas, creación de cajas de jubilaciones. El ascenso de Perón en el escenario nacional despertó recelos en sectores dirigenciales y empresariales, que exigieron su renuncia. Confinado en la Isla Martín García, desde los sindicatos se movilizaron para lograr la restitución del líder. Mercante desempeñó otra vez un rol clave de articulación, recorriendo sindicatos, pueblos y barriadas en defensa de Perón. Las acciones desembocaron en la masiva manifestación del 17 de octubre. Las multitudes cantaban: “Con Perón y Mercante la Argentina va adelante”. El presidente Farrell anunció la formación del nuevo gabinete, con Mercante como titular de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Pero él no estaba en el balcón: se había desmayado tras ocho días frenéticos.
Antes de ese momento histórico, desde la Isla Martín García, Perón le había escrito el 13 de octubre una carta a Mercante, donde le pedía que cuidara la salud de Eva y anunciaba que ni bien le dieran el retiro “me caso y me voy al diablo”. Así sucedió el 22 de octubre, en el Registro Civil de Junín, con el teniente coronel don Alfredo Mercante como testigo.
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El 24 de febrero de 1946, la fórmula Perón-Quijano ganó las elecciones presidenciales. Con Juan Bautista Machado como vice, Mercante fue electo gobernador con el 54% de los votos. El triunfo, sin embargo, no le alcanzaba para tener la mayoría en las cámaras legislativas. La Unión Cívica Radical sumaba 21 senadores provinciales contra 18 del peronismo; y 35 diputados contra 33. La capacidad de consenso que había mostrado tanto en la conformación del GOU como en las movilizaciones de octubre se transformaron en herramientas cruciales para llevar adelante su mandato provincial.
Con la presencia de Perón y Evita, Mercante asumió el cargo el 16 de mayo de 1946. Ante la multitud congregada en la Plaza San Martín de La Plata, Mercante prometió consagrar al servicio de sus funciones “toda la energía de mi espíritu y el esfuerzo de mi voluntad tesonera e inquebrantable”. Esas palabras se transformaron en hechos con el Plan Trienal de ejecución de obras públicas.
Mercante supervisando la construcción de una escuela en la Provincia de Buenos Aires.
Su grupo de trabajo reunió a dirigentes de distintas procedencias políticas y sindicales, que incluía referentes radicales de FORJA, como Arturo Jauretche, quien ocupó la presidencia del Banco Provincia y desde allí llevó adelante un política crediticia para proyectos de industrialización; Miguel López Francés, ministro de Hacienda; y Julio César Avanza, titular de la cartera de Educación. Otros colaboradores llegaron desde el nacionalismo católico como Arturo Sampay, que fue fiscal del Estado y luego tuvo un rol destacado junto a Mercante en la reforma constitucional de 1949; y Emilio Mignone, que fue subsecretario de Educación y décadas más tarde fue clave en la lucha por los derechos humanos en la Argentina.
Según el historiador Claudio Panella, la gestión de Mercante “puede ser conceptuada como progresista y eficiente, rica en realizaciones materiales y ejecutada por colaboradores capaces y emprendedores. Dicha obra fue uno de los pilares fundamentales en los que se asentó el prestigio de Mercante, tanto dentro como fuera del peronismo”.
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La cantidad y diversidad de acciones de la gobernación de Mercante no necesita adjetivos adicionales.
Educación: Implementó un plan integral de edificaciones escolares para poner fin al déficit que tenía la provincia. El resultado: se construyeron 1609 escuelas, a un promedio de 268 por año, y se refaccionaron y ampliaron otras miles. El objetivo fue también transformar a las escuelas en centros comunitarios, con gimnasios, teatros y salas de eventos. Se organizó el sistema de educación preescolar, se crearon jardines maternales y centros de formación de maestras jardineras. En el nivel medio, se impulsó la educación técnica. Se inauguró el Instituto Tecnológico del Sur en Bahía Blanca (la actual Universidad Nacional del Sur). Se aprobó el Estatuto del Magisterio, que fue el primer cuerpo legal que tuvo la Argentina para proteger los derechos de los docentes.
Obras Públicas: Desarrolló un plan de mejoramiento de la conectividad de toda la provincia. El ferrocarril fue un eje central, apuntando a la reactivación de trece ramales y la realización del ramal del Ferrocarril Provincial de Olavarría a Loma Negra, que permitía trasladar 1.000 toneladas diarias de cemento portland hacia el Gran Buenos Aires y estaciones intermedias. También se construyeron 59 aeródromos. Se creó el Viaducto Sarandí y se abrieron y pavimentaron caminos como La Plata-Punta Lara, General Rodríguez-Pilar, Chascomús-Magdalena, Coronel Suárez-Las Colonias, Ayacucho-Las Armas-General Madariaga, Villa Elisa-Punta Lara, San Andrés de Giles-San Antonio de Areco, Saladillo-25 de Mayo, Olavarría-Hinojo, Juárez-Tandil, Capilla del Señor-Ruta 8 y el primer Camino Isleño. Se construyó la planta de tratamiento de agua para La Plata, Berisso y Ensenada. Se ejecutaron obras cloacales y de saneamiento. Se construyó el Canal de Riego Unificador en General Villarino. En materia energética,se creó el sistema interconectado de energía en Mercedes, Alberti, Suipacha, Bragado y Chivilcoy; la usina eléctrica de Bahía Blanca; y se consolidaron las cooperativas eléctricas. Se construyó la Casa de la Provincia en la avenida Callao de la Ciudad de Buenos Aires, para facilitar el pago de impuestos y tasas provinciales.
Salud Pública: Se incrementó el presupuesto de salud pública en un 700% y se logró pasar de 5.000 a 20.000 camas en los hospitales de la provincia. Se creó el Pabellón Central del Hospital General San Martín de La Plata, el Sanatorio Marítimo de Necochea, entre otras clínicas y casas cunas. También se levantaron 42 obras para luchar contra la tuberculosis, el Instituto de Tisiología José Hernández y el Instituto Biológico Tomás Perón.
Vivienda: Se construyeron 146 barrios obreros y se implementaron planes de acceso al crédito para que las familias de trabajadores pudieran tener su vivienda de acuerdo a sus ingresos. Muchas de esas casas, de paredes blancas o muros de ladrillos a la vista y cubierta de tejas, eran reconocidas como los “chalets Mercante”.
Justicia y Seguridad: Se crearon los tribunales del trabajo para proteger los derechos de los trabajadores. Y se crearon academias para las fuerzas de seguridad: la Escuela Juan Vucetich, la Escuela Superior de Policía y la Escuela de Enfermeros Paracaidistas.
Cultura, turismo y ambiente: Se expropiaron más de 10.000 hectáreas para crear el “Parque de los Derechos de la Ancianidad”, hoy más conocido como Parque Pereyra Iraola, la zona de mayor biodiversidad de toda la provincia. También se promovió el turismo social con la expropiación de 24 chalets en la Playa de los Ingleses de Mar del Plata; se instalaron clubes y campamentos turísticos; se elaboraron planes de bodas y de turismo familiar. El eslogan era claro: “Usted paga el pasaje, la Provincia el hospedaje”. Dos legados fueron el Complejo Turístico de Chapadmalal y del Hotel Provincial de Mar del Plata. En 1948 se realizó el primer Festival de Cine Argentino en Mar del Plata, que sentó las bases del Festival de Cine Internacional que se realizó en esa ciudad en 1954.
Una de las obras más importantes fue la República de los Niños en Gonnet. Era algo más que un centro de recreación: buscaba ser una “polis” en miniatura, en la que niñas y niños aprendieran a ejercer sus derechos democráticos. Se erigió una Casa de Gobierno, ministerios y una Legislatura con bancas acomodadas al tamaño de los legisladores infantes. “El gobernador tenía la preocupación constante de la situación de los niños en la sociedad. No se trataba sólo de defender sus derechos y ampliar los servicios para la infancia, sino que sostenía que la sociedad debía tenerlos en cuenta para no perder a ninguno de ellos, aprender a escucharlos y a entenderlos. Quería que se empezara a hacerlos partícipes de las inquietudes y necesidades de la comunidad”, explica su hijo Domingo Alfredo Mercante en el libro Mercante, el corazón de Perón, que publicó Ediciones de La Flor en 1995.
Líder del Partido Intransigente y gobernador bonaerense entre 1958 y 1962, Oscar Alende reconoció la gestión de su par peronista: “El juicio político que se comparte en todos los ambientes sobre la administración del gobernador Mercante es favorable sobre su carácter progresista y realizador. Fijó una orientación popular transformadora y le enseñó al país un camino trascendente”.
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La capacidad de gestión y la muñeca política llevaron a Mercante a ser designado presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de 1949. Junto a Sampay lideraron la reforma que incorporó derechos laborales y sociales, la igualdad jurídica del hombre y la mujer, derechos de la niñez y las personas mayores, la autonomía universitaria, entre otros avances. El gobernador se negó a habilitar su reelección, pero sí se postuló en 1950 a prorrogar su mandato por dos años para emparejar el periodo presidencial con el provincial. Logró la victoria con más del 57% y extendió su mandato hasta 1952.
Por esos años comenzó cierto distanciamiento con Perón. “Hombres como Mercante, Jauretche, Carrillo y Scalabrini Ortiz se alejaron sin irse del todo, porque sabían muy bien que los otros, los que tomarían el poder tras la caída de Perón, venían a atrasar los relojes. Estas ausencias debieron haber encendido una alarma que lamentablemente no se activó”, escribió Felipe Pigna en el libro Qué queda de los cuatro peronismos. Sin embargo, siempre se mantuvo leal a su compañero de luchas. Con el golpe de Estado de 1955 y el arribo de la Revolución Libertadora, debió exiliarse en Montevideo. Allí recibió un nuevo encargo de Perón: avanzar en un acuerdo con Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio de cara a las presidenciales de 1958.
Una de las últimas apariciones públicas de Mercante fue en julio de 1974 para asistir al funeral de Perón en el Congreso de la Nación. Poco tiempo más tarde, el 21 de febrero de 1976, murió a los 77 años.
Hoy desde la Presidencia se pregona la demolición del propio Estado. Las políticas públicas se transforman en cheques en blanco para los sectores más concentrados. Se decide el final del Complejo Turístico de Chapadmalal por considerarlo “innecesario”, desconociendo los millones de pibes y pibas que ahí conocieron por primera vez el mar o disfrutaron de sus primeras vacaciones o aprendieron la historia y la memoria de este país. Hoy, entonces, estudiar la gestión de Mercante, el primer gobernador peronista, se vuelve no sólo necesario sino también imprescindible para mantener vivo su legado, su “angustiosa fiebre del hacer”.
https://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/09/MERCANTE_6-719x480-1.jpg480719pedroaraoz1999@gmail.comhttps://movimientoderechoalfuturo.com.ar/wp-content/uploads/2025/08/Recurso-1.svgpedroaraoz1999@gmail.com2025-06-23 19:19:492026-02-21 15:43:38La fiebre del hacer: Domingo Mercante