En corrientes se organiza la esperanza

La visita de Axel Kicillof a Corrientes fue una oportunidad para volver a pensarnos como país. Para volver a discutir qué proyecto de Nación queremos construir y cuál es el lugar que las provincias ocupan en ese camino.

Frente a un modelo que propone que cada uno se salve solo, que relativiza el valor de la solidaridad y que parece pensar una Argentina para pocos, resulta necesario recuperar la idea básica de que ningún proyecto nacional puede construirse sin escuchar a las provincias ni reconocer sus realidades concretas.

Hay una frase que se repite con frecuencia cuando se habla de la economía argentina: que el Gobierno nacional se ocupa de la macro y no de la micro. Sin embargo, para provincias como Corrientes esa definición tiene consecuencias mucho más profundas. Porque cuando se dice que la micro no importa, en cierta medida también se está diciendo que no importan las realidades provinciales y locales, que no importan las diferencias históricas entre regiones, que no importan las dificultades concretas que enfrentan quienes producen, trabajan e invierten lejos de los grandes centros de consumo y de decisión.

Las provincias pueden administrar mejor o peor sus recursos, pueden impulsar proyectos de desarrollo y fortalecer capacidades locales, pero cuando la economía nacional se contrae, cuando cae el consumo, cuando se paraliza la obra pública y cuando se reducen los recursos que llegan a las provincias y los municipios, los efectos terminan llegando a cada ciudad, a cada comercio y a cada actividad productiva.

Corrientes está viviendo esa realidad de manera particularmente intensa. Durante el gobierno de Javier Milei la provincia perdió alrededor de 3.000 puestos de trabajo registrados del sector privado. El consumo en supermercados registró en marzo una caída real cercana al 17%, muy por encima de la media nacional. Al mismo tiempo, el endeudamiento y la mora de las familias correntinas supera el 30%, ubicándose por encima del promedio argentino. A esto se suma una reducción cercana al 15% en los recursos provinciales y municipales de origen nacional respecto de los niveles de 2023.

Cuando caen los ingresos de jubilados, pensionados, trabajadores públicos y beneficiarios de distintas transferencias, cae también el consumo. Cuando cae el consumo, se resienten el comercio y los servicios, aparecen las dificultades para sostener el empleo y la inversión. Y cuando caen los recursos que reciben provincias y municipios, también se reduce la capacidad de respuesta frente a los problemas sociales y económicos.

Los efectos pueden observarse en distintos sectores de la economía correntina. La industria textil, una actividad con larga tradición en la provincia, enfrenta cierres y suspensiones. La construcción atraviesa una de las caídas más profundas de la historia. El comercio minorista siente cada vez más el impacto de una demanda debilitada.

También atraviesan dificultades sectores importantes como el arroz, la horticultura, la citricultura y el turismo en todas sus expresiones: desde la pesca deportiva hasta el turismo religioso, los Esteros del Iberá y las playas correntinas. Del mismo modo, miles de pequeños productores continúan sosteniendo buena parte de la vida económica del interior provincial, muchas veces sin contar con herramientas suficientes ni territorialidad en las políticas públicas.

Sin embargo, sería un error describir una realidad uniforme. Corrientes sigue teniendo enormes potencialidades y también sectores que muestran capacidad de crecimiento aun en un contexto complejo. La ganadería continúa siendo una de las actividades más importantes de la provincia y mantiene perspectivas de inversión para fortalecer el stock ganadero. Dentro de la propia forestoindustria existen realidades distintas: los sectores vinculados al mercado interno enfrentan fuerte caída de demanda, mientras que experiencias altamente tecnificadas y orientadas a la exportación, como Acon Timber en Virasoro, muestran la capacidad que tiene la provincia para insertarse en mercados internacionales y generar desarrollo. No es casual que ese crecimiento haya contribuido incluso a la reactivación del puerto de Corrientes.

La discusión de fondo es cómo pensamos el desarrollo de regiones como la nuestra. Es difícil imaginar un proceso de crecimiento sostenido sin infraestructura vial, sin infraestructura energética, sin puertos, sin logística y sin vivienda. Es difícil pensar una economía más productiva dejando de lado a las universidades, a la ciencia aplicada, al INTA, al INTI o al CONICET. Es difícil pedir más competitividad a productores y empresarios que deben afrontar costos logísticos significativamente mayores que los de otras regiones del país.

los gobernadores Axel Kicillof y Juan Pablo Valdés firman un convenio de cooperación
Durante su visita a Corrientes, Axel mantuvo reuniones con intendentes, representantes gremiales, estudiantes y distintos actores sociales. Allí aparecieron preocupaciones muy concretas: la caída del turismo, las dificultades de la horticultura, la pérdida de ingresos en localidades pequeñas, la crisis de la construcción y de las canteras, la precarización laboral y la incertidumbre que atraviesan miles de trabajadores y trabajadoras correntinos.

El encuentro con el gobernador Juan Pablo Valdés mostró que, aun desde espacios políticos diferentes, es posible construir puentes, dialogar y trabajar sobre preocupaciones comunes como la Hidrovía, el desarrollo turístico y la situación fiscal de las provincias.

Merece una mención especial el reconocimiento explícito del gobernador por la ayuda recibida durante los incendios forestales que afectaron a la provincia. En tiempos de confrontación permanente, esos gestos adquieren un valor especial. Porque fortalecen una idea de federalismo basada en la cooperación y no en el aislamiento.

En la Universidad ante un auditorio repleto Axel recibió una copia original del Segundo Plan Quinquenal específico para la provincia de Corrientes, correspondiente al año 1952. Ese documento forma parte de una tradición política que pensó el desarrollo nacional reconociendo las particularidades de cada región y entendiendo que ninguna provincia podía realizarse plenamente si el conjunto del país no avanzaba al mismo tiempo.

Axel recibe una copia del Segundo Plan Quinquenal para Corrientes en la Universidad Nacional del Nordeste
Arturo Jauretche advertía que no alcanza con los libros si se pierde contacto con la realidad concreta. La política exige ideas, pero también exige territorio, escucha y capacidad de interpretar las necesidades de cada comunidad. Tal vez allí aparezca una de las discusiones de fondo de este tiempo. Porque cuando se afirma que la micro no importa, para provincias como Corrientes también se está diciendo que no importan sus productores, sus trabajadores, sus municipios y sus desafíos cotidianos. Y es precisamente allí donde una mirada federal, humana y solidaria vuelve a ser imprescindible.

Quizás el principal valor de esa visita no haya sido una definición partidaria ni una consigna política. Quizás haya sido algo más simple y más importante: la voluntad de escuchar. Escuchar a gobernadores, intendentes, a quienes producen, trabajan, estudian e investigan. Escuchar, en definitiva, a quienes viven todos los días las consecuencias de las decisiones nacionales.

Pensar el desarrollo argentino exige volver a mirar desde adentro, desde las provincias hacia la Nación, entendiendo que las diferencias regionales existen y que construir un país más equilibrado requiere reconocerlas, comprenderlas y trabajar sobre ellas. Significa recuperar una visión donde el desarrollo de cada una de sus partes, depende del desarrollo armónico del conjunto. Ese desafío sigue vigente. Y quizás el primer paso para afrontarlo sea, justamente, volver a encontrarnos.

Es tiempo de pasar del diagnóstico a las propuestas. De construir una alternativa capaz de volver a representar a las mayorías. Una alternativa que entienda que las diferencias regionales existen, que valore el federalismo no sólo como una consigna sino como una práctica, y que vuelva a poner a las provincias en el centro de un proyecto nacional de desarrollo y generación de empleo.

Los pibes quieren soñar en grande

1- ¿Cómo te llamas? ¿Nos contas algo de vos? ¿Qué estudias, qué te gusta hacer cuando tenés tiempo libre? 

TIZI: Soy Tizi, curso cuarto año en la secundaria, en la media nueve de Martínez. Tengo 16 años y milito en el centro de estudiantes de mi escuela y también en la juventud peronista de San Martín. Soy hincha de Boca, me gusta mucho leer, me gusta la música, me gusta el fútbol también. Y en mis tiempos libres me gusta estar con mis amigos y con mi familia.

Comencé a militar hace 2 años cuando ganó milei, a los 13 años. Sentía que tenía la oportunidad desde mi lugar de participar en algo más grande, con gente que como yo tenía la voluntad de cambiar las cosas. Eso fue lo que me motivó.

EMMA: Yo soy Emma Drut. Tengo 16 años. Curso en el Lenguas Vivas. Soy secretaria general del Centro de Estudiantes y milito en Patria y Futuro en CABA. Las materias que más me gustan del colegio son las que tienen que ver con lo social.

NACHO: Me llamo Nacho Pérez, tengo 24 años, soy de La Plata, nacido y criado. Estudio actualmente la Licenciatura en Sociología en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de la Plata. También soy hincha de Estudiantes de la Plata. Me gusta ir a recitales, escuchar música y toco la guitarra de vez en cuando. 

2- ¿Cuáles son las preocupaciones más agudas de tu generación en términos sociales y económicos? 

TIZI: Yo creo que en términos económicos la principal preocupación que tenemos los pibes hoy es lo que vemos y vivimos todos los días en nuestras familias, con nuestros compañeros. Uno cuando llega a la casa, ve que cada vez alcanza menos la plata, hablás con los compañeros y ves que muchos tienen que dejar la secundaria para salir a laburar. 

Además, hay algo común que atravesamos todos que es una incertidumbre respecto al futuro. Más allá de la clase social, hoy no podemos ni pensar en tener un laburo en blanco con derechos. No hay un pibe que pueda pensar en tener una casa propia.

En términos sociales, creo que todos tenemos la preocupación por la salud mental. Mis compañeros desde muy chicos padecen problemas. Las redes sociales juegan un papel importante ahí. Estamos todo el tiempo exponiéndonos, buscando una aceptación social. Publicando, publicando y publicando cosas. Uno termina estando todo el día pendiente de lo que opinan los demás, de lo que comentan los demás. Lo que más me preocupa es que el Estado no se hace cargo cuando el problema ya existe.

EMMA: Nuestra generación no se permite pensar en grande y soñar en grande, porque no nos dejan. Porque cuando te empiezan a faltar cosas tan básicas, es un poco difícil. Tenemos el techo bajito.

Tenemos preocupaciones que son bastante básicas. Poder terminar el secundario y empezar a estudiar en una universidad que exista, que tenga luz, que los docentes cobren. Poder irte a vivir solo, porque vemos que los que tienen hermanos mayores no se están yendo de la casa antes de los 30 años, cosa que antes nos parecía normal, poder independizarte, poder estudiar sin problemas. Poder tener una vida digna.

NACHO: Yo creo que hay dos grandes problemas en mi generación. Uno tiene que ver sobre todo con las oportunidades que nos da nuestro país, nuestra comunidad. O más bien, la ausencia de oportunidades. Cada vez es más difícil conseguir un trabajo que nos guste, que nos sirva, con el cual podamos desarrollar nuestra vida. También está esta cuestión de no saber bien qué queremos ser el día de mañana. Al no haber tantas oportunidades, no hay una perspectiva de futuro. 

Por otro lado, hay cada vez en los jóvenes más padecimientos de salud mental, todos tenemos un amigo, una amiga que tiene o tuvo depresión, ansiedad, ataques de pánico. En el día a día son conversaciones que cada vez están más presentes. Creo que esto se vincula a las redes sociales, que aumentan las expectativas o exigencias sobre quienes somos, quienes tenemos que ser. Es una ecuación compleja: cada vez tenemos menos oportunidades pero nos ponemos más exigencias sobre nosotros mismos. 

3- ¿Por qué pensás que hay pibes de tu generación que se sintieron seducidos con la figura de Milei? ¿Y qué les dirías?

TIZI: Me parece que es entendible que hayan votado a Milei después de dos gobiernos que no supieron responder a las exigencias de la sociedad, sobre todo viendo la respuesta que tuvimos nosotros. Nos quedamos con los mismos discursos que no conmovían a nadie y un lenguaje que no les llegaba a los pibes. Milei, en cambio, supo tener un lenguaje llano. Era un momento donde veníamos de la pandemia, de estar cada uno metido en su casa y había un chabón que era revolucionario y que les venía a hablar con un proyecto concreto. Eso les llamó la atención.

Y me parece que en base a esto nos tenemos que plantear una gran pregunta: ¿cómo hacemos para que ser rebelde no sea destruir toda con una motosierra a las puteadas? Que vuelva a ser luchar por una educación pública, luchar por la justicia social y ser solidario. Por eso,  a los pibes que votaron a Milei no hay que adjudicarles ninguna culpa. Es entender por qué. Charlar y dialogar y en base a eso intentar entender.

EMMA: Yo creo que se que se sintieron seducidos por la figura de Milei porque era el único que les hablaba básicamente. Usaron las herramientas que usa mi generación para hablar de un proyecto de país, que aunque no es el que el que quiero yo ni el que quieren otro montón de gente, era, al fin, un proyecto de país. Siento que nosotros no pudimos dar esa batalla.

A los pibes que votaron a Milei les diría que los entiendo. Entiendo la bronca que tienen. Pero también que sepan que hay un movimiento y otro montón de de pibes que queremos cambiar las cosas y que estamos dispuestos a luchar en conjunto. Los queremos escuchar, qué queremos saber cuáles son sus realidades, qué piensan, qué es lo que quieren soñar, a qué aspiran, y tenerlos en cuenta. Están dentro del proyecto para poder cambiar la realidad de Argentina.

NACHO:  Creo que veníamos de una desilusión atrás de la otra, y la figura de Milei apareció como algo disruptivo. Y todas esas frustraciones desembocaron en querer elegir una opción distinta. Algo nuevo. Quizás eso es irónico, no? Que en realidad lo que vino a proponer Milei no tiene nada de moderno porque representa proyectos que ya se llevaron a cabo en la historia de nuestro país, y generaron más angustia y menos futuro para los jóvenes.

A los pibes que votaron a Milei les diría que hay otra alternativa que esto que estamos viviendo. No es lo que nos merecemos como jóvenes, no es el país que nos merecemos, nos merecemos un país mucho mejor. Un país que nos incluya, que piense en nosotros, que nos tenga en cuenta. Un país donde podamos desarrollarnos con mayor dignidad. 

4- ¿Cómo soñás tu futuro y el futuro de la Argentina? ¿Qué debería priorizar un gobierno que se ocupa de las preocupaciones de pibes como vos y tus amigos?

TIZI: A mí me gustaría poder terminar lo que me queda de secundaria en un secundario que sea de calidad, que me enseñe cosas, que me forme, y después ir a la universidad. Quiero estudiar economía. Y para el futuro del país, espero que sea una Argentina más solidaria, en un país donde todos nos preocupemos por los otros, un país donde el dolor ajeno no nos sea indiferente.  Donde haya una comunidad de gente que se respete y donde todos podamos vivir sin violencia y sin odio. 

Sueño con un gobierno que se haga a cargo de la ciudadanía digital, de la salud mental, sueño con universidades públicas gratuitas y de calidad que sean accesibles para todos, sueño con un país donde ningún pibe tenga que dejar la secundaria para salir a laburar y por todo esto y me parece que un montón de motivos más, sueño con un gobierno distinto que nos escuche a los más jóvenes y que nos deje de tomar como un problema para realmente interesarse en lo que nos pasa.

EMA: Me gustaría poder estudiar de lo que me gusta, que todavía no sé qué es. Poder trabajar en lo que me gusta. Quedarme en el país, porque me parece un país hermoso. Poder viajar, recorrer no solamente otros países, sino también la Argentina. 

Creo que lo que tiene que priorizar un gobierno que piense en el pueblo y en esta generación por sobre todo, es resolvernos la vida de forma concreta. Me imagino un futuro con un gobierno que venga a plantearnos algo diferente. Un futuro donde mi generación tenga todas, o al menos un par de las cuestiones básicas cubiertas; el estudio, la salida al mundo laboral, y tener un lugar donde vivir. Recién ahí vamos a poder pensar en algo muchísimo más grande para nosotros, y para la Argentina. 

NACHO: A mí me gustaría poder recibirme de la carrera que estoy estudiando, que es Sociología, y poder desarrollarme profesionalmente en mi país, que eso sea una posibilidad. Poder conseguir pronto un mejor trabajo que me permita irme a vivir solo, que es algo que a muchos nos cuesta. Y en general, yo sueño con un futuro de mi país que nos incluya más, y nos tenga en cuenta también en las discusiones políticas. Un país con más trabajo, con más desarrollo, con más inversión en la universidad pública, en la ciencia y en la tecnología. Los jóvenes apostamos por la Argentina como lugar para poder desarrollarnos, crecer y formar nuestra vida. Estaría bueno que el país también apueste por nosotros. Que el proyecto de país nos contemple y nos incluya.

Del otro lado del río

—MDF: El Frente Amplio uruguayo acaba de asumir el Gobierno de Uruguay, luego del triunfo de la fórmula compuesta por Yamandú Orsi y Carolina Cosse. ¿Cuáles son los principales desafíos y propósitos que regirán esta etapa? ¿Qué aprendizajes es posible recuperar de las las tres gestiones anteriores del Frente y qué desafíos no pueden ser resueltos con aquellas recetas?

Gonzalo Civila: Los 15 años de Gobierno Nacional del Frente Amplio, que se desarrollaron entre el 2005 y el 2019, dejan muchos aprendizajes y también dieron lugar, después de la derrota del 2019, a una autocrítica de la fuerza política, en la que surgieron con claridad algunas conclusiones que son muy importantes para la etapa que se abre ahora. En primer lugar, podemos decir que esos 15 años fueron años de realizaciones muy importantes, de crecimiento del país con distribución del ingreso, de mejora de las condiciones de vida de sectores de la población que habíancaído mucho después de la crisis de principios de los 2000. Fueron años de desarrollo de políticas públicas que no habían existido en otras etapas de la vida del Uruguay y de transformación de algunas políticas públicas que el país venía desarrollando desde antes, en sintonía con lo que fue el desarrollo de los gobiernos progresistas en toda la región.

Algunas conclusiones que surgen del proceso autocrítica son, por un lado, fue muy positivo y es muy valioso un proceso de transformación de las relaciones laborales en un sentido de mayor protagonismo de los trabajadores, de sus organizaciones, de fortalecimiento de la negociación colectiva, que habilitó además una mejora sustantiva de los salarios y de las condiciones de trabajo en Uruguay. Pero en la última etapa, en el último gobierno del Frente Amplio antes de la derrota de 2019, hubo una pérdida importante de puestos de trabajo y un enlentecimiento en el proceso de mejora de los salarios y de la distribución, que obviamente es parte de la explicación de la derrota posterior. Diría que como principal lección que surge del proceso autocrítica está la necesidad de que un gobierno de izquierda, un gobierno transformador, un gobierno popular, preserve y potencie siempre su relación con las organizaciones sociales, su perspectiva de incluir la participación social en las políticas públicas, y que cualquier obstáculo, cualquier dificultad que tenga que ver con el ciclo económico, que tenga que ver con el contexto regional y global, o con las propias debilidades que los procesos políticos y sociales presentan, debe ser discutida y abordada en conjunto, en un diálogo fermental, respetando las autonomías de cada actor, pero siempre incluyendo en el proceso de discernimiento de los caminos y las decisiones a tomar a la sociedad y particularmente a las organizaciones que representan los intereses de las mayorías populares. Ahí creo que hay una gran lección. Por otra parte, ante la pregunta de qué desafíos no pueden ser resueltos con las recetas de los 15 años, yo diría que muchos, porque estamos en otro momento histórico, porque estamos en otro momento del mundo, de la región, porque tenemos que ser muy creativos en pensar cómo realizar transformaciones que no dependan exclusivamente del crecimiento económico.

Tenemos que afrontar desafíos de transformación de la matriz productiva, de desarrollo de la economía social, de despliegue del Estado y de la sociedad civil coordinadamente para afrontar las violencias que existen en los territorios, que revisten características diferentes todas estas dimensiones a las que tenían en los 15 años. O sea, no podemos pensar nunca lo que viene, o lo que vamos a desarrollar, o lo que estamos desarrollando como una repetición de lo que fue. Esa tendencia a pensar la transformación como restauración es una tendencia que no permite mirar con creatividad, ni con los pies en la realidad en la etapa que nos toca vivir. Así que se trata de crear, de imaginar, de construir cosas nuevas, superando nuestros propios límites y aprendiendo también de los errores cometidos.

—MDF: En los gobiernos del campo popular, la política social suele ocupar un lugar central, pero en el marco de una matriz diferente a la que tiene el área en gobierno de derecha. ¿Cómo entienden ustedes el sentido estratégico de la política social y qué rol cumple en la construcción de una sociedad más igualitaria y cohesionada? ¿Cuáles son las principales diferencias entre una política social pensada desde un proyecto popular y aquella promovida por gobiernos de derecha? 

—Gonzalo Civila: La política social tiene un sentido estratégico para cualquier proyecto nacional que pretenda efectivamente incluir al conjunto de la población y construir mayores condiciones de igualdad y de libertad real para todas las personas. Creo que la gran diferencia en la concepción de la política social que puede tener un gobierno de izquierda transformador, popular, respecto de un gobierno de derecha está ubicada en la idea de que las políticas sociales no deben ser exclusivamente compensatorias de la exclusión o las vulneraciones que el propio sistema económico-social genera sino que tienen que tener un horizonte universalista y transformador de la realidad. Y en esto de una perspectiva de transformación de la realidad debe estar incluida con muchísima fuerza la dimensión de la participación social.

La política social no puede ser una construcción exclusivamente estatal, tiene que ser una construcción participativa con mucho anclaje barrial, con mucho anclaje en las capacidades locales, en las capacidades de las comunidades, no para delegar en las comunidades algo que debe hacer el Estado sino para desarrollar un proyecto genuino de transformación de la realidad desde abajo. Y ese proyecto genuino supone fortalecer capacidades comunitarias y generar mayores niveles de organización de la sociedad. En ese sentido la política social no puede concebirse solo como una interfase entre los problemas de cada individuo y el Estado con prestaciones o estrategias para resolver esos problemas individuales sino que debe potenciar la construcción de demanda colectiva y de organización para resolver los problemas sociales, porque los problemas sociales se resuelven socialmente.

Creo que ahí hay un gran parteaguas en la concepción de la política social en un aspecto que es metodológico, que tiene que ver con cómo se construye la política social y que también tiene que ver con el horizonte porque los fines y los medios no pueden estar disociados y si queremos construir una sociedad no solamente que evite o que afronte las peores consecuencias del sistema con algún paliativo sino una sociedad más igualitaria y más justa, la política social tiene que incorporar con mucha fuerza la intervención participativa y comunitaria. No implica esto que no puedan existir estrategias focalizadas o particulares que pongan énfasis o prioridad en los sectores más vulnerados de la sociedad, esto es fundamental hacerlo, pero la perspectiva desde la cual se hace que no puede ser la de la beneficencia o la de la compensación sino que debe ser la de la justicia y la de la construcción colectiva y protagónica de los cambios por parte de la sociedad es una diferencia central con el enfoque conservador.

—MDF: En distintos países avanzan discursos que deslegitiman el rol del Estado, incluso en áreas como la salud, la educación o la protección social, pilares distintivos de sociedades como la uruguaya y también la argentina. ¿Qué desafíos comunes enfrentamos los gobiernos y fuerzas del campo popular frente ante esta nueva ofensiva? 

Gonzalo Civila: Yo creo que el discurso anti-Estado se para en una deslegitimación del Estado que tiene una historia, no es una deslegitimación exclusivamente discursiva, la realidad es que hay vastos sectores sociales que sienten que el Estado no da una respuesta adecuada a sus problemas, a sus necesidades, y esa percepción es una percepción basada muchas veces en la realidad, a la que obviamente se le suma un discurso ideológico de denostación del Estado por parte de las clases dominantes de la sociedad y sus expresiones políticas más conservadoras.

La mejor forma de relegitimar al Estado y a la política es asumiendo que el Estado a veces practica también violencia institucional sobre los sectores populares, que el Estado muchas veces es funcional a los intereses de los mismos sectores que lo deslegitiman y lo critican o lo cuestionan en su discurso ideológico, y que el Estado se relegitima cuando se abre a la participación social, cuando no es visto por la sociedad como una especie de brazo autónomo que debe resolver todo, sino como una construcción colectiva en la que la propia ciudadanía tiene un rol activo que no pasa exclusivamente por los momentos electorales y cuando se visualiza en la práctica, en los hechos, como un actor fundamental para construir más igualdad y más libertad, presente en la realidad, que no construye verticalmente sino que construye con el protagonismo de la gente y que es fundamental para sostener una democracia real, una democracia que permita que todas las personas podamos vivir dignamente y participar en la construcción del destino de nuestras patrias.

—MDF: A más de medio siglo de su fundación, el Frente Amplio sigue siendo una referencia para el campo popular en América Latina. ¿Qué lecciones o ejemplos creés que puede ofrecer la experiencia del FA a otras fuerzas populares o en este contexto mundial o regional?

Gonzalo Civila: El Frente Amplio es parte de un proceso latinoamericano, popular, que en Uruguay producto de la propia historia nacional de las características de nuestro pueblo y de sus procesos, encontró en una fuerza que tiene un componente de coalición, pero también un componente de movimiento, con personas independientes, con espacios de militancia comunes, de diferentes identidades y tradiciones que se encuentran y se conjugan, una herramienta para la transformación de la realidad, con un programa común de corte nacional, popular y democrático. En ese registro, el Frente Amplio obviamente que puede ofrecer a otras fuerzas populares y progresistas de la región algunas alternativas, miradas, experiencias. No es ni peor ni mejor que otra experiencia política popular, es la que el pueblo oriental en su camino, en su proceso pudo construir, para nosotros es una herramienta importantísima.

Y creo que la principal lección que deja es que la unidad política de la izquierda, de los sectores populares, forjada además en un proceso continuado de experiencias de unidad social, es clave para poder lograr el acceso al gobierno y gobernar con una perspectiva de transformación de la sociedad. Ese camino ha sido siempre un camino atravesado por contradicciones, por dificultades, donde la relación entre las identidades de cada una de las tradiciones políticas que componen el Frente Amplio, y el Frente Amplio como proyecto unitario, tiene sus tensiones, donde además hay una composición policlasista, que también supone administrar tensiones y conflictos, pero podría decir que la garantía de la unidad del Frente Amplio ha estado mucho más en su base que en una articulación dirigencial. La base del Frente Amplio, entendida como movimiento que permite la confluencia de distintas militancias y tradiciones, ha sido una garantía de la unidad del Frente Amplio. Y desde Uruguay humildemente creo que podemos sugerirle a cualquier proceso, experiencia o intento de unidad popular, construir espacios de encuentro entre las distintas militancias, habilitar la participación de militantes que puedan no estar encuadrados en una organización previamente existente, la presencia fuerte en el territorio y en los frentes sociales, la articulación con un movimiento social que también necesita avanzar en mayor unidad, y la participación directa de la militancia de base en la toma de decisiones.

El Frente Amplio ha construido una estructura que incluye congresos, plenarios, donde el protagonismo de las bases frenteamplistas, donde confluyen, como decía, militancias diversas, es central. Creo que esto ha sido y es muy importante.

Escudo y Red

—MDF: ¿Cuáles son los lineamientos centrales y las principales políticas y acciones que lleva adelante el Ministerio de la Comunidad? ¿Cuál es su alcance e impacto?

—Andrés Larroque: Los esfuerzos de nuestra gestión están puestos en garantizar el acceso a derechos, fortalecer la inclusión social, y brindar respuestas integrales a los sectores más vulnerables de nuestra población, sobre todo en el actual contexto generado por las políticas de Javier Milei donde los más golpeados son los destinatarios de nuestras políticas. Desde el primer día de su segundo mandato Axel ratificó su compromiso con la inversión social, con aumentos presupuestarios sostenidos para hacer frente a la crisis.

Hoy las principales políticas de nuestro ministerio están orientadas a la seguridad alimentaria, con los programas Servicio Alimentario Escolar (SAE) y Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria (MESA) como columna vertebral, llegando a más de 2.500.000 de chicos y chicas que a diario desayunan, almuerzan y meriendan en las escuelas públicas bonaerenses para poder formarse en condiciones dignas. Se complementan con los programas Mate (Módulo Alimentario Territorial), MAS (Módulos de Asistencia Social) y Un Vaso de Leche por Día, que garantizan la capacidad de asistencia a los sectores más desprotegidos.

En esa línea, el gobernador nos marcó una línea clara: priorizar las políticas destinadas a los pibes y las pibas que están sufriendo situaciones de mucha vulnerabilidad: acompañamos a más de 90 mil niños y niñas de 45 días a 14 años a través de las Unidades de Desarrollo Infantil (UDI), y a más de 73 mil jóvenes que forman parte del Programa Envión. También en el Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia (OPNyA) venimos sostenido avances concretos, que no se reflejan solo en el aumento de la inversión en las becas destinadas a Hogares y Casas de Abrigo, sino en las obras y el fortalecimiento de los dispositivos de cuidado.

Las políticas enfocadas en las personas mayores y con discapacidad, la promoción de la economía social, las soluciones habitacionales en materia de hábitat, constituyen otras de las principales acciones de nuestra gestión.

Además, estamos lanzando la edición número 34 de los Juegos Bonaerenses, la política deportiva más grande e inclusiva de la Argentina que por decisión del gobernador sostenemos con mucho esfuerzo y es la contracara de lo que hace el gobierno nacional en esta materia. Participan pibes de los barrios, personas con discapacidad, personas mayores y deportistas de los 135 municipios.

La presencia territorial es otro de los pilares. A través de operativos como Organizar Comunidad, la inserción directa de nuestros programas en los distritos y jornadas masivas de atención, acercamos el Estado a cada barrio. Un ejemplo reciente y contundente fue el despliegue integral realizado por el Ministerio en Bahía Blanca, en marzo de este año, frente a la emergencia por las inundaciones.

Nuestra misión es trabajar la cercanía real con la comunidad, articulando con los 135 municipios y con más de 3.000 organizaciones sociales, religiosas y comunitarias, que tienen un vínculo directo y cotidiano con los territorios. A través de Bonaerenses Solidarios, fortalecemos esos lazos, promoviendo el compromiso ciudadano y la solidaridad como valores colectivos.

El impacto de los programas es palpable: además del alcance del SAE y el MESA, 4,5 millones de personas reciben asistencia alimentaria directa; se ejecutan obras que mejoran clubes, se equipan las cocinas de las escuelas, los centros barriales y espacios comunitarios; y se consolidan redes locales que sostienen el entramado social.

Axel Kicillof y “Cuervo” Larroque.

—MDF: Muchas veces Axel habla de deserción para caracterizar al Gobierno Nacional y de “escudo y red” como metáfora de la tarea que desarrolla el GPBA frente al programa que implementa el Gobierno Nacional. ¿Podés ilustrar y ejemplificar con casos, datos y/o programas la deserción del Estado Nacional y la función protectora como escudo y red?

—Andrés Larroque: La palabra “deserción” no es una metáfora. El gobierno nacional viola la Constitución no asumiendo sus responsabilidades, y lleva adelante una política de abandono en materia de asistencia a las provincias.

Un caso paradigmático es el vaciamiento del programa de entrega de alimentos por parte del Ministerio de Capital Humano, que incluso suprimió las áreas de gestión que tenían como misiones y funciones la asistencia social directa. Ante ese abandono, la Provincia amplió su inversión en alimentos para dar respuesta al incremento de la demanda, que tiene una causa doble: el desmejoramiento de la calidad de vida de las y los trabajadores, y la ausencia del Gobierno nacional en dar respuestas. Hoy, más del 90% de los alimentos que llegan a la mesa de los sectores vulnerables de la Provincia provienen del esfuerzo provincial.

En este contexto, el Estado provincial se convierte en red para contener y acompañar a quienes más lo necesitan, y en escudo para proteger a los 17 millones de bonaerenses de un modelo nacional que prioriza el mercado y la ganancia de los sectores más concentrados de la economía por sobre la dignidad de las personas.

Andres Larroque en el Club Unión Ferroviaria de Bahía Blanca, junto a voluntarios.

—MDF: Para “construir comunidad”, ¿el Ministerio coordina esfuerzos con organizaciones religiosas, sociales y culturales? ¿Cómo funciona y qué valor tiene esa coordinación?

—Andrés Larroque: Construir comunidad es, justamente, fortalecer los lazos que sostienen a nuestra sociedad. Y eso se logra trabajando en conjunto con quienes tienen un vínculo de cotidianeidad e inmediatez con su comunidad: organizaciones sociales, iglesias, clubes de barrio, centros culturales y colectivos comunitarios motorizados por personas que todos los días se levanta pensando y trabajando por el otro.

El Ministerio no sólo reconoce ese trabajo, sino que lo acompaña, lo potencia, y se apoya en esas experiencias comunitarias valiosas para poder intervenir en la realidad de miles de bonaerenses.

A través de las Subsecretarías de Políticas Sociales, Organización Comunitaria, Economía Popular, Deportes y Hábitat de la Comunidad, se brindan recursos económicos para crear y mejorar clubes, centros de desarrollo infantil y juvenil, entre otros espacios comunitarios, y así permitir que sigan funcionando como centros de referencia para miles de familias. También trabajamos con redes de iglesias, parroquias, organizaciones barriales y cooperativas en la distribución de alimentos, el acompañamiento a las infancias y el acceso a derechos básicos.

Esa articulación es fundamental: nadie puede construir comunidad en soledad. La comunidad se construye en red, con escucha, con respeto por la diversidad y con la convicción de que la solidaridad es un valor político y no solo moral.

Postales de la celebración de los Juegos Bonaerenses 2024.

—MDF: Más allá de las urgencias que surgen del daño social causado por el Gobierno de Milei, ¿qué transformaciones aspiran a implementar o profundizar en la próxima etapa?

—Andrés Larroque: Sabemos que hoy muchas de nuestras energías están puestas en contener y resistir el daño social profundo que está generando este modelo de exclusión. Pero no renunciamos a nuestra mirada estratégica ni a nuestro horizonte transformador.

Tenemos en marcha el Plan de Planificación y Monitoreo 2025-2027 que tiene como objetivo optimizar las herramientas cotidianas de la gestión, fortalecer la capacidad operativa y agilizar los mecanismos de respuesta a las necesidades de la comunidad.

Trabajamos para consolidar un modelo de desarrollo con justicia social y ampliación de derechos en todo el territorio bonaerense, con protagonismo popular, que fortalezca la articulación territorial, la economía social, promueva el acceso al hábitat y a la vivienda, y ponga en valor el esfuerzo de los y las trabajadoras comunitarias. Ese es nuestro compromiso.

Además, buscamos avanzar en nuevas formas de organización del cuidado, con más centros y espacios de encuentro comunitarios, convirtiendo a nuestra creencia de que nadie se salva solo en una política de Estado.

La próxima etapa es también de reconstrucción y de apuesta por un Estado cercano, presente y transformador, que los y las bonaerenses puedan sentirse protagonistas de sus comunidades. Creemos que hay futuro cuando hay comunidad, y que el pueblo de la Provincia de Buenos Aires tiene la capacidad y la fuerza para seguir construyéndolo.