La universidad pública, una máquina de crear futuro

La universidad pública argentina atraviesa uno de los momentos más complejos desde el retorno de la democracia. En los últimos meses, en cada encuentro con nuestra comunidad tecnológica, conformada por estudiantes, docentes, nodocentes y personas graduadas, aparece una preocupación común: cómo sostener las funciones sustantivas de la universidad en un contexto  de fuerte restricción presupuestaria. 

No estamos frente a una discusión meramente administrativa ni a una diferencia coyuntural  entre universidades y gobierno. Lo que está en juego es la capacidad de la Argentina para sostener un proyecto de desarrollo basado en el conocimiento, la producción, la movilidad  social y la construcción democrática. 

Las universidades públicas forman parte de la vida cotidiana de nuestro país. Cuando una  universidad tiene dificultades para sostener becas, abrir nuevas comisiones, equipar  laboratorios o financiar proyectos de investigación, las consecuencias trascienden ampliamente a la comunidad universitaria. Las sienten las y los estudiantes que trabajan para poder estudiar, las empresas que necesitan profesionales calificados y las comunidades que se benefician del conocimiento generado en nuestras aulas y laboratorios. 

La Universidad Tecnológica Nacional, como el conjunto del sistema universitario público,  atraviesa una situación crítica en materia de financiamiento. El incumplimiento de la Ley de  Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso Nacional ha impactado sobre los  salarios, los gastos de funcionamiento, los recursos destinados a la investigación y el poder  adquisitivo de las becas estudiantiles. 

Cuando se habla de presupuesto universitario, la discusión suele quedar reducida a cifras. Sin embargo, detrás de cada número existen personas, trayectorias y proyectos de vida. Para muchas y muchos estudiantes, una beca representa la posibilidad concreta de continuar una carrera. Para el colectivo docente, el pluriempleo se ha convertido en una necesidad para sostener ingresos, afectando inevitablemente el tiempo disponible para preparar clases, acompañar estudiantes o desarrollar actividades de investigación. 

También preocupa la situación de los grupos de investigación. Cuando una línea de trabajo se interrumpe, cuando se pierde un equipo consolidado o cuando una persona investigadora abandona un proyecto, el país deja de contar con capacidades estratégicas que demandaron años de construcción. 

Por esa razón, en 2025 el Consejo Superior de la UTN declaró por unanimidad la emergencia económica y salarial. La UTN no reclama privilegios. Reclama condiciones mínimas para cumplir con la misión que la sociedad le ha encomendado: formar profesionales, producir conocimiento,  impulsar innovación y generar oportunidades. 

La UTN ocupa un lugar singular dentro del sistema universitario argentino. Nació como  Universidad Obrera Nacional con el propósito de formar profesionales vinculados al desarrollo industrial del país. Esa identidad asociada a la producción, la tecnología y el trabajo sigue vigente. A lo largo de décadas hemos acompañado los procesos de industrialización, formado generaciones de ingenieros e ingenieras y consolidado una estructura federal única en el sistema  universitario argentino.

Hoy seguimos siendo un puente entre el conocimiento y la producción, entre la investigación y las necesidades concretas del desarrollo económico y social. Por eso resulta inevitable advertir una paradoja: mientras el mundo avanza hacia economías basadas en el conocimiento, la inteligencia artificial, la automatización y las tecnologías emergentes, nuestro país corre el riesgo de debilitar precisamente a las instituciones encargadas de formar a quienes deberán liderar esos procesos. 

La Facultad Regional Córdoba es una de nuestras 30 sedes y refleja con claridad esta realidad. Córdoba se ha consolidado como uno de los principales polos académicos, científicos y tecnológicos de América Latina, y las universidades públicas han sido protagonistas fundamentales de ese proceso. 

Cada año miles de estudiantes llegan desde distintos puntos del país y de la región. Muchas y muchos son la primera generación universitaria de sus familias y encuentran en la universidad pública una oportunidad de crecimiento personal y profesional que de otro modo sería  inaccesible. 

Las universidades generan empleo, impulsan la innovación, fortalecen el sistema científico y  contribuyen al desarrollo económico. Pero también cumplen una función social insustituible:  formar ciudadanía, personas capaces de analizar críticamente la realidad y participar  activamente de la vida democrática. 

En la Facultad Regional Córdoba observamos una situación que expresa los desafíos que  enfrenta todo el sistema universitario. Este año la matrícula de ingeniería creció un 10%. Es una noticia alentadora porque demuestra que la juventud sigue apostando a la formación  tecnológica. Sin embargo, ese crecimiento exige más infraestructura, más laboratorios y más espacios para garantizar una educación de calidad. Hoy, en muchas de nuestras Facultades Regionales, contamos con comisiones de primer año que superan los 150 estudiantes. 

Existe además una dimensión de este debate que no puede quedar relegada: la relación entre universidad pública, democracia y derechos humanos. 

Las universidades son espacios de construcción de ciudadanía. En ellas conviven perspectivas diversas, se ejercita el pensamiento crítico y se desarrollan debates fundamentales para la vida pública. Por eso la defensa de la universidad pública está estrechamente vinculada con la defensa de la democracia, los derechos humanos y la inclusión social. 

A cincuenta años del último golpe de Estado, la memoria nos recuerda que los procesos de  restricción de derechos suelen estar acompañados por intentos de desvalorizar el conocimiento y debilitar los espacios de pensamiento crítico.

Como rector de la UTN reafirmo un compromiso que forma parte de nuestra identidad: la  memoria es una construcción colectiva que nos compromete con el presente y con el futuro. En el último Consejo Superior rendimos homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado,  recibimos la visita del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y descubrimos una placa en homenaje a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Defender la universidad pública también es defender la democracia, la paz y la justicia. 

Las consecuencias del desfinanciamiento tampoco se agotan en las aulas. En la UTN hemos advertido que la situación salarial y presupuestaria compromete la renovación de equipos de trabajo, afecta las actividades científicas y tecnológicas y pone en riesgo la capacidad de la universidad para sostener sus funciones de investigación, desarrollo y transferencia tecnológica.

Una parte sustancial de la investigación científica argentina se desarrolla en las universidades públicas. La experiencia internacional demuestra que los países que lograron transformar sus estructuras productivas lo hicieron mediante inversiones sostenidas en educación superior, investigación y desarrollo tecnológico. 

Por el contrario, los procesos de desinversión generan efectos acumulativos difíciles de revertir. La interrupción de proyectos científicos, la pérdida de capacidades tecnológicas y la emigración de investigadores altamente calificados producen consecuencias que pueden tardar años en  reconstruirse. 

Por eso, resulta imprescindible sostener un plantel docente y nodocente calificado,  comprometido y con condiciones laborales dignas. Esa es una condición indispensable para  garantizar la calidad educativa, la continuidad académica y el cumplimiento de las funciones  sustantivas de la universidad. Marcha Federal Universitaria en Córdoba

También debemos reconocer que defender la universidad pública no significa negar la necesidad  de transformarnos. Las universidades debemos revisarnos permanentemente, actualizar planes  de estudio, incorporar nuevas tecnologías, mejorar los mecanismos de gestión y fortalecer  nuestra vinculación con la sociedad. 

Necesitamos instituciones más abiertas, más inclusivas y capaces de acompañar las  trayectorias estudiantiles. Necesitamos fortalecer la participación de las mujeres en las áreas  científicas y tecnológicas, revisar indicadores y construir nuevas herramientas para mejorar la calidad académica. Pero ninguna de esas transformaciones será posible si las universidades carecen de los recursos básicos para funcionar. 

La universidad pública argentina representa una de las experiencias más valiosas de inclusión  social y construcción democrática de nuestra historia. Miles de profesionales que hoy lideran  empresas, hospitales, laboratorios, escuelas y organismos públicos se formaron en sus aulas. Millones de familias encontraron en ella una oportunidad de progreso. Numerosos desarrollos  científicos y tecnológicos nacieron en sus laboratorios. 

Nada de eso ocurrió por casualidad. Fue el resultado de decisiones colectivas, inversiones  sostenidas y una convicción compartida: que el conocimiento es una herramienta fundamental  para construir una sociedad más justa, libre y soberana. 

La discusión sobre el financiamiento universitario es, en definitiva, una discusión sobre el país que queremos construir. 

Desde la UTN seguiremos defendiendo la universidad pública, gratuita, inclusiva y federal.  Seguiremos sosteniendo la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación como pilares del desarrollo nacional. Seguiremos trabajando para que ningún estudiante abandone sus estudios por razones económicas y para que cada persona trabajadora universitaria pueda  desarrollar su tarea en condiciones dignas. 

Porque una universidad fuerte beneficia a toda la sociedad. Y porque estamos convencidos y convencidas de que, en tiempos de incertidumbre, defender la universidad pública es también defender el futuro de la Argentina.

Quieren privatizar la salud. Nosotros elegimos defenderla.

Hoy tenemos un actor político fundamental: los trabajadores y trabajadoras de la salud de la Argentina, que asumieron la defensa del sistema sanitario y de la vida de todos los argentinos y argentinas.

Venimos de varios lanzamientos de diferentes ramas y sectores del MDF, y obedecen todos a una convicción muy profunda: en Argentina, digan lo que digan, hagan lo que hagan, insulten lo que insulten, hay otro camino. El futuro no es de Milei; el futuro es del pueblo.

Lanzamos el MDF de Cultura, el MDF de Educación, el MDF de Ciencia y Universidad, el de CABA, el Centro de Estudios Derecho al Futuro, el MDF de las Mujeres y ahora el MDF de Salud, en el pasaje Dardo Rocha, patrimonio histórico y cultural de la provincia de Buenos Aires, de nuestra capital, La Plata.

No es estrictamente un comienzo, sino que venimos trabajando hace tiempo. Hoy ponemos bandera de largada a una nueva etapa.

Estos lanzamientos están movidos por una enorme convicción que estamos transformando en acción frente al abandono, frente al ajuste, frente a la crueldad. Elegimos pelear, elegimos luchar por una Argentina donde la salud no sea un negocio ni un privilegio, sino un derecho para todos y para todas.

El derecho a la salud es uno de los derechos más básicos y más humanos. Sin salud no hay libertad real. Sin salud no hay igualdad posible. Sin salud no hay proyecto de vida. La diferencia entre estar sano o enfermarse, entre vivir o morir, no puede depender de los recursos que uno tenga en el bolsillo ni del lugar en el que nació.

No puede depender de si se puede pagar una prepaga, un remedio o una intervención. Le quieren vender a nuestro pueblo que es libre mientras lo dejan tirado. Por eso el debate sobre la salud pública es central en la Argentina de este momento. Alrededor de esta discusión se enfrentan dos modelos completamente opuestos para comprender de qué se trata un país, una comunidad, una sociedad.

De un lado están los que creen que todo es mercancía y que la salud es meramente un negocio, que el Estado tiene que retirarse y dejar que cada uno se arregle como pueda. Que si alguien no puede pagar un remedio, un tratamiento o una operación, es un problema personal, individual y privado. Es el modelo del sálvese quien pueda, el modelo del descarte que están aplicando en el país con resultados terroríficos. Un modelo que le dice al enfermo “jodete si no tenés plata”, que le dice al que está sufriendo “jodete, fracasaste”, que les dice a los jubilados y a las personas con discapacidad “jódanse”.

Nosotros decimos: ¡Jodete, Milei! Al pueblo argentino se lo respeta, se lo cuida y se lo defiende.

Frente a este modelo de abandono y de miseria, estamos nosotros: la enorme mayoría de los argentinos. Creemos que cuidar a nuestro pueblo no es un gasto, es una obligación humana y política. Creemos que invertir en hospitales, en medicamentos, en vacunas, en prevención, en médicos, en enfermeros, en trabajadores y trabajadoras, en estudiantes de nuestras universidades no es un costo. Es invertir en vida, en felicidad, en dignidad y en futuro.

Eso es lo que hacemos desde el Gobierno de la Provincia, actuando como un escudo, como una red para atenuar el daño que causa el modelo de Milei. Pero no alcanza con las políticas provinciales. Nuestra tarea es cambiar el rumbo económico del país.

No se trata solamente de cambiar un gobierno, sino de ser capaces de darle a la Argentina un proceso de crecimiento y de desarrollo justo, federal y sostenible. Es para eso que estamos lanzando el MDF Salud. Es para eso que militamos y nos organizamos.

Porque este plan económico es el que enferma. Esta economía mata. Como sostuvo el Papa Francisco: “enferma el cuerpo y enferma el alma”. Angustia, ansiedad, depresión, abandono: eso generan cuando ajustan a los jubilados, a las personas con discapacidad, a los tratamientos médicos, a los hospitales, a los programas esenciales. Pero también enferman todos los días cuando destruyen puestos de trabajo y cuando pulverizan salarios, ingresos y jubilaciones. No son dos cosas distintas: hablamos de salud, hablamos de igualdad, hablamos de desarrollo, hablamos de patria y hablamos de soberanía.

Y encima nos quieren hacer creer que esto es modernidad, que esto es equilibrio. No puede haber equilibrio en el marco de la miseria planificada y de la crueldad organizada. No hay orden ni estabilidad cuando generan una sociedad atravesada por la desesperación y la angustia. No hay tampoco salud si la gente sufre el miedo de perder su trabajo, de cerrar su negocio, si está desprotegida frente al aumento del costo de la vida. Cuando dicen que esta economía está creciendo, se nota que no pisaron un hospital.

Tal vez se refieren a otro país. Porque en Argentina ni la economía está creciendo ni a la sociedad le va bien. Solo crece en la imaginación de Milei, que está peleado con la verdad y con la realidad. Si según su teoría económica hay crecimiento, lo que no sirve es su teoría económica. Lo que no sirve es un presidente que se la pasa viajando, tuiteando y dándole la espalda a la gente, al pueblo y a sus necesidades.

Nos llevaron a una catástrofe sanitaria. Redujeron el 40% del presupuesto nacional de Salud, quitaron el programa Remediar, abandonaron la Organización Mundial de la Salud, sacaron medicamentos del PAMI, demoran o restringen las vacunaciones, abandonan la salud sexual y reproductiva, los tratamientos oncológicos y el control de enfermedades transmisibles. Y la crisis, además, está destruyendo al sector privado y a las obras sociales.

La caída de los salarios, la pérdida de 300.000 puestos de trabajo formales y la desregulación de los precios de los medicamentos y las prepagas dejaron a 750.000 personas sin cobertura. Y para los que aún permanecen con trabajo, al 80% de las obras sociales no le alcanza para cubrir la prestación obligatoria.

El resultado es trágico: están empeorando todos los indicadores sanitarios como pocas veces. Hay un aumento criminal de la mortalidad infantil del 6% y del 37% en la mortalidad materna. Hay brotes de sarampión, creció la hepatitis y la meningitis. Y los que pierden la cobertura, los que no pueden pagar un tratamiento o un remedio, ¿a dónde van? Vienen al hospital público provincial, municipal, a los centros de salud. Querían privatizar y hace falta cada vez más Estado.

En salud mental, exactamente lo mismo: cero remedios de salud mental en el Remediar, presupuestos del SEDRONAR reducidos, cero presupuesto de salud mental, obras paradas. Y ahora presentan una Ley de Salud Mental, inconsulta y rechazada por las provincias, cuyo único objetivo es restringir el acceso. Por eso: no a la ley Milei de Salud Mental.

Estamos ante una verdadera catástrofe sanitaria. La motosierra de Milei mata. El Gobierno nacional desertó de sus responsabilidades sanitarias. Esto configura un crimen social y sanitario. A esta altura, ya no cabe ninguna duda: es el gobierno más insensible que ha tenido la democracia argentina.

La gente directamente no les importa. Por eso nosotros sentimos, pensamos y actuamos exactamente al revés. Y lo demostramos con hechos concretos. En la provincia de Buenos Aires demostramos que aun en las peores condiciones, con un gobierno nacional que nos asfixia, seguimos cuidando a nuestro pueblo: seguimos abriendo centros de salud, ampliando la atención primaria, incorporando equipamiento y ampliando el programa de Medicamentos Bonaerenses.

No alcanza, pero ahí está el esfuerzo de un pueblo y su gobierno que sabe cuáles son las prioridades que no se pueden abandonar.

Los trabajadores y trabajadoras del sistema de salud son quienes, en momentos difíciles, en la peor tragedia sanitaria de la historia reciente, nunca dejaron de priorizar a nuestro pueblo. Otros opinaban desde la computadora y desde el teléfono. Ellos estuvieron en los hospitales, en los centros de salud, en los vacunatorios, en los barrios. Es gracias a ese compromiso de millones de trabajadores y trabajadoras que sigue estando en pie el sistema sanitario bonaerense y el sistema sanitario argentino.

Pero no hay que confundirse: el abandono de la salud pública no es un descuido ni un simple recorte para lograr equilibrio fiscal. Esta derecha extrema, acá y también en el mundo, quiere instalar la idea de que la igualdad fue demasiado lejos, que era demasiado cara. Por eso desde el día uno están machacando con que la justicia social es una aberración o un robo, con que los derechos son privilegios, con que cuidar al otro es una debilidad, con que la solidaridad es un problema.

Tenemos que decir con claridad que una sociedad mejor no se construye abandonando al que necesita ayuda. Una sociedad mejor se construye ampliando derechos, protegiendo a los más vulnerables, garantizando oportunidades e igualdad.

Parece fácil hablar de la libertad tan cerca de Estados Unidos y tan lejos del pueblo.

Con la salud pública tenemos uno de los grandes orgullos históricos de la Argentina, parte de una tradición ligada a la justicia social. La justicia social es que una familia pueda llevar a su hijo a un hospital aunque no tenga recursos. La justicia social es que un jubilado o una jubilada acceda a sus medicamentos sin endeudarse. La justicia social es que una persona con cáncer pueda tratarse sin tener que hipotecar su vida. Hogares tapados de deuda son también hogares enfermos. En otro tiempo histórico, Ramón Carrillo decía “el mejor plan de salud es agua corriente y cloacas”. Milei paró la salud, los remedios, el agua corriente y las cloacas.

Nuestra tarea hoy no es solamente denunciar. Sabemos que el pueblo la está pasando mal. No podemos solo contarles lo que ya saben, lo que viven y lo que experimentan. Nuestra tarea es construir, organizar una alternativa real, potente y militante.

Nos quieren convencer de que no hay alternativa, de que si no es Milei será otro que siga por la misma senda. Tenemos una tradición, tenemos una historia, tenemos una patria y tenemos un futuro con justicia social, que es para todos y todas.

Tenemos la obligación histórica de construir esa alternativa que vuelva a poner en el centro, como prioridad, a la producción, al trabajo, a la educación y a la salud. Esa construcción no es sencilla: requiere humildad, coraje, generosidad y compromiso. No alcanza solo con el peronismo, no alcanza solo con la provincia de Buenos Aires. Hay que construir una fuerza nacional en todo el territorio, amplia, profundamente federal, participativa, que defienda a nuestro pueblo y que esté dispuesta a poner lo que hay que poner para reconstruir una Argentina más justa, más solidaria y más soberana.

Hay que salir a recorrer, a escuchar, a convocar, a hablar con todos y con todas. A abrazar sobre todo a los que están perdiendo la esperanza. A luchar contra el individualismo, la resignación y la soledad. Mientras dure la pesadilla libertaria, hay que defender cada hospital, cada centro de salud, cada salita, cada política pública, porque es ahí donde se juega el futuro de la Argentina.

Y sobre todo: defender el derecho a nuestro futuro. Eso significa que dentro de dos años la Argentina tenga otro gobierno con objetivos y prioridades distintas.

No hay futuro posible en nuestra nación si se abandona la salud del pueblo. Y nos comprometemos a defenderla con todas nuestras fuerzas.

Lanzamiento del MDF Salud

La salud volverá a ser un derecho

“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.”
Ramón Carrillo.

El gobierno encabezado por Javier Milei está conduciendo al país hacia un abismo económico y social. En ese marco, el retiro criminal del estado nacional de casi todas sus responsabilidades sobre el cuidado de la salud de las argentinas y los argentinos preanuncia un desenlace fatal, un verdadero desastre sanitario que ya se comienza a vislumbrar en todos sus indicadores: lo muestran las enfermedades agudas transmisibles, incluso las prevenibles por falta de vacunas; las enfermedades crónicas que afectan a una porción importante de las personas mayores, hasta se incrementaron, después de años de un descenso sostenido, la mortalidad infantil y la mortalidad materna. La concurrencia de un empobrecimiento masivo de la población y la consecuente pérdida de calidad de vida, más el desfinanciamiento del sistema, constituye una tormenta perfecta. Esta situación se traduce en graves problemas que golpean directamente a la mayoría de la población, en todos los barrios y, en particular, a los colectivos más vulnerables: la falta de medicamentos esenciales, una realidad de mayor enfermedad y riesgo de morir, pacientes con cáncer sin tratamiento, personas con discapacidades abandonadas a su suerte, rebrote de enfermedades que ya estaban controladas. Es imperativo que los problemas que tiene nuestro Pueblo sean rápidamente reconocidos y atendidos, ya que el retiro del estado nacional de los programas de prevención, atención y rehabilitación seguirá produciendo retrocesos impensados.

El descenso constante de la actividad económica acarrea menor recaudación y menos recursos presupuestarios para la salud por parte del subsector de gestión estatal nacional, provincial y municipal. Con salarios a la baja y aumento de la desocupación, el 80 % de las Obras Sociales ya no pueden cubrir la canasta básica del programa Médico Obligatorio. El PAMI también se ve afectado por este motivo al que se suma un premeditado plan de desfinanciamiento al no aportar el gobierno recursos del tesoro nacional. El sector prestador privado está en su gran mayoría en estado de agonía con 4.500 clínicas y sanatorios al borde de la quiebra. El precio de los insumos médicos sube por encima de la inflación. Los trabajadores de la salud están afrontando esta situación dando lo mejor de sí pero, como todos los trabajadores, sufriendo el deterioro de sus condiciones de vida y de trabajo. Por eso, nuestro proyecto incluye como prioridad la jerarquización y el cuidado de nuestra fuerza laboral en salud. Cuidaremos a los que cuidan. 

El capítulo de la salud mental se sigue instalando como un grave problema al que se pretende enfrentar cambiando una ley ejemplar que, casualmente, lo que necesita es que se cumpla lo que la misma establece en cuanto a financiamiento. El reciente anuncio de la discontinuación del Plan Remediar tendrá consecuencias catastróficas al igual que la destrucción del sistema científico-tecnológico vinculado a la salud.

Este recuento de problemas es afrontado por las mayorías de las provincias e intendencias que, como la Provincia de Buenos Aires, hacen todo lo que está a su alcance para paliar esta deserción. Dejar en manos del mercado el sistema de salud solo conducirá a un ordenamiento caótico que producirá mayor inequidad e injusticia social.

Hoy venimos a decir con más fuerza que nunca, que desde el MDF Salud, junto a decenas de organizaciones hermanas aquí presentes: los gremios, las universidades, las sociedades científicas, las organizaciones barriales, estamos trabajando y militando para resistir este proyecto de destrucción, pero también, preparándonos para que en 2027 en nuestro país se instale nuevamente un gobierno de corte nacional y popular. Habrá que trabajar en dos planos: lo urgente, para dar respuestas rápidas, y lo estratégico, en las transformaciones estructurales que serán necesarias. En este camino, será imprescindible la participación popular en la planificación y en la toma de decisiones, para construir un sistema de salud superador. Trabajaremos en la elaboración de los proyectos de modo participativo a escala barrial, regional y federal. Avanzaremos en la articulación y una mejor organización del sistema hacia su integración funcional, tarea a la que todos quienes conciben a la salud como un derecho, están convocados. La experiencia que se está llevando a cabo en la PBA desde 2019 encabezada por Axel Kicillof demuestra en la práctica que esto es posible.

Reafirmamos con más fuerza que nunca que la salud volverá a ser un derecho para todos y todas, en el marco de un país donde vuelva a reinar la felicidad y el orgullo de ser argentinos.

La IA y el Estado: hay otro camino

Atravesamos como humanidad una profunda mutación de la realidad: un cambio de piel de la civilización entera. Sin distinción de hemisferios, ni de paralelos y menos que menos de culturas o religiones. No vivimos una crisis social y económica más, de esas que cada tanto nos sacuden y nos obligan a barajar y dar de nuevo. No. Expansión de la Inteligencia Artificial mediante, somos testigos de una revolución inédita en la historia del mundo. Y en este mar revuelto, la Argentina zigzaguea como una cáscara de nuez enfrascada en discursos de odio que plantean debates estériles y -lo más preocupante- totalmente analógicos. 

Los talibanes de la motosierra cultivan la idea peligrosa de que el Estado significa un estorbo en el desarrollo de cualquier nación y el verdadero enemigo que solo sirve para asfixiar al individuo. Nos quieren vender un anarcocapitalismo de pizarrón que, en el barro de la historia, no resulta más que la vieja receta de retirar al Estado de la mesa de la innovación tecnológica para que ese espacio sea monopolizado por señores feudales de Silicon Valley, dueños de los algoritmos y, por extensión, de nuestras decisiones. En ese mapa, más que ciudadanos con derechos, somos simples usuarios proveedores de datos, mano de obra barata para entrenar modelos ajenos o consumidores pasivos de una realidad diseñada a miles de kilómetros de nuestras necesidades. 

Frente a esa distopía de la concentración extrema y el sálvese quien pueda, tenemos la obligación política y moral de proponer un camino alternativo mediante la implementación de un Estado Dinámico, Ágil, Sencillo y Eficiente (DASE), lejos de ser un actor pasivo mientras el mercado decide quién sobrevive y quién no, sino que se asume en arquitecto del desarrollo nacional con progreso e inclusión. En el modelo agro exportador y extractivista al que nos quieren devolver la riqueza se medía por hectáreas o toneladas de exportaciones, pero en el siglo XXI la riqueza de cualquier nación radica en la capacidad de procesar conocimiento por parte de su población. Por eso, invertir en ciencia, tecnología e innovación no representa un gasto suntuario de un país rico: es la única vía alternativa para construir la Argentina grande, justa, libre y soberana con la que insertarnos en el nuevo paradigma mundial. 

En el corazón de nuestra propuesta anida el alcanzar la soberanía digital, ya que nuestros datos representan un activo nacional y no podemos regalarlos a corporaciones tecnológicas sin recibir a cambio un beneficio para nuestras mayorías populares. Y ahí nace garantizar el derecho a la soberanía cognitiva: la necesidad como Estado de formar una ciudadanía inteligente capaz de convivir, interactuar y producir en tiempos de IA. Queremos alfabetos digitales para comprender los datos, interpretar cómo funcionan los algoritmos y así construir soluciones a nuestras propias problemáticas sin depender de terceros. En definitiva, entender que, sin una mirada humanista, la tecnología es solo una herramienta que agrava la exclusión y la fragmentación social. 

Esconde un cinismo total hablar de libertad cuando la conectividad de cualquier ciudadano depende de las ganancias de una empresa privada. El Estado tiene que garantizar los fierros. Sin una red de fibra óptica federal y capacidad de cómputo propia -una suerte de “nube nacional”-, nuestra soberanía vive de prestado. Democratizar ese acceso es la base de cualquier justicia social moderna. Pero los cables no piensan.

Al mismo tiempo, necesitamos una alfabetización algorítmica de verdad. Ya no alcanza con repartir dispositivos. Hay que dar vuelta la educación para que las generaciones presentes y futuras entiendan la lógica detrás de la pantalla, que aprendan que un algoritmo puede arrastrar sesgos y  que ellos ostentan el poder de programar uno distinto. La soberanía cognitiva nace en el aula, transformando a los usuarios pasivos en verdaderos creadores de tecnología. 

El Estado, además, debe ser el primero en modernizarse. Dejar atrás el laberinto de ventanillas y expedientes: desburocratizar. Porque un Estado eficiente que respeta el tiempo de su gente, se vuelve transparente al digitalizar sus procedimientos y predictivo al aplicar la IA para anticipar demandas y urgencias antes de que existan. En este camino, el sector privado surge como un socio indispensable, pero bajo un modelo que fomente la industria nacional a través del apoyo a nuestras startups y PyMEs tecnológicas. De manera recurrente, Argentina exporta talento, pero hoy más que nunca necesitamos que ese conocimiento eche raíces con un sistema público y privado que ofrezca crédito, y protección al innovador local en entornos regulados donde el Estado y las empresas puedan experimentar con IA en áreas sensibles como la salud o la energía, asegurando que el beneficio sea colectivo y la competencia sea justa. 

Todo esto, por supuesto, se desarrolla bajo un límite ético infranqueable. No podemos permitir que la tecnología se emplee para la vigilancia o la manipulación. Necesitamos un escudo nacional de protección de datos que resguarde la privacidad del ciudadano y evitar que sea tratado como una mercancía que se subasta al mejor postor. Un Estado DASE garantiza que la IA potencie la libertad en lugar de crear perfiles psicométricos para definir consumos o, más peligroso aún, elecciones.

Incluso en la seguridad nacional, las reglas cambiaron. En un mundo de guerras híbridas, la ciberdefensa es soberanía. Desarrollar protocolos propios no desnuda paranoia, muestra lucidez. No podemos comprar “llave en mano” la defensa de nuestro espacio digital a potencias que, si los intereses cambian, pueden simplemente desconectarnos con un clic. 

Ahora bien, existe una idea falsa de que en los centros de investigación -Conicet, INVAP, INTI, INTA y las universidades nacionales- se despilfarra el dinero público. Nada más lejos de la realidad. El gran salto lo daremos cuando integremos el dato y el algoritmo a los sectores productivos en los que tenemos ventajas comparativas. Acá no corre lo de “campo e industria contra la ciencia y tecnología”. Al contrario, se basa en potenciar el campo y la industria con más ciencia y más tecnología. Sensores que optimicen el uso de agua, inteligencia aplicada a la logística industrial, predicción climática para salvar cosechas. No hablamos de logros utópicos, sino de puentes. Laboratorios de innovación abierta donde el científico del sistema público, el desarrollador de una empresa y el funcionario gubernamental resuelvan de manera asociativa y colaborativa problemas de la gente común. Esa sinergia es la que crea una economía del conocimiento robusta y, en definitiva, genera riqueza real y verdadero valor agregado. 

En todo proceso revolucionario se desatan angustias y un ánimo luddista -similar al de hombres y mujeres que rompían telares en los inicios del primer industrialismo- sobrevive nuestra época. El miedo a ser reemplazado por una máquina es real y no se soluciona ignorándolo. La respuesta está en consolidar un Estado líder en propiciar la reconversión laboral más grande de nuestra historia, garantizando que las y los trabajadores adquieran las herramientas para ocupar los nuevos roles que la IA crea mediante la automatización de procedimientos. Existe una salida en aplicar una tasa de robotización que permita capacitar a nuestra gente y evitar así ampliar la brecha entre ricos y grupos trabajadores. Lejos de resistirnos a ella, la tecnología debe ser una aliada en la búsqueda del aumento de nuestras capacidades y no un motivo más de descarte social. 

En conclusión, la IA ya transforma todo lo que encuentra a su paso. Debatir si vamos a usarla o no carece de sentido. La pregunta es si nos asumimos sujetos de esa transformación o nos conformamos con ser su objeto. Nuestra respuesta es clara: ese porvenir soñado lo construimos con voluntad política y la decisión de dejar atrás las viejas dicotomías que hasta acá nos trajeron. Pensar qué queremos, planificar el presente y proyectar el progreso que nos incluya a todos es el verdadero camino para garantizar nuestro derecho al futuro.

Lanzamiento del MDF Mujeres y Diversidades

Reivindico el papel de las mujeres como factor de organización, mantenimiento,
resistencia, fuerza y valentía no solo en las crisis sino en las fases de reconstrucción.


Axel Kicillof, 8 de marzo de 2020, Plaza San Martín, La Plata.

Pero nada podían hacer frente a la decisión, al tesón, a la resolución fi rme
de un pueblo, como el nuestro, que el 17 de octubre, con el coronel Perón al
frente, trazó su destino histórico. Entonces, como en los albores de nuestra
independencia política, la mujer Argentina tenía que jugar su papel en la
lucha. Hemos roto los viejos prejuicios de la oligarquía en derrota. Hemos
llegado, repito, al objetivo que nos habíamos trazado, que acariciamos
amorosamente a lo largo de la jornada. El camino ha sido largo y penoso.
Pero para gloria de la mujer, reivindicadora infatigable de sus derechos
esenciales, los obstáculos opuestos no la arredraron. Por el contrario, le
sirvieron de estímulo y acicate para proseguir la lucha.”

Evita, 23 de septiembre de 1947,
fragmento del discurso luego de la sanción del voto femenino. Plaza de Mayo.

El MDF Mujeres y Diversidades nace desde la convocatoria de Axel Kicillof para construir un espacio político federal, plural, movimientista, amplio, popular y transformador.

Nos convocamos al encuentro y la organización desde las experiencias múltiples, diversas, permanentes que las mujeres argentinas hemos hecho a lo largo de la historia y seguimos haciendo para sostener la vida, nuestras familias y comunidades, la patria misma. Lo hicimos y hacemos junto a compañeras y compañeros que aún en las condiciones más difíciles no se resignan, no bajan los brazos y en cada lugar que les toca vivir, trabajar, estudiar, hacer amistades, familia, siguen poniendo el acento en la solidaridad, el encuentro, lo colectivo, lo nacional, la patria grande, el orgullo de ser de esta tierra: Argentina.

Esta convocatoria es federal y quiere construirse intergeneracionalmente y con las múltiples identidades que integran el campo nacional y popular: peronistas, y también junto a otras identidades políticas, sociales, sindicales, culturales, religiosas, barriales, comunitarias y feministas que a lo largo y ancho de nuestra Patria sienten la voluntad de reconstruir un proyecto de país soberano, con igualdad y justicia social.

El Gobierno nacional nos plantea una guerra entre los géneros, negando la histórica desigualdad que buscamos revertir; argumenta que nuestra agenda de lucha es falsa e innecesaria; busca dividirnos tratando a nuestros derechos como privilegios. Lo hace con el objetivo de ocultar los verdaderos efectos de su proyecto económico y de sociedad. Todo para unos pocos privilegiados, nada para las mayorías. Es simple de comprender su objetivo, si las mujeres perdemos derechos, se nos podría volver a explotar como a inicios del siglo XX. Nos quieren en soledad, asumiendo como déficit propio la crisis económica y laboral de nuestros hogares, las dificultades de recursos para abordar los cuidados de nuestros pibes y mayores; nos quieren individualistas, compitiendo y desconectadas entre nosotras, pero ante eso, siempre nuestra salida fue y será colectiva y organizada.

Sabemos que aplican un modelo económico y social que está llevando al país entero a un feroz retroceso y que esa destrucción nacional impacta de manera directa en el deterioro de la vida cotidiana de todos y todas nosotras.

Este ajuste se mete en la vida cotidiana: falta trabajo, no alcanza el salario, los cuidados recaen en soledad, las jubiladas no llegan a fin de mes y se desfinancian políticas públicas. Ahí nuestra organización se vuelve indispensable.

En las últimas elecciones nacionales el voto mayoritario de las mujeres a propuestas políticas no violentas y solidarias, revela que nuestra maravillosa experiencia social, por ampliación de derechos, especialmente de las últimas décadas, constituye una riqueza extraordinaria, que ha logrado politizar los temas de la vida cotidiana. Haber constatado que la igualdad de género, la justicia social y el rol del Estado son condiciones fundamentales para la realización personal, de nuestras familias y de la comunidad.

Convocamos a mujeres y diversidades de cada rincón del país a protagonizar espacios de escucha, diálogo y acción. Nuestras voces se alzan para definir las prioridades, la hoja de ruta y las formas de construcción política que cada territorio demanda. Sumarse al MDF no implica renunciar a los espacios propios de pertenencia; al contrario, es potenciar esas identidades en una construcción movimientista que nos abrace a todas.

Queremos construir una red federal de mujeres y diversidades en cada provincia, municipio y comunidad: un espacio de escucha, formación, articulación y acción política que potencie identidades y convierta la resistencia en una propuesta de transformación real.

Queremos compartir nuestros recorridos bonaerenses con las experiencias de todas las provincias. Traemos con humildad la tarea que venimos desarrollando desde la PBA. Bajo la conducción de Axel Kicillof, defendemos los derechos de las y los bonaerenses, construyendo un escudo y una red frente al brutal ajuste de Milei, en el camino de impulsarnos para crear un futuro mejor y más amplio. Pero este amor por nuestra patria, esta voluntad de transformación, de transparencia y cercanía, necesita extenderse, articularse e integrarse con las mujeres y diversidades de cada pueblo y paraje y convertirse en una propuesta nacional para la reconstrucción del país, de su soberanía, su dignidad y autonomía. A esta gesta las invitamos.

 

NUESTROS PILARES:

soberanía política y participación, trabajo y cuidados igualitarios y vidas libres de violencias de género.

  • • El Movimiento Derecho a Futuro Mujeres y Diversidad levanta banderas centrales como la autonomía económica y soberanía política: para romper las cadenas de la dependencia.

    La realidad nos exige una acción política decidida. Las cifras son elocuentes: con una brecha de ingresos del 27,6% (que roza el 40% en el empleo informal) y una moratoria previsional en riesgo que deja a 9 de cada 10 mujeres sin jubilación, la vulnerabilidad es estructural. Por eso debemos poner la cuestión del trabajo en el centro. Y cuando nosotras hablamos del trabajo, damos una discusión de fondo y mucho más amplia: colocamos las condiciones del trabajo remunerado, a la vez que incluimos los trabajos no remunerados. La redistribución de los cuidados: entendiendo que el trabajo invisible en hogares y comunidades sostiene la vida y requiere condiciones dignas de realización para dejar atrás brechas de desigualdad sociales y de género.

  • • Vida libre de violencias de género en todas sus expresiones: incluyendo la violencia política. Los discursos de odio buscan anularnos como protagonistas políticas. Defender la democracia es construir liderazgos sin exclusiones ni violencias.
  • • Invitación a lograr una Democracia Paritaria: el desafío actual es pasar de la cuota formal a la paridad real. A pesar de las leyes, seguimos subrepresentadas en los espacios de máxima decisión. Queremos una política donde las juventudes, las diversidades, las trabajadoras, las mujeres mayores, no sean solo espectadoras, sino protagonistas de su destino.

SOMOS HEREDERAS de una larga historia de luchas. Nos guían las miles y miles que hicieron nuestra historia, en la mayoría de los casos de manera silenciosa y con una enorme generosidad como nos enseñó la abanderada de las y los humildes, Evita eterna. Las Madres y abuelas de Plaza de Mayo que parieron esta democracia. Cristina, que fue la primera presidenta reelecta y hoy padece una injusta privación de la libertad. Las referentas que en cada provincia y localidad junto a las abuelas, madres, hermanas y vecinas anónimas sostienen los barrios, comedores, salas de salud, escuelas, sindicatos, universidades, clubes, iglesias, unidades básicas y la lucha en las calles.

Desde nuestro anclaje federal y territorial, retomando el legado de las delegadas censistas del partido peronista femenino, cuando recorrieron el país para promover la organización de las mujeres desde las bases de sus comunidades, hagamos que esta construcción política crezca desde nuestras provincias, pueblos y barrios.

El Movimiento Derecho a Futuro es más que una organización; es la herramienta para volver a soñar y hacer posible que el mañana sea un territorio de derechos garantizados.

El FUTURO es nuestro derecho. La FUERZA POPULAR es, y será siempre, colectiva. Las mujeres y diversidades sabemos mucho de esto, tenemos mucho para aportar.

La guerra de Milei contra el bolsillo de los argentinos

Como se sabe, la guerra en Medio Oriente puso presión sobre el precio del petróleo y, por lo tanto, sobre los combustibles y la nafta en particular. Antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran la operación “Furia Épica” contra Irán, el barril de Brent oscilaba entre 65 y 70 dólares. Luego del inicio del conflicto, el precio casi se duplicó y hoy supera los 100 dólares.

Frente a estas circunstancias, muchos países tomaron medidas para impedir que el aumento del crudo impactara en los precios de los combustibles y de la energía, y se trasladara al bolsillo de las familias y a los costos de las empresas. En esos países, el Estado —ese que Milei desprecia— intervino para evitar, o al menos atenuar, que las consecuencias de la guerra deterioren aún más la calidad de vida de sus sociedades. Lamentablemente, este complejo contexto mundial encuentra a nuestro país con un gobierno aferrado a una ideología anacrónica, incompatible con el interés nacional y, sobre todo, totalmente inoportuna para gobernar en estas circunstancias. Para Milei —a diferencia incluso de aliados como Trump, Meloni o el derrotado Orbán— el mercado lo resuelve todo y el Estado, al que considera responsable de todos los males, debe simplemente desaparecer.

En los artículos teóricos del Presidente estas falsedades no hacen daño; en la realidad, son un problema gravísimo. Hay guerra, el precio del petróleo se dispara y el Estado decide no hacer absolutamente nada. Un Estado desertor que renuncia a actuar como Estado nacional. En este marco, nos enteramos de que “descongelan” el precio de las naftas y aplican un nuevo aumento: al 25% previo se suma ahora otro 9%. Tal vez, en medio de sus fantasías bélicas, el Presidente decidió librar su propia guerra: una guerra contra el bolsillo de los argentinos. Que la nafta siga aumentando en Argentina tiene, además, un agravante, también producto de una ideología contraria al interés nacional. Gracias a la recuperación de YPF en 2012 y al desarrollo de Vaca Muerta, el país viene recuperando el autoabastecimiento e incluso cuenta con excedentes exportables. Sin embargo, Milei sostiene que el petróleo extraído del subsuelo argentino debe pagarse al precio internacional, incluso en un contexto de guerra. Es decir: en Argentina terminamos pagando lo mismo que un país que no produce petróleo y debe importar.

Mientras tanto, en muchísimos países, además de medidas para contener el precio de los combustibles, se evalúan contribuciones extraordinarias a las empresas petroleras, que multiplican sus ganancias en medio del sufrimiento de pueblos afectados —directa o indirectamente— por guerras absurdas, al menos mientras dure el conflicto. Son gobiernos que priorizan el bienestar de sus sociedades. Hoy Argentina no cuenta con eso, pero falta menos para que termine este capítulo de infamia, esta cascada de irresponsabilidad que cae sobre los argentinos.

Hay otro camino y lo vamos a seguir construyendo.

 

 

 

Vengo de la Argentina de Milei, vengo del (posible) futuro

En diciembre de 2019 asumí el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, responsabilidad para la que fui reelecto cuatro años después. Se trata de un territorio del tamaño de Italia, que concentra casi el 40% de la población argentina, produce más de un tercio del PIB nacional y constituye el corazón industrial y productivo del país. En otras palabras, me toca gobernar la provincia que más sufre el experimento distópico que Milei está aplicando en Argentina.

Viajé a Barcelona, a la Movilización Global Progresista, para contar cómo se vive en ese “futuro” que la extrema derecha europea presenta como un ejemplo a seguir. ¿Y cuáles son sus resultados? En dos años de Milei cerraron más de 24.000 empresas —unas 30 por día—, se destruyeron cerca de 300.000 empleos formales y la industria acumula una caída cercana al 10%, el segundo peor retroceso industrial del mundo en ese período, solo superado por Hungría.

El salario mínimo perdió 40% de su poder de compra y está en niveles de 2001. La inversión en ciencia y tecnología bajó al 0,17% del PIB, mínimo histórico desde que hay registros. A las familias el ingreso no les alcanza, muchas se endeudaron y hoy las tasas de incumplimiento en los créditos bancarios y no bancarios son las más altas de la serie. No hubo milagro argentino, lo que hubo fue una formidable estafa: el ajuste más grande de la historia, el que iba a pagar “la casta”, lo terminaron pagando los jubilados, la obra pública, los empleados estatales, los programas sociales, las universidades y las provincias. Entre todos explican más del 75% del recorte de la motosierra.

En síntesis: Milei puso en marcha un experimento de desintegración del Estado y de su capacidad de regular, proteger y corregir desigualdades. El presidente Milei sostuvo en su campaña electoral que era un topo que iba a “destruir el Estado desde adentro”. Es lo único que está cumpliendo: lidera un Estado que deserta de sus funciones esenciales, que abandona la salud, la educación y la seguridad social. Pero también hay una desintegración del federalismo, del tejido productivo, de la cultura democrática y, sobre todo, de la sociedad y de las comunidades que la componen, generando una sociedad cada vez más desigual y fracturada. Nada de desarrollo: solo más incertidumbre, más precariedad, más injusticia y más desprotección.

Asimismo, este modelo económico va acompañado por una constante agresión simbólica a una sociedad ya lastimada, intoxicando con mentiras destinadas a incubar odios y responsabilizando a las víctimas de esta estafa económica por sus presuntos “fracasos”. Exacerba un individualismo competitivo, una pelea de todos contra todos, completamente ajena a la solidaridad que distingue históricamente a la sociedad argentina.

En este marco, los gobiernos provinciales y locales nos hemos tenido que convertir en un escudo y en una red para atenuar el daño social y proteger los derechos que están en peligro. Con un esfuerzo gigantesco de los y las bonaerenses, estamos sosteniendo los comedores escolares y la entrega de medicamentos esenciales, terminando con recursos propios las obras de escuelas, hospitales y universidades que Milei abandonó a medio construir. También hemos puesto al Banco de la Provincia de Buenos Aires, hasta donde se puede, a sostener el consumo y el crédito productivo que el Gobierno nacional retiró a las pequeñas y medianas empresas. Pero todo esfuerzo resulta insuficiente: ninguna región crece en un país que se hunde.

Hay que ser claros: el experimento que lidera Javier Milei —con su modelo económico, sus negocios personales, su ataque a la justicia social y el maltrato a las minorías— no se sostiene sin una muy articulada red de apoyos externos y complicidades ideológicas y económicas que operan a escala transnacional. Me refiero a una internacional de la ultraderecha que actúa de forma coordinada y de la que Milei es una de sus expresiones más extremas: el capítulo argentino, posiblemente el más caricaturesco, pero no por eso menos peligroso.

Déjenme dar un ejemplo concreto y muy reciente: cuando en 2025 el programa económico de Milei estaba a punto de derrumbarse, Donald Trump, por primera vez en la historia, instruyó al Tesoro para que comprara pesos argentinos con dólares y le prometió un salvataje de 20.000 millones de dólares, justo dos semanas antes de las elecciones y atado explícitamente a su resultado. En otras palabras, el presidente de los Estados Unidos les “prometió” a los argentinos evitar el abismo —al que nos había llevado el gobierno de su protegido— si votaban por Javier Milei.

Dados estos desafíos, la respuesta no puede ser puramente nacional, ni mucho menos local. No podemos aspirar a construir islas progresistas en un mundo que se desintegra en guerras y promueve la desigualdad económica y la precariedad como normas de vida. Es necesario construir alianzas frente a esta tragedia común, con el objetivo de promover una visión más humana, justa y sostenible del desarrollo económico. Y también reunirse para romper el aislamiento, ya que, como repetía nuestro querido Papa Francisco: “Nadie se salva solo”.

Pero la tarea no es solo simbólica o retórica. En este Día Internacional de los Trabajadores, adquiere un sentido muy concreto: mejorar las condiciones de empleo, el poder adquisitivo y los derechos de millones de trabajadores, trabajadoras y familias. Eso nos exige actuar de manera coordinada en los organismos internacionales, en los Estados nacionales, en los gobiernos subnacionales y en cada territorio, porque los desafíos que enfrentamos ya no respetan fronteras administrativas ni escalas de gobierno.

Ningún Estado, por poderoso que sea, puede actuar por sí solo frente a corporaciones que producen en un país, facturan en otro y llevan sus ganancias donde menos tributan. Ninguna ciudad puede defender por sí sola el derecho a la vivienda frente a plataformas globales y fondos de inversión que operan simultáneamente sobre barrios y alquileres a escala internacional. Ningún sindicato ni trabajador de plataforma negocia en igualdad de condiciones con empresas que fijan desde lejos las reglas, los algoritmos y hasta los márgenes de su precariedad. Y ninguna democracia puede sostener la cohesión social cuando la desigualdad se globaliza, la riqueza se concentra sin freno y la deuda ahoga a países enteros, obligándolos a elegir entre pagar o desarrollarse.

Hace falta sumar fuerzas. Frente a ese escenario, la respuesta no puede limitarse a resistencias aisladas ni a la defensa de un mundo que no supo asegurar bienestar para las mayorías. Nuestra propuesta, nuestra aspiración, no puede limitarse a construir cordones sanitarios. Tenemos que disputar el presente y, sobre todo, el futuro. Cambiar la distopía por un proyecto colectivo, que movilice, que entusiasme. Para eso, resulta necesario dejar atrás la nostalgia, la intención de restaurar un mundo que ya no existe o que las mayorías ya no quieren defender. Y también dejar atrás la pura queja, la pura denuncia, la pura protesta.

Hace solo unas semanas, al recibir en Barcelona el Goya por Belén, la directora y actriz argentina Dolores Fonzi dijo: “Ustedes que tienen tiempo, que tienen tiempo aún, no caigan en la trampa. La ultraderecha vino a destruirlo todo. Eso es así. Yo vengo del futuro”. Barcelona, en estos días, nos dio un impulso para empezar a trabajar sobre otros futuros posibles: un futuro donde Milei sea pasado, donde la Argentina le ofrezca a su sociedad un horizonte de progreso colectivo y justo y que, en la arena internacional, se comprometa con un mundo en paz, donde se protejan los intereses de los pueblos y su derecho a una vida digna. Frente al futuro distópico que propone la ultraderecha, afirmamos: ¡Hay otro camino! Para construirlo son enormemente valiosos encuentros como el realizado en Barcelona y el compromiso que vienen desplegando líderes como Lula, Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro, Yamandú Orsi y Pedro Sánchez.

Por mi parte, he querido contarles sobre Milei porque, como venimos repitiendo desde hace años, los pueblos deben elegir entre dos opciones: la derecha o los derechos. Nosotros estamos con los derechos, principalmente con el derecho al futuro.

 

 

 

Sumar Fuerzas contra la extrema derecha

“La respuesta a los problemas de nuestros pueblos no es local, bonaerense, ni puede ser argentina. La solución ante las políticas de ultraderecha debe ser internacional”

El viernes 17 y sábado 18 de abril, los principales líderes progresistas del mundo se reunieron en Barcelona para articular una respuesta común frente al avance de la ultraderecha. 

En un contexto atravesado por las protestas contra el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría y el rechazo a la reforma judicial de Giorgia Meloni en Italia, la Movilización Progresista Mundial le dio un plataforma a los progresismos para unir fuerzas. 

Allí estuvo Axel, junto a Luiz Ignacio “Lula” Da Silva, Gustavo Petro, Pedro Sánchez, Claudia Sheinbaum y los principales dirigentes progresistas a nivel global. La respuesta que se empezó a construir es clara: la solución ante las políticas de ultraderecha debe ser internacional.

¿Cómo se enfrenta a sectores reaccionarios que actúan de manera coordinada y que cuentan con el respaldo de las principales empresas tecnológicas? ¿Cómo se enfrenta a quienes fomentan el odio social y el conflicto en función de sus propios intereses?

Para encontrar una respuesta, los dirigentes trazaron las bases y condiciones de un mundo que vuelva a poner a la democracia como centro igualador y organizador de la vida.

Frente al genocidio, los conflictos armados y la violencia en aumento; más y mejor democracia. Un modelo económico sustentable, exitoso y expansivo no es sinónimo de quitarle derechos a los pueblos. No se trata de menos política, sino de una política eficiente que llegue a los últimos, que distribuya, que amplíe derechos, que reconozca la identidad de sus pueblos, que garantice la dignidad a través de la salud, la educación y el trabajo, y que construya instituciones sólidas capaces de acompañar las decisiones de vida de cada persona.

Pero más y mejor democracia no puede ser una consigna vacía. Sobre eso, cada dirigente dejó un aporte:

Axel sostuvo: “A nuestro pueblo no le alcanza con que le demos soluciones materiales, tenemos que decirle también que hay otro camino que no es el de la guerra, no es el de la crueldad y no es el del abandono”. Además, el Gobernador planteó una salida democrática, popular e internacional: “Si es un mundo multipolar el que nos espera, tiene que ser un mundo en el que el protagonista no sea ni un país ni una región, sino los pueblos que representamos.” 

Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Ignacio “Lula” Da Silva, convocó a los líderes progresistas a seguir alzando la voz contra las injusticias: 

“La democracia de las Naciones Unidas depende de nosotros. Fortalecer el multilateralismo depende de nosotros. No depende de nadie más. Individualmente no tenemos salida”.

Asimismo, el mandatario brasilero advirtió que “los 5 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU deben reunirse para cambiar su comportamiento”. Y añadió: “Ningún presidente de ningún país del mundo, por mayor que sea, tiene el derecho de poner reglas a otros países”. 

En relación al encuentro de líderes progresistas en Barcelona, Lula expresó: “Lo que estamos haciendo aquí es el comienzo de un movimiento que tiene que actuar todos los días del año para restablecer la cosa más sagrada del mundo: la democracia y el multilateralismo.” Y sentenció: “El mundo no soporta más la guerra: el pueblo pobre no quiere mucho, sólo vivir con dignidad.” 

A su vez, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, realizó una ferviente defensa de la democracia entendida como el gobierno del y para el pueblo:

“Los principios democráticos también significan libertad, pero vale la pena preguntarnos cuál libertad ¿la libertad que defiende el conservadurismo? ¿la libertad de someterse a intereses externos? ¿la libertad de convertir a las naciones en colonias modernas? ¿o la libertad de mercado sin Estado que convierte a muchos en nada y a pocos en mucho? No, creemos que la democracia implica libertad. Pero la libertad es palabra vacía si no la acompaña la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos. Cuando hablamos de democracia no es la de las élites, sino la del pueblo. No es la de la concentración de la riqueza, sino la de la distribución. No es la de la imposición, sino la de la participación. No de la guerra, sino de la paz. No de la indiferencia y de la exclusión, sino de la cooperación y la inclusión”. 

A su turno, el presidente de España, Pedro Sánchez, señaló la importancia de la distribución de la riqueza y alertó: 

Cuando el progreso no se distribuye, cuando las oportunidades no llegan a todos, cuando amplias capas de la población sienten que el sistema no responde, la democracia pierde legitimidad. Ahí es donde crece el extremismo, que no abre la grieta: ocupa el espacio”. En el mismo sentido, subrayó que no basta con resistir, tenemos que proponer, tenemos que liderar, tenemos que demostrar que la democracia no solo se defiende, sino que se fortalece y se perfecciona día a día”. 

En referencia a la injusta arquitectura financiera internacional, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, indicó: 

Tenemos que reformar la arquitectura financiera del mundo y acabar con esa brecha financiera para el desarrollo. Es verdad que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hay que reformarlos también. No pueden ser instituciones que solo sigan representando los intereses occidentales. Así que las reformas de estas instituciones deben ser completa”

Este primer encuentro marcó una hoja de ruta para articular una estrategia colectiva internacional con producción, trabajo, paz y dignidad para los pueblos. Una alternativa donde el derecho al futuro no sea solo para los dueños del mundo.

Lanzamiento del MDF Educación

Hacia la construcción de una propuesta educativa federal. Defender el sistema educativo es transformarlo.

Desde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) presentamos este documento borrador con el objetivo de someterlo a discusión con compañeros y compañeras de distintos puntos del país. Nuestro espacio político entiende que, “ante este modelo de especulación financiera, concentración de la riqueza y entrega a intereses extranjeros”, se debe construir una fuerza social y política “que defienda y represente al trabajo, la producción agropecuaria e industrial, a comerciantes, profesionales, docentes y estudiantes, artistas, científicos, jubilados, asegurando el desarrollo económico con justicia social”.

Los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad, entre ellos quienes nos gobiernan, sostienen que Argentina es un país fallido y fracasado que debe reconstruirse casi en su totalidad. Esa lógica se utiliza respecto del régimen laboral, del jubilatorio, de la ciencia y la tecnología, de las capacidades de su industria y, por supuesto, del sistema educativo, al que califican de colapsado e ineficiente. Se trata de una estrategia conocida: sobreestimar la crisis para aplicar soluciones drásticas, siempre adversas y sancionatorias para las y los trabajadores.

En ese marco y en este contexto, queremos construir colectivamente una propuesta para mejorar la educación de nuestro pueblo. Es necesario transformar nuestro sistema educativo por la insatisfacción social que generan sus deudas, entre las que se destacan los logros de aprendizaje, el estado de la infraestructura, los salarios docentes y otros aspectos relevantes.

No obstante, defendemos la historia, organización y posibilidades de nuestro sistema educativo, mayoritariamente público (70/30%), con una extendida distribución territorial, igualitario, de sólida tradición política y pedagógica y años de pensamiento original, convicciones e ideas y, sobre todo, con educadores y educadoras comprometidos con su tarea.

Los desafíos que tiene la educación argentina son múltiples, y creemos que los gobiernos populares, más allá de sus deficiencias, han producido avances importantes en materia de legislación, inversión, expansión del sistema, construcción de edificios, creación de nuevas escuelas y universidades públicas, distribución de libros y tecnología y mejora sustantiva de los salarios y de las condiciones laborales, por citar algunos.

Axel Kicillof sostiene que lo que fortalece a la escuela pública es reconocer sus debilidades, no para destruirla y proponer un diagnóstico sombrío y falso, sino para solucionar errores y deudas: “Esa es la transformación, abordar el sistema con la profunda convicción de que hay que defender a la escuela pública para transformarla, mejorarla, encontrar lo que falta y trabajar incansablemente en esa dirección.”.

La educación en el gobierno libertario

Ante las agresivas decisiones que ha tomado el Gobierno contra la educación argentina, ratificamos, a veinte años de su sanción, la vigencia y pertinencia de la Ley de Educación Nacional N.º 26.206/06, por su concepción de educación y conocimiento,a los que define como bienes públicos y derechos personales y sociales que deben ser protegidos y garantizados por el Estado.

Hoy peligran las nociones de comunidad, de ciudadanía democrática, de sociedad solidaria con plenos derechos y conciencia de sus obligaciones. Los derechos no son mercancías, sino atributos inherentes a la condición humana y tienen un único destino: su ampliación. La ética libertaria desprecia la identidad colectiva, es incapaz de construir y apreciar el nosotros, y exalta los valores del individualismo extremo y del éxito a cualquier precio, lo que produce un debilitamiento del lazo social y de las instituciones destinadas a la socialización y transmisión cultural; entre ellas, la escuela.

En estos pocos años, la política educativa de La Libertad Avanza desfinanció la educación y abandonó a las provincias a su suerte, sin adoptar medida alguna destinada a resolver sus problemas reales y generando un clima de época hostil a la tarea esencial de la escuela.

Se ha eliminado la paritaria docente, se han reducido los salarios y se introduce un falso concepto de libertad, renunciando a años de lucha social para lograr la obligatoriedad educativa masiva: “La libertad también es que, si no querés mandar a tu hijo al colegio porque lo necesitás en el taller, puedas hacerlo”; el Presidente y sus socios solo tienen expresiones insultantes respecto de la educación y de las y los educadores.

Con relación a la inversión, apuntamos dos consideraciones hoy presentes en la discusión sobre política educativa: la disminución de la tasa de natalidad y el nuevo concepto de “inversión inteligente”, ya que quienes gobiernan sostienen que ambos conceptos son suficiente justificativo para concretar el ajuste. La disminución de lanatalidad los impulsa a pensar que, a partir de la simple relación alumnos-docente, se debe reducir el personal; por su parte, la inversión inteligente representa la posibilidad de invertir “menos y mejor”, idea con la cual, por supuesto, no acordamos.

Algunas cifras para graficar lo que decimos

El presupuesto vigente para el año 2026 consagra el abandono del 6 % del PBI dedicado a educación y del 1 % destinado a ciencia y tecnología; tampoco incluye recursos para la construcción de escuelas, la distribución de libros, la tecnología, la formación docente, etc.

El Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional (FoNE-TP) sufrirá un recorte acumulado, respecto de 2023, del 93 %. Por su parte, la función Educación y Cultura tiene una caída real del 47,3 % respecto de lo ejecutado en el año 2023.

Los programas de transferencias dirigidas a los estudiantes, por ejemplo, las becas estudiantiles, acumulan un descenso del 76,6 % respecto de 2023.

El ataque al sistema universitario trasciende el ahogo presupuestario y el incumplimiento de las leyes vigentes; representa un intento de desmantelar el pensamiento y las capacidades estratégicas de la Nación. Esto se advierte con los recortes al salario docente, a la investigación y a la extensión, rompiendo la relación entre el conocimiento soberano y los desafíos del desarrollo y debilitando la capacidad de nuestra sociedad para construir un horizonte colectivo propio.

Respecto de lo que podríamos llamar la educación obligatoria, el proyecto de Ley de Libertad Educativa, aún no presentado formalmente para su tratamiento, representa un serio retroceso. Algunas razones: repone el concepto de equidad, que remite a los años noventa, e introduce el engañoso concepto de libertad educativa, que se parece mucho al de abandono.

Asimismo, sostiene que el objetivo de la educación es la libertad individual y el proyecto de vida de cada persona, obviando su dimensión social y comunitaria y, en el mismo sentido, prioriza a la familia y la sociedad, desplazando al Estado a un rol subsidiario: “la era del Estado presente ha terminado”, sostiene el presidente Javier Milei, profundizando la destrucción de una herramienta imprescindible para los sectores más carecientes.

El artículo 96 del proyecto otorga una injerencia desmedida a las familias, a través de un Consejo Escolar de Padres al que le asigna facultades de gobierno escolar; para la concepción libertaria, las familias representan el nuevo rostro del individualismo, profundizando la fragmentación social y debilitando lo comunitario.

Además, introduce el concepto de autonomía escolar, que traerá mayor desigualdad al sistema educativo, por la facultad que tendrán las instituciones de decidir sus contenidos, dictar reglamentos internos y de convivencia, generar concursos y remover y elegir autoridades.

Especialmente discutible es la introducción de estrategias educativas alternativas desde los primeros años de edad. Nos referimos a la enseñanza en el hogar y la educación híbrida y a distancia, que no solo impiden la natural tarea socializadora de la escuela, sino que posibilitan los negocios de las plataformas educativas transnacionales.

Finalmente, le quita responsabilidad al Estado nacional en el financiamiento del sistema, generando serias complicaciones en los presupuestos de las provincias.

Los desafíos

Es necesario volver al gobierno para reconstruir lo que quedará del sistema y saldar las deudas de la educación argentina. Se hizo un gran esfuerzo en el lapso 2003- 2015, que fueron tiempos de inversión y crecimiento, pero es necesario decir, de resultados de aprendizaje insuficientes.

La educación argentina es una herramienta fundamental para cimentar una ciudadanía democrática que recupere el interés por la participación en la vida pública y que valore vínculos de respeto, diálogo y dignidad.

Se debe construir una nueva agenda educativa que sepa escuchar y atender los problemas que familias, docentes y estudiantes manifiestan a diario. Este conjunto de acciones no puede constituir una nómina nostálgica de derechos perdidos, sino que deberá mostrar equilibrio entre los derechos que faltan y las obligaciones que debemos. Provisoriamente, proponemos algunos temas:

Mejorar los resultados de los aprendizajes en todo el sistema educativo;

Sostener la continuidad pedagógica de la educación obligatoria (que haya clases todos los días), sobre todo en las escuelas de gestión estatal. En este punto, se debe discutir el concepto de corresponsabilidad de las familias y la sociedad respecto de la educación;

El actual escenario de descenso demográfico, con cobertura próxima a la universalización, representa una oportunidad para generar políticas respecto de las condiciones en que se enseña y se aprende en las escuelas;

Analizar los modos de incorporar tecnología en la escuela como una capacidad estratégica para desarrollar procesos de innovación y producción de conocimiento;

Discutir cómo incorporar las herramientas de la inteligencia artificial en todo el sistema educativo;

Construir un nuevo federalismo educativo y, en ese marco, una nueva distribución de los recursos económicos;

Como parte de la política de recuperar el sistema universitario, se debe priorizar su articulación con el sistema educativo, en especial con los institutos formadores y con el sistema productivo.

La educación es un tema muy importante, altamente valorado por nuestra sociedad, sobre todo por los sectores de menores recursos, a los cuales debemos responder en sus reclamos y necesidades educativas. No lo haremos tratando de hacer lo que ya hicimos, sino sosteniendo convicciones, inversión, dedicación e ideas originales y profundas.

Una vez más lo decimos: conocemos las deudas que la escuela tiene con la sociedad, pero también destacamos su sostenida y comprometida disposición para atender numerosas demandas que, con frecuencia, la alejan de su objetivo central, que es la transmisión de conocimientos. En toda circunstancia, la escuela está y responde; por eso realiza funciones sociales, alimentarias y, últimamente, emocionales y psicológicas que no son asumidas por otras instituciones de la sociedad.

Reconocemos especialmente a los y las directivos, docentes, auxiliares y cooperadores que trabajan con gran compromiso, a pesar de que en este último tiempo han sido maltratados, ofendidos en su profesionalismo y observan cómo se deteriora su salario por las nocivas políticas que lleva adelante el Gobierno nacional.

La provincia de Buenos Aires, con su gobernador a la cabeza, muestra otro camino.

Arduo, difícil, con recursos limitados por la asfixia a la que es sometida, pero con sostenida presencia territorial, escuchando a sus habitantes, expandiendo el sistema educativo, construyendo escuelas, distribuyendo libros y, sobre todo, ubicando a la educación en un lugar destacado de sus políticas de gobierno.

Por esas razones, desde el Movimiento Derecho al Futuro convocamos a “la construcción de una gran fuerza social y política para el desarrollo y la justicia social, que represente a trabajadores, sectores productivos, la ciencia, la educación y la cultura; que defienda los intereses nacionales, promueva el desarrollo y se abra a la participación de todos. Solo con un peronismo fuerte, amplio, unido y con sus raíces en el pueblo podremos forjar un país más justo, solidario y con oportunidades para todos.

Los y las argentinas merecemos un futuro donde quepamos todos y todas; merecemos una sociedad ética, solidaria e igualitaria que deje atrás el individualismo, el maltrato y la pérdida de derechos.

Axel representa las convicciones intactas, la honestidad y una probada gestión de gobierno; representa un futuro más justo y la esperanza que tanto necesita recuperar la sociedad argentina.

 

Lanzamiento del espacio Universidad y Ciencia del MDF

Nuestro país tiene una larga tradición de universidades públicas de calidad y de un sistema de ciencia y tecnología reconocido mundialmente. En conjunto cumplen un rol central: forman los recursos humanos que la Argentina necesita y a la vez forman una sociedad más integrada, con expectativas de progresos y aspiraciones de movilidad social. No hay desarrollo ni inclusión posibles sin políticas que fortalezcan de manera sostenida a nuestro sistema de ciencia y tecnología y a nuestras universidades públicas. 

Hoy atravesamos una etapa crítica. El gobierno de Javier Milei ha castigado a lo largo de estos dos años a la ciencia y a la Universidad con políticas de ajuste y desinversión, con una fuerte caída de los salarios reales y presupuestos llevados a sus niveles más bajos desde la recuperación democrática. Esta situación empuja a científicos/as y universitarios/as al pluriempleo, al deterioro de sus actividades de investigación, docencia y transferencia, y acelera la emigración, con consecuencias gravísimas para el futuro del país.

En contraposición a este escenario, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires viene actuando como un escudo de protección para sus habitantes, intentando sostener a sus Universidades y a su sistema científico, aún en un contexto de millonarias deudas del Estado Nacional con las provincias. Pero como sostiene Axel “no alcanza con ser escudo y resistir, hay que construir otro camino”. 

Resulta imperioso que quienes tenemos la convicción de que otro país es posible trabajemos para que en 2027 podamos ofrecer un proyecto para una Argentina diferente: sostenida en la educación, la cultura, la ciencia en todas sus disciplinas, la Universidad, la salud pública, la producción, la industria nacional, el desarrollo sustentable, la inclusión y el trabajo. Un proyecto con alcance federal, con perspectiva de género y con más participación de las y los jóvenes. Tenemos la convicción que ese proyecto debe ser encabezado por Axel Kicillof, quien con su honestidad, formación, capacidad de trabajo, experiencia de gestión, y diálogo con sectores muy diversos de la sociedad, ha demostrado reunir las condiciones para conducirnos hacia un futuro mejor.

Argentina tiene Derecho al Futuro y queremos ser parte activa de este armado colectivo: produciendo más y mejor ciencia, desarrollando tecnología e innovación desde nuestros Organismos y Universidades, y transmitiendo ese conocimiento a las nuevas generaciones desde nuestras aulas. Para lograrlo necesitamos recuperar y fortalecer el sistema nacional de ciencia y tecnología, garantizar salarios dignos para investigadores/as y trabajadores/as universitarios/as, y contar con presupuestos acordes a los desafíos de un mundo donde el conocimiento es la llave de la soberanía y del bienestar colectivo.

El futuro es con Axel. Hagamos desde nuestra comunidad el aporte para construirlo.

Quienes aquí firmamos expresamos nuestra decisión de integrar el espacio Universidad y Ciencia del Movimiento Derecho al Futuro.


ADHESIONES

  • Juliana Cassataro
  • Celeste Ratto
  • Mirta Iriondo
  • Melina Devercelli
  • Valeria Levi
  • Elisa Colombo
  • Flavia Terigi
  • Ana Franchi
  • Graciela Morgade
  • Lucia Fank
  • Dora Barrancos
  • Marisa Censabella
  • Susana Mirassou
  • Maria Santini
  • Carolina Carrillo
  • Andrea Gamarnik
  • Darío Kusinsky
  • Mariano Hermida
  • Liliana del Carmen Bergesio
  • Georgina Hernandez
  • Ana María Llois
  • Roberto Salvarezza
  • Guillermo Durán
  • Ricardo Manetti
  • Diego De Charras
  • Hector Flores
  • Pablo Molina
  • Jorge Anró
  • Mario Lozano
  • Alejandro Villar
  • Federico Aguero
  • Leonardo Zayat
  • Mario Pecheny
  • Alberto Baruj
  • Diego Golombek
  • Jorge Geffner
  • Gabriel Rabinovich
  • Alberto Kornblihtt
  • Juan Pablo Paz
  • Daniela Hozbor
  • Cecilia Nicolini
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  • Carolina Mera
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