Menos show, más Estado: una política de seguridad para la Argentina

¿Cuáles son los ejes centrales del enfoque de seguridad que impulsa el gobierno provincial? ¿Qué resultados y transformación destacaría?

Nuestro modelo de seguridad se basa en tres pilares: el fortalecimiento organizacional de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, la descentralización de las operaciones policiales en coordinación con los 135 municipios y la persecución penal estratégica de las organizaciones criminales en articulación con las autoridades judiciales.

Desde la creación del Ministerio de Seguridad en 1998, es la primera vez que la Provincia de Buenos Aires logra sostener una misma política por más de un período de gobierno. Es un logro inédito. Y esa es la base necesaria para seguir bajando el delito.

A lo largo de estos seis años de gestión implementamos una estrategia de fortalecimiento integral de la Policía de la Provincia de Buenos Aires cuyo volumen y alcance no tiene precedentes. Hoy tenemos una policía ordenada, profesional y bien equipada que recuperó el prestigio y la confianza de la comunidad.  Hoy la policía, la justicia y los municipios trabajan en un mismo sentido, con un mismo método, y con un vínculo de confianza basado en objetivos compartidos.  

El fortalecimiento organizacional de la Provincia de Buenos Aires puede desglosarse en varias partes. Primero, el bienestar de nuestros policías, que es una prioridad. Abrimos la primera farmacia policial, con un esquema de cobertura que alcanza hasta el 100% para el personal y sus familias. Desarrollamos un método serio y previsible para ordenar los traslados y facilitar la organización de la vida familiar. Fortalecimos con nuevos profesionales el área que asiste a los policías heridos en actos de servicio. Y creamos nuevas categorías de horas adicionales, mejor remuneradas. 

Fortalecimos la capacitación y desarrollamos un sistema de formación basado en las especialidades policiales. Creamos la universidad de la policía, el Instituto Universitario Juan Vucetich, que hoy no sólo capacita a los policías bonaerenses en base a estándares internacionales de calidad, sino también al personal municipal de los COM y de las patrullas urbanas, para que trabajen articuladamente con la policía.

Profesionalizamos el sistema de promoción y carrera. Se terminaron los ascensos extraordinarios por amiguismos y favores políticos. Los policías ascienden por antigüedad y desempeño, y llegan a la cúpula aquellos que demuestren condiciones para la conducción estratégica y que logran bajar el delito en la jurisdicción que tienen cargo.   

Segundo, la modernización del soporte logístico y tecnológico del trabajo policial. Adquirimos vehículos de todo tipo, incluyendo 9.500 patrulleros y 2.000 motos. Hoy contamos con 11 helicópteros operativos y somos la fuerza con mayor capacidad en operaciones aéreas del país. 

Creamos el Sistema Multiagencia que integró en una misma plataforma los sistemas provinciales y municipales. Gracias a ello, hoy controlamos el patrullaje en tiempo real, despachamos 10 mil patrulleros diarios por llamadas al 911 y logramos cumplir con la meta planificada: cada 4 horas, un patrullero recorre el 75% de las calles de la provincia.

Además de fortalecer a la policía en todas sus dimensiones, jerarquizamos el rol de los municipios y descentralizamos las operaciones policiales. La policía bonaerense sigue siendo una institución provincial con un mando jerárquico y centralizado, una doctrina unificada y una carrera profesional establecida. Pero el sistema de seguridad nunca estuvo tan descentralizado como ahora. 

Los intendentes tienen la facultad de presentar un Plan Integral de Seguridad Local que tiene que incluir, para cada barrio, la planificación de las acciones de gobierno en materia relación con la videovigilancia, la infraestructura urbana que influye sobre la seguridad, como la iluminación, la conectividad, la poda y la urbanización, y las pautas de trabajo en materia de salud mental, violencia de género, atención a las víctimas de delitos, menores que cometen infracciones a la ley, egresados penitenciarios que salen de la cárcel y vuelven al distrito, etc.

En cada municipio hay una Mesa de Coordinación, donde se diseña, se controla y se evalúa con base en evidencia científica los resultados del trabajo policial. Cada intendente accede a todos los análisis de información criminal, y gracias a la plataforma Multiagencia, sabe dónde está cada patrullero y qué recursos policiales tiene en su municipio.  

La provincia hizo una inversión presupuestaria muy importante para fortalecer el sistema de seguridad de cada municipio. En seis años se distribuyeron cuatros Fondos de Fotalecimiento de la Seguridad entre los 135 municipios en base a un coeficiente técnico que aseguró un tratamiento equitativo sin distinciones políticas. Esto permitió a los municipios adquirir nuevos patrulleros, cámaras de seguridad, botones antipánico, lectoras de patente y softwares para la prevención del delito.

Los resultados obtenidos avalan el camino que construimos. En 2025 logramos la segunda tasa de homicidios más baja desde que hay mediciones, y la menor cantidad de homicidios en ocasión de robo de la historia, con una reducción del 17% con respecto a 2024. En el primer trimestre de 2026 se profundizó la caída en los indicadores de violencia letal: el total de homicidios se redujo un 14,6% y los homicidios en ocasión de robo pasaron de 35 a 20 casos (un 40% menos). El robo y hurto automotor, en lo que va de 2026, está por debajo de los niveles de pandemia, cuando los delitos contra la propiedad alcanzaron su piso histórico. 

En conclusión, se consolidó una Política Integral de Seguridad después de 30 años de desencuentros. Nuestra política generó adhesión y respeto en los tres poderes del Estado y en todos los partidos políticos. Hoy la policía es respetada. El ministerio ejerce la conducción estratégica del sistema provincial de seguridad pública, y cada intendente conduce su propio plan de seguridad a nivel local. En 2019 llegamos al Ministerio con una visión que finalmente se convirtió en una Política de Estado.

Hacia adelante, ¿sobre qué desafíos y/o aspectos pendientes pondrán el foco?

Desde la creación del Ministerio de Seguridad en 1998, es la primera vez que la Provincia de Buenos Aires logra sostener una misma política por más de un período de gobierno. Es un logro inédito. Y esa es la base necesaria para seguir bajando el delito.

El primer desafío es generar las condiciones políticas e institucionales para que este sistema de trabajo se mantenga en el tiempo y se profundice, más allá de quien gobierne.

Para ello, vamos a trabajar con los funcionarios judiciales, los intendentes y los legisladores de la provincia a los efectos de institucionalizar legalmente los cambios que generamos en materia de fortalecimiento de la policía y descentralización de la seguridad. 

También vamos a profundizar el fortalecimiento tecnológico. Tenemos planificada la expansión del 911, la incorporación de inteligencia artificial para la detección automática de vehículos, dominios y patrones sospechosos, el desarrollo de nuevas tecnologías de reconocimiento facial en un marco de respeto al derecho a la privacidad, y la incorporación de softwares que mejoran la eficacia de las investigaciones criminales a partir del análisis de teléfonos celulares y dispositivos electrónicos.

Creemos que es necesario avanzar en algunas actualizaciones normativas en el plano penal y procesal penal. Cambiar algunas leyes para marcar con firmeza un límite en contra de las acciones que impliquen potencialmente violencia letal. No puede ser que la portación ilegal de un arma de uso civil o el delito de abuso de armas sean excarcelables. Si hay un arma, tiene que haber una reacción estatal contundente. En este punto, algunas competencias son federales y otras provinciales, por lo que es necesario darnos un trabajo de articulación entre ambos niveles de gobierno.

Otro desafío es profundizar la experiencia del programa Entramados en el nuevo contexto que nos impone la baja de la edad de imputabilidad. El gobierno nacional se limitó a promover una reforma legal sin prever el presupuesto necesario para asegurarse que funcione. No corresponde que los menores de 14 y 15 años compartan celdas con mayores de edad, o que permanezcan separados de ellos por construcciones improvisadas que no pueden garantizar la seguridad, o que sean custodiados por penitenciarios sin capacitación para trabajar con esas franjas etarias. Aplicar esta ley requiere de una planificación que tenga en cuenta el desarrollo de nueva infraestructura, equipos interdisciplinarios y protocolos de trabajo.  

También estamos trabajando en el desarrollo de nuevas capacidades en materia de cibercrimen. Hoy asistimos a un incremento en las tentativas de cometer ilícitos bajo ciertas modalidades que la gente ya conoce, como las ciberestafas a través de links o identidades falsas, pero también al surgimiento de nuevos fenómenos, como las subculturas digitales que promueven el odio y la violencia, y de modalidades híbridas, como los delincuentes que obligan a sus víctimas a punta de pistola a transferir dinero a billeteras virtuales. 

Hoy la policía bonaerense tiene capacidades robustas para el trabajo con tecnologías aplicadas, que se manifiestan, sobre todo, en el esclarecimiento del 96% de los homicidios en las primeras 48 hrs. Pero los entornos digitales no harán otra cosa que ampliarse, y tenemos que seguir mejorando. La nueva ley de personal que enviaremos a la legislatura nos dará herramientas para reclutar personal con habilidades críticas en materia informática y tecnológica, y creará un plus salarial para aquellos policías que se capaciten y trabajen en áreas de cibercrimen.

Axel ha planteado que la Provincia actúa como “escudo y red” frente a la crisis socioeconómica y a la deserción del Estado Nacional. ¿Cómo se traduce esa idea en la política de seguridad concreta, especialmente en territorios donde la violencia está asociada al deterioro del tejido social?

En este punto hay que separar dos planos de acción. Uno externo, de cara a la sociedad, y otro interno, de cara a la situación del personal policial.

Por un lado, hemos desarrollado muchas capacidades de intervención que hoy le permiten a la policía estar presente en los territorios más vulnerables, especialmente a través de la UTOI, un grupo especial de nuestra policía, entrenado para intervenir en espacios urbanos con alta concentración de violencia y presencia de redes delictivas dedicadas al narcomenudeo. La UOTI cuenta con 14 bases y 2.400 efectivos con una formación mixta que combina las habilidades de proximidad con la disciplina de un grupo táctico. Este año vamos a inaugurar 5 nuevas bases de UTOI con 500 efectivos.

Sumado a ello, hoy el Ministerio de Seguridad articula transversalmente su política con el resto de las áreas del gobierno provincial. Con la Dirección General de Escuelas tenemos una articulación permanente para el abordaje de un abanico de situaciones que vinculan educación y seguridad, y que incluyen el cuidado de las infraestructuras escolares, la protección de las adyacencias de los establecimientos donde circula toda la comunidad educativa, y más recientemente, la detección temprana de hechos de violencia extrema y el abordaje de prácticas de intimidación y amenazas asociadas al ámbito escolar. La violencia es una expresión de malestares más profundos y más generales que a veces se asocian a padecimientos de salud mental, agravados por el deterioro del tejido social, y que es necesario abordar juntos. 

Por otro lado, en el plano interno, trabajamos mucho sobre el bienestar de nuestros policías desde una mirada de cuidado y respeto. Creamos un Programa de Prevención del Suicido que trabaja de manera directa con los efectivos policiales que lo necesitan y capacitamos a todos los jefes de dependencias en la detección de alertas tempranas. También trabajamos individualmente con todos los policías afectados por padecimientos en su salud mental, logrando en muchos casos la vuelta al trabajo en condiciones seguras. 

Si pensamos la seguridad a escala nacional, ¿qué rasgos debería tener una política nacional seria y eficaz? ¿Qué diferencias encuentra con las visiones como la que lleva adelante el actual Gobierno Nacional?

En primer lugar, es necesario construir un acuerdo en torno a la lucha contra el narcotráfico como prioridad estratégica número uno. En la Provincia de Buenos Aires, todos los jefes que organizaban el negocio del narcomenudeo a fines de 2019, hoy están presos. El dinero de la droga tiene un poder enorme para corromper todo lo que toca. Destruye la autoridad de las instituciones a través de la corrupción, y destruye la convivencia en los barrios a través de la violencia. 

Para ello, es imprescindible fortalecer las capacidades de la justicia federal. Hoy la droga pasa por las fronteras y circula impunemente hasta llegar a los barrios de las veinticuatro provincias, donde envenena a nuestra gente y generan violencia. 

Lamentablemente, al día de hoy, el país no está en condiciones de mostrar ninguna investigación importante por lavado de dinero asociado al narcotráfico. Nadie recuerda cuál fue la última organización narcocriminal importante desbaratada por una investigación de nivel federal. Ya ni siquiera hay noticias sobre procedimientos donde se incauten grandes cantidades de droga. La deserción del Estado nacional es total.

Segundo, necesitamos un compromiso muy fuerte para reconstruir las fuerzas federales de seguridad. El Presidente prometió destruir al Estado desde adentro. Y esa destrucción incluye especialmente a las fuerzas de seguridad y defensa, porque no hay forma de luchar contra el delito y proteger la soberanía nacional sin un presupuesto que sostenga la logística y la tecnología que se necesitan para ello. 

Las fuerzas están sufriendo un éxodo de efectivos muy bien formados que no tiene antecedentes. Hay que restaurar el liderazgo y la autoridad de la conducción en las cuatro fuerzas de seguridad. Estamos ante una situación inédita, porque nuestras fuerzas federales siempre fueron instituciones muy prestigiosas que nutrieron con su experiencia a toda la región. 

Y el ajuste de Milei los llevó a una situación donde miles de policías federales, gendarmes y prefectos honestos no pueden hacer su trabajo por falta de recursos, y ni siquiera pueden atender adecuadamente su salud ni la de sus familias por el colapso de sus obras sociales.    

Por último, tenemos que construir un Ministerio de Seguridad que tenga en cuenta qué modelo de Nación necesita cada provincia. Eso requiere un diálogo amplio y honesto con los 24 gobernadores y con las autoridades judiciales federales y provinciales. 

Hay que discutir qué tipo de intervención territorial de las fuerzas federales necesita cada provincia, cómo vamos a construir espacios de trabajo para la persecución penal estratégica de redes criminales complejas, cuál es la agenda en relación al cuidado de infraestructuras críticas e intereses estratégicos que se vinculan con la soberanía y que requieren una articulación con el sistema de defensa, y cuáles son las capacidades que necesitamos desarrollar de manera descentralizada para la gestión de riesgos y emergencias.     

Los únicos “logros” de la gestión Milei en materia de seguridad se dieron en el Congreso de la Nación, donde están representadas todas las fuerzas políticas, como la ley antimafias, la ley de reiterancia y la reforma del régimen penal de la minoridad. Pero ninguna de estas leyes puede disimular el deterioro que produjo el ajuste sobre la seguridad.

El gobernador Kicillof ha destacado la importancia de la solidaridad federal, y desde el Gobierno Provincial han actuado ante crisis en otras provincias. ¿Cómo se articula esa cooperación en materia de seguridad? 

Para nosotros el federalismo no es un concepto abstracto; nuestra concepción del federalismo la demostramos con hechos concretos que se rigen por el principio de solidaridad. En una Argentina del “sálvese quien pueda” impuesto por el Gobierno Nacional, nosotros llevamos a la práctica el “nadie se salva solo”: salimos adelante colaborando desde el trabajo y poniéndole el cuerpo a las situaciones. 

Siempre destacamos que el delito complejo, el narcotráfico y las catástrofes climáticas no reconocen fronteras provinciales. Si pretendemos encerrarnos dentro de los límites de nuestra provincia ignorando lo que pasa al lado, estamos condenados al fracaso. La seguridad se construye regionalmente y más allá. En nuestro país no se produce cocaína, eso sucede en otros Estados; por lo tanto, si la droga no ingresara por las fronteras nacionales, la problemática interna sería completamente distinta. 

Nosotros estamos siempre a disposición de la cooperación, pero esta siempre debe ser solicitada por la parte implicada. Por más vocación solidaria que tengamos, si no nos convocan a trabajar, no podemos intervenir de oficio. Por ejemplo, pusimos nuestros drones de última tecnología a disposición para la búsqueda de Loan en Corrientes porque fuimos requeridos, y una vez allí todo el trabajo se puso a disposición de la Justicia y se guio bajo sus instrucciones. En el caso de Rosario fue exactamente igual: la Ministra Bullrich nos solicitó patrulleros para implementar el Plan Bandera. Acudimos de inmediato, porque entendemos perfectamente que pacificar Rosario es, también, blindar el norte de nuestra propia provincia. 

Con la problemática de los incendios forestales, las colaboraciones habitualmente son admitidas por el Servicio Nacional del Manejo del Fuego, dependiente del Ministerio Nacional. Sin embargo, en estos casos también articulamos de provincia a provincia cuando el foco se encuentra fuera del área nacional, como puede ser un Parque Nacional. En el Parque Los Alerces, en Chubut, hemos colaborado trabajando por fuera del parque, en territorio provincial, estando más cerca de las comunidades de Esquel, de El Bolsón en Río Negro, o de Aluminé en Neuquén; también lo hemos hecho en Córdoba, Mendoza y Corrientes. 

Son experiencias que no solo nos unen como argentinos, sino que nos permiten demostrar en el terreno el equipamiento y la calidad profesional que tienen los policías de nuestra provincia. Llevamos recursos que muchas veces no tiene el Estado santafesino ni el Estado Nacional: desde los móviles blindados hasta los helicópteros que usamos en los incendios, vestimenta especial, herramientas de mano, autobombas y camiones cisterna. 

Mención aparte merece su destacada capacitación y entrega. En el sur nos pasa seguido que, cuando llegan nuestros brigadistas, son mirados con cierta incredulidad porque localmente creen que tenemos terrenos de trabajo muy diferentes entre sus bosques de alta montaña, la llanura pampeana o las islas del Delta. Eso dura hasta que los ven trabajar;

después, ya no quieren que se vuelvan y cada año, como la problemática es recurrente, nos piden que regresemos a dar una mano. 

Por supuesto que todo esto responde a una planificación y a un trabajo coordinado. Las experiencias federales consisten en eso: aportar lo que tenemos, siendo plenamente conscientes de que contamos con esos recursos por una firme decisión política de nuestro gobernador Axel Kicillof. No es solo por su visión federal de la política, sino por su manera de entender la gestión pública desde la eficiencia y la inversión estratégica de los recursos. 

Además de su rol como ministro, ha comenzado a interactuar con referentes políticos de distintas provincias para contribuir a construir una alternativa al gobierno de Milei. ¿Qué reacciones y desafíos han surgido en torno a esa construcción política? 

Para un peronista, la gestión está íntimamente ligada a la militancia. Exige entrega, compromiso y la voluntad de trabajar cada vez con mayor inteligencia y creatividad para sobreponerse a los problemas y a los desafíos que van surgiendo. Esto demanda una simbiosis perfecta entre la calificación técnica para el puesto y la mística que este ministerio requiere. 

La construcción política es inherente a nuestro rol: trabajamos y articulamos con 135 municipios de distintos signos políticos, dándole viabilidad a la gestión de la seguridad en cada uno de ellos. Eso es construir política: construir aceptando la diferencia, pero con una idea de fondo. Es la forma de hacer las cosas que nos marca cada día Axel Kicillof. No concebimos la gestión pública como una tarea de tecnócratas encerrados en una oficina, ni como una cuestión sectaria donde se construye solo con los cercanos y se margina a la diferencia. 

Esta experiencia que transitamos desde la gestión y desde la política nos da un tacto y una sensibilidad que hoy demandan los dirigentes del interior. Esas regiones están muy maltrechas por la falta de federalismo y necesitan de un proyecto que una, que devuelva la esperanza a los olvidados de la patria. Por eso vamos siempre al abrazo, al encuentro y a la escucha. Proponemos un proyecto de país previsible, productivo y con justicia social, pero sin soluciones mágicas ni paracaidistas; vamos a aportar al intercambio desde las experiencias de cada territorio. 

El desafío principal es, desde la escucha y abrazando las diferencias, romper el aislamiento que el Gobierno Nacional intenta imponer a las provincias. Debemos tejer una red de coincidencias programáticas que vaya más allá de las fronteras partidarias tradicionales. El desafío es traducir esa experiencia de gestión en un proyecto nacional que le devuelva la dignidad al trabajo, la soberanía a nuestras decisiones y la tranquilidad a cada rincón de la Patria.

En corrientes se organiza la esperanza

La visita de Axel Kicillof a Corrientes fue una oportunidad para volver a pensarnos como país. Para volver a discutir qué proyecto de Nación queremos construir y cuál es el lugar que las provincias ocupan en ese camino.

Frente a un modelo que propone que cada uno se salve solo, que relativiza el valor de la solidaridad y que parece pensar una Argentina para pocos, resulta necesario recuperar la idea básica de que ningún proyecto nacional puede construirse sin escuchar a las provincias ni reconocer sus realidades concretas.

Hay una frase que se repite con frecuencia cuando se habla de la economía argentina: que el Gobierno nacional se ocupa de la macro y no de la micro. Sin embargo, para provincias como Corrientes esa definición tiene consecuencias mucho más profundas. Porque cuando se dice que la micro no importa, en cierta medida también se está diciendo que no importan las realidades provinciales y locales, que no importan las diferencias históricas entre regiones, que no importan las dificultades concretas que enfrentan quienes producen, trabajan e invierten lejos de los grandes centros de consumo y de decisión.

Las provincias pueden administrar mejor o peor sus recursos, pueden impulsar proyectos de desarrollo y fortalecer capacidades locales, pero cuando la economía nacional se contrae, cuando cae el consumo, cuando se paraliza la obra pública y cuando se reducen los recursos que llegan a las provincias y los municipios, los efectos terminan llegando a cada ciudad, a cada comercio y a cada actividad productiva.

Corrientes está viviendo esa realidad de manera particularmente intensa. Durante el gobierno de Javier Milei la provincia perdió alrededor de 3.000 puestos de trabajo registrados del sector privado. El consumo en supermercados registró en marzo una caída real cercana al 17%, muy por encima de la media nacional. Al mismo tiempo, el endeudamiento y la mora de las familias correntinas supera el 30%, ubicándose por encima del promedio argentino. A esto se suma una reducción cercana al 15% en los recursos provinciales y municipales de origen nacional respecto de los niveles de 2023.

Cuando caen los ingresos de jubilados, pensionados, trabajadores públicos y beneficiarios de distintas transferencias, cae también el consumo. Cuando cae el consumo, se resienten el comercio y los servicios, aparecen las dificultades para sostener el empleo y la inversión. Y cuando caen los recursos que reciben provincias y municipios, también se reduce la capacidad de respuesta frente a los problemas sociales y económicos.

Los efectos pueden observarse en distintos sectores de la economía correntina. La industria textil, una actividad con larga tradición en la provincia, enfrenta cierres y suspensiones. La construcción atraviesa una de las caídas más profundas de la historia. El comercio minorista siente cada vez más el impacto de una demanda debilitada.

También atraviesan dificultades sectores importantes como el arroz, la horticultura, la citricultura y el turismo en todas sus expresiones: desde la pesca deportiva hasta el turismo religioso, los Esteros del Iberá y las playas correntinas. Del mismo modo, miles de pequeños productores continúan sosteniendo buena parte de la vida económica del interior provincial, muchas veces sin contar con herramientas suficientes ni territorialidad en las políticas públicas.

Sin embargo, sería un error describir una realidad uniforme. Corrientes sigue teniendo enormes potencialidades y también sectores que muestran capacidad de crecimiento aun en un contexto complejo. La ganadería continúa siendo una de las actividades más importantes de la provincia y mantiene perspectivas de inversión para fortalecer el stock ganadero. Dentro de la propia forestoindustria existen realidades distintas: los sectores vinculados al mercado interno enfrentan fuerte caída de demanda, mientras que experiencias altamente tecnificadas y orientadas a la exportación, como Acon Timber en Virasoro, muestran la capacidad que tiene la provincia para insertarse en mercados internacionales y generar desarrollo. No es casual que ese crecimiento haya contribuido incluso a la reactivación del puerto de Corrientes.

La discusión de fondo es cómo pensamos el desarrollo de regiones como la nuestra. Es difícil imaginar un proceso de crecimiento sostenido sin infraestructura vial, sin infraestructura energética, sin puertos, sin logística y sin vivienda. Es difícil pensar una economía más productiva dejando de lado a las universidades, a la ciencia aplicada, al INTA, al INTI o al CONICET. Es difícil pedir más competitividad a productores y empresarios que deben afrontar costos logísticos significativamente mayores que los de otras regiones del país.

los gobernadores Axel Kicillof y Juan Pablo Valdés firman un convenio de cooperación
Durante su visita a Corrientes, Axel mantuvo reuniones con intendentes, representantes gremiales, estudiantes y distintos actores sociales. Allí aparecieron preocupaciones muy concretas: la caída del turismo, las dificultades de la horticultura, la pérdida de ingresos en localidades pequeñas, la crisis de la construcción y de las canteras, la precarización laboral y la incertidumbre que atraviesan miles de trabajadores y trabajadoras correntinos.

El encuentro con el gobernador Juan Pablo Valdés mostró que, aun desde espacios políticos diferentes, es posible construir puentes, dialogar y trabajar sobre preocupaciones comunes como la Hidrovía, el desarrollo turístico y la situación fiscal de las provincias.

Merece una mención especial el reconocimiento explícito del gobernador por la ayuda recibida durante los incendios forestales que afectaron a la provincia. En tiempos de confrontación permanente, esos gestos adquieren un valor especial. Porque fortalecen una idea de federalismo basada en la cooperación y no en el aislamiento.

En la Universidad ante un auditorio repleto Axel recibió una copia original del Segundo Plan Quinquenal específico para la provincia de Corrientes, correspondiente al año 1952. Ese documento forma parte de una tradición política que pensó el desarrollo nacional reconociendo las particularidades de cada región y entendiendo que ninguna provincia podía realizarse plenamente si el conjunto del país no avanzaba al mismo tiempo.

Axel recibe una copia del Segundo Plan Quinquenal para Corrientes en la Universidad Nacional del Nordeste
Arturo Jauretche advertía que no alcanza con los libros si se pierde contacto con la realidad concreta. La política exige ideas, pero también exige territorio, escucha y capacidad de interpretar las necesidades de cada comunidad. Tal vez allí aparezca una de las discusiones de fondo de este tiempo. Porque cuando se afirma que la micro no importa, para provincias como Corrientes también se está diciendo que no importan sus productores, sus trabajadores, sus municipios y sus desafíos cotidianos. Y es precisamente allí donde una mirada federal, humana y solidaria vuelve a ser imprescindible.

Quizás el principal valor de esa visita no haya sido una definición partidaria ni una consigna política. Quizás haya sido algo más simple y más importante: la voluntad de escuchar. Escuchar a gobernadores, intendentes, a quienes producen, trabajan, estudian e investigan. Escuchar, en definitiva, a quienes viven todos los días las consecuencias de las decisiones nacionales.

Pensar el desarrollo argentino exige volver a mirar desde adentro, desde las provincias hacia la Nación, entendiendo que las diferencias regionales existen y que construir un país más equilibrado requiere reconocerlas, comprenderlas y trabajar sobre ellas. Significa recuperar una visión donde el desarrollo de cada una de sus partes, depende del desarrollo armónico del conjunto. Ese desafío sigue vigente. Y quizás el primer paso para afrontarlo sea, justamente, volver a encontrarnos.

Es tiempo de pasar del diagnóstico a las propuestas. De construir una alternativa capaz de volver a representar a las mayorías. Una alternativa que entienda que las diferencias regionales existen, que valore el federalismo no sólo como una consigna sino como una práctica, y que vuelva a poner a las provincias en el centro de un proyecto nacional de desarrollo y generación de empleo.

La universidad pública, una máquina de crear futuro

La universidad pública argentina atraviesa uno de los momentos más complejos desde el retorno de la democracia. En los últimos meses, en cada encuentro con nuestra comunidad tecnológica, conformada por estudiantes, docentes, nodocentes y personas graduadas, aparece una preocupación común: cómo sostener las funciones sustantivas de la universidad en un contexto  de fuerte restricción presupuestaria. 

No estamos frente a una discusión meramente administrativa ni a una diferencia coyuntural  entre universidades y gobierno. Lo que está en juego es la capacidad de la Argentina para sostener un proyecto de desarrollo basado en el conocimiento, la producción, la movilidad  social y la construcción democrática. 

Las universidades públicas forman parte de la vida cotidiana de nuestro país. Cuando una  universidad tiene dificultades para sostener becas, abrir nuevas comisiones, equipar  laboratorios o financiar proyectos de investigación, las consecuencias trascienden ampliamente a la comunidad universitaria. Las sienten las y los estudiantes que trabajan para poder estudiar, las empresas que necesitan profesionales calificados y las comunidades que se benefician del conocimiento generado en nuestras aulas y laboratorios. 

La Universidad Tecnológica Nacional, como el conjunto del sistema universitario público,  atraviesa una situación crítica en materia de financiamiento. El incumplimiento de la Ley de  Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso Nacional ha impactado sobre los  salarios, los gastos de funcionamiento, los recursos destinados a la investigación y el poder  adquisitivo de las becas estudiantiles. 

Cuando se habla de presupuesto universitario, la discusión suele quedar reducida a cifras. Sin embargo, detrás de cada número existen personas, trayectorias y proyectos de vida. Para muchas y muchos estudiantes, una beca representa la posibilidad concreta de continuar una carrera. Para el colectivo docente, el pluriempleo se ha convertido en una necesidad para sostener ingresos, afectando inevitablemente el tiempo disponible para preparar clases, acompañar estudiantes o desarrollar actividades de investigación. 

También preocupa la situación de los grupos de investigación. Cuando una línea de trabajo se interrumpe, cuando se pierde un equipo consolidado o cuando una persona investigadora abandona un proyecto, el país deja de contar con capacidades estratégicas que demandaron años de construcción. 

Por esa razón, en 2025 el Consejo Superior de la UTN declaró por unanimidad la emergencia económica y salarial. La UTN no reclama privilegios. Reclama condiciones mínimas para cumplir con la misión que la sociedad le ha encomendado: formar profesionales, producir conocimiento,  impulsar innovación y generar oportunidades. 

La UTN ocupa un lugar singular dentro del sistema universitario argentino. Nació como  Universidad Obrera Nacional con el propósito de formar profesionales vinculados al desarrollo industrial del país. Esa identidad asociada a la producción, la tecnología y el trabajo sigue vigente. A lo largo de décadas hemos acompañado los procesos de industrialización, formado generaciones de ingenieros e ingenieras y consolidado una estructura federal única en el sistema  universitario argentino.

Hoy seguimos siendo un puente entre el conocimiento y la producción, entre la investigación y las necesidades concretas del desarrollo económico y social. Por eso resulta inevitable advertir una paradoja: mientras el mundo avanza hacia economías basadas en el conocimiento, la inteligencia artificial, la automatización y las tecnologías emergentes, nuestro país corre el riesgo de debilitar precisamente a las instituciones encargadas de formar a quienes deberán liderar esos procesos. 

La Facultad Regional Córdoba es una de nuestras 30 sedes y refleja con claridad esta realidad. Córdoba se ha consolidado como uno de los principales polos académicos, científicos y tecnológicos de América Latina, y las universidades públicas han sido protagonistas fundamentales de ese proceso. 

Cada año miles de estudiantes llegan desde distintos puntos del país y de la región. Muchas y muchos son la primera generación universitaria de sus familias y encuentran en la universidad pública una oportunidad de crecimiento personal y profesional que de otro modo sería  inaccesible. 

Las universidades generan empleo, impulsan la innovación, fortalecen el sistema científico y  contribuyen al desarrollo económico. Pero también cumplen una función social insustituible:  formar ciudadanía, personas capaces de analizar críticamente la realidad y participar  activamente de la vida democrática. 

En la Facultad Regional Córdoba observamos una situación que expresa los desafíos que  enfrenta todo el sistema universitario. Este año la matrícula de ingeniería creció un 10%. Es una noticia alentadora porque demuestra que la juventud sigue apostando a la formación  tecnológica. Sin embargo, ese crecimiento exige más infraestructura, más laboratorios y más espacios para garantizar una educación de calidad. Hoy, en muchas de nuestras Facultades Regionales, contamos con comisiones de primer año que superan los 150 estudiantes. 

Existe además una dimensión de este debate que no puede quedar relegada: la relación entre universidad pública, democracia y derechos humanos. 

Las universidades son espacios de construcción de ciudadanía. En ellas conviven perspectivas diversas, se ejercita el pensamiento crítico y se desarrollan debates fundamentales para la vida pública. Por eso la defensa de la universidad pública está estrechamente vinculada con la defensa de la democracia, los derechos humanos y la inclusión social. 

A cincuenta años del último golpe de Estado, la memoria nos recuerda que los procesos de  restricción de derechos suelen estar acompañados por intentos de desvalorizar el conocimiento y debilitar los espacios de pensamiento crítico.

Como rector de la UTN reafirmo un compromiso que forma parte de nuestra identidad: la  memoria es una construcción colectiva que nos compromete con el presente y con el futuro. En el último Consejo Superior rendimos homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado,  recibimos la visita del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y descubrimos una placa en homenaje a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Defender la universidad pública también es defender la democracia, la paz y la justicia. 

Las consecuencias del desfinanciamiento tampoco se agotan en las aulas. En la UTN hemos advertido que la situación salarial y presupuestaria compromete la renovación de equipos de trabajo, afecta las actividades científicas y tecnológicas y pone en riesgo la capacidad de la universidad para sostener sus funciones de investigación, desarrollo y transferencia tecnológica.

Una parte sustancial de la investigación científica argentina se desarrolla en las universidades públicas. La experiencia internacional demuestra que los países que lograron transformar sus estructuras productivas lo hicieron mediante inversiones sostenidas en educación superior, investigación y desarrollo tecnológico. 

Por el contrario, los procesos de desinversión generan efectos acumulativos difíciles de revertir. La interrupción de proyectos científicos, la pérdida de capacidades tecnológicas y la emigración de investigadores altamente calificados producen consecuencias que pueden tardar años en  reconstruirse. 

Por eso, resulta imprescindible sostener un plantel docente y nodocente calificado,  comprometido y con condiciones laborales dignas. Esa es una condición indispensable para  garantizar la calidad educativa, la continuidad académica y el cumplimiento de las funciones  sustantivas de la universidad. Marcha Federal Universitaria en Córdoba

También debemos reconocer que defender la universidad pública no significa negar la necesidad  de transformarnos. Las universidades debemos revisarnos permanentemente, actualizar planes  de estudio, incorporar nuevas tecnologías, mejorar los mecanismos de gestión y fortalecer  nuestra vinculación con la sociedad. 

Necesitamos instituciones más abiertas, más inclusivas y capaces de acompañar las  trayectorias estudiantiles. Necesitamos fortalecer la participación de las mujeres en las áreas  científicas y tecnológicas, revisar indicadores y construir nuevas herramientas para mejorar la calidad académica. Pero ninguna de esas transformaciones será posible si las universidades carecen de los recursos básicos para funcionar. 

La universidad pública argentina representa una de las experiencias más valiosas de inclusión  social y construcción democrática de nuestra historia. Miles de profesionales que hoy lideran  empresas, hospitales, laboratorios, escuelas y organismos públicos se formaron en sus aulas. Millones de familias encontraron en ella una oportunidad de progreso. Numerosos desarrollos  científicos y tecnológicos nacieron en sus laboratorios. 

Nada de eso ocurrió por casualidad. Fue el resultado de decisiones colectivas, inversiones  sostenidas y una convicción compartida: que el conocimiento es una herramienta fundamental  para construir una sociedad más justa, libre y soberana. 

La discusión sobre el financiamiento universitario es, en definitiva, una discusión sobre el país que queremos construir. 

Desde la UTN seguiremos defendiendo la universidad pública, gratuita, inclusiva y federal.  Seguiremos sosteniendo la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación como pilares del desarrollo nacional. Seguiremos trabajando para que ningún estudiante abandone sus estudios por razones económicas y para que cada persona trabajadora universitaria pueda  desarrollar su tarea en condiciones dignas. 

Porque una universidad fuerte beneficia a toda la sociedad. Y porque estamos convencidos y convencidas de que, en tiempos de incertidumbre, defender la universidad pública es también defender el futuro de la Argentina.

Quieren privatizar la salud. Nosotros elegimos defenderla.

Hoy tenemos un actor político fundamental: los trabajadores y trabajadoras de la salud de la Argentina, que asumieron la defensa del sistema sanitario y de la vida de todos los argentinos y argentinas.

Venimos de varios lanzamientos de diferentes ramas y sectores del MDF, y obedecen todos a una convicción muy profunda: en Argentina, digan lo que digan, hagan lo que hagan, insulten lo que insulten, hay otro camino. El futuro no es de Milei; el futuro es del pueblo.

Lanzamos el MDF de Cultura, el MDF de Educación, el MDF de Ciencia y Universidad, el de CABA, el Centro de Estudios Derecho al Futuro, el MDF de las Mujeres y ahora el MDF de Salud, en el pasaje Dardo Rocha, patrimonio histórico y cultural de la provincia de Buenos Aires, de nuestra capital, La Plata.

No es estrictamente un comienzo, sino que venimos trabajando hace tiempo. Hoy ponemos bandera de largada a una nueva etapa.

Estos lanzamientos están movidos por una enorme convicción que estamos transformando en acción frente al abandono, frente al ajuste, frente a la crueldad. Elegimos pelear, elegimos luchar por una Argentina donde la salud no sea un negocio ni un privilegio, sino un derecho para todos y para todas.

El derecho a la salud es uno de los derechos más básicos y más humanos. Sin salud no hay libertad real. Sin salud no hay igualdad posible. Sin salud no hay proyecto de vida. La diferencia entre estar sano o enfermarse, entre vivir o morir, no puede depender de los recursos que uno tenga en el bolsillo ni del lugar en el que nació.

No puede depender de si se puede pagar una prepaga, un remedio o una intervención. Le quieren vender a nuestro pueblo que es libre mientras lo dejan tirado. Por eso el debate sobre la salud pública es central en la Argentina de este momento. Alrededor de esta discusión se enfrentan dos modelos completamente opuestos para comprender de qué se trata un país, una comunidad, una sociedad.

De un lado están los que creen que todo es mercancía y que la salud es meramente un negocio, que el Estado tiene que retirarse y dejar que cada uno se arregle como pueda. Que si alguien no puede pagar un remedio, un tratamiento o una operación, es un problema personal, individual y privado. Es el modelo del sálvese quien pueda, el modelo del descarte que están aplicando en el país con resultados terroríficos. Un modelo que le dice al enfermo “jodete si no tenés plata”, que le dice al que está sufriendo “jodete, fracasaste”, que les dice a los jubilados y a las personas con discapacidad “jódanse”.

Nosotros decimos: ¡Jodete, Milei! Al pueblo argentino se lo respeta, se lo cuida y se lo defiende.

Frente a este modelo de abandono y de miseria, estamos nosotros: la enorme mayoría de los argentinos. Creemos que cuidar a nuestro pueblo no es un gasto, es una obligación humana y política. Creemos que invertir en hospitales, en medicamentos, en vacunas, en prevención, en médicos, en enfermeros, en trabajadores y trabajadoras, en estudiantes de nuestras universidades no es un costo. Es invertir en vida, en felicidad, en dignidad y en futuro.

Eso es lo que hacemos desde el Gobierno de la Provincia, actuando como un escudo, como una red para atenuar el daño que causa el modelo de Milei. Pero no alcanza con las políticas provinciales. Nuestra tarea es cambiar el rumbo económico del país.

No se trata solamente de cambiar un gobierno, sino de ser capaces de darle a la Argentina un proceso de crecimiento y de desarrollo justo, federal y sostenible. Es para eso que estamos lanzando el MDF Salud. Es para eso que militamos y nos organizamos.

Porque este plan económico es el que enferma. Esta economía mata. Como sostuvo el Papa Francisco: “enferma el cuerpo y enferma el alma”. Angustia, ansiedad, depresión, abandono: eso generan cuando ajustan a los jubilados, a las personas con discapacidad, a los tratamientos médicos, a los hospitales, a los programas esenciales. Pero también enferman todos los días cuando destruyen puestos de trabajo y cuando pulverizan salarios, ingresos y jubilaciones. No son dos cosas distintas: hablamos de salud, hablamos de igualdad, hablamos de desarrollo, hablamos de patria y hablamos de soberanía.

Y encima nos quieren hacer creer que esto es modernidad, que esto es equilibrio. No puede haber equilibrio en el marco de la miseria planificada y de la crueldad organizada. No hay orden ni estabilidad cuando generan una sociedad atravesada por la desesperación y la angustia. No hay tampoco salud si la gente sufre el miedo de perder su trabajo, de cerrar su negocio, si está desprotegida frente al aumento del costo de la vida. Cuando dicen que esta economía está creciendo, se nota que no pisaron un hospital.

Tal vez se refieren a otro país. Porque en Argentina ni la economía está creciendo ni a la sociedad le va bien. Solo crece en la imaginación de Milei, que está peleado con la verdad y con la realidad. Si según su teoría económica hay crecimiento, lo que no sirve es su teoría económica. Lo que no sirve es un presidente que se la pasa viajando, tuiteando y dándole la espalda a la gente, al pueblo y a sus necesidades.

Nos llevaron a una catástrofe sanitaria. Redujeron el 40% del presupuesto nacional de Salud, quitaron el programa Remediar, abandonaron la Organización Mundial de la Salud, sacaron medicamentos del PAMI, demoran o restringen las vacunaciones, abandonan la salud sexual y reproductiva, los tratamientos oncológicos y el control de enfermedades transmisibles. Y la crisis, además, está destruyendo al sector privado y a las obras sociales.

La caída de los salarios, la pérdida de 300.000 puestos de trabajo formales y la desregulación de los precios de los medicamentos y las prepagas dejaron a 750.000 personas sin cobertura. Y para los que aún permanecen con trabajo, al 80% de las obras sociales no le alcanza para cubrir la prestación obligatoria.

El resultado es trágico: están empeorando todos los indicadores sanitarios como pocas veces. Hay un aumento criminal de la mortalidad infantil del 6% y del 37% en la mortalidad materna. Hay brotes de sarampión, creció la hepatitis y la meningitis. Y los que pierden la cobertura, los que no pueden pagar un tratamiento o un remedio, ¿a dónde van? Vienen al hospital público provincial, municipal, a los centros de salud. Querían privatizar y hace falta cada vez más Estado.

En salud mental, exactamente lo mismo: cero remedios de salud mental en el Remediar, presupuestos del SEDRONAR reducidos, cero presupuesto de salud mental, obras paradas. Y ahora presentan una Ley de Salud Mental, inconsulta y rechazada por las provincias, cuyo único objetivo es restringir el acceso. Por eso: no a la ley Milei de Salud Mental.

Estamos ante una verdadera catástrofe sanitaria. La motosierra de Milei mata. El Gobierno nacional desertó de sus responsabilidades sanitarias. Esto configura un crimen social y sanitario. A esta altura, ya no cabe ninguna duda: es el gobierno más insensible que ha tenido la democracia argentina.

La gente directamente no les importa. Por eso nosotros sentimos, pensamos y actuamos exactamente al revés. Y lo demostramos con hechos concretos. En la provincia de Buenos Aires demostramos que aun en las peores condiciones, con un gobierno nacional que nos asfixia, seguimos cuidando a nuestro pueblo: seguimos abriendo centros de salud, ampliando la atención primaria, incorporando equipamiento y ampliando el programa de Medicamentos Bonaerenses.

No alcanza, pero ahí está el esfuerzo de un pueblo y su gobierno que sabe cuáles son las prioridades que no se pueden abandonar.

Los trabajadores y trabajadoras del sistema de salud son quienes, en momentos difíciles, en la peor tragedia sanitaria de la historia reciente, nunca dejaron de priorizar a nuestro pueblo. Otros opinaban desde la computadora y desde el teléfono. Ellos estuvieron en los hospitales, en los centros de salud, en los vacunatorios, en los barrios. Es gracias a ese compromiso de millones de trabajadores y trabajadoras que sigue estando en pie el sistema sanitario bonaerense y el sistema sanitario argentino.

Pero no hay que confundirse: el abandono de la salud pública no es un descuido ni un simple recorte para lograr equilibrio fiscal. Esta derecha extrema, acá y también en el mundo, quiere instalar la idea de que la igualdad fue demasiado lejos, que era demasiado cara. Por eso desde el día uno están machacando con que la justicia social es una aberración o un robo, con que los derechos son privilegios, con que cuidar al otro es una debilidad, con que la solidaridad es un problema.

Tenemos que decir con claridad que una sociedad mejor no se construye abandonando al que necesita ayuda. Una sociedad mejor se construye ampliando derechos, protegiendo a los más vulnerables, garantizando oportunidades e igualdad.

Parece fácil hablar de la libertad tan cerca de Estados Unidos y tan lejos del pueblo.

Con la salud pública tenemos uno de los grandes orgullos históricos de la Argentina, parte de una tradición ligada a la justicia social. La justicia social es que una familia pueda llevar a su hijo a un hospital aunque no tenga recursos. La justicia social es que un jubilado o una jubilada acceda a sus medicamentos sin endeudarse. La justicia social es que una persona con cáncer pueda tratarse sin tener que hipotecar su vida. Hogares tapados de deuda son también hogares enfermos. En otro tiempo histórico, Ramón Carrillo decía “el mejor plan de salud es agua corriente y cloacas”. Milei paró la salud, los remedios, el agua corriente y las cloacas.

Nuestra tarea hoy no es solamente denunciar. Sabemos que el pueblo la está pasando mal. No podemos solo contarles lo que ya saben, lo que viven y lo que experimentan. Nuestra tarea es construir, organizar una alternativa real, potente y militante.

Nos quieren convencer de que no hay alternativa, de que si no es Milei será otro que siga por la misma senda. Tenemos una tradición, tenemos una historia, tenemos una patria y tenemos un futuro con justicia social, que es para todos y todas.

Tenemos la obligación histórica de construir esa alternativa que vuelva a poner en el centro, como prioridad, a la producción, al trabajo, a la educación y a la salud. Esa construcción no es sencilla: requiere humildad, coraje, generosidad y compromiso. No alcanza solo con el peronismo, no alcanza solo con la provincia de Buenos Aires. Hay que construir una fuerza nacional en todo el territorio, amplia, profundamente federal, participativa, que defienda a nuestro pueblo y que esté dispuesta a poner lo que hay que poner para reconstruir una Argentina más justa, más solidaria y más soberana.

Hay que salir a recorrer, a escuchar, a convocar, a hablar con todos y con todas. A abrazar sobre todo a los que están perdiendo la esperanza. A luchar contra el individualismo, la resignación y la soledad. Mientras dure la pesadilla libertaria, hay que defender cada hospital, cada centro de salud, cada salita, cada política pública, porque es ahí donde se juega el futuro de la Argentina.

Y sobre todo: defender el derecho a nuestro futuro. Eso significa que dentro de dos años la Argentina tenga otro gobierno con objetivos y prioridades distintas.

No hay futuro posible en nuestra nación si se abandona la salud del pueblo. Y nos comprometemos a defenderla con todas nuestras fuerzas.

Lanzamiento del MDF Salud

La salud volverá a ser un derecho

“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.”
Ramón Carrillo.

El gobierno encabezado por Javier Milei está conduciendo al país hacia un abismo económico y social. En ese marco, el retiro criminal del estado nacional de casi todas sus responsabilidades sobre el cuidado de la salud de las argentinas y los argentinos preanuncia un desenlace fatal, un verdadero desastre sanitario que ya se comienza a vislumbrar en todos sus indicadores: lo muestran las enfermedades agudas transmisibles, incluso las prevenibles por falta de vacunas; las enfermedades crónicas que afectan a una porción importante de las personas mayores, hasta se incrementaron, después de años de un descenso sostenido, la mortalidad infantil y la mortalidad materna. La concurrencia de un empobrecimiento masivo de la población y la consecuente pérdida de calidad de vida, más el desfinanciamiento del sistema, constituye una tormenta perfecta. Esta situación se traduce en graves problemas que golpean directamente a la mayoría de la población, en todos los barrios y, en particular, a los colectivos más vulnerables: la falta de medicamentos esenciales, una realidad de mayor enfermedad y riesgo de morir, pacientes con cáncer sin tratamiento, personas con discapacidades abandonadas a su suerte, rebrote de enfermedades que ya estaban controladas. Es imperativo que los problemas que tiene nuestro Pueblo sean rápidamente reconocidos y atendidos, ya que el retiro del estado nacional de los programas de prevención, atención y rehabilitación seguirá produciendo retrocesos impensados.

El descenso constante de la actividad económica acarrea menor recaudación y menos recursos presupuestarios para la salud por parte del subsector de gestión estatal nacional, provincial y municipal. Con salarios a la baja y aumento de la desocupación, el 80 % de las Obras Sociales ya no pueden cubrir la canasta básica del programa Médico Obligatorio. El PAMI también se ve afectado por este motivo al que se suma un premeditado plan de desfinanciamiento al no aportar el gobierno recursos del tesoro nacional. El sector prestador privado está en su gran mayoría en estado de agonía con 4.500 clínicas y sanatorios al borde de la quiebra. El precio de los insumos médicos sube por encima de la inflación. Los trabajadores de la salud están afrontando esta situación dando lo mejor de sí pero, como todos los trabajadores, sufriendo el deterioro de sus condiciones de vida y de trabajo. Por eso, nuestro proyecto incluye como prioridad la jerarquización y el cuidado de nuestra fuerza laboral en salud. Cuidaremos a los que cuidan. 

El capítulo de la salud mental se sigue instalando como un grave problema al que se pretende enfrentar cambiando una ley ejemplar que, casualmente, lo que necesita es que se cumpla lo que la misma establece en cuanto a financiamiento. El reciente anuncio de la discontinuación del Plan Remediar tendrá consecuencias catastróficas al igual que la destrucción del sistema científico-tecnológico vinculado a la salud.

Este recuento de problemas es afrontado por las mayorías de las provincias e intendencias que, como la Provincia de Buenos Aires, hacen todo lo que está a su alcance para paliar esta deserción. Dejar en manos del mercado el sistema de salud solo conducirá a un ordenamiento caótico que producirá mayor inequidad e injusticia social.

Hoy venimos a decir con más fuerza que nunca, que desde el MDF Salud, junto a decenas de organizaciones hermanas aquí presentes: los gremios, las universidades, las sociedades científicas, las organizaciones barriales, estamos trabajando y militando para resistir este proyecto de destrucción, pero también, preparándonos para que en 2027 en nuestro país se instale nuevamente un gobierno de corte nacional y popular. Habrá que trabajar en dos planos: lo urgente, para dar respuestas rápidas, y lo estratégico, en las transformaciones estructurales que serán necesarias. En este camino, será imprescindible la participación popular en la planificación y en la toma de decisiones, para construir un sistema de salud superador. Trabajaremos en la elaboración de los proyectos de modo participativo a escala barrial, regional y federal. Avanzaremos en la articulación y una mejor organización del sistema hacia su integración funcional, tarea a la que todos quienes conciben a la salud como un derecho, están convocados. La experiencia que se está llevando a cabo en la PBA desde 2019 encabezada por Axel Kicillof demuestra en la práctica que esto es posible.

Reafirmamos con más fuerza que nunca que la salud volverá a ser un derecho para todos y todas, en el marco de un país donde vuelva a reinar la felicidad y el orgullo de ser argentinos.

Lanzamiento del MDF Mujeres y Diversidades

Reivindico el papel de las mujeres como factor de organización, mantenimiento,
resistencia, fuerza y valentía no solo en las crisis sino en las fases de reconstrucción.


Axel Kicillof, 8 de marzo de 2020, Plaza San Martín, La Plata.

Pero nada podían hacer frente a la decisión, al tesón, a la resolución fi rme
de un pueblo, como el nuestro, que el 17 de octubre, con el coronel Perón al
frente, trazó su destino histórico. Entonces, como en los albores de nuestra
independencia política, la mujer Argentina tenía que jugar su papel en la
lucha. Hemos roto los viejos prejuicios de la oligarquía en derrota. Hemos
llegado, repito, al objetivo que nos habíamos trazado, que acariciamos
amorosamente a lo largo de la jornada. El camino ha sido largo y penoso.
Pero para gloria de la mujer, reivindicadora infatigable de sus derechos
esenciales, los obstáculos opuestos no la arredraron. Por el contrario, le
sirvieron de estímulo y acicate para proseguir la lucha.”

Evita, 23 de septiembre de 1947,
fragmento del discurso luego de la sanción del voto femenino. Plaza de Mayo.

El MDF Mujeres y Diversidades nace desde la convocatoria de Axel Kicillof para construir un espacio político federal, plural, movimientista, amplio, popular y transformador.

Nos convocamos al encuentro y la organización desde las experiencias múltiples, diversas, permanentes que las mujeres argentinas hemos hecho a lo largo de la historia y seguimos haciendo para sostener la vida, nuestras familias y comunidades, la patria misma. Lo hicimos y hacemos junto a compañeras y compañeros que aún en las condiciones más difíciles no se resignan, no bajan los brazos y en cada lugar que les toca vivir, trabajar, estudiar, hacer amistades, familia, siguen poniendo el acento en la solidaridad, el encuentro, lo colectivo, lo nacional, la patria grande, el orgullo de ser de esta tierra: Argentina.

Esta convocatoria es federal y quiere construirse intergeneracionalmente y con las múltiples identidades que integran el campo nacional y popular: peronistas, y también junto a otras identidades políticas, sociales, sindicales, culturales, religiosas, barriales, comunitarias y feministas que a lo largo y ancho de nuestra Patria sienten la voluntad de reconstruir un proyecto de país soberano, con igualdad y justicia social.

El Gobierno nacional nos plantea una guerra entre los géneros, negando la histórica desigualdad que buscamos revertir; argumenta que nuestra agenda de lucha es falsa e innecesaria; busca dividirnos tratando a nuestros derechos como privilegios. Lo hace con el objetivo de ocultar los verdaderos efectos de su proyecto económico y de sociedad. Todo para unos pocos privilegiados, nada para las mayorías. Es simple de comprender su objetivo, si las mujeres perdemos derechos, se nos podría volver a explotar como a inicios del siglo XX. Nos quieren en soledad, asumiendo como déficit propio la crisis económica y laboral de nuestros hogares, las dificultades de recursos para abordar los cuidados de nuestros pibes y mayores; nos quieren individualistas, compitiendo y desconectadas entre nosotras, pero ante eso, siempre nuestra salida fue y será colectiva y organizada.

Sabemos que aplican un modelo económico y social que está llevando al país entero a un feroz retroceso y que esa destrucción nacional impacta de manera directa en el deterioro de la vida cotidiana de todos y todas nosotras.

Este ajuste se mete en la vida cotidiana: falta trabajo, no alcanza el salario, los cuidados recaen en soledad, las jubiladas no llegan a fin de mes y se desfinancian políticas públicas. Ahí nuestra organización se vuelve indispensable.

En las últimas elecciones nacionales el voto mayoritario de las mujeres a propuestas políticas no violentas y solidarias, revela que nuestra maravillosa experiencia social, por ampliación de derechos, especialmente de las últimas décadas, constituye una riqueza extraordinaria, que ha logrado politizar los temas de la vida cotidiana. Haber constatado que la igualdad de género, la justicia social y el rol del Estado son condiciones fundamentales para la realización personal, de nuestras familias y de la comunidad.

Convocamos a mujeres y diversidades de cada rincón del país a protagonizar espacios de escucha, diálogo y acción. Nuestras voces se alzan para definir las prioridades, la hoja de ruta y las formas de construcción política que cada territorio demanda. Sumarse al MDF no implica renunciar a los espacios propios de pertenencia; al contrario, es potenciar esas identidades en una construcción movimientista que nos abrace a todas.

Queremos construir una red federal de mujeres y diversidades en cada provincia, municipio y comunidad: un espacio de escucha, formación, articulación y acción política que potencie identidades y convierta la resistencia en una propuesta de transformación real.

Queremos compartir nuestros recorridos bonaerenses con las experiencias de todas las provincias. Traemos con humildad la tarea que venimos desarrollando desde la PBA. Bajo la conducción de Axel Kicillof, defendemos los derechos de las y los bonaerenses, construyendo un escudo y una red frente al brutal ajuste de Milei, en el camino de impulsarnos para crear un futuro mejor y más amplio. Pero este amor por nuestra patria, esta voluntad de transformación, de transparencia y cercanía, necesita extenderse, articularse e integrarse con las mujeres y diversidades de cada pueblo y paraje y convertirse en una propuesta nacional para la reconstrucción del país, de su soberanía, su dignidad y autonomía. A esta gesta las invitamos.

 

NUESTROS PILARES:

soberanía política y participación, trabajo y cuidados igualitarios y vidas libres de violencias de género.

  • • El Movimiento Derecho a Futuro Mujeres y Diversidad levanta banderas centrales como la autonomía económica y soberanía política: para romper las cadenas de la dependencia.

    La realidad nos exige una acción política decidida. Las cifras son elocuentes: con una brecha de ingresos del 27,6% (que roza el 40% en el empleo informal) y una moratoria previsional en riesgo que deja a 9 de cada 10 mujeres sin jubilación, la vulnerabilidad es estructural. Por eso debemos poner la cuestión del trabajo en el centro. Y cuando nosotras hablamos del trabajo, damos una discusión de fondo y mucho más amplia: colocamos las condiciones del trabajo remunerado, a la vez que incluimos los trabajos no remunerados. La redistribución de los cuidados: entendiendo que el trabajo invisible en hogares y comunidades sostiene la vida y requiere condiciones dignas de realización para dejar atrás brechas de desigualdad sociales y de género.

  • • Vida libre de violencias de género en todas sus expresiones: incluyendo la violencia política. Los discursos de odio buscan anularnos como protagonistas políticas. Defender la democracia es construir liderazgos sin exclusiones ni violencias.
  • • Invitación a lograr una Democracia Paritaria: el desafío actual es pasar de la cuota formal a la paridad real. A pesar de las leyes, seguimos subrepresentadas en los espacios de máxima decisión. Queremos una política donde las juventudes, las diversidades, las trabajadoras, las mujeres mayores, no sean solo espectadoras, sino protagonistas de su destino.

SOMOS HEREDERAS de una larga historia de luchas. Nos guían las miles y miles que hicieron nuestra historia, en la mayoría de los casos de manera silenciosa y con una enorme generosidad como nos enseñó la abanderada de las y los humildes, Evita eterna. Las Madres y abuelas de Plaza de Mayo que parieron esta democracia. Cristina, que fue la primera presidenta reelecta y hoy padece una injusta privación de la libertad. Las referentas que en cada provincia y localidad junto a las abuelas, madres, hermanas y vecinas anónimas sostienen los barrios, comedores, salas de salud, escuelas, sindicatos, universidades, clubes, iglesias, unidades básicas y la lucha en las calles.

Desde nuestro anclaje federal y territorial, retomando el legado de las delegadas censistas del partido peronista femenino, cuando recorrieron el país para promover la organización de las mujeres desde las bases de sus comunidades, hagamos que esta construcción política crezca desde nuestras provincias, pueblos y barrios.

El Movimiento Derecho a Futuro es más que una organización; es la herramienta para volver a soñar y hacer posible que el mañana sea un territorio de derechos garantizados.

El FUTURO es nuestro derecho. La FUERZA POPULAR es, y será siempre, colectiva. Las mujeres y diversidades sabemos mucho de esto, tenemos mucho para aportar.

Mujeres y diversidades en Movimiento y Derecho al Futuro

¿Cómo se está pensando, desde el espacio de mujeres y diversidades del Movimiento Derecho al Futuro, la construcción de una alternativa política a nivel nacional? ¿Qué rol ocupan las agendas de género en ese proyecto?

El pasado 15 de mayo realizamos el lanzamiento del Movimiento Derecho al Futuro Mujeres y Diversidades en Ensenada junto al gobernador Axel Kicillof, la vicegobernadora Verónica Magario, la jefa de Asesores/as Cristina Álvarez Rodríguez, la vicegobernadora de La Rioja Teresita Madera, intendentas, legisladoras, referentas y más de 5000 compañeras de todas las provincias y de los 135 municipios de la provincia de Buenos Aires. 

Fue un evento multitudinario con una fuerte impronta federal, un acto fundacional que respondió a la convocatoria impulsada por Axel dentro del MDF como espacio amplio, diverso, plural y transformador para la construcción de una alternativa política nacional desde abajo hacia arriba, con anclaje territorial y profundamente colectiva.

En este proyecto resulta imprescindible destacar el papel protagónico de las mujeres en la resistencia y confrontación con los postulados del gobierno nacional de Milei. Como dijo Axel en el acto del lanzamiento, no sólo porque somos las que menos votamos a la LL, sino porque somos las que mayormente sufrimos los ataques de estas propuestas políticas. 

Hay un correlato con este posicionamiento y con la feminización de los espacios de participación social, de solidaridad, comunitarios, estudiantiles, culturales, barriales, políticos. Por eso es central la convocatoria al espacio de Mujeres y Diversidad del MDF en dos dimensiones: la del movimiento político y la programática. Necesitamos ampliar los canales de participación, debate colectivo y generación de propuestas, que pongan en las iniciativas de futuro saldar las deudas históricas de desigualdad estructural de género aún presentes en nuestra sociedad, y profundizada en tiempos de extremas derechas.  

Partimos de una convicción: no hay salida individual frente a este modelo de ajuste. La salida es colectiva y confrontando de plano en la construcción política de otro tipo. Por eso, impulsamos una red federal de mujeres y diversidades que se organice en cada provincia, municipio y comunidad, generando espacios de escucha, formación, articulación y acción política. No se trata de uniformar, sino de potenciar la diversidad de identidades políticas, sociales, sindicales, feministas y culturales que forman parte del campo nacional y popular.

Esta construcción tiene un horizonte claro: reconstruir un proyecto de país con soberanía, igualdad y justicia social, tomando también los aprendizajes de la experiencia de gestión en la provincia de Buenos Aires, donde se viene sosteniendo un modelo de Estado presente que protege y amplía derechos incluso en un contexto adverso.

En ese proyecto, las agendas de género no son accesorias: son estructurales. Porque entendemos que los grandes problemas de la Argentina —el trabajo, los ingresos, los cuidados, el endeudamiento del país y de las familias, el acceso a la tierra y la vivienda, las violencias de género— tienen un impacto diferencial y requieren respuestas que incorporen estas dimensiones a la hora de pensar un proyecto de transformación social profunda, que comience a saldar deudas históricas.

Por eso organizamos nuestras propuestas en torno a pilares concretos: la autonomía económica y el trabajo, incluyendo tanto el empleo formal como el reconocimiento y la redistribución de los cuidados; la vida libre de violencias de género, también frente a los discursos de odio y la violencia política; y la participación con democracia paritaria, para que mujeres y diversidades sean protagonistas reales de las decisiones. Planteamos estos tres ejes como base, para que en cada provincia, región, localidad vayan incorporando temáticas y desarrollando documentos que amplíen la mirada y traigan temáticas que expresan la diversidad regional y local.

Estamos construyendo una alternativa donde las mujeres y diversidades no sólo acompañen, sino que organicen, conduzcan y proyecten el futuro. Y lo hacemos con la convicción de confrontar el odio con la práctica de la justicia social, la igualdad y la recuperación de la soberanía nacional.  Como señaló nuestra querida vicegobernadora, Verónica Magario, las mujeres y diversidades comenzamos una cruzada para que ese futuro cercano encuentre a Axel como el próximo presidente de todas y todos los argentinos.

 ¿Cuál es hoy el enfoque que sostiene la provincia de Buenos Aires en materia de género y diversidad, y en qué se diferencia del rol que asume el gobierno nacional de Javier Milei en estas políticas?

Desde el comienzo de la gestión del gobernador Axel Kicillof en la Provincia existe una decisión política clara: jerarquizar las políticas de género y diversidad como parte central del proyecto de gobierno, a partir de reconocer las desigualdades estructurales y, por lo tanto, la necesidad de intervenir desde las políticas públicas para abordarlas. Pensar una propuesta de desarrollo con igualdad y justicia social requiere reconocer los diferentes puntos de partida, las desigualdades y asimetrías, para promover transformaciones. Esta perspectiva política fue ratificada en el año 2023: cuando en Nación todo se destruía y abandonaba, en la Provincia seguimos profundizando el camino iniciado en el primer período de gestión.

Por eso, durante estos más de 6 años creamos y fortalecimos el Ministerio, ampliamos equipos en el territorio y trabajamos con una mirada integral y de derechos. En concreto, esto implica abordar las desigualdades de género en todas sus dimensiones: prevenir y atender las violencias de género con presencia en cada municipio; promover más igualdad, una mejor distribución de los cuidados y la autonomía económica —porque el acceso al trabajo es clave para acompañar los procesos de salida de las situaciones de violencia—; defender los derechos de LGTBI+ con programas específicos; incorporar la perspectiva de género en todo el Estado provincial; y fortalecer la formación y las políticas culturales para construir vínculos más igualitarios. 

Pero además, hay otra definición política de fondo: creemos en un Estado presente, que articula con organizaciones sociales, sindicales, feministas y de la diversidad, y que reconoce que las mujeres y LGBTI+ sostienen gran parte del entramado comunitario y productivo de la Provincia. Desde la Provincia invertimos, construimos institucionalidad y ampliamos derechos; la Nación ajusta, desfinancia y desprotege. Y eso no es abstracto: tiene consecuencias concretas en la vida de las mujeres y diversidades, especialmente en un contexto de crisis y precarización.

En este grave contexto, desde la provincia de Buenos Aires reafirmamos una convicción: no hay libertad posible sin justicia social, y no hay justicia social sin igualdad de género. Pero la libertad que defendemos es con derechos, con trabajo digno, con redes comunitarias y con un Estado que garantice condiciones de vida digna para todas las personas.

¿Cómo están impactando las decisiones del gobierno nacional en mujeres y diversidades? ¿Cuáles son los principales riesgos para la autonomía económica, la prevención de violencias y el acceso a derechos?

La actual gestión del Gobierno nacional, al tiempo que impulsa un profundo ajuste económico con efectos sociales inmediatos, ha adoptado una posición abiertamente antifeminista que niega las desigualdades estructurales que atraviesan a mujeres y diversidades. Milei convirtió sus políticas de gobierno en uno de los principales exponentes internacionales de los discursos de odio y de la avanzada antifeminista.

Por primera vez en 30 años, nuestro país no cuenta con un organismo nacional específico para abordar las violencias de género. Eso es gravísimo, porque además implica incumplir leyes y tratados internacionales que forman parte de nuestro marco constitucional.

A esto se suman señales políticas y simbólicas que refuerzan ese posicionamiento: desde cuestionamientos a derechos conquistados —como el matrimonio igualitario, la identidad de género o la Educación Sexual Integral— hasta decisiones institucionales y diplomáticas que alejan a la Argentina de los compromisos internacionales en materia de igualdad.

Para graficarlo con claridad: en el presupuesto 2026 el gobierno nacional consolidó el desmantelamiento de las políticas públicas con perspectiva de género iniciado en 2024. Casi 8 de cada 10 programas destinados a reducir brechas de género sufrieron ajustes presupuestarios o fueron directamente eliminados.

El Programa Acompañar sufrió recortes drásticos y pérdida de visibilidad presupuestaria. En 2024, su presupuesto se redujo un 90% respecto de 2023. Como resultado, la cobertura del programa cayó de más de 100.000 personas a solo 434. Desde 2025 dejó de figurar como partida presupuestaria identificable.

En 2024, la Línea 144 perdió dos tercios de su presupuesto y redujo un 45% su planta de trabajadoras. En 2025 también perdió su línea presupuestaria específica, lo que impide conocer cuántos recursos se le asignan y ejecutan. Además, se eliminó su especificidad para la atención y orientación ante situaciones de violencia de género.

En el caso del Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA) —una de las políticas más exitosas en materia de reducción del embarazo adolescente— se proyecta una reducción presupuestaria del 85% respecto del nivel de 2025. Es decir: en 2026 se ejecutaría menos del 3% de lo invertido en 2023.

Lo mismo sucede con el Programa de Educación Sexual Integral —cuyo presupuesto para 2026 representa apenas el 2% de lo ejecutado en 2023— y con la implementación de la Ley IVE, para la que desapareció la distribución de medicamentos destinados a garantizar la práctica. Además, en el último tiempo se descontinuó el envío de misoprostol y mifepristona a las provincias, se redujo drásticamente la cantidad de anticonceptivos distribuidos y dejaron de enviarse tests de embarazo.

En materia de cuidados, a septiembre de 2025 el gobierno nacional había reducido drásticamente las políticas destinadas a este ámbito: de 50 políticas existentes, solo 3 permanecen activas y más de 4 millones de personas dejaron de recibir al menos una prestación.

Las asignaciones familiares redujeron su cobertura del 76% al 71% y la Pensión Universal para Adultos/as Mayores cayó de 272.000 a 187.000 destinatarios/as. Las trabajadoras de casas particulares perdieron un 15% de su salario real y creció el pluriempleo, especialmente entre mujeres.

Las cooperativas de cuidado se desintegraron ante la caída de la demanda y el ajuste del PAMI, mientras que 1,4 millones de personas mayores quedaron sin cobertura de medicamentos. También se eliminaron programas de vivienda y se cerraron 50 Casas de Atención Comunitaria.

Todo esto configuró un retroceso estructural en la política de cuidados, trasladando la responsabilidad del Estado a los hogares. Y esa carga recae mayoritariamente sobre las mujeres, profundizando las desigualdades sociales y de género, así como la feminización e infantilización de la pobreza.

Por más fantasioso que quiera contarlo el presidente Milei, la única verdad es la realidad: el ajuste llega a todos los hogares. La pobreza, la precarización y la informalidad avanzan, y la crisis vuelve a recaer sobre quienes sostienen las tareas de cuidado.

En materia laboral y jubilatoria, el profundo ajuste y el ataque a los derechos laborales que supone la reforma laboral —que de modernizadora solo tiene el nombre— tienen un impacto concreto sobre las mujeres. Milei decidió no renovar la moratoria previsional, lo que implica que 9 de cada 10 mujeres no podrán acceder a una jubilación y quedarán relegadas a la PUAM, que paga solo el 80% de la jubilación mínima y exige tener 65 años, cinco más que la edad jubilatoria ordinaria femenina.

Por otro lado, la reforma laboral constituye un retroceso histórico sobre derechos conquistados durante décadas de lucha del movimiento obrero. Para las mujeres, la extensión de la jornada laboral hasta 12 horas puede significar directamente la expulsión del mercado laboral cuando no exista manera de conciliar las tareas de cuidado —que realizamos mayoritariamente nosotras— con jornadas que se extienden casi sin límites. La flexibilización de despidos y la reducción de indemnizaciones profundizan la informalidad laboral, donde las mujeres ya ocupamos los índices más altos por estar sobrerrepresentadas en sectores con elevados niveles de precarización, como el trabajo de cuidados y las casas particulares.

Lo venimos diciendo desde el principio: en el modelo de sociedad y de política de Milei no hay lugar para nuestros proyectos de vida. Pero también tenemos una certeza: no partimos de cero. Sabemos que hay otro camino y que las mujeres y diversidades de Argentina hemos luchado y seguiremos luchando, reivindicando nuestro derecho al futuro y siendo protagonistas de su construcción.

¿Frente a un contexto de ajuste y retroceso a nivel nacional, cuáles son las principales políticas públicas que está llevando adelante la Provincia para sostener y ampliar derechos?

En este contexto de fuerte ajuste a nivel nacional, desde la provincia de Buenos Aires definimos una orientación política muy clara: no retroceder, sino sostener y ampliar las políticas públicas que garantizan derechos y cuidan a nuestra gente. Es una decisión que tomamos junto al gobernador Axel Kicillof: que la Provincia sea un escudo frente al ajuste, pero también una plataforma para seguir ampliando derechos incluso en un escenario adverso.

Avanzamos en algo que consideramos estratégico: que la perspectiva de género atraviese el conjunto de las políticas públicas. Por eso implementamos el Plan de Gobierno para la Igualdad 2022-2027, con el objetivo de fortalecer la institucionalidad de género e incorporar esta perspectiva en todas las áreas de gobierno.

Actualmente, el Plan está integrado por más de 300 acciones impulsadas por 38 organismos provinciales. Las políticas se organizan en cinco grandes ejes: violencias por razones de género; salud integral; educación y cultura; igualdad en el Estado; y vivienda y hábitat.

Una herramienta central de esta transversalización es el Presupuesto con Perspectiva de Género (PPG), desarrollado entre el Ministerio de Mujeres y Diversidad y el Ministerio de Economía de la Provincia. Se trata de una herramienta destinada a medir los esfuerzos estatales orientados a reducir brechas de desigualdad.

El PPG analiza la inversión pública y su impacto directo e indirecto en áreas vinculadas a los cuidados, la violencia de género, la salud, la inclusión y la igualdad en el trabajo y la educación, entre otras.

Desde su implementación en 2022, la cantidad de organismos que participan del etiquetado PPG aumentó un 136%. Asimismo, entre su creación y la formulación presupuestaria 2026, las iniciativas etiquetadas crecieron un 177% y el crédito destinado al PPG tuvo un crecimiento real acumulado del 55% respecto de 2022.

En materia de violencias por razones de género, consolidamos y ampliamos el sistema de respuesta estatal. Fortalecimos el Sistema Integral de Políticas Públicas, extendimos la Red de Dispositivos Territoriales para garantizar acompañamiento efectivo en toda la Provincia y reforzamos la Línea 144 PBA.

Entre otras medidas, ampliamos y mejoramos técnicamente las líneas receptivas que atienden llamadas provenientes del conurbano, que antes eran derivadas a la línea nacional. Esto permitió que, en pocos meses, aumentara un 140% la cantidad de comunicaciones atendidas.

Otro eje central de trabajo articulado es el Formulario Único de Denuncias, impulsado conjuntamente por el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Mujeres y Diversidad, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, la Suprema Corte de Justicia y el Ministerio Público Fiscal de la provincia de Buenos Aires.

Solo durante 2025 se registraron más de 240.000 denuncias por violencia de género y doméstica, un dato que refleja la magnitud de la problemática y la necesidad de sostener respuestas estatales permanentes.

Además, nuestros programas Comunidades sin Violencias y Municipios por la Igualdad llegan a casi todos los municipios bonaerenses, brindando financiamiento a proyectos locales y comunitarios destinados tanto a fortalecer respuestas frente a las violencias como a promover políticas de igualdad y reorganización de los cuidados.

En simultáneo, impulsamos iniciativas orientadas a fortalecer la autonomía económica de mujeres y diversidades. A través de programas como “Organizadas y en Red” brindamos asistencia técnica y financiamiento a proyectos productivos liderados por mujeres y diversidades.

También generamos espacios de comercialización y ampliación de redes productivas, como la Expo Igualdad Bonaerense —que cada año reúne a cientos de emprendedoras y productoras— y promovemos acciones que articulan igualdad, salud y cuidado, como la carrera Amo mis Mamas para la prevención del cáncer de mama.

Además, seguimos apostando a la construcción colectiva del conocimiento. Por eso en 2024 creamos la Escuela de Género, Gobierno y Comunidad (EGGYC), desde donde fortalecemos espacios de capacitación, articulación con universidades y organizaciones, y políticas culturales.

A través de la EGGYC, como organismo rector, llevamos adelante las capacitaciones en Ley Micaela y desarrollamos junto a la UNAJ las primeras cohortes de las Diplomaturas en Abordaje Estatal Integral en Violencias por Razones de Género y Prevención Comunitaria de Violencias por Razones de Género.

Estas diplomaturas contaron con estudiantes de todas las regiones bonaerenses y de otras provincias, y ya egresaron más de 1100 personas.

Por su parte, realizamos cuatro ediciones del Congreso “Políticas para la Igualdad: Estado Presente” y en junio tendrá lugar la quinta. Es una muestra de nuestra vocación por debatir, intercambiar experiencias y construir respuestas federales y colectivas en un momento en el que otros niveles del Estado se están retirando.

En materia de cuidados, impulsamos la sanción de dos leyes provinciales destinadas a garantizar el cumplimiento de la obligación alimentaria, una problemática con un fuerte sesgo de género.

Una encuesta promovida por nuestro ministerio en 2022 mostró que más del 66% de las mujeres encuestadas no recibe cuota alimentaria o solo la percibe eventualmente luego de separarse del padre de sus hijas e hijos.

Frente a esta situación, en diciembre de 2024 se sancionó la Ley Nº 15.513, que simplifica el proceso judicial para reclamar la obligación alimentaria. Luego, en marzo de 2025, la Legislatura bonaerense aprobó la Ley Nº 15.520, que actualiza el Registro de Deudores Alimentarios Morosos (RDAM).

Cuando el Estado nacional se corre, las desigualdades se profundizan, tal como un dominó. En la Provincia elegimos el camino contrario: más presencia, más inversión y más políticas públicas para garantizar derechos y sostener la vida en comunidad.

 

 

La IA y el Estado: hay otro camino

Atravesamos como humanidad una profunda mutación de la realidad: un cambio de piel de la civilización entera. Sin distinción de hemisferios, ni de paralelos y menos que menos de culturas o religiones. No vivimos una crisis social y económica más, de esas que cada tanto nos sacuden y nos obligan a barajar y dar de nuevo. No. Expansión de la Inteligencia Artificial mediante, somos testigos de una revolución inédita en la historia del mundo. Y en este mar revuelto, la Argentina zigzaguea como una cáscara de nuez enfrascada en discursos de odio que plantean debates estériles y -lo más preocupante- totalmente analógicos. 

Los talibanes de la motosierra cultivan la idea peligrosa de que el Estado significa un estorbo en el desarrollo de cualquier nación y el verdadero enemigo que solo sirve para asfixiar al individuo. Nos quieren vender un anarcocapitalismo de pizarrón que, en el barro de la historia, no resulta más que la vieja receta de retirar al Estado de la mesa de la innovación tecnológica para que ese espacio sea monopolizado por señores feudales de Silicon Valley, dueños de los algoritmos y, por extensión, de nuestras decisiones. En ese mapa, más que ciudadanos con derechos, somos simples usuarios proveedores de datos, mano de obra barata para entrenar modelos ajenos o consumidores pasivos de una realidad diseñada a miles de kilómetros de nuestras necesidades. 

Frente a esa distopía de la concentración extrema y el sálvese quien pueda, tenemos la obligación política y moral de proponer un camino alternativo mediante la implementación de un Estado Dinámico, Ágil, Sencillo y Eficiente (DASE), lejos de ser un actor pasivo mientras el mercado decide quién sobrevive y quién no, sino que se asume en arquitecto del desarrollo nacional con progreso e inclusión. En el modelo agro exportador y extractivista al que nos quieren devolver la riqueza se medía por hectáreas o toneladas de exportaciones, pero en el siglo XXI la riqueza de cualquier nación radica en la capacidad de procesar conocimiento por parte de su población. Por eso, invertir en ciencia, tecnología e innovación no representa un gasto suntuario de un país rico: es la única vía alternativa para construir la Argentina grande, justa, libre y soberana con la que insertarnos en el nuevo paradigma mundial. 

En el corazón de nuestra propuesta anida el alcanzar la soberanía digital, ya que nuestros datos representan un activo nacional y no podemos regalarlos a corporaciones tecnológicas sin recibir a cambio un beneficio para nuestras mayorías populares. Y ahí nace garantizar el derecho a la soberanía cognitiva: la necesidad como Estado de formar una ciudadanía inteligente capaz de convivir, interactuar y producir en tiempos de IA. Queremos alfabetos digitales para comprender los datos, interpretar cómo funcionan los algoritmos y así construir soluciones a nuestras propias problemáticas sin depender de terceros. En definitiva, entender que, sin una mirada humanista, la tecnología es solo una herramienta que agrava la exclusión y la fragmentación social. 

Esconde un cinismo total hablar de libertad cuando la conectividad de cualquier ciudadano depende de las ganancias de una empresa privada. El Estado tiene que garantizar los fierros. Sin una red de fibra óptica federal y capacidad de cómputo propia -una suerte de “nube nacional”-, nuestra soberanía vive de prestado. Democratizar ese acceso es la base de cualquier justicia social moderna. Pero los cables no piensan.

Al mismo tiempo, necesitamos una alfabetización algorítmica de verdad. Ya no alcanza con repartir dispositivos. Hay que dar vuelta la educación para que las generaciones presentes y futuras entiendan la lógica detrás de la pantalla, que aprendan que un algoritmo puede arrastrar sesgos y  que ellos ostentan el poder de programar uno distinto. La soberanía cognitiva nace en el aula, transformando a los usuarios pasivos en verdaderos creadores de tecnología. 

El Estado, además, debe ser el primero en modernizarse. Dejar atrás el laberinto de ventanillas y expedientes: desburocratizar. Porque un Estado eficiente que respeta el tiempo de su gente, se vuelve transparente al digitalizar sus procedimientos y predictivo al aplicar la IA para anticipar demandas y urgencias antes de que existan. En este camino, el sector privado surge como un socio indispensable, pero bajo un modelo que fomente la industria nacional a través del apoyo a nuestras startups y PyMEs tecnológicas. De manera recurrente, Argentina exporta talento, pero hoy más que nunca necesitamos que ese conocimiento eche raíces con un sistema público y privado que ofrezca crédito, y protección al innovador local en entornos regulados donde el Estado y las empresas puedan experimentar con IA en áreas sensibles como la salud o la energía, asegurando que el beneficio sea colectivo y la competencia sea justa. 

Todo esto, por supuesto, se desarrolla bajo un límite ético infranqueable. No podemos permitir que la tecnología se emplee para la vigilancia o la manipulación. Necesitamos un escudo nacional de protección de datos que resguarde la privacidad del ciudadano y evitar que sea tratado como una mercancía que se subasta al mejor postor. Un Estado DASE garantiza que la IA potencie la libertad en lugar de crear perfiles psicométricos para definir consumos o, más peligroso aún, elecciones.

Incluso en la seguridad nacional, las reglas cambiaron. En un mundo de guerras híbridas, la ciberdefensa es soberanía. Desarrollar protocolos propios no desnuda paranoia, muestra lucidez. No podemos comprar “llave en mano” la defensa de nuestro espacio digital a potencias que, si los intereses cambian, pueden simplemente desconectarnos con un clic. 

Ahora bien, existe una idea falsa de que en los centros de investigación -Conicet, INVAP, INTI, INTA y las universidades nacionales- se despilfarra el dinero público. Nada más lejos de la realidad. El gran salto lo daremos cuando integremos el dato y el algoritmo a los sectores productivos en los que tenemos ventajas comparativas. Acá no corre lo de “campo e industria contra la ciencia y tecnología”. Al contrario, se basa en potenciar el campo y la industria con más ciencia y más tecnología. Sensores que optimicen el uso de agua, inteligencia aplicada a la logística industrial, predicción climática para salvar cosechas. No hablamos de logros utópicos, sino de puentes. Laboratorios de innovación abierta donde el científico del sistema público, el desarrollador de una empresa y el funcionario gubernamental resuelvan de manera asociativa y colaborativa problemas de la gente común. Esa sinergia es la que crea una economía del conocimiento robusta y, en definitiva, genera riqueza real y verdadero valor agregado. 

En todo proceso revolucionario se desatan angustias y un ánimo luddista -similar al de hombres y mujeres que rompían telares en los inicios del primer industrialismo- sobrevive nuestra época. El miedo a ser reemplazado por una máquina es real y no se soluciona ignorándolo. La respuesta está en consolidar un Estado líder en propiciar la reconversión laboral más grande de nuestra historia, garantizando que las y los trabajadores adquieran las herramientas para ocupar los nuevos roles que la IA crea mediante la automatización de procedimientos. Existe una salida en aplicar una tasa de robotización que permita capacitar a nuestra gente y evitar así ampliar la brecha entre ricos y grupos trabajadores. Lejos de resistirnos a ella, la tecnología debe ser una aliada en la búsqueda del aumento de nuestras capacidades y no un motivo más de descarte social. 

En conclusión, la IA ya transforma todo lo que encuentra a su paso. Debatir si vamos a usarla o no carece de sentido. La pregunta es si nos asumimos sujetos de esa transformación o nos conformamos con ser su objeto. Nuestra respuesta es clara: ese porvenir soñado lo construimos con voluntad política y la decisión de dejar atrás las viejas dicotomías que hasta acá nos trajeron. Pensar qué queremos, planificar el presente y proyectar el progreso que nos incluya a todos es el verdadero camino para garantizar nuestro derecho al futuro.

Los pibes quieren soñar en grande

1- ¿Cómo te llamas? ¿Nos contas algo de vos? ¿Qué estudias, qué te gusta hacer cuando tenés tiempo libre? 

TIZI: Soy Tizi, curso cuarto año en la secundaria, en la media nueve de Martínez. Tengo 16 años y milito en el centro de estudiantes de mi escuela y también en la juventud peronista de San Martín. Soy hincha de Boca, me gusta mucho leer, me gusta la música, me gusta el fútbol también. Y en mis tiempos libres me gusta estar con mis amigos y con mi familia.

Comencé a militar hace 2 años cuando ganó milei, a los 13 años. Sentía que tenía la oportunidad desde mi lugar de participar en algo más grande, con gente que como yo tenía la voluntad de cambiar las cosas. Eso fue lo que me motivó.

EMMA: Yo soy Emma Drut. Tengo 16 años. Curso en el Lenguas Vivas. Soy secretaria general del Centro de Estudiantes y milito en Patria y Futuro en CABA. Las materias que más me gustan del colegio son las que tienen que ver con lo social.

NACHO: Me llamo Nacho Pérez, tengo 24 años, soy de La Plata, nacido y criado. Estudio actualmente la Licenciatura en Sociología en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de la Plata. También soy hincha de Estudiantes de la Plata. Me gusta ir a recitales, escuchar música y toco la guitarra de vez en cuando. 

2- ¿Cuáles son las preocupaciones más agudas de tu generación en términos sociales y económicos? 

TIZI: Yo creo que en términos económicos la principal preocupación que tenemos los pibes hoy es lo que vemos y vivimos todos los días en nuestras familias, con nuestros compañeros. Uno cuando llega a la casa, ve que cada vez alcanza menos la plata, hablás con los compañeros y ves que muchos tienen que dejar la secundaria para salir a laburar. 

Además, hay algo común que atravesamos todos que es una incertidumbre respecto al futuro. Más allá de la clase social, hoy no podemos ni pensar en tener un laburo en blanco con derechos. No hay un pibe que pueda pensar en tener una casa propia.

En términos sociales, creo que todos tenemos la preocupación por la salud mental. Mis compañeros desde muy chicos padecen problemas. Las redes sociales juegan un papel importante ahí. Estamos todo el tiempo exponiéndonos, buscando una aceptación social. Publicando, publicando y publicando cosas. Uno termina estando todo el día pendiente de lo que opinan los demás, de lo que comentan los demás. Lo que más me preocupa es que el Estado no se hace cargo cuando el problema ya existe.

EMMA: Nuestra generación no se permite pensar en grande y soñar en grande, porque no nos dejan. Porque cuando te empiezan a faltar cosas tan básicas, es un poco difícil. Tenemos el techo bajito.

Tenemos preocupaciones que son bastante básicas. Poder terminar el secundario y empezar a estudiar en una universidad que exista, que tenga luz, que los docentes cobren. Poder irte a vivir solo, porque vemos que los que tienen hermanos mayores no se están yendo de la casa antes de los 30 años, cosa que antes nos parecía normal, poder independizarte, poder estudiar sin problemas. Poder tener una vida digna.

NACHO: Yo creo que hay dos grandes problemas en mi generación. Uno tiene que ver sobre todo con las oportunidades que nos da nuestro país, nuestra comunidad. O más bien, la ausencia de oportunidades. Cada vez es más difícil conseguir un trabajo que nos guste, que nos sirva, con el cual podamos desarrollar nuestra vida. También está esta cuestión de no saber bien qué queremos ser el día de mañana. Al no haber tantas oportunidades, no hay una perspectiva de futuro. 

Por otro lado, hay cada vez en los jóvenes más padecimientos de salud mental, todos tenemos un amigo, una amiga que tiene o tuvo depresión, ansiedad, ataques de pánico. En el día a día son conversaciones que cada vez están más presentes. Creo que esto se vincula a las redes sociales, que aumentan las expectativas o exigencias sobre quienes somos, quienes tenemos que ser. Es una ecuación compleja: cada vez tenemos menos oportunidades pero nos ponemos más exigencias sobre nosotros mismos. 

3- ¿Por qué pensás que hay pibes de tu generación que se sintieron seducidos con la figura de Milei? ¿Y qué les dirías?

TIZI: Me parece que es entendible que hayan votado a Milei después de dos gobiernos que no supieron responder a las exigencias de la sociedad, sobre todo viendo la respuesta que tuvimos nosotros. Nos quedamos con los mismos discursos que no conmovían a nadie y un lenguaje que no les llegaba a los pibes. Milei, en cambio, supo tener un lenguaje llano. Era un momento donde veníamos de la pandemia, de estar cada uno metido en su casa y había un chabón que era revolucionario y que les venía a hablar con un proyecto concreto. Eso les llamó la atención.

Y me parece que en base a esto nos tenemos que plantear una gran pregunta: ¿cómo hacemos para que ser rebelde no sea destruir toda con una motosierra a las puteadas? Que vuelva a ser luchar por una educación pública, luchar por la justicia social y ser solidario. Por eso,  a los pibes que votaron a Milei no hay que adjudicarles ninguna culpa. Es entender por qué. Charlar y dialogar y en base a eso intentar entender.

EMMA: Yo creo que se que se sintieron seducidos por la figura de Milei porque era el único que les hablaba básicamente. Usaron las herramientas que usa mi generación para hablar de un proyecto de país, que aunque no es el que el que quiero yo ni el que quieren otro montón de gente, era, al fin, un proyecto de país. Siento que nosotros no pudimos dar esa batalla.

A los pibes que votaron a Milei les diría que los entiendo. Entiendo la bronca que tienen. Pero también que sepan que hay un movimiento y otro montón de de pibes que queremos cambiar las cosas y que estamos dispuestos a luchar en conjunto. Los queremos escuchar, qué queremos saber cuáles son sus realidades, qué piensan, qué es lo que quieren soñar, a qué aspiran, y tenerlos en cuenta. Están dentro del proyecto para poder cambiar la realidad de Argentina.

NACHO:  Creo que veníamos de una desilusión atrás de la otra, y la figura de Milei apareció como algo disruptivo. Y todas esas frustraciones desembocaron en querer elegir una opción distinta. Algo nuevo. Quizás eso es irónico, no? Que en realidad lo que vino a proponer Milei no tiene nada de moderno porque representa proyectos que ya se llevaron a cabo en la historia de nuestro país, y generaron más angustia y menos futuro para los jóvenes.

A los pibes que votaron a Milei les diría que hay otra alternativa que esto que estamos viviendo. No es lo que nos merecemos como jóvenes, no es el país que nos merecemos, nos merecemos un país mucho mejor. Un país que nos incluya, que piense en nosotros, que nos tenga en cuenta. Un país donde podamos desarrollarnos con mayor dignidad. 

4- ¿Cómo soñás tu futuro y el futuro de la Argentina? ¿Qué debería priorizar un gobierno que se ocupa de las preocupaciones de pibes como vos y tus amigos?

TIZI: A mí me gustaría poder terminar lo que me queda de secundaria en un secundario que sea de calidad, que me enseñe cosas, que me forme, y después ir a la universidad. Quiero estudiar economía. Y para el futuro del país, espero que sea una Argentina más solidaria, en un país donde todos nos preocupemos por los otros, un país donde el dolor ajeno no nos sea indiferente.  Donde haya una comunidad de gente que se respete y donde todos podamos vivir sin violencia y sin odio. 

Sueño con un gobierno que se haga a cargo de la ciudadanía digital, de la salud mental, sueño con universidades públicas gratuitas y de calidad que sean accesibles para todos, sueño con un país donde ningún pibe tenga que dejar la secundaria para salir a laburar y por todo esto y me parece que un montón de motivos más, sueño con un gobierno distinto que nos escuche a los más jóvenes y que nos deje de tomar como un problema para realmente interesarse en lo que nos pasa.

EMA: Me gustaría poder estudiar de lo que me gusta, que todavía no sé qué es. Poder trabajar en lo que me gusta. Quedarme en el país, porque me parece un país hermoso. Poder viajar, recorrer no solamente otros países, sino también la Argentina. 

Creo que lo que tiene que priorizar un gobierno que piense en el pueblo y en esta generación por sobre todo, es resolvernos la vida de forma concreta. Me imagino un futuro con un gobierno que venga a plantearnos algo diferente. Un futuro donde mi generación tenga todas, o al menos un par de las cuestiones básicas cubiertas; el estudio, la salida al mundo laboral, y tener un lugar donde vivir. Recién ahí vamos a poder pensar en algo muchísimo más grande para nosotros, y para la Argentina. 

NACHO: A mí me gustaría poder recibirme de la carrera que estoy estudiando, que es Sociología, y poder desarrollarme profesionalmente en mi país, que eso sea una posibilidad. Poder conseguir pronto un mejor trabajo que me permita irme a vivir solo, que es algo que a muchos nos cuesta. Y en general, yo sueño con un futuro de mi país que nos incluya más, y nos tenga en cuenta también en las discusiones políticas. Un país con más trabajo, con más desarrollo, con más inversión en la universidad pública, en la ciencia y en la tecnología. Los jóvenes apostamos por la Argentina como lugar para poder desarrollarnos, crecer y formar nuestra vida. Estaría bueno que el país también apueste por nosotros. Que el proyecto de país nos contemple y nos incluya.

La guerra de Milei contra el bolsillo de los argentinos

Como se sabe, la guerra en Medio Oriente puso presión sobre el precio del petróleo y, por lo tanto, sobre los combustibles y la nafta en particular. Antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran la operación “Furia Épica” contra Irán, el barril de Brent oscilaba entre 65 y 70 dólares. Luego del inicio del conflicto, el precio casi se duplicó y hoy supera los 100 dólares.

Frente a estas circunstancias, muchos países tomaron medidas para impedir que el aumento del crudo impactara en los precios de los combustibles y de la energía, y se trasladara al bolsillo de las familias y a los costos de las empresas. En esos países, el Estado —ese que Milei desprecia— intervino para evitar, o al menos atenuar, que las consecuencias de la guerra deterioren aún más la calidad de vida de sus sociedades. Lamentablemente, este complejo contexto mundial encuentra a nuestro país con un gobierno aferrado a una ideología anacrónica, incompatible con el interés nacional y, sobre todo, totalmente inoportuna para gobernar en estas circunstancias. Para Milei —a diferencia incluso de aliados como Trump, Meloni o el derrotado Orbán— el mercado lo resuelve todo y el Estado, al que considera responsable de todos los males, debe simplemente desaparecer.

En los artículos teóricos del Presidente estas falsedades no hacen daño; en la realidad, son un problema gravísimo. Hay guerra, el precio del petróleo se dispara y el Estado decide no hacer absolutamente nada. Un Estado desertor que renuncia a actuar como Estado nacional. En este marco, nos enteramos de que “descongelan” el precio de las naftas y aplican un nuevo aumento: al 25% previo se suma ahora otro 9%. Tal vez, en medio de sus fantasías bélicas, el Presidente decidió librar su propia guerra: una guerra contra el bolsillo de los argentinos. Que la nafta siga aumentando en Argentina tiene, además, un agravante, también producto de una ideología contraria al interés nacional. Gracias a la recuperación de YPF en 2012 y al desarrollo de Vaca Muerta, el país viene recuperando el autoabastecimiento e incluso cuenta con excedentes exportables. Sin embargo, Milei sostiene que el petróleo extraído del subsuelo argentino debe pagarse al precio internacional, incluso en un contexto de guerra. Es decir: en Argentina terminamos pagando lo mismo que un país que no produce petróleo y debe importar.

Mientras tanto, en muchísimos países, además de medidas para contener el precio de los combustibles, se evalúan contribuciones extraordinarias a las empresas petroleras, que multiplican sus ganancias en medio del sufrimiento de pueblos afectados —directa o indirectamente— por guerras absurdas, al menos mientras dure el conflicto. Son gobiernos que priorizan el bienestar de sus sociedades. Hoy Argentina no cuenta con eso, pero falta menos para que termine este capítulo de infamia, esta cascada de irresponsabilidad que cae sobre los argentinos.

Hay otro camino y lo vamos a seguir construyendo.