La reforma laboral en perspectiva global: un corso a contramano

¿Por qué la “modernización” de Milei va a contramano del mundo del trabajo?

Desde hace décadas, cada vez que los gobiernos impulsan reformas regresivas del trabajo, recurren a la misma palabra fetiche: modernización. Bajo ese rótulo se han justificado recortes de derechos, debilitamiento de sindicatos y transferencia de riesgos desde las empresas hacia los trabajadores. La pregunta clave no es si el mundo del trabajo debe cambiar —nadie lo niega— sino en qué dirección y para beneficio de quién.

El proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei se presenta como una adaptación inevitable a los “nuevos tiempos”. Sin embargo, cuando se lo coloca en perspectiva regional y global, queda claro que no dialoga con las discusiones más avanzadas del capitalismo contemporáneo, sino que recupera recetas antiguas —ya ensayadas y ampliamente cuestionadas— que profundizan la desigualdad, la informalidad y la baja generalizada de los salarios.

Hoy la conversación global se está reordenando alrededor de un consenso creciente: no hay transición tecnológica ni estabilidad macro que se sostenga con salarios de pobreza, desprotección social y negociación colectiva erosionada. En otras palabras: el futuro del trabajo no se está construyendo “abaratando” derechos, sino ampliándolos, adaptándolos y haciéndolos exigibles.

¿Qué discute hoy el mundo del trabajo y por qué la propuesta de Milei se aparta de esas tendencias?

A nivel global, el debate laboral no gira en torno a menos derechos, sino en cómo reconstruir protección y poder de negociación en un capitalismo transformado por la digitalización, la financiarización y la fragmentación productiva. Esto no lo dicen solo los sindicatos: lo expresa la propia arquitectura del multilateralismo laboral.

Plataformas: el mundo avanza hacia nuevas normas internacionales

La señal más contundente de la época es que la OIT ya activó un proceso formal de creación de estándares internacionales sobre trabajo en plataformas. En la 113.ª Conferencia Internacional del Trabajo (junio 2025) se llevó a cabo la primera discusión de un ítem de “standard-setting” sobre trabajo decente en la economía de plataformas, bajo un procedimiento de doble discusión (2025 y 2026).

Este proceso no existe para “flexibilizar”: existe porque la realidad de las plataformas (subordinación algorítmica, opacidad de datos, clasificación laboral litigiosa, asimetrías de poder) exige una actualización de reglas. Organizaciones sindicales globales han saludado el avance como un paso histórico para cerrar vacíos de protección en el corazón del nuevo capitalismo digital.

Dicho de otro modo: mientras el gobierno argentino pretende vender como modernidad una reforma centrada en debilitar el derecho laborale invisibilizar al trabajador de plataforma como contratista, el mundo multilateral del trabajo se mueve —con tensiones y disputas, sí— hacia elevar pisos de derechos en los sectores más precarizados e innovadores.

Salarios vitales: el debate global se desplaza del “mínimo” al “suficiente”

En paralelo, la OIT dio un paso sustantivo en salarios vitales. En febrero de 2024, su Encuentro de Expertos Sobre Políticas Salariales, ámbito tripartito con representantes de gobiernos, trabajadores y empleadores, consensuó conclusiones y una orientación de política pública: definir, estimar y promover salarios vitales con métodos robustos, con datos basados en la evidencia y con instituciones de fijación salarial (dialogo social, salario mínimo estatutario y negociación colectiva) como engranajes centrales.

Este giro es decisivo para desmontar una narrativa peligrosa: la de que “para crear empleo” hay que abaratar salarios o relativizar pisos normativos. La OIT está diciendo lo contrario: hay que discutir adecuación salarial, suficiencia y mecanismos institucionales para que la productividad se traduzca en bienestar —no en concentración.

¿Qué hace Milei? Retroceder el reloj institucional

No es necesario ir artículo por artículo de los 197 que constituyen una especie de lista de supermercado con los deseos de empresarios, algunas inclusive contradictorias, en que la única coherencia interna es el disciplinamiento laboral y el traslado de los costos a la sociedad en su conjunto, para darse cuenta de que son propuestas viejas, muy viejas, casi de comienzos del siglo XX, antes de la creación de la OIT en 1919.

La propuesta del gobierno argentino va en sentido opuesto a estas nuevas tendencias:

-En vez de fortalecer instituciones para gobernar la transición tecnológica, propone una regresión institucional.

-En vez de extender protección a nuevas formas de empleo, impulsa la “deslaborización”, la individualización de la relación laboral y un debilitamiento del rol sindical.

-En vez de conectar salarios con suficiencia y desarrollo, reinstala la idea de que el problema de Argentina son los “costos laborales” y las supuestas rigideces del sistema, no la estructura productiva, la evasión, la informalidad empresarial o la restricción externa.

Esto no es modernización: es restauración conservadora.

América Latina y el mundo: experiencias recientes de verdadera modernización laboral

Lejos del discurso desregulador, muchas experiencias recientes muestran que la modernización real pasa por más Estado, más negociación colectiva y más formalización, no por menos.

La lección internacional: regular el cambio, no desproteger al trabajador

Europa y varios países de la OCDE llevan años reequilibrando, con distintas intensidades, los excesos de etapas de “flexibilización” que ampliaron la precariedad sin generar un salto sostenible de productividad. El propio hecho de que la OIT haya abierto una vía para un Convenio y una Recomendación sobre plataformas expresa una lectura común: el capitalismo digital, sin reglas, deriva en competencia por degradación (race to the bottom) y en informalidad sofisticada.

América Latina: formalización y diálogo social como infraestructura institucional

En la región, las trayectorias más sólidas muestran un punto: formalizar no es bajar derechos, es construir capacidad estatal, fiscalización e incentivos productivos, y reforzar la negociación colectiva como canal de productividad y gobernabilidad. El aprendizaje regional es que donde se erosiona el poder sindical y se pulveriza la institucionalidad laboral, crecen la rotación, el subempleo y la informalidad, y se deterioran los salarios reales.

Claudia Sheinbaum anuncia la reforma a la jornada laboral y el salario mínimo. Diciembre 2025.

 

Gustavo Petro, Presidente de Colombia, anuncia la reducción de la jornada laboral a 42 h. Enero 2026

Salario vital: aprendizaje político clave

Un aporte adicional de la agenda de salarios vitales es que desplaza el debate de “lo mínimo legal” a “lo necesario para vivir con dignidad”. Esa discusión está ganando centralidad en coaliciones internacionales y en foros sindicales globales. La propia Confederacion Sindical Internacional trabaja el puente entre salario mínimo adecuado, negociación colectiva y salario vital, enfatizando convergencias incrementales y anclaje institucional.

¿Qué reformas laborales sí contribuyen al desarrollo, la productividad y el empleo digno?

La evidencia internacional muestra que las reformas laborales que funcionan comparten algunos rasgos estructurales: coordinan incentivos, reducen precariedad improductiva y elevan la demanda interna. En el corazón de esas reformas hay tres piezas: instituciones salariales, negociación colectiva y protección social.

Salarios vitales como brújula de desarrollo

La agenda de salarios vitales de la OIT no es un gesto retórico: implica un marco para discutir adecuación, metodologías de estimación y rol de políticas públicas.

Cuando el salario no alcanza para reproducir la vida, se multiplican los costos sociales: endeudamiento de hogares, informalidad por necesidad, deterioro de salud, caída de consumo y conflictividad. A la larga, eso es un freno a la productividad: un trabajador con salario insuficiente y sin horizonte no es “más eficiente”; es más vulnerable.

Negociación colectiva fuerte y coordinada

Los países con mayor productividad y menor desigualdad tienen alta cobertura de negociación colectiva, incluso cuando la afiliación sindical es menor. La negociación sectorial coordina salarios, reduce competencia a la baja y mejora la planificación empresarial. Es una institución de eficiencia macro: evita que la “competitividad” se convierta en guerra salarial.

Estado activo y diálogo social

El Estado no desaparece: planifica, orquesta, regula y arbitra. Las reformas exitosas se construyen con sindicatos y empleadores, no contra ellos. La OIT —y la discusión de estándares de plataformas lo ejemplifica— vuelve a poner el diálogo social en el centro de la gobernanza laboral del siglo XXI.

Informalidad y plataformas: regular para ampliar derechos, no para legitimar la desprotección

Uno de los argumentos centrales del discurso oficial es que los derechos laborales “expulsan” trabajadores a la informalidad. La evidencia —y la lógica productiva— muestran lo contrario.

Informalidad: un problema estructural, no normativo

La informalidad, en general, pero mas en particular el trabajo no declarado, no surge porque existan derechos, sino por:

– estructuras productivas de baja productividad;

– evasión y elusión empresaria;

– falta de fiscalización y de incentivos correctos;

– segmentación territorial y sectorial;

– cadenas de subcontratación que externalizan riesgos.

– Reducir derechos no formaliza: precariza también al empleo formal y desplaza la frontera hacia abajo.

Plataformas: la OIT abre el camino para un Convenio y una Recomendación

En este punto, la discusión OIT es particularmente relevante para Argentina. La OIT tiene en marcha una doble discusión (2025–2026) para definir estándares internacionales sobre trabajo decente en plataformas, lo cual confirma que la respuesta global no es negar la tecnología, sino regularla con derechos.  

En términos prácticos, la agenda internacional está centrada en: clasificación laboral y protección contra la falsa autonomía; remuneración y transparencia; seguridad y salud; protección social; y la gobernanza de datos y gestión algorítmica. La sola existencia de esa agenda desmiente el enfoque “desregulador” como supuesto requisito de modernidad.

Por qué la informalidad no se resuelve quitando derechos

Porque la informalidad es, en esencia, una forma de organización del poder económico: un mecanismo para transferir riesgos hacia el trabajador. La salida progresista y sindical es exactamente la inversa: ampliar derechos y adaptarlos:

-derechos laborales portables donde corresponda;

-cobertura efectiva de seguridad social;

-negociación colectiva por rama y por cadena de valor;

-fiscalización inteligente (incluida la dimensión digital);

-y un enfoque de salarios suficientes (salario mínimo vital adecuado + negociación) como columna vertebral de formalización.

-En esa dirección se ubican los debates internacionales serios. La reforma de Milei se ubica en la dirección contraria: busca legalizar el desplazamiento de riesgos hacia abajo y normalizar salarios de pobreza bajo el relato de “competitividad”.

Conclusión: modernizar es elevar pisos de derechos y gobernar la transición

El conflicto entre capital y trabajo no desaparece por decreto. La historia muestra que cuando se lo intenta suprimir mediante desregulación y miedo, reaparece de formas más violentas y desestabilizadoras.

La señal del mundo hoy es inequívoca:

-OIT: proceso hacia estándares sobre plataformas (2025–2026).

-OIT: consenso tripartito y hoja de ruta sobre salarios vitales (Meeting of Experts 2024).

-Movimiento sindical global: convergencia estratégica desde “mínimo” hacia “vital”, con negociación colectiva como motor.

-Reconocimiento de derecho al empleo en economías mediadas por plataformas en Gran Bretaña, España, Australia, Nueva Zelanda, entre otros. 

Con ese telón de fondo, llamar “modernización” a una reforma que debilita el derecho del trabajo no es un error técnico: es una operación política. La modernización que necesita Argentina es la que fortalezca el empleo formal, eleve salarios, amplíe derechos y democratice las relaciones laborales. Todo lo demás es ajuste social con otro nombre.

 

El trabajo del futuro también necesita derechos

1.El gobierno de Javier Milei presenta su proyecto de “modernización laboral” como una reforma necesaria. ¿Qué propone concretamente esa iniciativa, qué efectos podría tener sobre el empleo, los salarios y los derechos laborales, y qué objetivos políticos y económicos persigue?

El gobierno de Milei es, en términos económicos, el representante de los grupos concentrados de la economía mundial y, en términos políticos, actúa como administrador de la entrega de la soberanía y de los recursos naturales a cambio del capital necesario para subsistir.

Muchas veces, cuando se hacen este tipo de descripciones, nos dicen que estamos anclados en el pasado o que se trata de un discurso viejo. Sin embargo, el problema es justamente ese: la fórmula es vieja y el método que impulsa este gobierno ya se puso en práctica. Y cuando se aplicó, generó un proceso de industricidio, con millones de trabajadores en la calle y miles de familias por debajo de la línea de pobreza. Esto ya ocurrió en nuestro país y los indicios actuales nos permiten anticipar que nos encaminamos hacia un nuevo 2001.

Al cumplirse dos años del gobierno de extrema derecha de Javier Milei, se perdieron más de 200 mil puestos de trabajo formales. Y esto no es una planilla de Excel: son padres y madres, hermanos y hermanas, hijos e hijas que se quedan sin trabajo o que ya no llegan a fin de mes.

Sin ir más lejos, hoy sucede que cuando una trabajadora o un trabajador se presenta a un empleo ya no pregunta qué categoría le corresponde, qué salario va a cobrar o cuántas horas por día va a trabajar, porque la prioridad pasa a ser llevar un plato de comida a la casa. Ya existe una fuerte flexibilización laboral de hecho, que con la eventual aplicación de esta iniciativa no haría más que profundizarse.

2.Más allá de lo técnico, ¿qué modelo de sociedad y de relaciones laborales entraña esta reforma? ¿Qué tipo de país se construye cuando el trabajo es concebido como un costo a reducir y no como un derecho a proteger?

La situación laboral en la Argentina es crítica y la coyuntura actual profundiza la flexibilización del trabajo. Hoy resulta engañosa la forma en que se mide el desempleo: cuando se consulta a la gente si trabajó durante la última semana, la respuesta suele ser afirmativa, aunque en realidad se haya tratado de apenas unas horas en alguna aplicación o de una changa ocasional, situaciones que poco tienen que ver con el trabajo genuino y de calidad que promovemos desde el gobierno de Axel Kicillof y desde el peronismo a lo largo de la historia.

Estamos atravesando el momento de mayor retracción de los últimos 41 años de democracia, con derechos individuales y colectivos vulnerados por un gobierno de rasgos cuasi autoritarios y con una incidencia explícita de los Estados Unidos sobre la soberanía económica del país.

Hoy se habla de modernización laboral mientras se propone una jornada de trabajo de hasta 13 horas. No hay nada de moderno en esa iniciativa, como tampoco lo hay en intentar manotear la caja de los jubilados para financiarse, avanzar en retrocesos fiscales o impulsar una veintena de artículos que atentan directamente contra derechos esenciales de las y los trabajadores.

3.Frente a este avance, ¿qué rol debe asumir el peronismo —en el plano sindical, parlamentario y territorial— y cómo explicarle con claridad a las trabajadoras y los trabajadores cuáles son las consecuencias reales de esta reforma en su vida cotidiana?

En primer lugar, no creo que haya que “explicarle” a los trabajadores nada. Lo entienden perfectamente y son los que están todo el día en la calle, rompiéndose el lomo para llevar un plato de comida a la casa. No hay que subestimar al pueblo trabajador, hay que estar cerca. Porque ahí es donde vamos a encontrar la respuesta a las preguntas que nos hacemos cuando pensamos en una reforma laboral.

Por otro lado, parte de esta realidad es también consecuencia de lo que hemos hecho los peronistas; es cierto, con un poder mediático y judicial muy fuerte, actuando como adversario político. Debemos dejar de ser el Partido Peronista de los militantes para transformarnos en el Movimiento Peronista del Pueblo Trabajador. 

Allí emerge la figura de Axel Kicillof, que debe gestionar todos los días para los bonaerenses y, al mismo tiempo, tolerar que hablen de corrupción o ineficiencia del Estado quienes a la vista de todos se roban la plata de los jubilados, de las personas con discapacidad y de los hospitales. Mienten e intentan encubrir bajo el concepto de “eficiencia” una reforma laboral que pretende volver a un pasado donde el trabajador era explotado y reprimido si se le ocurría protestar.

Pero acá estamos los Peronistas para revertir esa situación a fuerza de trabajo, de unidad, de debate y, fundamentalmente, a fuerza de una visión del mundo renovada donde no tiremos todo por la borda simplemente porque nos lo dice a los gritos el Presidente, en medio de insultos y descalificaciones; sino que avancemos defendiendo los derechos adquiridos, con educación, trabajo y producción. 

4.Desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires se habla de “otro camino”. ¿Qué alternativas concretas se están explorando e implementando como contrapunto a esta reforma? 

Alternativas concretas son muchas y muy variadas. Y es importante entender que esta ingeniería económica que encabeza el gobernador Kicillof en la Provincia está destinada a amortiguar los efectos de las medidas que arbitrariamente impone el Gobierno “Nacional”. Cuando Milei restringe el dinero que debe girar a las Provincias, no entiende —o mejor dicho, sí entiende y decide avanzar de todas formas— que el impacto lo sufre más que nadie el pueblo trabajador y los vecinos de los 135 municipios provinciales.

Por otro lado, en lo que respecta a la gestión, cada Ministerio está impulsando proyectos destinados a fortalecer la economía de los hogares y a proteger los derechos ya adquiridos por los trabajadores.

En este sentido, a comienzos de año, en la apertura de la Asamblea Legislativa el Gobernador presentó un proyecto que impulsamos desde el Ministerio de Trabajo: el ICLOP. Una instancia de Conciliación Laboral Obligatoria Prejudicial para dirimir reclamos laborales individuales y pluriindividuales antes de que se inicie la demanda judicial. De esta manera se evitan los juicios y se da intervención a mediadores tanto del Ministerio de Trabajo como del Ministerio de Justicia para llegar a un acuerdo.

Con esta iniciativa, disminuyen sustancialmente los juicios, se agilizan los acuerdos y se termina ese cuello de botella que hoy se encuentra en la justicia laboral que no hace más que perjudicar al trabajador, que ante un fallo favorable cobra un monto mínimo, diez o quince años después de la sentencia. Es fácil hablar de la industria del juicio y en función de eso extirpar derechos laborales elementales. De esta manera, atendemos la problemática con una solución constructiva que no afecta al trabajador.

Al mismo tiempo, atentos a este cambio de paradigma que se está dando en el mundo del trabajo, estamos impulsando un proyecto vinculado al trabajo de plataformas que se elaboró a partir de las recomendaciones de la OIT y ya fue presentado con gran aceptación. Esta nueva modalidad de trabajo debe ser regulada y requiere de una inmediata intervención del Estado para regular y proteger la actividad, en pos de garantizar las condiciones de salud, seguridad y registración laboral de las trabajadoras y los trabajadores.

Se viene hablando de la problemática que se genera en torno a esta modalidad de trabajo, pero se mira para otro lado para no afectar intereses empresariales. Sin embargo, la Provincia de Buenos Aires es la primera en avanzar en un proyecto concreto, real y realizable en lo inmediato. Un proyecto que impulsa medidas de carácter no punitivo y propone un acercamiento real a los trabajadores y trabajadoras para garantizar una adecuada registración laboral.

Paralelamente, trabajamos desde el Ministerio de Trabajo con 366 Centros de Formación Laboral activos, donde se forman trabajadoras y trabajadores en torno a las necesidades industriales de cada región del país. El año pasado, egresaron de los Centros 82.000 trabajadores y trabajadoras y este año la cifra será mayor.

5.¿Es necesaria una reforma laboral en la Argentina y, si lo es, qué lineamientos debería tener una reforma orientada a ampliar derechos, incorporar nuevos sectores como el trabajo en plataformas y fortalecer un modelo de desarrollo con inclusión?

Estamos en un momento en el que se ha perdido el horizonte, se ha desestimado el factor humano y se repite una consigna común, fomentada por el establishment: “hay que terminar con 80 años de peronismo”. Una gran falacia que propone volver a épocas preperonistas, cuando no existían las vacaciones, el aguinaldo, el derecho a huelga, las paritarias ni las obras sociales, entre muchas otras conquistas históricas.

Por eso, claro que hace falta una reforma laboral, pero una reforma verdaderamente moderna. En el mundo, la jornada laboral tiende a reducirse, bajo la premisa de que se puede producir lo mismo en menos horas si los trabajadores cuentan con tiempo para la vida familiar, para desarrollar otras habilidades o perfeccionarse en su oficio. Está comprobado que la reducción de la jornada mejora la productividad, protege la salud y eleva la calidad de vida. Sin embargo, en la Argentina el debate se orienta en sentido contrario: hacia el aumento de una jornada que ya es de 48 horas semanales, una de las más exigentes del mundo.

La gran apuesta de una reforma laboral debería ser la incorporación de las y los trabajadores a la economía formal. Es necesario blanquear la economía, terminar con la timba financiera y volver a un modelo productivo centrado en la producción nacional, que fortalezca nuestra soberanía y defienda los recursos naturales.

Al mismo tiempo, este proceso debe impulsarse en función de las nuevas demandas sociales y de las transformaciones tecnológicas. La inteligencia artificial y la robótica deben pensarse como herramientas para la producción y la sustitución de importaciones. Hoy vemos que la variable central ya no es solo la obtención de ingresos, sino también el tiempo libre y el tiempo útil; eso también debe ser atendido. Puede parecer utópico, pero es una realidad. No se puede pensar una reforma laboral que deje afuera a los trabajadores y beneficie de manera arcaica a los empresarios, que siempre estarán dispuestos a ganar más.

Hay muchos puntos para debatir sobre esta reforma, y esa es la cuestión: una verdadera reforma laboral, social y política es aquella que se anima al debate abierto y a la construcción de consensos, con toda la sociedad política y la sociedad civil sentadas alrededor de la misma mesa. No se impone a puertas cerradas ni se decide entre pocos, como pretende este gobierno.

 

El sueño de borrar al sindicalismo

1.¿Qué propone concretamente la reforma laboral del Gobierno de Milei, qué efectos podría tener sobre el empleo, los salarios y los derechos laborales, y qué objetivos políticos y económicos persigue?

El proyecto abre la puerta al fraude laboral en varios frentes. Trabajos que hoy son claramente dependientes pasan a disfrazarse de “autónomos”. A diferencia de la legislación actual —en la que, si una persona trabaja para otra bajo instrucciones y recibe un pago, se presume la existencia de una relación laboral—, la reforma establece que, si existen facturas o recibos emitidos como autónomo, esa presunción desaparece.

A su vez, modifica un criterio histórico de interpretación del derecho laboral: ante la duda, se interpreta a favor del trabajador, especialmente en materia probatoria. La reforma elimina esa duda probatoria y reduce significativamente este principio, privando al trabajador de una herramienta clave para su defensa.

En materia salarial, la ofensiva es múltiple: se otorgan a las patronales mayores facilidades para tercerizar y fragmentar empresas y así evitar convenios; se amplían los conceptos “no remunerativos” —como almuerzos, viáticos o gastos de salud—, que no cuentan como salario ni se consideran para el cálculo de la indemnización; y se aplica el artilugio de los llamados “salarios dinámicos”, reemplazando el derecho a igual remuneración por igual tarea por pagos por productividad, mérito o premios al antojo patronal.

Como si esto fuera poco, la indemnización por despido se abarata y pierde su función principal: disuadir al empleador de despedir. Pero, además, esto traerá un perjuicio para la recaudación. A través del denominado “Fondo de Asistencia Laboral”, el Estado terminará financiando los despidos de empresas privadas con recursos equivalentes al 3 % de los salarios que hoy se destinan al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Pasamos de un Estado que financia sueldos y jubilaciones a uno que financia despidos.

¿Y las vacaciones? Afuera. El proyecto flexibiliza este derecho constitucionalmente protegido (artículo 14 bis de la Constitución Nacional, descanso) al permitir que el empleador las fraccione según sus necesidades. El banco de horas, en cambio, adentro: se flexibiliza la jornada laboral al permitir trabajar más horas un día y compensarlas otro, sin pago adicional.

A estas pérdidas de derechos individuales de cada trabajador hay que agregar el ataque de esta reforma al derecho colectivo, objetivo central de la restauración de poder. El proyecto reduce a su mínima expresión el derecho a huelga, reduce la ultra-actividad y muchos compromisos de los convenios desaparecen al vencer, lo que debilita la continuidad del acuerdo y fortalece la posición del empleador en la negociación, debilita la protección sindical eliminando tutelas sindicales y restringe las asambleas sindicales.

En síntesis, el proyecto no es otra cosa que el DNU 70 reempaquetado para intentar obtener legitimidad parlamentaria. Su inconstitucionalidad manifiesta provocará más litigiosidad judicial, no menos. Pero sobre todas las cosas, hay que destacar qué efecto no tendrá de convertirse en Ley: ni de casualidad va a crear empleo registrado. Ninguna reforma laboral detendrá el tsunami de cierres de empresas y despidos que está provocando la política económica de Milei, Caputo y el Tesoro norteamericano. 

2.¿Qué modelo de sociedad y de relaciones laborales entraña esta reforma? ¿Qué tipo de país se construye cuando el trabajo es concebido como un costo a reducir y no como un derecho a proteger?

El principal error al analizar esta reforma es perder de vista su propósito central, que no es únicamente reducir el costo salarial —ya ubicado en niveles históricamente bajos—. El objetivo de fondo es disciplinar a los trabajadores, tanto a nivel individual como colectivo, para volver a una Argentina donde impere, sin atenuantes, la voluntad del más fuerte.

Exposición en el plenario de Trabajo y Presupuesto. Diciembre 2025.

Sólo mediante la destrucción del movimiento sindical y del peronismo como proyecto de país productivo e integrado socialmente podrán entronizar el “modelo peruano” que sinceró como norte el Ministro de Economía, Luis Caputo. En ese modelo no hay empleo registrado, ni industria, ni jubilaciones, ni igualdad. Ni siquiera se mide la desocupación en un contexto de 80 por ciento de informalidad laboral. 

No es ese esquema el que va a generar más trabajo. Por el contrario, sólo va a haber más y mejor empleo, con buenos salarios e integración social, a partir de políticas industriales, desarrollo técnico-científico y tributación progresiva. Políticas que fortalezcan el mercado interno y generen valor agregado, en lugar de regalar nuestras materias primas como una semicolonia.

3.Frente a este avance, ¿qué rol debe asumir el peronismo —en el plano sindical, parlamentario y territorial— y cómo explicarle con claridad a las trabajadoras y los trabajadores cuáles son las consecuencias reales de esta reforma en su vida cotidiana?

Por un lado, tenemos que hablarle a la sociedad, a los trabajadores y trabajadoras, con una propuesta de transformación de las leyes laborales que amplíe derechos frente a las nuevas realidades del mundo del trabajo. Hay proyectos que ya existen y tienen que ver con debates actuales que se dan en todo el mundo, como regular la economía de plataformas, la igualdad de género, reducción de la carga horaria, etcétera. La tarea es clara: reconstruir un modelo de país con desarrollo autónomo, valor agregado a partir de la industria  y sobre todo con una perspectiva soberana.

Marcha contra la reforma laboral. Diciembre 2025.

En el camino hacia esa reconstrucción, la provincia de Buenos Aires y la gestión de Axel constituyen un modelo antagónico a la entrega de Milei. Antagónico a ese extractivismo que no genera prácticamente ningún puesto de trabajo. Ahora, es necesario unir todas las fuerzas antagónicas posibles para rechazar las reformas retrógradas del gobierno nacional. Para ello, la unidad opositora que se logre en el parlamento tiene que ser acompañada, potenciada e impulsada por la movilización en unidad en las calles de todo el país.

4. ¿Es necesaria una reforma laboral en la Argentina y, si lo es, qué lineamientos debería tener una reforma orientada a ampliar derechos, incorporar nuevos sectores como el trabajo en plataformas y fortalecer un modelo de desarrollo con inclusión?

Lo que resulta necesario es transformar las leyes que regulan el empleo en función de los avances tecnológicos, los cambios en la organización de la vida familiar y las nuevas necesidades de la clase trabajadora. 

En ese marco, los proyectos que hoy se discuten proponen reconocer derechos para los trabajadores de plataformas —como salario mínimo, licencias y cuidados—, avanzar en licencias por nacimiento y cuidado con equidad de género, promover la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias, crear comités mixtos de salud laboral y prevenir el acoso en el ámbito laboral. Al mismo tiempo, plantean aprovechar los avances tecnológicos para reducir la carga y la jornada laboral, garantizar el derecho a la desconexión digital y avanzar hacia una mayor soberanía del tiempo de trabajo.

Estos cambios no son rémoras del pasado, sino los debates que se están dando en muchas regiones del mundo. Un mapa mundial consigna unas 53 reformas laborales en casi 30 países de los cinco continentes. Todas van en el sentido de mejorar las condiciones laborales, regular a las compañías de plataformas, otorgar nuevas licencias, reducir la jornada y garantizar equidad de género. En un mundo que discute cómo avanzar, este gobierno nacional propone retroceder.

 

El viejo truco de la “modernización”

MDF: Desde el oficialismo se sostiene que la legislación laboral vigente es demasiado antigua y que frena la creación de empleo y el crecimiento económico. ¿Qué tan cierto es ese diagnóstico y qué efectos podría tener una flexibilización en términos de empleo, derechos y salarios?

Hugo Moyano: En primer lugar, no es la legislación laboral la que crea o destruye empleo, sino las políticas macroeconómicas; lo que sí puede hacer la norma laboral es distribuir con mayor o menor equidad y justicia el empleo y la riqueza existente. Los puestos de trabajo no se crean por ley: la generación de empleo se relaciona con un modelo de país con crecimiento, producción y desarrollo. El Dr. Héctor Recalde, parafraseando a Clinton, hubiese dicho una vez más: “es la economía, estúpido…”.

En nuestro país, este es un dato que puede verificarse a través de la historia. Los períodos de mayor flexibilidad normativa coincidieron con los años en que se registró la mayor destrucción de puestos de trabajo. En los años ’90 el discurso era casi idéntico: “flexibilización”, “desregulación”, “modernización”, “inserción en el mundo”. Aparecieron los contratos basura, la Ley de Empleo, los intentos de que las homologaciones admitieran solo subas salariales que se acordaran por productividad, como preveía el decreto 1334/91, etc.; pero también llegaron las privatizaciones, el desguace del Estado y, como en la actualidad, se aplicó una política de apertura indiscriminada de las importaciones, mientras manteníamos relaciones carnales con Estados Unidos y el FMI. La Argentina alcanzó por primera vez dos dígitos en su tasa de desocupación. En mayo de 1995 la tasa de desempleo se ubicó en un 18,4%.

Durante el gobierno de De la Rúa no fue distinto. En mayo de 2000 tuvimos la sanción de la ley 25.250, recordada tristemente como la “Ley Banelco”, que, al igual que la Ley Bases, extendía el período de prueba y, además, otorgaba prevalencia a la negociación colectiva en el nivel de empresa por sobre la negociación por actividad, tal cual preanuncia con sus reformas el gobierno de Milei.

De la Rúa dejó el gobierno en diciembre de 2001 con una tasa de desocupación del 18% y el trabajo informal en el 38%. Para el tercer trimestre de 2003 el desempleo llegó a superar el 22% y la informalidad afectaba al 49,7%. Sin embargo, en el segundo trimestre de 2015 esta se ubicó en el 33,1%.

Durante el gobierno de Néstor Kirchner, en marzo de 2004, se derogó la Ley Banelco mediante la ley 25.877, recogiendo un reclamo de la CGT. Desde 2003 en adelante la negociación colectiva creció significativamente, y el salario se incrementó en términos reales; cayó la desocupación y también la informalidad.

Quienes se limitan a decir que la legislación laboral es demasiado antigua pasan por alto que, durante el período post convertibilidad, el Congreso sancionó unas cuarenta reformas laborales. Que no le guste al gobierno actual el sentido protector de esas reformas, que coincidieron con el crecimiento del empleo privado, es otra cosa. El desempleo cayó a un dígito en el año 2007, en un contexto económico muy distinto al actual. Y el hecho de que el Congreso de aquel entonces sancionara leyes tendientes a reforzar la protección del trabajador no fue obstáculo para eso. Todas las reformas flexibilizadoras fracasaron. Ninguna logró disminuir la desocupación ni mejorar la calidad del empleo en nuestro país.

MDF: Uno de los argumentos más repetidos por la derecha para justificar la reforma es que beneficiaría a los trabajadores informales o de plataformas digitales. ¿Qué hay de verdad en esa idea y qué desafíos concretos plantea este nuevo tipo de trabajo para los convenios colectivos y la regulación laboral?

HM: En primer lugar, es necesario aclarar que aún no hay proyecto del oficialismo, y estamos discutiendo acerca de una reforma en función de los anuncios que hicieron distintos funcionarios, con títulos tales como salarios dinámicos, reducción de la base de cálculo para las indemnizaciones, pago de indemnizaciones en cuotas, negociación colectiva priorizando el nivel de empresa por sobre el de actividad, banco de horas sin límites claros más que el descanso diario de 12 horas entre jornada y jornada, etc. No obstante, no caben dudas de cuál va a ser la direccionalidad, más aún considerando lo que efectivamente ha sido el decreto 70/23, cuyo capítulo laboral fue el único declarado inconstitucional por la Cámara Nacional del Trabajo a partir de una acción judicial iniciada por la CGT, así como por el contenido de la Ley Bases, o la insistencia en limitar el derecho de huelga mediante el decreto 340/23, también declarado inconstitucional judicialmente, entre otras cuestiones.

Dicho esto, creo que los argumentos son diferentes para la situación de los trabajadores informales y los trabajadores de plataformas digitales. Empezando por los segundos, no se advierte hasta el momento ningún proyecto o anuncio del gobierno para regular este universo, salvo algunos trascendidos de que se los excluiría por completo de la protección de la legislación laboral.

Consideremos que la situación jurídica de estos trabajadores se encuentra en debate a nivel internacional, como ha quedado demostrado en la última Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo celebrada este año, en la que por primera vez se debatió acerca de la necesidad de un Convenio y una Recomendación específicos en la materia. El tema es uno de los que mayores desafíos presenta. Más allá de que quiera llamarse a estos trabajadores emprendedores, colaboradores, microempresarios o repartidores independientes, lo cierto es que, como sostiene nuestra jurisprudencia, no importa la denominación que se pretenda: lo que prima es la realidad para determinar si existe o no relación de dependencia.

Hace casi una década, más precisamente el 28 de octubre de 2016, un tribunal de trabajo de Londres, en el país que podría considerarse la cuna del capitalismo, ya había resuelto, en el conocido caso “Aslam & Farrar v. Uber”, que el trabajo de estos conductores se debe calificar como trabajo dependiente. Desde ese enfoque entiendo que se debe encarar la regulación legal y el tratamiento del tema en la negociación colectiva. Todo ello, por supuesto, considerando las particularidades del caso y la necesidad de una norma específica o una ley especial, como ocurre con las y los trabajadores de casas particulares o tantos otros regulados por estatutos especiales.

Sin dudas, la regulación de los trabajadores de plataformas digitales forma parte de una agenda de “modernización laboral”, a diferencia de lo que hasta ahora se ha anunciado, que nada tiene de moderno, novedoso o innovador, porque vuelve sobre viejas recetas del liberalismo.

Con respecto al trabajo informal, creo que hay un discurso que trabaja permanentemente para convencernos de que es necesario flexibilizar y reducir los derechos de los trabajadores registrados, ya que esa, según este relato, es la herramienta efectiva para incluir a quienes se encuentran en la informalidad. Pero la realidad es que estas reformas invariablemente han demostrado su fracaso para alcanzar ese objetivo.

La sanción de la llamada Ley Bases 27.742, de junio de 2024, tuvo un capítulo destinado al blanqueo, con condonación de deudas y eliminación de las mal denominadas multas (en realidad, indemnizaciones agravadas por trabajo no registrado). Esas reformas, que se suman a otras como la ampliación del período de prueba, la posibilidad de reemplazar —a través de la negociación colectiva— la indemnización por despido por un fondo de cese laboral, la creación de la figura del trabajador independiente con colaboradores, etc., en nada han favorecido la registración de trabajadores.

Como resultado del blanqueo laboral de la Ley Bases de Milei, solo se regularizaron 16.703 puestos de trabajo, el 0,3% del total de trabajadores privados registrados. Sin embargo, la tasa de asalariados formales se redujo del 63,9% en el cuarto trimestre de 2024 al 62,3% en el segundo de 2025, mientras la tasa de asalariados informales pasó del 36,1% al 37,7%, según la EPH del INDEC, a pesar de los anuncios del gobierno.

MDF: También se afirma que el peronismo se resiste a los cambios que impone la nueva economía. ¿Cómo responder a esa crítica y qué tipo de transformaciones podrían encararse para actualizar el sistema laboral sin resignar derechos conquistados?

HM: Se trata de una afirmación alejada de la realidad y de la historia. Nadie ignora el impacto de los cambios tecnológicos ni de las transformaciones productivas; pero eso no supone que nos dejemos arrastrar por un discurso netamente ideológico y sin apoyo en ninguna evidencia empírica, que pretende encarar de manera inconstitucional la readaptación del marco normativo que reclaman estos cambios del siglo XXI, como pretende el oficialismo, con políticas y un enfoque propios del siglo XIX.

No creo que la oposición a reformas regresivas, como las contenidas en el decreto 70/23, la ley 27.742 o el DNU 340/25, se traduzca automáticamente en una supuesta resistencia a cualquier tipo de cambio. Por eso es importante no caer en las trampas o en los discursos simplistas que equiparan necesariamente cambios con modernidad. Un cambio también podría implicar regresar al pasado, y muy lejos en el tiempo, por ejemplo, negando algo tan elemental como la justicia social.

En este punto, es imprescindible tener en cuenta que, cuando se habla de adaptación a los cambios en las formas de trabajo, sin lugar a dudas, la norma apropiada, por su dinamismo y especificidad, es el convenio colectivo de trabajo; la ley no podría jamás abordar exhaustivamente la complejidad y diversidad sectorial del mundo laboral.

Quienes se encuentran en condiciones de entender y comprender las particularidades laborales de cada actividad, porque las conocen en profundidad y las viven a diario, son los sujetos sociales que intervienen en la misma: los sindicatos y las representaciones empresariales. La negociación colectiva es la verdadera herramienta que, por su versatilidad y capacidad de reacción, permite adaptarse a los cambios que produce el impacto tecnológico. De hecho, en muchas actividades se han llevado a cabo no solo modificaciones a los convenios colectivos de actividad, sino que se han suscrito distintos convenios colectivos por empresa articulados con los convenios de actividad con ese fin.

El hecho de que un convenio colectivo se haya firmado originalmente, por ejemplo, en el año 1975 no implica que no haya sufrido sucesivas modificaciones. La finalidad que realmente esconde esa chicana es la de terminar con la ultraactividad de los convenios colectivos en nuestro país, con la consecuencia de que caigan todas las condiciones y derechos que, a través de los años, se han obtenido. Sin perjuicio de todo esto, no podemos negar que la ley también debe establecer nuevos marcos normativos para adaptarse a las nuevas formas de trabajo, por ejemplo —como expresé antes—, en lo relativo a las plataformas digitales o el teletrabajo. En este último supuesto, en el año 2020 se sancionó la ley 27.555, delegando gran parte de su regulación en la negociación colectiva.

En el caso de las plataformas, el cambio es manifiesto, y somos conscientes de la necesidad de contemplar una adaptación normativa. Pero en todo esto, lo que no puede perderse de vista es que lo que no cambió es la necesidad de proteger, frente a la disparidad de la fuerza contractual, a las personas que trabajan.

Hay otras discusiones de gran relevancia que también se plantean en el mundo, como la reducción de la jornada de trabajo. Recordemos que una de las primeras conquistas de los trabajadores ha sido su limitación. El Convenio n.º 1 de la OIT, de 1919, limitó la jornada de trabajo a 8 horas diarias o 48 horas semanales; pero actualmente la tendencia es a reducirla progresivamente. Por ejemplo, en Europa, el promedio de la jornada a tiempo completo es de 40,2 horas. En países como Brasil, Colombia, Ecuador y Chile, las jornadas semanales son inferiores a la de Argentina. En nuestro país, la ley que regula la jornada es la ley 11.544 del año 1929, y su decreto reglamentario 16.115 es del año 1933.

La ampliación y el reconocimiento de licencias parentales también es una tendencia que debe adaptarse. Entiendo que tampoco deben eludirse las discusiones respecto de normas que establezcan regímenes de promoción del trabajo registrado, en particular con relación a microempresas y pymes, como oportunamente planteó la ley 26.940.

MDF: Finalmente, ¿qué desafíos plantea este escenario para la dirigencia sindical y para los bloques peronistas en el Congreso? ¿Qué estrategias deberían desplegar para defender el trabajo con derechos y, al mismo tiempo, repensar la agenda laboral del futuro?

HM: Nos encontramos ante una situación compleja; por eso, más que nunca, cobra relevancia el valor estratégico de la unidad de acción y el impulso de reformas que contemplen y reafirmen la necesaria protección laboral.

Por ello, considero que la estrategia a desplegar debe ser en todos los ámbitos, como ocurrió cuando el gobierno pretendió avanzar con el DNU 70/23, el DNU 340/25 o con un paquete de reformas impulsado principalmente por el diputado Martín Tetaz en la comisión de trabajo.

Sin dudas habrá una estrategia sindical en la que la CGT, junto con las CTA, en unidad de acción, tendrá un rol determinante. Estarán sobre la mesa todas las herramientas históricas que el movimiento obrero ha utilizado para enfrentar ataques contra los trabajadores y contra las organizaciones sindicales.

Será necesaria una estrategia política, pese a la nueva conformación de las Cámaras y a la presión que el gobierno ya ejerce sobre los gobernadores; para ello, será clave tender puentes y dialogar con todas las fuerzas posibles. Y, a su vez, una estrategia cultural, para combatir el discurso falaz que el gobierno instala permanentemente a través de los medios. En este plano, la militancia activa y una comunicación efectiva serán fundamentales.

No alcanza con resistir

MDF: ¿Qué plantea concretamente la reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei y qué tipo de transformaciones busca introducir en el sistema de relaciones laborales argentino?

De todo lo que trasciende – porque no hay un texto oficial – la reforma busca otorgarle más poder al empresario por sobre el trabajador. La idea es poder determinar salarios sin considerar ningún piso, reemplazar parte del salario por pago en especie, tener mayor dominio sobre el tiempo de trabajo sin tener que pagar horas extras (banco de horas, vacaciones), facilitar los despidos y relajar los controles del cumplimiento de la normativa en casos de solidaridad empresarial. 

No se trata ni de modernizar ni de dar ventajas al trabajador. ¿Y por qué puedo afirmar esto? Porque nada impide hoy, con las leyes que tenemos, negociar mejores condiciones laborales para los trabajadores. Empresas y trabajadores son libres de negociar mejoras en los salarios.  Tampoco hay impedimentos normativos para modificar los convenios colectivos, introducir mejoras tecnológicas, actualizar las definiciones de las tareas e incluso implementar algunos esquemas con horarios más flexibles. De hecho, hay varios casos donde esto ya sucedió. Y donde no sucedió, el Estado tiene un rol que jugar para promover que eso suceda, pero en líneas generales se necesita muñeca y voluntad, más que nuevas normas. La ley de contrato de trabajo lo que marca es un piso. Por encima, se puede. 

Si yo necesito modificar la ley para introducir un cambio, es porque ese cambio busca perforar ese piso. En otras palabras, la reforma busca que sea posible pagar menos, trabajar más, trabajar peor, o todas a la vez. ¿Y cómo pretende lograr esto? Ya hizo varios intentos con el decreto 70 y la ley bases. Pero el cambio de fondo que van a buscar para poder aplicar todo esto es debilitar la negociación colectiva. Es decir, la capacidad de los sindicatos de negociar por el conjunto. 

En el fondo, lo que prevalece en la mente de los ideólogos de este gobierno es tratar como igual al trabajador que al empresario. El problema es que no son iguales. El derecho laboral lo que hace es reconocer que hay una desigualdad en la capacidad de uno de negociar con el otro. ¿Por qué hay una desigualdad? Porque la mayoría de nosotros no somos realmente libres de no trabajar. Necesitamos trabajar para poder vivir. Los empresarios, en cambio, tienen un capital (ya sea en forma de dinero, de inmuebles, de máquinas), que les permite, al menos por más tiempo que a un trabajador, sobrevivir sin producir. Incluso, pueden elegir colocar ese capital en el sistema financiero y prescindir de los trabajadores. Por eso tienen más “espalda” a la hora de negociar. Y además, son menos. Atrás nuestro hay una fila de otros trabajadores en las mismas condiciones.

Para nivelar la cancha, los trabajadores se organizan y de ahí surgen los sindicatos como una forma de impedir que la negociación sean los juegos del hambre. También aparece el Estado para intentar equilibrar las condiciones. Por eso, cuando decimos que el derecho laboral es favorable al trabajador, no se está buscando que el trabajador tenga ventajas, sino borrar las desventajas que naturalmente tiene. 

En cambio, esta reforma busca darle más poder al empresario para que imponga lo que naturalmente podría imponer si no existiera la protección a los trabajadores y a su capacidad de organizarse: distribuir a gusto la jornada laboral, pagar menos cuando la cosa va mal (pero no pagar más cuando hay ganancias), exigir tareas más complejas por el mismo salario y no hacerse cargo de lo que sucede en su fábrica/negocio/oficina, entre otras.

¿Qué es lo que no hace esta reforma? Primero, no les soluciona los problemas a las PyMES, que manifiestan, en general, dos cosas. Un problema de costos (donde habrá que revisar, con los números en la mano, qué políticas se pueden implementar) y otro de previsibilidad (los famosos juicios laborales).  Esta ley no modifica – por ejemplo – las contribuciones patronales, ni los costos de la ART. Y al retroceder en derechos, va a generar más litigiosidad, no menos.

Tampoco va a generar más empleo formal. Sin crecimiento de la actividad es difícil que se genere trabajo de calidad. Pensemos en cómo va a impactar una baja generalizada de salarios sobre la demanda. Va a volver menos atractivo ese empleo formal, y es probable que veamos una mayor proliferación de actividades precarias, porque mejor autoexplotarse que ser explotado.

MDF -Desde la derecha se repite que el peronismo se resiste a aceptar los cambios que impone la nueva economía o el mundo del trabajo del siglo XXI. ¿Cómo responder a esa crítica y qué tipo de cambios sí son necesarios para mejorar la situación laboral sin perder derechos?

La derecha busca imponer una idea de que el desarrollo tecnológico solo es posible bajo un esquema laboral donde el trabajador tenga más incertidumbre: respecto a su salario, respecto a cuántas horas va a trabajar y respecto a por cuánto tiempo va a tener ese trabajo. Y a veces llaman a eso “Libertad”. Nos convencieron de que más tecnología son peores condiciones de trabajo, cuando debería ser al revés. 

Dicho esto, nadie escapa que Argentina no está generando la suficiente cantidad de empleo de calidad desde hace bastantes años. Y esto tiene que ver con que, más o menos desde 2011 la economía no crece con fuerza. Acá quiero hacer una distinción: no todos los años fueron iguales. En el periodo 2011-2015, la actividad y el empleo crecieron, aunque a tasas menores que antes. Mucho tuvo que ver el fin del ciclo de las commodities altas y la reversión de nuestro saldo comercial al calor del déficit de energía, que nos dejaron sin dólares. Se encararon soluciones en ese momento (la recuperación de YPF e inversión en Vaca Muerta) pero esto iba a tardar un tiempo en madurar. 

En el gobierno de Alberto, de nuevo tenemos algo de crecimiento de la economía, y una tasa nada despreciable de crecimiento del empleo registrado privado – que se desinfla en el último trimestre de 2023 a la luz del cambio de gobierno. En cambio, los periodos de Macri y de Mieli son de caída de la actividad y destrucción neta de empleos de este tipo. Incluso con Milei, a pesar de que ya cambió leyes laborales y de qué están pisando los salarios, la economía creció algo a principios de 2025 pero el empleo no, una paradoja que no era la norma. Durante muchos años y con leyes laborales como las que Milei quiere modificar, la actividad creció y el empleo también. Y esos años fueron peronistas.

Entonces recuperar un crecimiento más constante es una condición necesaria, y el ajuste en el Estado no ayuda. No solo deprime la demanda, sino que se está desinvirtiendo en áreas vitales para que el sector privado se desarrolle, como infraestructura (rutas, energía, etc), universidades, ciencia y técnica y educación en general.

Dicho esto, creo que nos debemos una agenda que acompañe ese crecimiento, que promueva la formalización de puestos de trabajo donde hay un jefe y son precarios, que mejore la rentabilidad de quienes tienen emprendimientos, que fomente ese diálogo para incorporar tecnología o nuevas formas de producción y que genere un mayor bienestar en los trabajadores atendiendo a nuevas demandas. 

¿Cómo construir esta agenda? Primero, es necesario desburocratizar. Inscribir a un trabajador en la seguridad social no es difícil —de hecho, en 2023 implementamos Alta Ya, un sistema simplificado—, pero después aparecen un sinfín de papeles, certificados e instancias que son difíciles de sostener en el día a día. Además, cuando llega una inspección, muchas veces se piden documentos que genera el propio Estado. Es una situación absurda que debemos corregir, porque también resta capacidad inspectiva: terminamos verificando si el empleador tiene un papel, en vez de comprobar si lo que ese papel declara realmente se cumple. 

Ahora bien, si por un lado facilito el registro, por el otro tengo que fiscalizar, las sanciones deben ser contundentes. Este gobierno, en cambio, para promover la formalización eliminó las sanciones por incumplimiento.

Segundo, creo que estamos dispuestos —al menos yo— a discutir la financiación de la seguridad social y si las pymes deben aportar lo mismo que las grandes empresas. Un esquema más claro, más económico y menos burocrático debería ayudar a las pymes a cumplir y a demostrar que cumplen. Eso también reduce la incertidumbre que suele atribuirse a los juicios laborales, que es verdad, no pueden tardar lo que tardan.

En la Provincia, por ejemplo, seguimos teniendo pendiente la reforma de la Ley de Procedimiento Laboral, que Vidal modificó con un esquema que en la práctica resulta inaplicable. Dependemos de la legislatura donde desde siempre estuvimos complicados como fuerza política. Por eso, de cara al futuro, es clave recuperar la calidad del proceso laboral, dotarlo de mayor velocidad y completar los tribunales, que hoy no dan abasto. Lo mismo en cuanto al sistema de ART. De todo esto la reforma laboral de Milei no dice absolutamente nada, entonces seamos nosotros los que articulemos una propuesta. 

MDF: Frente a este embate contra las conquistas laborales y sindicales, ¿qué estrategias políticas y sociales deberían desplegarse para defender el trabajo con derechos y, al mismo tiempo, pensar un modelo productivo más inclusivo y sostenible?

Son varias cosas. En principio, la flexibilización de la jornada es una demanda creciente. Pero para que esa flexibilidad funcione a favor del trabajador y de su soberanía sobre el tiempo, es indispensable que exista capacidad real de negociación.

Porque lo que busca el empresariado —y lo que plantea la reforma de Milei— es que el trabajador vaya o deje de ir cuando a ellos les conviene, y por el mismo precio. Varios compañeros y compañeras están trabajando en esta agenda, y la propuesta es clara: no hace falta desproteger al trabajador para que tenga mayor control sobre sus horarios. Esto vale también para las discusiones sobre economía de plataformas y otras formas de empleo “flexible”.

En otras palabras: donde hay una empresa que fija el ritmo y el formato de trabajo para que el trabajador alcance un ingreso digno —y obtiene una ganancia considerable por ese mismo ritmo—, es perfectamente posible proteger y garantizar derechos del trabajo asalariado sin perder flexibilidad.

En el peronismo siempre apostamos al diálogo social y a que estas soluciones surjan de los propios trabajadores y empresarios. Pero, con las promesas que la derecha les hizo a las empresas, hoy muchas no tienen voluntad de negociar.

Por eso creo que llegó el momento de elaborar ejemplos concretos —desde los sindicatos, los intelectuales y los funcionarios— que muestren que esto es viable. Y, si es necesario, plantearlo en una ley. Lo mismo vale para la negociación sobre innovaciones tecnológicas, aunque en ese terreno ya existen debates bastante avanzados.

Otro grupo de trabajadores donde se puede intervenir con propuestas es aquel en el que uno o varios eslabones de la cadena de valor concentran una ganancia importante, mientras que del otro lado hay trabajadores “independientes” y precarios, sin una relación tan visible o directa, o con algún intermediario de por medio. Allí también veo una oportunidad para que el Estado promueva mecanismos de redistribución que mejoren la situación de estos trabajadores.

Por ejemplo, ¿por qué quienes organizan grandes eventos no están obligados a contratar a las personas que se ocupan del reciclaje, del mismo modo que contratan servicios de limpieza o seguridad? Esos residuos, que contaminan y nos afectan a todos, forman parte de la ganancia generada por un consumo exacerbado. ¿Por qué no modificar la ley de costureras a domicilio y ayudar a organizarlas para mejorar los precios que reciben de las grandes marcas?

Por último, en la Provincia de Buenos Aires tenemos muchas medidas destinadas a un gran grupo de trabajadores que son realmente independientes y que no debemos seguir viendo como potenciales asalariados, sino como potenciales empresarios. Me refiero al emprendedurismo. No buscan vacaciones pagas: buscan poder pagarse sus propias vacaciones. Tal vez nos falte presentar todas estas iniciativas como una línea política coherente, pero existen en gran cantidad: Cuenta DNI Comercios, los créditos de Provincia Microcréditos, los créditos a tasa cero del Ministerio de Producción, los cursos de formación profesional gratuitos y las capacitaciones de la Escuela Productiva Bonaerense. La Provincia tiene una agenda robusta y muchas herramientas, aunque nos cuesta visibilizarlas.

A nivel nacional, es necesario pensar cómo replicar estas políticas y cómo impulsar otras que permitan mejorar la rentabilidad de los pequeños emprendimientos, así como crear mecanismos solidarios para afrontar contingencias que un emprendedor difícilmente pueda cubrir por sí solo (como una enfermedad prolongada o un accidente). Para estos casos, por ejemplo, yo replantearía completamente el monotributo. Dejaría, por un lado, un sistema impositivo simplificado con límites de facturación más realistas y, por otro, diseñaría un esquema distinto de seguridad social, con aportes acordes a las contingencias que se busca cubrir.

Como conclusión general, repito: el empleo registrado en el sector privado crece más con gobiernos peronistas. Y lo primero que necesitamos es un modelo económico donde los sectores intensivos en mano de obra se expandan. También necesitamos estabilidad para que avancen las inversiones, y un Estado que impulse y acompañe el desarrollo.

Al mismo tiempo debemos demostrar que estamos dispuestos a dar debates. Ideas no faltan: hay numerosos proyectos de ley para ampliar derechos, mejorar la productividad y profundizar políticas ya activas en nuestra provincia. Creo que todos los compañeros y compañeras tenemos que enfocarnos no solo en resistir los embates de la derecha, sino también en salir de la agenda que quieren imponernos.

Una nueva (vieja) reforma laboral

El presente nos obliga a repensar ideas y argumentos que ayuden a iluminar un importante debate público que se quiere contaminar con falsedades. Me refiero a la supuesta necesidad impostergable de hacer una reforma laboral dirigida centralmente (otra vez!!  y ya van cuántas?…) a quitar derechos y debilitar instituciones laborales. Este nuevo embate se apoya sobre un diagnóstico simplista, falso y cargado de lugares comunes con los que se taladra sistemáticamente a la opinión pública. Frente a estas estrategias, resulta esencial reponer verdades. Para empezar, no hay ni evidencias empíricas de la eficacia que podría tener una reforma laboral para resolver las dificultades que tiene nuestro país. Sin embargo, es importante dar el debate ya que una parte importante de nuestra sociedad ha incorporado estos razonamientos y “realidades” que justifican dar este paso peligroso, inútil y dañino para las mayorías. Y no hablo de los empresarios que la impulsan en su propio y exclusivo beneficio (están en su derecho).  Hablo de los dirigentes, opinadores/periodistas, jóvenes y adultos mayores (incluso progresistas) y otros tantos bien intencionados que reproducen los argumentos en favor de lo que significaba un enorme retroceso.

Repasemos rápidamente los principales argumentos y propuestas que circulan: 

Por culpa de la no reforma, el empleo no crece. Falso: el empleo no crece porque desde hace varios años no hay políticas a favor de la producción y el empleo. En todo caso, una reforma laboral no resuelve ninguna de los problemas estructurales que tiene el país. Y esta reforma mucho menos resuelve los problemas del mundo del trabajo, como lo demuestran las 103 reformas laborales, implementadas en otros tantos países que utilizaron ese argumento para aumentar el empleo y la inversión y solo aumentó la desigualdad y la pobreza

Bajar indemnizaciones para estimular la contratación de trabajadores. Falso: los empresarios contratan cuando hay consumo, crédito y negocios, no cuando solo hay pésimas condiciones de trabajo y menos en períodos de recesión generalizada. Basta un ejemplo. El período de mayor crecimiento del empleo privado registrado en la Argentina contemporánea (es decir formal), coincidió con la existencia de una norma de excepción que fue la doble indemnización (derogada con posterioridad a la superación de la crisis). Desde el año pasado está vigente un sistema teóricamente orientado al despido barato (ver Ley de Bases) que nadie usa y, en cambio, se destruyen puestos de trabajo a un promedio de 420 trabajadores/as menos por día.

El sistema laboral actual es el causante del quiebre de las pymes. Falso. Primero digamos que las 25.000 pymes que quebraron en el período 2016 – 2019 (gobierno de Macri) y ahora, los 18.100 empleadores que se dieron de baja en este último año y medio (gobierno de Milei) no parecen afectados por las normas laborales, sino por políticas contrarias a la producción y el trabajo, los tarifazos, la caída del consumo y la pura especulación financiera que ha doblegado el ánimo de los “empresarios de bien”

Por otra parte, y vale para el apartado anterior, destaquemos que el régimen indemnizatorio en la Argentina se calcula sobre la base de la antigüedad en la empresa del empleado a despedir.  El promedio computable en ese rubro es de 2 años para el 50% del total de trabajadores en el sector privado y sólo el 8% de los trabajadores y trabajadoras en nuestro país tiene más de 10 años de antigüedad. No parece estar ahí la causa de las quiebras.

Hay que eliminar “la industria del juicio”. Sin descartar algunos casos de distorsiones (los hay en cualquier profesión o actividad), seamos serios. Por ejemplo, en la Provincia de Buenos Aires sobre un millón y medio de trabajadores y trabajadoras, sólo el 5% inició juicio, en el año 2021. Pero, sobre todo, creo que el acento debería ponerse en los evasores, en los que eluden el cumplimiento de las normas laborales y tributarias y en la ausencia de una verdadera cultura preventiva frente a los riesgos del trabajo.

Hay que quitar fuerza a las relaciones laborales colectivas.  Las cuatro reformas que se quieren imponer persiguen únicamente debilitar a las organizaciones representativas de los trabajadores y aumentar la discrecionalidad empresarial. A saber, I) la preponderancia del convenio colectivo de empresa sobre el de actividad para romper la defensa del interés colectivo; II) la supresión de la ultraactividad de los convenios para extorsionar a los sindicatos cambiando mejoras de remuneraciones por derechos; III) restringir y sancionar el derecho de huelga para impedir la defensa de salarios y derechos; IV) condicionar los aportes sindicales para ahogar económica y sindicalmente a las asociaciones profesionales. Los detalles se pueden profundizar en otra oportunidad.

Las posibles propuestas no se tratan solamente en reformar leyes, sino de generar entornos productivos y de asimilar los cambios tecnológicos y organizacionales producidos, pero sin la pérdida de derechos que tanto costaron. Que son eso: derechos, no privilegios. Las soluciones pasan por implementar políticas públicas (tal vez algunas normas legales) que atiendan los cambios en el mundo del trabajo, colocando en su centro la “protección del trabajo en todas sus formas” como reza nuestra Constitución Nacional, (art. 14 bis) así como la seguridad jurídica, que todos reclaman para sí (también los trabajadores y trabajadoras).


Desmanteladas algunas mentiras que impiden un abordaje serio del tema, ahora si examinemos los principales problemas del mundo del trabajo en nuestro país con el propósito de de formular algunas propuestas destinadas a construir un modelo de trabajo más humano con una mejor distribución del ingreso: 

1.Retomar la generación de empleo: Poner en marcha un modelo de crecimiento económico basado en la industria, los nuevos sectores estratégicos, la economía del conocimiento, las obras públicas centradas en la logística y en la vivienda, el turismo receptivo y el fomento de nuestro comercio exterior. Todo esto considerando nuestro complejo científico tecnológico como bandera -en sentido amplio- e incluyendo nuestros puertos, transportes y tripulaciones.

2.Recuperar la capacidad adquisitiva del salario: En el corto plazo, es necesario habilitar la libre negociación colectiva y poner en marcha una política de ingresos basada en el salario mínimo y las asignaciones familiares, tanto para el sector privado como para el público. En el mediano plazo, debemos avanzar hacia una coordinación —acordada con los actores sociales— de tarifas, precios y salarios. Y, tal como establece nuestra Constitución Nacional, promover mecanismos que permitan aumentar la participación de las y los trabajadores en las utilidades.

3.Reducir la informalidad: Implementar un sistema de contribuciones patronales progresivo y fortalecer la política de inspección laboral mediante un uso intensivo de tecnologías. Al mismo tiempo, para los trabajadores autónomos, es necesario reformular y fiscalizar el monotributo para garantizar mayores derechos —primero salud y protección social—, crear nuevas categorías y prohibir su utilización en el sector público.

4.Atender los otros temas que realmente tengan vinculación con los cambios en el mundo del trabajo: 1) regular los nuevos derechos de los trabajadores de plataformas; 2) discutir la jornada laboral y la soberanía horaria; 3) diseñar sobre la institucionalidad existente, un Sistema de Formación Continua de alcance nacional y con intervención de los actores sociales; 4) poner en valor al trabajo en la economía popular; 5) estimular la participación de los trabajadores y sus representantes en la organización del trabajo y en la conformación de Comités Mixtos de Salud y Seguridad; 6) avanzar en soluciones y acciones concretas relativas al efectivo empoderamiento de las mujeres en el lugar de trabajo y la representación de todos y  todas las personas que trabajan. Esto a título enunciativo, pero de tratamiento imprescindible. 

A la hora de participar de estos debates, tenemos que tener presente que el trabajo no tiene sólo una lógica económica sino también existencial; forma parte del sentido de nuestras vidas. Esta dimensión del trabajo, y del trabajador, resulta central para los peronistas pero ausente en los enfoques neoliberales o “austriacos”. No se trata solo de bajar costos, sino de construir un mundo del trabajo mejor para las nuevas generaciones. 

En definitiva, se trata de un debate indispensable para el futuro de nuestro pueblo. Y el primer desafío que tenemos radica en no caer en las trampas del discurso impuesto por los sectores dominantes que solo persiguen “deslaboralizar los vínculos laborales” y esterilizar al sujeto sindical. No es una pelea nueva, las relaciones de trabajo siempre estuvieron atravesadas por relaciones de poder e intereses que aspiran a fragmentar, romper lazos e individualizar a las personas. Sabemos, y saben, muy bien que los individuos aislados tienen menos fuerza para defender sus derechos. 

Por último, comparto una convicción: además de desmantelar mentiras y de elaborar argumentos e ideas superadoras, es necesario acumular poder político orientado a garantizar derechos y a construir un futuro más justo. 

Defender el trabajo en tiempos de ajuste

MDF ¿Cuáles son los principales lineamientos y prioridades del Ministerio de Trabajo de la Provincia en este contexto tan complejo? ¿Podrías describir las principales acciones y políticas que despliega el Ministerio, y cómo se diferencian de las que implementaba esta cartera durante la gestión de María Eugenia Vidal?

Walter Correa – Nosotros tenemos bien claro que no hay futuro sin trabajo digno. Por eso, los lineamientos del Ministerio están directamente vinculados con el proyecto de Provincia que plantea Axel: producción, inclusión y derechos. No vinimos a administrar el desastre: vinimos a reconstruir lo que destruyó el macrismo y ahora pretende arrasar el actual gobierno nacional.

Durante la gestión de Vidal, el Ministerio fue una oficina vaciada, desconectada del pueblo trabajador. Hoy lo convertimos en una herramienta de defensa activa de los derechos laborales. Fiscalizamos, mediamos en conflictos, capacitamos y, sobre todo, ponemos al Estado provincial del lado de quienes laburan, no del lado de los poderosos. Ellos cerraron delegaciones en toda la Provincia, mientras que nosotros acercamos el Estado a la gente acercando una dependencia de Trabajo a cada Municipio. Nuestra diferencia no es solo de gestión: es de proyecto de país. Nosotros creemos en el Derecho al Futuro, ellos creen en el mercado como único destino.

Uno de los 7000 cursos que ofrece el Instituto Provincial de Formación Laboral (IPFL).

MDF – Axel Kicillof suele decir que la Provincia debe actuar como “escudo y red” frente al ajuste y la deserción del Estado Nacional. ¿Cómo se traduce esa idea en el ámbito del trabajo y los derechos laborales? ¿Qué casos o ejemplos concretos ilustran cómo se protege y acompaña a las y los trabajadores desde la Provincia?

WC – Cuando Axel plantea que la Provincia tiene que ser escudo y red, habla de una convicción profundamente política: que, frente a la retirada del Estado nacional, tiene que haber un Estado provincial que abrace, que sostenga, que cuide.

En el mundo del trabajo eso se traduce en hechos concretos: protegemos el empleo con presencia territorial, fortalecemos el rol de los sindicatos y acompañamos a los sectores más golpeados con herramientas de formación y de inserción laboral. La capacitación del trabajador es también un beneficio para las empresas. Donde el gobierno nacional ajusta, nosotros invertimos. Donde ellos precarizan, nosotros dignificamos. Porque mientras otros discuten cuánto pueden recortar, nosotros estamos pensando cómo garantizar derechos para las generaciones que vienen.

Existe una diferencia en la manera de concebir el mundo. El gobierno Nacional ve en el pueblo a un número, a una cifra. Nosotros entendemos la complejidad del entramado social y sus actores. Son mamás y papás, hermanos, familias enteras que todos los días se levantan para ganarse el pan. Por eso, mientras Milei festeja el ajuste y la motosierra, nosotros hacemos todo lo posible por mantener los puestos de trabajo y generar nuevos. Axel Kicillof no echó a ni un solo trabajador durante su gestión en la Provincia y eso es sencillamente empatía y sensibilidad social.

MDF En un contexto donde ciertos discursos intentan instalar que los derechos laborales son un obstáculo, ¿cómo se resignifica la defensa del trabajo digno, el sindicalismo y el rol del Estado en la regulación del mundo laboral? ¿Qué respuestas propone el Ministerio frente a esta ofensiva cultural y política?

WC – La idea de que los derechos laborales son un obstáculo es una mentira peligrosa que busca naturalizar el saqueo. Quieren convencer a las pibas y pibes que el futuro es la intemperie, el individualismo, la app sin obra social ni vacaciones. Nosotros decimos que no.

El trabajo no puede ser sinónimo de precariedad. Por eso desde el Ministerio, en línea con el proyecto que pregona el Gobernador Kicillof, proponemos una defensa activa del sindicalismo, impulsamos el acceso a derechos en los sectores más vulnerables y promovemos un nuevo sentido común que reivindique la solidaridad, la organización y el rol del Estado. Esta no es una batalla cultural: es una disputa por el modelo de país.

Ha costado mucho esfuerzo consolidar los derechos laborales que existen en la actualidad y por eso hay que defenderlos. No solo es una cuestión de principios, es, fundamentalmente, la protección de la vida de los trabajadores y trabajadoras. La precarización laboral no solo conlleva un perjuicio económico para el trabajador o la trabajadora. También implica un riesgo para su vida ya que nadie se hace cargo de que se cumplan las medidas que protegen su salud y su seguridad. Por eso es tan importante la presencia del Estado.

MDF – Considerando los acelerados cambios en la sociedad, la economía y el mundo del trabajo, ¿qué mirada propone la Provincia sobre los derechos y las condiciones laborales del futuro?

WC – No tenemos una mirada nostálgica del trabajo, pero tampoco nos comemos el verso de la “nueva economía” sin derechos. El futuro del trabajo no puede ser una zona liberada para la explotación. Tiene que estar atravesado por el conocimiento, sí, pero también por la justicia social, la equidad de género, la sustentabilidad y la organización colectiva. Fundamentalmente, considerando a las franjas más vulnerables de la sociedad. Por eso, hacemos hincapié en la erradicación del trabajo infantil, en la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres y el colectivo LGBT, en el empleo de personas con discapacidad y en la protección de quienes son el último eslabón de la cadena del trabajo, que son los jubilados.

Desde la Provincia estamos construyendo una agenda de derechos laborales del siglo XXI, que incluya a los trabajadores de la economía digital, a las juventudes, a las mujeres y diversidades, y a todos aquellos que hoy están fuera del radar del mercado. Porque como dice Axel, el Derecho al Futuro no es una utopía: es una urgencia. Y desde el trabajo, lo estamos haciendo realidad.

Educar y construir Futuro

MDF: ¿Cuáles han sido los principales lineamientos y resultados de la política educativa que lleva adelante el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires? ¿Podría dimensionarnos el alcance de esa tarea y las dimensiones que involucra una gestión en Educación en la PBA?

El sistema educativo bonaerense es, junto con el de San Pablo, el más grande de América. Lo integran 400 mil docentes, 5 millones de estudiantes en todos los niveles y modalidades, 80 mil auxiliares, distribuidos en más de 20 mil escuelas. En términos generales, el 70% del sistema es de  gestión estatal y el 30% restante de gestión privada. Es una Provincia muy vasta, de 18 millones de habitantes, el 70% de los cuales viven en el 5% de su territorio.

Esta vastedad aumenta la complejidad de la gestión, y por eso trabajamos para que sea un sistema con reglas, normas, propósitos y rumbo. El gobernador Axel Kicillof antes de asumir entendió esa complejidad porque él mismo tuvo actividad docente y tiene una mirada calificada sobre la materia. La primera comprensión es que no se puede gestionar un sistema educativo sin los docentes o en contra de ellos, caminos ensayados en otras épocas de nuestro país, sin ningún éxito. Así que una de sus primeras medidas al asumir, fue poner en vigencia la paritaria docente que aún está en pleno vigor, con sostenidas discusiones, por supuesto, pero con significativos avances, que no son solamente salariales, sino también referidos a condiciones de trabajo. 

Una de las políticas más activas es el mejoramiento de la infraestructura escolar. Miles de obras de refacción y ampliación, 500 escuelas fueron reconstruidas o modificadas en su totalidad; además, 1300 aulas construidas y a ese esfuerzo se añade la inauguración de 290 edificios escolares de todos los niveles y modalidades.

Ese es un aspecto material muy importante, un aspecto que en general luce más porque es más sencillo de transmitir. Pero junto con esto, también tenemos una política de distribución de libros, tecnología, mejora del mobiliario escolar y adquisición y distribución de combis para transporte de escuelas especiales y agrarias.

Y sobre todo, hay una decisión de implementar políticas que modifican las estructuras educativas. Nuestro gobernador dice que el mejor modo de defender la educación pública es transformarla,  y en ese espíritu iniciamos cambios en todos los niveles y modalidades: un nuevo Diseño Curricular para la educación Inicial; en primaria la extensión de la jornada escolar para más de 600 mil niños y niñas: cuando comenzó la gestión, sólo el 30% de alumnos de primaria cursaba más de 4 horas diarias de clase y en la actualidad invertimos la proporción y el 70% tiene 5 horas diarias o Jornada Completa. 

En el nivel secundario es muy conocida nuestra reforma del Régimen Académico, que con una gran miopía y mala intención, algunos sectores la identificaron simplemente con la eliminación de la repitencia. El nuevo Régimen Académico tiene 82 carillas, no es justo reducirlo a la eliminación de la repitencia, sino que es la revisión del modo en que los muchachos y las muchachas transitan por el nivel secundario, para que lo hagan aprendiendo, sosteniendo la escolaridad y egresando con provecho. Además, estamos modificando los Diseños Curriculares  y estamos llevando a cabo un concurso para directivos en el que participaron más de 8000 docentes.

En el nivel Superior tenemos nuevos diseños curriculares de profesorados y un nuevo Régimen Académico Marco, modificaciones en la Educación Especial, Adultos, Artística y otros. No son sólo ladrillos lo que puede exhibir de novedad la educación  bonaerense, también una decisión de  mejorar los aprendizajes.

MDF: En un contexto donde el gobierno nacional avanza con recortes y desfinanciamiento, ¿cómo se defiende y se sostiene la educación pública en la Provincia de Buenos Aires? ¿De qué manera, las políticas de Milei afectan el derecho a la educación?

Muy tempranamente el gobierno nacional mostró que su intencionalidad política era abandonar literalmente a las provincias a su suerte. Desapareció la “nación educativa”, no hay más 24 provincias articuladas por el gobierno nacional intentando perseguir objetivos comunes. El sistema educativo argentino retrocedió a la situación anterior al gobierno de Néstor Kirchner, y es un archipiélago donde las partes hacen lo que pueden sin objetivos comunes y lo peor, sin inversión. En ese marco, la provincia de Buenos Aires por decisión y capacidad de gestión del gobernador y su equipo, no deja de construir escuelas, ni de tener políticas activas para sostener lo que el Estado nacional abandona. 

Inauguración del nuevo polo educativo en Alejandro Korn: Jardín de Infantes N°919, Escuela Primaria N°33 y Escuela Secundaria N°14.

La primera medida de esta deserción fue la eliminación del Fondo de Incentivo Docente, que en la actualidad para un docente con dos cargos rondaría los 250, 270 mil pesos, una suma importante para reforzar su salario. También dejaron de distribuir tecnología y libros, y es gravísima la situación de infraestructura, ya que en nuestra provincia hay 1000 obras paralizadas por el gobierno nacional, 80 de las cuales son escuelas; todo esto afecta directamente a la educación de la Argentina y de nuestra Provincia, por supuesto. No pudimos distribuir libros de texto, como era nuestra intención; habría que hacer llegar millones de libros de lengua y matemática, manuales de primaria para poner en la mochila de chicos y chicas, y eso no lo hemos podido hacer.

No obstante, hay vigentes otras políticas que sostienen y mejoran nuestro sistema educativo. La alimentación en las escuelas bonaerenses, que desarrolla el Ministerio de Desarrollo de la Comunidad, está cada vez más extendida y es de mejor calidad: 2 millones de niños, niñas, muchachos y muchachas desayunan o meriendan en la escuela, 2 millones de familias reciben el módulo Mesa Bonaerense, 1.2 millones almuerzan diariamente. 

Los recortes al financiamiento duelen, pero no nos paralizan ni impiden que sigamos trabajando y mejorando. En estos días el presidente está en el exterior, adonde fue 27 veces, sin visitar nunca, repito, nunca a una escuela pública. Ese desprecio por la educación se advierte en el proyecto de presupuesto que han presentado para el año 2026, en donde se resigna la meta del 6% del PBI dedicado a educación, se resigna el 1% del PBI dedicado a ciencia y tecnología y se elimina el fondo para las escuelas técnicas. Es una verdadera tragedia educativa la que está construyendo este gobierno nacional, pero hay una provincia que resiste y en todo sentido antagoniza con lo que propone el gobierno de Milei.

MDF: Varias transformaciones impulsadas en la Provincia –desde la construcción de escuelas hasta la reformulación de nuevos programas y sistemas pedagógicos– parecen insinuar un modelo educativo ¿Qué rasgos destacaría de esa experiencia bonaerense?

La experiencia bonaerense, por supuesto tiene un capítulo educativo, pero recorre una gestión activa e integral. Nuestra Dirección General tiene acciones comunes con el Banco de la Provincia y con los ministerios de la Mujer, Ambiente, Salud, Desarrollo Agrario, Producción, Justicia, Desarrollo de la Comunidad, Comunicación Pública, Gobierno, Infraestructura, Trabajo, Transporte y el Instituto Cultural. Además, con el apoyo de Economía el sistema educativo se consolida y expande. Esta es una característica de la política bonaerense, que impulsa nuestro gobernador, la tarea interministerial, común y solidaria.

Además, es un gobierno que no resigna la convicción de ampliar derechos, que los derechos siempre sean más, y que, en medio de enormes dificultades, no deja de sostener políticas activas, productivas, territoriales y muy cercanas a la gente. El gobernador nos impulsa a recorrer activamente la Provincia, él debe haber dado cinco o seis vueltas al inmenso territorio bonaerense, y en el último tramo de la campaña de septiembre recorrió 55 distritos, modos y acciones que tratamos de imitar sus ministros.

Cercanía, trabajo con la gente, respuestas, empatía y la posibilidad de responder a los 135 distritos, independientemente del origen político de quienes los conducen. Es claro que un rasgo que distingue al gobernador es su honestidad y la verdad de su mensaje. Axel no promete aquello que no se puede cumplir y da la cara cuando hay algo en donde fallamos, donde no llegamos a hacer lo que la sociedad nos pide que hagamos.

Creo que esas características son advertidas por la sociedad, porque, más allá de los reiterados y groseros errores que comete el gobierno nacional, los resultados del 7 de septiembre reflejan también un fuerte respaldo a la gestión de este gobernador.

Entonces, un rasgo de la gestión bonaerense, del gobernador Kicillof, es ser la contracara de un gobierno nacional desertor, de un presidente que maltrata a los viejos y se pelea con niños de 12 años, alguien al cual no le interesa la educación y la salud de sus compatriotas. La Provincia ha asumido y representa ese camino contrario.

El presidente dice: “No me manejo con emociones, me manejo con números” y nuestro gobernador se maneja con números y con emociones porque así debe ser un gobernante, no puede ser temerario en el manejo de la hacienda pública, y debe tener empatía por los y las habitantes y abrazar la debilidad de los que sufren. 

MDF: De cara a los próximos años, ¿cuáles son los desafíos centrales para seguir transformando el sistema educativo y garantizar mayor calidad en la Educación como resorte para una sociedad con más desarrollo e integración?

De cara a los próximos años, y no sólo pienso en el 2027 y su connotación electoral, sino en la próxima década y más, la agenda nos la proponen los bonaerenses comunes cuando recorremos la provincia. Lo primero que nos piden es más estado. En medio de la fiesta que es la inauguración de una escuela siempre hay alguien que se acerca y dice “mire que nos falta el laboratorio” u otro que dice “no se olviden que acá a pocas cuadras hay que construir un Jardín de Infantes”. Allí hay una demanda explícita, reiterada, justa, de más policías, asfalto, médicos, escuelas. El Estado es el resguardo de los más sencillos y en el próximo tiempo ese Estado debe consolidar su tarea.

En materia educativa una solicitud que se reitera es “que haya clase todos los días y que mis hijos e hijas aprendan más”, y eso constituye un plan de gobierno en sí mismo, porque en esa sencilla mirada ciudadana, está el resumen de lo que debemos hacer para adelante, sin abandonar nuestras convicciones educativas, como la distribución de libros y tecnología, la construcción de más escuelas, fortalecer políticas de memoria, educación sexual y cuidado.

Hay toda una línea que hacemos con el Ministerio de Salud y tenemos que profundizar que tiene que ver con el resguardo y el cuidado del daño subjetivo, sobre todo de los y las jóvenes. Hay muchos dolores después de la pandemia y eso hay que trabajarlo.

El 7S: significados de un triunfo peronista

MDF: ¿Cuál fue el significado del triunfo del peronismo en la provincia de Buenos Aires para el resto del país? ¿Qué lectura hacés?

Gabriel Katopodis: Definitivamente este es el comienzo de un nuevo escenario político en Argentina. No hay dudas de que los resultados en todo el país y de cara al 2027 se van a empezar a explicar a partir de lo que pasó en esa elección donde el pueblo de la Provincia le puso un freno a Milei.

Se trató de un voto para manifestar que el rumbo que lleva adelante Milei está equivocado, que el país está peor en estos 2 años, que los argentinos viven peor y que el Gobierno Nacional, Milei y sus políticas son los responsables. Pero también hay una expresión de esperanza: se abre una puerta, hay un cambio de etapa. Hay otro aire en la sociedad, definitivamente además de la bronca y el enojo, ahora empieza a surgir la esperanza.

Si me preguntás cuáles son las dos cosas que son muy representativas de ese voto, la primera es que quedó claro que Milei no puede hacer cualquier cosa en la Argentina. Y la segunda es que definitivamente se puede hacer algo diferente. La gestión de la provincia de Buenos Aires, el rol de Axel, marca que se pueda hacer algo diferente a lo que está haciendo Milei.

MDF: ¿Cómo fue gobernar en estos dos años conviviendo con un gobierno como el de Milei? ¿De qué manera afectó al Gobierno de la Provincia y a la vida de los bonaerenses?

G.K.: Me parece que estos dos años demostramos que la provincia de Buenos Aires fue escudo, fue trinchera. Fue una contracara de lo que el Gobierno Nacional viene haciendo y es parte de lo que se plebiscitó en esta última elección; evidentemente los bonaerenses prefieren las prioridades que rigen a nuestro gobierno provincial. El Gobierno Nacional le pidió un ajuste a todos los argentinos y ese ajuste fue absolutamente inútil. La provincia de Buenos Aires de alguna manera demuestra que se puede gestionar con otras prioridades, con otros valores y con mayor eficacia. Hay una mirada de que en la Argentina las cosas se pueden hacer diferentes.

La prioridad de Axel en estos dos años fue cuidar y proteger. Es decir, que las políticas de ajuste y de recorte lastimen lo menos posible a la ciudadanía de la provincia de Buenos Aires y al mismo tiempo garantizar un modelo de gestión que permita sostener un horizonte diferente. Un modelo bien diferente al que propone el Gobierno Nacional. No solo fuimos un escudo en este tiempo, además somos una alternativa a través de hechos concretos.  

MDF: Uno de los ejes de la campaña ha sido reclamar los recursos y las obras paradas. Como Ministro de Infraestructura, ¿cómo pensás que reaccionó Milei y cómo leyó el resultado de septiembre? ¿Hay alguna expectativa respecto a eso?

 G.K.: Me parece que hay un Gobierno Nacional que no está tomando nota, que no acusa recibo del resultado en la provincia de Buenos Aires. Un presidente que no sabe dónde está parado, un presidente que no advierte que el ciudadano el 7 de septiembre entró al cuarto oscuro para poner en orden las prioridades, y lo va a volver a hacer en octubre. El presidente va a tener que escuchar y cambiar muchas cosas. 

Este fue un voto a favor de la obra pública, fue un voto a favor de defender la industria nacional, fue un voto a favor de proponer inversión en la universidad pública y en la salud pública. El Gobierno Nacional definitivamente no está tomando nota de esa expresión y lamentablemente está tomando decisiones que van a tener como consecuencia más ajuste y más empobrecimiento. La gente no votó ni aprobó las prioridades que viene definiendo Milei para el país y  lo viene expresando en la calle, lo expresó en el Congreso, lo expresó en las urnas el 7 de septiembre y lo va a volver a expresar en octubre.

Además, empezamos a entender por qué es importante tener más diputados y más senadores en la Legislatura y en el Congreso Nacional. En los últimos días quedó demostrado que tener diputados y senadores sirve para poner límites, para ponerle un freno a las decisiones de ajuste y también para seguir reclamando que el Gobierno Nacional se haga cargo de la obra pública en el país.

En cuanto a la discusión de la obra pública, definitivamente fue plebiscitada en la elección del 7 de septiembre. El 70% u 80% de los argentinos están convencidos de que el país para ser mejor necesita rutas, caminos, universidades y hospitales. Eso quedó claro en el resultado. Frente a un Gobierno Nacional que paró durante 2 años toda la obra pública, nosotros venimos demostrando que la obra pública genera trabajo y mejora la calidad de vida. Milei tiene que explicarle a los argentinos por qué frenó la obra pública, cuando la obra pública es sin duda una de las pocas palancas que tenemos para reactivar la economía y promover un desarrollo más justo y federal. 

MDF: Fuiste candidato en la Primera, ganaste de manera muy contundente. Se vio una campaña donde el gobernador, vos y el resto de los intendentes y candidatos recorrieron mucho, estuvieron muy activos. ¿Cómo será la campaña de cara a octubre?

Ha habido una tarea muy importante del gobernador Axel Kicillof y de todos los intendentes en equipo para demostrar que el peronismo gobierna el 40% de la Argentina, lo hace con cuentas públicas ordenadas, con obra pública y lo hace con políticas que atienden a los más vulnerables de su comunidad. Todo eso fue lo que se validó. Desde la Provincia de Buenos Aires, el peronismo demostró que está vivo, de pie y ofreciendo otro camino. 

Veníamos planteando que el peronismo necesitaba recuperar la autoridad, la capacidad de poder plantarse, de poder marcar un horizonte, de poder marcar un rumbo. Y me parece que los intendentes, con Axel a la cabeza, expresaron que en la Provincia de Buenos Aires esta Argentina que propone Milei no la comparte nadie. Que el ajuste que él venía aplicando no tiene apoyo popular y que la gente en septiembre votó para frenar un rumbo, pero al mismo tiempo para disputar y proponer un futuro mejor. El peronismo vuelve a recuperar autoridad para decir: no estamos condenados a vivir en un país con ajuste, con recortes, con obra pública parada y sin universidad pública en la Argentina. Se puede vivir mejor en la Argentina.

Inauguración de 18 nuevas cuadras pavimentadas en el barrio Villa Argentina, Florencio Varela

MDF: ¿Hay algo especialmente en disputa en las elecciones de octubre?

G.K: Claro, el futuro. 

Me parece que la elección de octubre va a estar puesta en clave de volver a frenar a Milei. Ya no se trata solo de frenar un veto en el Congreso, sino de frenar el desguace de instituciones, programas y cosas imprescindibles para nuestra sociedad y para nuestra democracia.  El 7 de septiembre irrumpió un mensaje. La sociedad dijo: con estas cosas no se jode, con algunas cosas en la Argentina no se jode. Pero al mismo tiempo fue un voto de mucho compromiso. La gente no votó en blanco ni decidió no ir a votar: fue, y agarró la boleta de Fuerza Patria. Hubo un voto de confianza, depositaron la confianza en el peronismo.

Por eso me parece que, como nunca, en la elección de octubre tenemos que seguir explicando con la mayor claridad posible que el modelo de país no le sirve a la Argentina y demostrar que estamos en condiciones de volver a ganarnos la confianza de la gente y de proponer soluciones para los problemas que tiene el país.

MDF: En ese sentido, ¿pensás que el 7 de septiembre no solo fue un triunfo provincial, sino que le dio un poco de esperanza al resto de las provincias que vienen padeciendo el rumbo de Milei y su impronta antifederal?

 G.K.: Sí, definitivamente cambió el escenario político, pero además cambió el pulso, el humor de la gente en general y de la militancia. Aparece más concreta la posibilidad de frenar a Milei, no solamente en la provincia de Buenos Aires, sino en toda la Argentina toda. Creo que el 26 de octubre va a haber una expresión en todo el país que se apalanca en el resultado de la Provincia de Buenos Aires, que se contagia del resultado de la Provincia de Buenos Aires y que va a permitir que muchísimos intendentes y muchos gobernadores puedan también ser parte de ese punto de inflexión que se expresó el 7 de septiembre.

Después de octubre, como nunca, va a haber dos modelos. La tarea de Axel, y de toda la provincia de Buenos Aires, será convocar, desde las coincidencias básicas, a todos aquellos que estemos parados en el mismo lugar cuando hablamos de obra pública, de educación y salud pública, de democracia y de futuro. Ahora, hay que sostener el esfuerzo y ganarle nuevamente a Milei.

Ni el partido ni el gobierno: el pueblo

*Héctor Díaz-Polanco es uno de los intelectuales más reconocidos de la izquierda mexicana. Con más de 60 años de trayectoria académica y de activismo político en México y América Latina, Díaz-Polanco se ha consolidado como una de las voces más relevantes de Morena.

 

MDF: En diálogo con muchos compañeras y compañeros de América Latina nos hemos dado cuenta que hay una inquietud sobre lo que pasa en México con la Cuarta Transformación, sin embargo no se conoce a fondo el proceso. Para alguien que no está tan familiarizado con el contexto mexicano ¿cuáles dirías que son los principales logros de estos siete años de gobierno? 

Yo parto de la idea de que se puede sintetizar al máximo el proceso de la Cuarta Transformación considerando tres elementos que conforman una especie de trípode: el proyecto de nación, el partido y los gobiernos. Cada uno refuerza a los otros y si falla uno los demás empiezan a tambalear. Creo que así debemos entender el proceso, porque de otra manera alguna gente podría pensar que si está en el partido, el partido es lo central y los gobiernos no importan. O que si ya existe el proyecto de nación ya no necesitamos volver sobre el tema. O si alguien está en el gobierno puede pensar que el partido no importa. Y no es así. Hay una correlación entre estos tres elementos. Mi punto de vista es que hay que verlos de manera integral. Para analizar los éxitos gubernamentales, hay que tener en cuenta lo que aportan y han aportado  los otros dos elementos.

En primer lugar, si uno observa o escucha el discurso de la presidenta Claudia Sheinbuam —sobre todo en las mañaneras, prácticamente a diario, y luego en sus eventos por los distintos estados de la República— se nota que su discurso está marcado por los planteamientos básicos que derivan del proyecto de nación, que es un elemento orientador de su gobierno. Nuestra presidenta, extraordinariamente inteligente y capaz, entiende que debe seguir esa perspectiva, usando el proyecto de nación como guión de su gestión.

Ese proyecto de nación se destaca básicamente por los grandes lemas que se han construido desde hace muchos años, que puso en práctica López Obrador y que ella ha adoptado y que señala constantemente. Para empezar, el principio de que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre” y en consecuencia, la austeridad republicana como ordenamiento central del funcionamiento del Estado. Este es un primer elemento clave exitoso. De hecho, ayer tuvimos una entrevista con Los Periodistas (uno de los programas de análisis político más escuchados de México) y ese fue el tema: la austeridad republicana y los peligros que se ciernen sobre ella, y cómo, en términos prácticos, se pone en tela de juicio este principio rector cuando hay miembros del partido, sean funcionarios, legisladores o dirigentes, que no lo ponen en práctica, es decir, que llevan un estilo de vida con lujos y privilegios, alejados de la vida y de las necesidades de las grandes mayorías. 

Un segundo elemento vinculado a la austeridad republicana es que, si se busca austeridad y buen actuar, no se permite la corrupción. Es decir, para nosotros el combate a la corrupción es esencial y es parte de nuestro programa de gobierno. 

Tercero, está el principio de que “por el bien de todos, primero los pobres”, que es otro de los fundamentos que orienta todo el trabajo del gobierno y del partido. Este principio guía desde la atención a la población más necesitada hasta las relaciones internacionales y la economía del país. Forma parte de nuestra tradición como izquierda histórica de que el primer elemento de la trilogía “igualdad, libertad y fraternidad” que predicó la Revolución francesa es la igualdad. Para nosotros la igualdad precede a la libertad. A diferencia de los liberales, que priorizan la libertad, nosotros priorizamos la igualdad. La libertad y la fraternidad se derivan de ella. Somos fraternos buscando la igualdad y somos libertarios, es decir, partidarios de la libertad, en el marco de la realización de la igualdad. La libertad es la realización práctica en el campo de lo político de la búsqueda de la igualdad en la sociedad. Esa es una orientación básica de nuestro proyecto que impacta en el desarrollo gubernamental. 

Todo esto es parte de una cuestión ético-política que se deriva de nuestro proyecto de nación y que impacta tanto al partido como a los gobiernos. Si tenemos buenos gobiernos en términos de bienestar social, es porque respetamos ciertos valores y principios que fundamentan nuestra ética política. Esto implica actuar de acuerdo con valores claros incluso en el comportamiento cotidiano y personal, porque creemos que eso impacta en lo estructural: cuando hay fallas individuales en el cumplimiento de nuestros principios ético-políticos se afectan los resultados estructurales que buscamos.

Actualmente hay una discusión muy fuerte en el partido sobre esto, incluso en torno a temas básicos como el derecho a tomar vacaciones cuando uno quiera estando en un proyecto como este. A los extranjeros les parecería raro o exagerado que estemos debatiendo estos temas. En cualquier otro lugar puede ser normal que un dirigente político tome vacaciones cuando quiera, pero cuando estás en medio de un proyecto transformador y hay acontecimientos importantes donde no puedes ausentarte y lo haces, entonces el asunto se torna delicado, porque en estos momentos de transformación histórica, decía Walter Benjamin, hasta el tiempo se detiene. ¿Por qué discutimos esto que parece menor? Porque creemos que ser dirigente de nuestro partido demanda un comportamiento ético-político especial, uno orientado por una idea de misión, de actividad cotidiana permanente que no admite distracciones y requiere una entrega total a las responsabilidades que se tienen.

Y aquí es importante decir que no se trata solamente de una propuesta particular para Morena. Estamos haciendo un planteamiento universal, un planteamiento político-cultural que busca no solamente que no se malgasten los recursos públicos, que no haya corrupción o que se privilegie a los más pobres, sino que exista un comportamiento adecuado y ético de manera general, tanto entre aquellos que son militantes como de quienes no.

Todo esto ilustra la articulación entre un proyecto político, un partido y el gobierno. Y nos muestra cómo esta interdependencia es clave para evaluar los gobiernos de Morena y poder hacer un balance más profundo.

Ahora, en términos económicos se está demostrando que los grandes tópicos, los que parecían principios inamovibles o prácticas correctas para toda circunstancia, no son tales. Es decir, el neoliberalismo nos dijo e impuso que no podíamos crecer y distribuir al mismo tiempo, entonces la ortodoxia económica recomendaba primero crecer y después ver lo de la distribución de los recursos entre la sociedad.

Hoy nosotros estamos practicando un enfoque distinto y con mucho éxito: según los últimos datos hemos sacado aproximadamente a 14 millones de personas de la pobreza en 6 años, lo que no es cualquier cosa. Esto es un logro extraordinario, considerando que durante el sexenio de AMLO hubo casi dos años de pandemia y de paralización de la economía. Además, esto se logró no solo con apoyos asistenciales, sino principalmente aumentando el ingreso de los trabajadores vía su salario, que ha crecido cerca del 120% desde que llegamos al gobierno. Otro aspecto a destacar es que no estamos aplicando un modelo de Estado de bienestar limitado al apoyo de ciertos sectores vulnerables, sino universalizando los apoyos, convirtiéndolos en derechos constitucionales, por un lado, y por otro priorizando la inversión pública no solo para el crecimiento, sino también para el bienestar de la población. Y todo esto ha dado resultados espectaculares. 

En nuestro modelo de gobierno el papel del Estado es fundamental. Rechazamos abiertamente la idea neoliberal de que el Estado debe reducirse al mínimo o que si pudiera desaparecer, quedando solo las tareas de fuerzas armadas y seguridad pública, sería mejor. En nuestro proyecto ha habido un gran énfasis en dar al Estado el lugar que le corresponde para equilibrar e impulsar la economía, después de una etapa de estancamiento producto del periodo neoliberal y de la pandemia. Aunque partimos de una inercia de ausencias y deficiencias gubernamentales enormes, vamos tomando rumbo y elevándonos poco a poco.

En este sentido los gobiernos de Morena están cumpliendo muy bien su tarea no solo de evitar que la economía se debilite, sino impulsando su crecimiento con inversión pública al mismo tiempo que redistribuimos recursos, poniendo un énfasis especial en esto último. Hemos logrado la hazaña, y así debemos seguir, de disminuir no solo la pobreza, sino también la desigualdad. Hoy tenemos los índices de desigualdad más bajos en la historia desde que se tiene registro y somos el segundo país con menos desigualdad de todo el continente, sólo después de Canadá. Esto demuestra que este es un proceso que tiene consecuencias estructurales y no algo que se ha conquistado momentáneamente. Hasta hoy este aspecto ha sido uno de los más satisfactorios y uno de los mayores logros de la Cuarta Transformación. 

MDF: Al inicio hablabas de una suerte de trípode donde, por un lado, existe el proyecto de nación con sus principios rectores que marcan la brújula, y por otro el gobierno que los lleva a cabo, pero nos falta el tercero, ¿cuál es el papel del partido en todo esto?

La tarea principal del partido, para decirlo de manera sintética, es mantener y acrecentar la base social de apoyo para el gobierno y para el proyecto. Esto implica, primero, que no disminuya la aprobación a la Cuarta Transformación y al movimiento, incluyendo el apoyo al gobierno. Si uno examina los resultados  de esta tarea también podemos decir que han sido extraordinarios: llegamos a tener una aprobación del gobierno y del presidente AMLO y ahora de la presidenta Sheinbaum del 70%, después el 80% y en ocasiones hasta más, según diversas encuestas nacionales e internacionales. La última encuesta que vi del diario español El País le daba 79% de aprobación a la presidenta, lo que es tremendo. Ya una aprobación del 60% en este contexto del mundo es un éxito, pero que un mandatario llegue al 80% es algo fuera de serie. 

El gobierno nacional y los gobiernos locales de Morena han hecho bien su trabajo, y el partido ha contribuido en dos cosas fundamentales: fomentar la organización de la gente en torno a Morena y en Morena; y lo segundo en no dejar que se erosione la conciencia popular sobre el proyecto de nación, y eso significa formación política. Pero es importante señalar que no podríamos hacer este trabajo sin contar con buenos gobiernos. Porque podríamos tener un excelente partido, pero si no hay buenos gobiernos que den resultados a la gente, las probabilidades de que se rompa el trípode y venga un fracaso son muy altas. Para el partido es más fácil hacer su trabajo si la gente tiene como referencia a los gobiernos que son emanados del partido y los aprueba. Esta dialéctica de buenos resultados y trabajo organizativo-formativo es lo que ha permitido que el partido haga su aporte en esta etapa. Y cuando no teníamos el gobierno, cuando éramos oposición, siempre existió la esperanza de la victoria. Construimos un Movimiento para ganar y para transformar el país, no únicamente para dar la pelea electoral. Y en esos años la organización y la formación fueron fundamentales. En esto tenemos un reto muy grande y yo hago mucho el papel de pesimista al advertir todo el tiempo de los malos resultados que pueden venir si descuidamos la organización y la formación política de la gente. 

En nuestra concepción la formación política no viene después de la organización; ambos procesos se refuerzan mutuamente, como señalaba Lenin: el hacer un periódico, por ejemplo, no solo implica una tarea formativa sino que es una tarea organizativa. Cuando vas organizando, vas formando; y cuando vas formando, vas organizando. Es un principio muy brillante sobre cómo debe funcionar la organización y la formación. Este trabajo entonces debe intensificarse constantemente, porque si fracasamos, si la visión política de la gente se deteriora, lo que has construido en años o en meses se puede perder en dos semanas. Una o dos semanas de una mala racha de gobierno, con fracasos, con corrupción, puede significar un retroceso enorme. Por eso es que debatimos con tanta intensidad los temas que te mencioné al principio, porque aunque algunos casos parezcan menores o aislados para nosotros pueden significar el fin de todo. Sin embargo, estos incidentes nos mantienen alertas y fortalecen el control interno del partido, lo que resulta positivo.

MDF: Bajo esta lógica podríamos decir que no es lo mismo un partido que busca administrar lo que existe que un partido que busca transformar lo que existe. ¿Qué podemos aprender o qué aspectos podemos poner en diálogo sobre la forma de organizar y orientar la acción política de un partido o de un movimiento, no solamente en el terreno electoral, sino en todas las otras dimensiones que mencionas?

La enseñanza mayor, a mi juicio, es que lo que define la acción política partidaria y la acción de gobierno es si existe un propósito transformador auténtico o no. ¿Por qué tenemos todas estas previsiones que te comentaba? Porque creemos que todos los elementos —el partido, los gobiernos, el proyecto— deben tener un propósito básico: impulsar el cambio, la transformación. Y para impulsar el cambio debemos protegerlo y tomar previsiones y poner reglas tanto para el gobierno, para el partido y el proyecto: aclarar cómo debe funcionar, bajo qué principios, y luego impedir que se deteriore.

En segundo lugar, está la idea de quién es el sujeto del cambio. Habitualmente hablamos mucho de la clase X o Y, pero en la práctica esos sectores tienen un papel escaso como sujetos transformadores. Lo que caracteriza a Morena y a la Cuarta Transformación, y lo que ha hecho que sea exitosa, es el hecho de que se toma en serio que hay un sujeto que posibilita el cambio y ese sujeto es el pueblo. Ni el partido ni el gobierno: el pueblo. Incluso deberíamos vigilar esto más de cerca, porque de repente empezamos a olvidarlo. Quien nunca lo olvidó fue Andrés Manuel, por cierto. 

Mientras nosotros mantengamos esta distinción y la pongamos en el centro, seguiremos siendo lo que somos: un movimiento exitoso. El fracaso total sería ignorar estas dos cosas centrales: lo primero, que todo lo que somos y tenemos está orientado al cambio social y político; y segundo, que el sujeto central es el pueblo. Y debemos tomarnos muy en serio esto, porque muchas veces pasa que la izquierda solo dice como adorno que quiere cambiar las cosas pero resulta que no cambia nada, y se olvida además que el sujeto de la transformación no es el partido o el gobierno sino que es el pueblo. Si ha habido una característica notable en nuestro proceso es la constante insistencia en que el pueblo activo y organizado es el sujeto histórico del cambio. 

Ahora, en nuestro Movimiento hay de todo, hay quienes no creen en esto; o quienes lo dicen pero no lo creen. La ventaja que tenemos todavía es que la mayoría de los militantes y dirigentes de Morena sí creemos en esto y es la norma central del partido. Lo que cuidamos en Morena son estas dos cosas: trabajar para el cambio y reconocer al pueblo como sujeto. Como diría Andrés Manuel: “Pueblo, pueblo, pueblo”. 

MDF: Antes hablabas de un 80% de aprobación de Claudia Sheinbaum. Si uno ve los datos desagregados, el sector que más apoya a la presidenta es el que se encuentra entre los 18 y los 24 años, con el 86%. ¿Cómo interpretas tú que, mientras en muchos lugares de América Latina, y también en Europa y Estados Unidos, los jóvenes están manifestando una adhesión a las ideas conservadoras, a proyectos de tinte autoritario y neoliberal, en México sea este mismo sector quien más apoye a una presidenta en las antípodas de esas ideas y de esos proyectos?

Lo leo, en primer lugar, como un efecto por contraste. Porque si había un país donde estaban abandonados a su suerte los jóvenes en el periodo neoliberal, ese era México. Solo hay que ver las estadísticas básicas. Para empezar, el sistema educativo era una verdadera calamidad. A tal punto que entramos en la situación paradójica que se convirtió en normalidad de que los jóvenes supuestamente no podían acceder a la educación universitaria porque no tenían la capacidad. Andrés Manuel le puso atención a esto desde el primer momento. Yo recuerdo haber planteado el problema en un mitin con él, en Chiapas. Me dijeron: habla de este tema, del tema educativo. Y yo dije: es una catástrofe nacional que el 90% de los aspirantes a entrar a la universidad quede afuera por falta de cupo. ¿Cómo un país en esas condiciones iba a tener éxito? El asunto del cupo se disfrazaba de “incapacidad” de los aspirantes, por medio de no pasar el examen. Cuando en realidad lo que hacían era un corte, después de hacer las pruebas, de acuerdo con la capacidad restringida que tenían de incorporar estudiantes. Lo que era una restricción de presupuesto lo planteaban como una limitación de conocimiento, de preparación de los estudiantes. Un desastre.

Todo eso ya cambió. Ahora hay cupo, hay un proceso de expansión de las oportunidades de estudios superiores. Pero además hay condiciones básicas para solventar la vida de los estudiantes, con un mínimo de decencia. Hay esa maravillosa opción de “Jóvenes Construyendo el Futuro” un programa de gobierno donde los jóvenes pueden trabajar como aprendices en empresas de todo tamaño y tipo, y se les da un apoyo económico mensual de un salario mínimo durante un año. Y por otro lado tienes un sistema robusto de becas para estudiantes, que ya son universales, es decir, si eres estudiante de nivel medio superior de alguna institución pública el gobierno te otorga una beca mensual para que puedas tener un ingreso mínimo que te permita alimentarte y trasladarte a tu escuela. Y yo creo que en general las políticas de nuestro gobierno tienen mucho mayor impacto entre los jóvenes.

Después está el tema del lugar que el movimiento, la organización política, le ha dado a los jóvenes. El primer plan de formación de Morena fue para jóvenes. Desde el principio hubo un énfasis en este sector. Fue una idea de Andrés Manuel. “Necesitamos formar un pequeño ejército de jóvenes”, nos dijo. Y la integración de los jóvenes en el partido ha sido exitosa. Esto permite explicar el papel tan destacado que cumplen hoy los jóvenes en el movimiento (el Comité Ejecutivo Nacional promedia los 40 años, la presidenta del partido, Luisa Alcalde, tiene 38), algo que no advierto en otras experiencias, al menos no en ese grado. Cuando hay eventos de Morena es ostensible la preponderancia de la presencia de jóvenes. Tenemos una gran militancia de jóvenes y al mismo tiempo los gobiernos de Morena, desde el gobierno nacional hasta los gobiernos locales, han abierto espacios para muchos jóvenes sean parte de la toma de decisiones y tengan altas responsabilidades.